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Dejar de lado el egoísmo
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Mª Teresa Delgeon, una joven chilena, narra cómo descubrió en el Regnum Christi el camino que Dios quería para ella.

Teresa Delgeon
Me llamo María Teresa Delgeon, tengo 24 años y estudio Diseño Gráfico en la Universidad Finis Terrae de Santiago de Chile. Llevo nueve años en el Regnum Christi y a través de estas líneas quiero narrar la experiencia que he tenido de Cristo y del Movimiento. Junto con otras diez amigas participamos en unas misiones de evangelización al Norte del país. Fueron unos días excelentes: la convivencia con chicas de mi edad, el conocimiento de otras jóvenes que se entregaban con totalidad a Cristo... Me llamó mucho la atención cómo nos trataron las señoritas consagradas del Regnum Christi: ni siquiera nos conocían y nos trataban como si fuéramos las más importantes del lugar. También me impresionó mucho la alegría que proyectaban con su vida. Me di cuenta de que esa felicidad procedía del fondo de su corazón, de su amistad con Cristo. Después de las misiones una chica del Regnum Christi nos invitó a conocer más el Movimiento. Fue así cómo empezamos a acudir al centro que el Regnum Christi tiene en Santiago. Me gustó comprobar que se trata de un movimiento exigente: lo mínimo que yo podía hacer por Cristo después de que Él había muerto por mí en la cruz. Fui entendiendo poco a poco que Dios me había llamado a formar parte de esta obra, a ser su apóstol y a seguirlo más de cerca. Entendí que el Movimiento es una vocación, un llamado de Cristo que me invita a seguirlo de una manera especial, con un carisma determinado, una metodología... Comprendí que el amor a Cristo debía manifestarse en las obras, y por eso empecé a hacer apostolado, porque sirve de poco estar rezando y no hacer nada por dar a Cristo a los demás. Comencé siendo responsable de un equipo de niñas del ECYD. No sé si lo habré hecho bien o mal, pero en esos momentos sentí que estaba aportando algo a la Iglesia y a la sociedad. El tener almas bajo tu cuidado es una misión muy grande y eso me llevó a tomar más conciencia de mi propia misión en el mundo. Más tarde me decidí a dar un año de mi vida, entregada totalmente a Jesucristo. Si bien la decisión era difícil, mucho más gratificante y esperanzadora era la idea de entregar mi tiempo a Cristo, olvidándome de mí misma durante este tiempo. Fue una experiencia increíble, tanto espiritual, como apostólica y humana. Sin embargo, recibes mil veces más de lo que das. Agradezco profundamente a Dios por esta gran obra, que está dando frutos para la Iglesia. Agradezco también su exigencia, porque eso es lo que necesita la Iglesia hoy para continuar propagando la fe y los valores humanos y cristianos.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2003-09-02


 

 


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