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Jesús me miró a los ojos
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Descubrí el reflejo de Dios en la grandeza de un alma consagrada.

Cecilia López
Durante toda mi vida soñé con el día que Dios me llamara por mi nombre como lo hizo con Pedro. Creía que eso sólo sucedería el día de mi muerte, en ese gran encuentro en persona con Dios; pero me equivoqué.

Hoy descubrí a Dios a mi lado. Hoy encontré a Cristo en la mirada de un alma que consagró su vida entera con el único fin de llevar a las almas a Cristo, de la manera más sencilla y hermosa: siendo reflejo vivo del Amor de Dios. Vivimos en un mundo muchas veces egoísta y superficial, en un mundo de crítica, envidia y odio; pero aún hay esperanza, Cristo vive hoy, y yo pude encontrarlo.

Hoy quiero agradecerle a esa gran alma que tocó la puerta de mi corazón, me llamó por mi nombre y me enseñó la grandeza del Amor de Dios. Esta alma que no hizo grandes hazañas, ni predicó grandes sermones, ni conquistó territorios lejanos; más bien con su testimonio me enseñó que el amor al prójimo debe ser incondicional, pues así nos amó Cristo. Me hizo ver que la entrega es de todos los días y no de unas horas, y me ayudó a comprender que la victoria está en la lucha y no siempre en la conquista. Doy gracias a esa alma que es igual de humana que yo, pues sufre, llora, ríe, canta, se cansa y lucha; esa alma que supo ver en mí algo grande, pues perdonó mis torpezas, festejó mis triunfos, consoló mis penas, pero sobre todo,
olvidó quién era yo para ver en mí a Cristo.

Gloria, hoy que estás lejos pues los caminos de Dios nos separaron, puedo comprender la grandeza de tu consagración total a Dios. Hoy puedo valorar el maravilloso don de un alma que deja todo por seguirle a Él, y agradezco a Dios que nos permita tener almas como tú, que no hacen otra cosa que compartir su gran Amor. Hoy puedo decir que conocí a Cristo, que mis oídos escucharon su voz cuando tú me hablaste, y que mi debilidad se hizo fortaleza. Gracias por enseñarme a Cristo, por compartir conmigo su gran Amor, por ser reflejo del amor de Dios.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2002-09-25


 

 


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