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| Dios toca los corazones de los hombres a través de los testimonios de cristianos convencidos. | |
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Colombia, 08 de mayo de 2007. Esta es la historia
de Carlos, un joven de 17 años de edad a
quien visitaron esta Semana Santa los miembros de Juventud Misionera de Colombia.
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Llegamos alrededor de mediodía, y Carlos no
nos recibió muy bien, porque, según él, era muy temprano.
Poco a poco se fue abriendo y nos contó que
vivía con su padrino, su papá y 12 perros.
Es un joven que desgraciadamente no tiene aspiraciones en
la vida, no está estudiando y lo único que hace
es dormir y ver televisión. Los fines de semana va
a Medellín a ver a su mamá, pero de ese
tema no quiso hablarnos...
Lo invitamos a que participara
en las celebraciones de Semana Santa y que hiciera con
nostras el examen de conciencia. Nos dijo que hacía siete
años no iba a misa y que no se confesaba
por dos razones: primero, porque nunca terminaría y segundo, porque
el sacerdote no lo perdonaría.
Así que no le
insistimos más, pero nos prometió que asistiera a las actividades
con los jóvenes y así fue. Lo esperamos con muchas
ansias y allá apareció con dos amigos más, pero no
entró, al parecer por los temas que estábamos tocando (drogas,
alcohol, relaciones prematrimoniales) parecía estar a favor de todo esto.
Nos preocupamos mucho, pero decidimos darle mayor seguimiento y
otra vez prometió asistir a la siguiente actividad y pensar
lo del examen de conciencia.
En la siguiente actividad,
estaba ahí, el primero, pero no se decidía a entrar.
Sin embargo, se veía muy atento y nos daba su
opinión. Esta vez nos pidió la hoja para empezar a
hacer su examen de conciencia.
El último día de
las actividades, entró al salón y, como todos, quemó un
papel donde quería dejar atrás al hombre viejo con sus
defectos. Ese día nos dijo que quería hacer el examen
de conciencia. Muy entusiasmadas le pedimos que fuera a la
escuelita, pero nunca apareció. Más tarde nos alegramos al verlo
en el lavatorio de los pies.
Al otro día
volvió para asistir al Viacrucis y a la adoración de
la cruz. Al terminar nos buscó y dijo que se
quería confesarse ya. Fuimos a la escuela para ayudarle a
que hiciera su examen de conciencia junto con 3 de
sus amigos, él los convenció de que se confesaran, pero
les advirtió que él iba de primero.
Fuimos a
la Parroquia e interrumpimos al padre, que estaba preparando las
siete palabras. Él, muy contento, nos felicitó y bajó a
confesarlo. Carlos estaba muy nervioso, pero decidido, porque sabía que
era lo correcto y quería dejar atrás ese hombre viejo,
quería cambiar.
Salió de la confesión muy conmovido y
agradeciéndonos por lo que acabábamos de hacer. Él dijo que
nunca se imaginó que alguien lo pudiera perdonar por todo
lo que había hecho durante esos años que se alejó
de la Iglesia. Fue ahí cuando nos contó que en
Medellín trabajaba con su primo, que era una persona que
influyó de manera muy negativa en su vida, pero que
eso había quedado en el pasado, que gracias a nosotras
quería cambiar, quería transformarse y dejar atrás lo demás.
Carlos fue nuestra misión. Fue la prueba de que Dios
toca los corazones de los demás a través de los
testimonios y de las personas. En este caso, las misioneras
fuimos instrumentos para su conversión. Él ahora seguirá yendo a
misa todos los domingos para pedir por nosotras y lo
mismo haremos nosotras por el.
Marcela Fernández
Juventud Misionera
Medellín, Colombia