Un hermano legionario jamás imaginó que al tocar la puerta del
monasterio de Las Batuecas para recoger ramas de olivo para
la procesión del Domingo de Ramos, encontraría a un sacerdote
carmelita que había pertenecido de pequeño al ECYD en
Salamanca (España) y que funge como subprior de dicha comunidad
religiosa. Presentamos el testimonio del Fr. Ramón María de la
Cruz, quien recibió con muchas atenciones y grande alegría a
los religiosos legionarios en su convento. Les dijo que el
ECYD había cambiado su vida y que todavía lo recuerda
con mucha viveza. Estimado Hno. legionario: Me causó gran alegría
recibir su postal y sus letras. Para mí fue un
gusto poderle servir a usted y a los otros hermanos.
El tiempo pasado en mi adolescencia en el club San
Pablo del ECYD, como ya le dije, no es un
mero recuerdo; fueron años en los que viendo a los
religiosos legionarios, iba creciendo en mí la semilla de la
espiritualidad y la alegría que con su presencia nos comunicaban
a todos. Ya sabe, hermano mío, que aquí tiene una
casa, la casa de todos ustedes. Si en algún momento
desea pasar un tiempo de retiro, usted o cualquier hermano,
siempre serán muy bienvenidos. Transmita a los otros hermanos que
estuvieron por aquí con usted, mi saludo. Para usted todo
mi afecto. Que el Espíritu del Resucitado le transforme totalmente.
Fr. Ramón Ma. de la Cruz. Valle de Batuecas.