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Aprendí a no poner límites a Dios
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Desde mis primeras misiones hasta hoy, durante estos casi tres años como colaboradora he recibido un continuo regalo de Dios. Él me ha dado más de lo que yo le he podido entregar.

Melissa Laurel
Melissa Laurel, a la izquierda, ha aprendido que Dios nunca se deja ganar en generosidad.
Cuando me decidí a dar un año de mi vida como colaboradora, le dije a Dios, "Está bien, pero Tú sabes todos los compromisos que esto supone. Por favor ayúdame". La primera descripción que oí de lo que significa ser colaboradora fue "Dedicar un año para servir a la Iglesia Católica y al Papa". Me entusiasmó el deseo de hacer algo por Dios y por su Iglesia. Después recibí las herramientas para hacerlo: "Melissa, ¿Por qué no vienes y te doy una lista de niñas para que les hables. ¡Tú puedes organizar unas misiones de evangelización en la Iglesia de Santa Clara! " Así, con esta invitación de una consagrada del Regnum Christi, comenzó el camino de mi encuentro profundo con el Movimiento

Llame a algunas chicas de la Universidad de Dallas y empezamos nuestra misión en equipos de dos o tres, llevando en nuestras mochilas rosarios y boletines del párroco. Al invitar a otros a acercarse a la Iglesia Católica, empecé a sentir una enorme satisfacción. Muchas personas de las que visitamos, eran católicas, pero ya no asistían a misa. Los misioneros respondíamos a sus preguntas sobre la Eucaristía y el Catecismo. Quedaban muy agradecidos y se mostraban interesados en seguir leyendo la Biblia. Yo estaba fascinada ayudando a la gente, en este grupo llamado Youth for the Tirad Millennium (Juventud para el Tercer Milenio). ¿Qué buscábamos? responder a la invitación que Juan Pablo II hizo en el Encuentro Mundial de la Juventud, en Denver: "Id a las calles y a los lugares públicos, como los primeros apóstoles quienes predicaban a Cristo". Pensé: "Si creo que Dios y el cielo es lo más importante que existe, ¿no debería transmitir esta convicción a los demás? "

En el mes de junio, unos días antes del cursillo de verano para las colaboradoras, una cosagrada me preguntó: ¿Quieres acudir? Ante mi rápida negativa, me preguntó si ya lo había pensado. Decidí tomarme un día libre. Fui a rezar a una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe y ahí, de rodillas, me sorprendí, pues vi claro que Dios me quería como colaboradora; así que decidí confiar en Él. Me dije: "si ésta es en verdad la voluntad de Dios, Él hará que todo salga bien".

Nunca he sido una persona que le pida a Dios señales. Creo que son muy fáciles de inventar. Sin embargo, ese mismo día recibí un calendario de bolsillo con una imagen de dos manos juntas, y el sol en medio. Decía "No tengas miedo; el Padre quiere darte el Reino". Regnum Christi significa "Reino de Cristo", y su lema es "¡Venga tu Reino! ". Para mí fue un signo claro de la voz de Dios.

Al día siguiente fui a hablar con mi jefe. Estaba preocupada ya que me había comprometido a quedarme hasta Navidad, pero la gracia de Dios, como siempre, realizó su papel. Me sorprendió el interés con que me dijo: "Melissa, siempre he querido tratarte como a una hija y quiero lo que sea mejor para ti, tanto material como espiritualmente. Vete con mi bendición" Yo esperaba más bien un "¿Cómo? ¿Estás loca? ¡Me acabas de decir que te quedas hasta diciembre! "

De pronto todos mis compromisos externos estaban resueltos. Mi mamá me ayudó a preparar la maleta, aunque le costaba saber que me iba. Durante el cursillo aprendí a vaciarme de mi misma para recibir a Jesucristo en mi corazón, para llenarme de Él y darlo después a los demás. Aprendí a valorar el trabajo en equipo porque vi que hay personas diferentes y talentos diversos que, unidos, pueden realizar grandes obras. Algunas chicas de mi equipo eran excelentes para hablar con niños, adaptando el lenguaje a su modo de pensar. Otras eran muy buenas para motivar, y otras para inventar juegos divertidos que ayudaban a transmitir mejor un mensaje.

Durante mi vida Dios me ha dado muestras de su amor y cariño. Él extiende sus manos y llena hasta los más mínimos deseos de mi corazón, de una manera que ningún amor humano podría llenar. Él conoce los detalles y tiene su momento. Estoy segura de que todas las colaboradoras han tenido una experiencia semejante.¡Qué amor tan paternal! En diciembre del año 2000 asistí a una audiencia con el Papa Juan Pablo II y al Encuentro Internacional de Juventud y Familia del Regnum Christi. Después escuché a una consagrada narrar la historia de su vocación. Cuando Dios hizo que su papá, un soldado, y la familia entera se trasladase a Israel, ella ya no se podía resistir la llamada que sentía en su corazón y consagró su vida a Dios. Cantó una canción: "Vivo por él". Había oído muchas canciones de amor, había oído veces muy hermosas; pero ¿cuántas eran para el amor más auténtico de todos? ¿El primer amor? ¿El amor más duradero? Por eso esta canción es única, porque este amor es único.

Desde mi primera misión de evangelización hasta el día de hoy, durante estos casi tres años como colaboradora he recibido un continuo regalo de Dios. Él me da más de lo que yo le he podido entregar. "Si la vida fuera un concurso de generosidad, nosotros perderíamos". Estoy muy feliz de haberle dado mi tiempo, mi esfuerzo y mi amor; esta pequeña parte de mi vida en respuesta por todo lo que Él me ha dado.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2003-04-08


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