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Lo mejor de mi tiempo en "Le Châtelard"
SUIZA | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Como cada año, las alumnas de la academia “Le Châtelard“ realizaron su tradicional peregrinación a Lourdes, donde ayudaron a cuidar de los enfermos y realizaron una labor de evangelización entre ellos.

Angelina Zorrilla - Peregrinacion a Lourdes
Angelina Zorrilla, alumna de la academia, ayuda a uno de los enfermos a desplazarse en su silla de ruedas.
Cada año, las alumnas de la academia “Le Châtelard“ coinciden en que la mejor experiencia de su estancia en la academia es la tradicional peregrinación a Lourdes como ayudantes de enfermeras, en la que además realizan una labor evangelizadora entre los enfermos a los que acompañan. Lourdes, la ciudad del sur de Francia donde a finales del siglo XIX se apareció la Santísima Virgen a santa Bernardita, se ha convertido en un punto de peregrinación y oración, especialmente visitado por gente enferma. De la gruta donde se apareció la Virgen brota una fuente de agua que ha obrado milagros tanto físicos como espirituales. Como todos los años, el grupo de 49 alumnas se unió a la peregrinación suiza para ayudar a cuidar a los enfermos. Fueron cinco días de trabajo intenso donde pudieron experimentar la felicidad de darse a los demás y constatar que hay más alegría en dar que en recibir. Cada mañana se levantaban a las 5:00 y después del desayuno acudían a la gruta para ofrecer su día a Dios y ponerse en manos de la Santísima Virgen. Terminadas las oraciones empezaba el trabajo: ayudar a levantar
Misiones de Le Chatelard  en Lourdes
Dos de las alumnas llevan a una mujer a la ceremonia en la Basílica, como parte de su labor durante estos días.
a los enfermos, hacer camas, limpiar baños, darles de comer, llevarlos a las ceremonias en sus camillas o sillas de ruedas, cantar para ellos...; pero sobre todo, ofrecerles su atención, su escucha, su tiempo y su cariño. El último día, las alumnas pudieron intercambiar sus impresiones y compartir lo que había significado esta peregrinación para ellas. Todas coincidieron en que había sido una experiencia de olvido personal, de cercanía con la Virgen; una oportunidad para palpar el sufrimiento físico y moral de las personas, y para crecer en la fe y en la confianza en Dios. Una de ellas comentó: «La emoción que tenía por venir a esta peregrinación era muy grande. Algo me decía que iba a ser una gran oportunidad para observar el amor de Cristo y de María, y para poder verlos aún más presentes en mi vida. No estaba equivocada. De la manera más sencilla, el amor de María se manifestó en un milagro en Lourdes. María, una mujer enferma de 50 años que iba en la peregrinación suiza con nosotras, tenía tres hernias que, por su cercanía a la espina dorsal, eran inoperables. Después de 5 años de encontrarse con esta dificultad, le era difícil
Misiones de Le Chatelard  en Lourdes
Alumnas de Le Chatelard acompañan a los enfermos. La foto está tomada en el interior de la basílica de Lourdes.
caminar por sí misma. A las dificultades físicas se añadían las espirituales, pues conocía muy poco su propia fe. Para abrirle al camino de la esperanza, la Virgen comenzó por darle la gracia de la fe. Yo creo que el milagro comenzó en su fe, ya que su conversión fue realmente de la noche a la mañana. Cuando llegamos no mostraba interés alguno, sin embargo, poco después pidió que la llevasen a las piscinas para lavarse. Esa misma tarde, María me contó con muchísima seguridad lo que había pasado, y al mismo tiempo había en ella una sonrisa que no me podía explicar: "Fui a las piscinas esta mañana" - me dijo. Cuando le pregunté qué sentía, me respondió: "La paz...la paz que necesitaba". Me pidió si podía acompañarla de compras. Cuando llegamos a las tiendas, en medio de la calle, me dijo: "Fíjate bien", y de pronto, sin ayuda, sin apoyo, se levantó y se alejó de la silla, para que yo la pudiese poner en un lugar donde no estorbase a las demás personas. En ese momento yo no podía moverme, estaba en “shock“; no sabía si tenía que ayudarle a caminar, mover la silla o si tenía que decir algo. Lo único que hacía era observar la grandeza de Dios. Veía todas mis creencias, toda mi fe, de pie frente a mí. No sé por qué Dios hace las cosas, pero me agrada no saberlo, ya que si no, este acontecimiento que viví no tendría el mismo valor que ahora tiene para María y para mí. Lo veo como un doble regalo de Dios: a mí, que me da sin que yo haya hecho algo para merecerlo y se lo agradezco mucho; y a María, que era una persona que no creía en los milagros, pero aún así, tuvo la oportunidad de poder cambiar y estar cerca de Él».


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2002-07-31


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Las alumnas de la Academia Le Châtelard peregrinan a Lourdes - Galeria
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