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¡Felicidades, ANSPAC!
MÉXICO | APOSTOLADO | EN LOS MEDIOS
La Asociación Nacional Pro Superación Personal (ANSPAC) cumple 30 años de vida sembrando valores en miles de familias.

Editorial "El Norte" sobre ANSPAC
Aristóteles, Tomás de Aquino y muchos otros grandes filósofos, a lo largo de su vida nos han recordado una y otra vez que todo nuestro conocimiento principia por los sentidos. Mediante los sentidos, cada uno de nosotros puede «encontrarse existiendo», según la expresión de Heidegger, en relación al mundo, a las demás personas y consigo mismo.

Esta experiencia, concuerdan todos ellos, se encuentra en la base misma de nuestra naturaleza de exploradores de la verdad, el bien y la belleza. Así pues, para poder ser lo que somos, los seres humanos necesitamos encontrar una interpretación de nosotros mismos, llena de sentido y de significado. Y no puede haber experiencia más llena de significados que aquellos momentos de nuestra vida en los que hubo de veras encuentro con otra persona. Aquellos momentos en los que guiamos, orientamos o ayudamos a alguien más a caminar por este mundo.

Esta semana, la Asociación Nacional Pro Superación Personal (ANSPAC) recibió
Logo ANSPAC Asociación Nacional de superación personal A.C.
ANSPAC Asociación Nacional de Superación Personal A.C.
un reconocimiento de parte de Selíder por sus 30 años al servicio del crecimiento en valores de miles de familias de dentro y fuera del país. Treinta años se dice fácil, pero es toda una vida dedicada a buscar la superación integral de la mujer. A inicios de los 90 tuve la oportunidad de trabajar un par de años en esta asociación y serían pocas las líneas de esta columna para explicarle a usted los grandes beneficios que esta institución brinda a la sociedad.

A la fecha, ANSPAC ha beneficiado a más de 200 mil personas con el trabajo de 56 mil voluntarias que se encuentran prácticamente en todo México. Y no sólo eso, su modelo de enseñanza ha traspasado fronteras y se ha extendido ya a países como Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Colombia, Chile, Panamá y Perú, entre otros. Su programa es un curso básico de tres años y dos años más de avanzado.

Durante ese tiempo se inculcan y promueven valores trascendentes de la persona, como el espiritual, moral, intelectual, social, afectivo y económico. Pero la enseñanza más grande que, indudablemente, reciben las mujeres beneficiadas por esta agrupación es descubrir el valor que ellas tienen por el simple hecho de ser personas.

Es reconocer que, al igual que el hombre, toda mujer tiene una dignidad especial. Es decir, un valor por encima de todos los seres vivos que nos rodean. La satisfacción más grande que recibí en aquellos años que colaboré con ANSPAC fue ver ese cambio radical de decenas de esposas de obreros que entraban a los cursos con la moral por lo suelos, y antes de finalizar el primer año, su autoestima se había elevado notablemente.

Mujeres que ignoraban que el diálogo conyugal es la base en toda relación de pareja y que, al descubrir el poder de la riqueza femenina, iniciaron una nueva etapa en su matrimonio más plena y en armonía. Por ejemplo, madres de familia acostumbradas a vivir entre gritos comenzaron a ver cambios positivos en la familia cuando simplemente cambiaron el tono de su voz por palabras dulces y suaves. Pero cómo olvidar el caso de una señora que llevaba más de 10 años de casada y casi no cruzaba palabra con el marido, y cuando lo hacía sólo era para discutir o para que él le echara en cara sus defectos. Desesperada, esta mujer nos contó su problema un día al finalizar una clase.

Entonces le sugerimos que le escribiera una carta al esposo y la colocara en el bolsillo de su pantalón, para no tener que enfrentar algún rechazo si la entregaba personalmente. Mientras la buena señora durante casi una hora redactaba la carta, fijé mi atención en ella. Algo que nunca olvidaré ocurrió entonces. Comenzaron a rodarle las lágrimas y de pronto ella interrumpió la carta y me dijo: «Lo que quiero es que me hable mi marido y al escribir estas líneas me doy cuenta de que yo nunca le hablo a mis hijos. Soy igual que mi esposo, sólo doy órdenes pero no conozco los sentimientos de mis hijos... No me casé sólo para darles de comer y lavarles la ropa, me casé para ayudarlos a crecer y a ser mejores personas». Al tiempo que oía sus palabras, me daba cuenta de que aquella mujer afligida estaba descubriendo la experiencia de la comunicación y la donación.

La siguiente semana que la encontré sucedió lo mejor. Me platicó que su esposo descubrió la carta a media mañana y después de leerla ¡le llamó por teléfono desde el trabajo inmediatamente! Le pidió perdón y se propuso un mínimo de media hora de conversación con ella todos los días al llegar del trabajo. Y ella comenzó a hacer lo mismo con sus hijos, fomentando así el diálogo familiar.

Esta historia es un pequeñito ejemplo de las cientos de anécdotas que guardamos quienes de una u otra forma hemos colaborado en ANSPAC. Cada testimonio demuestra hasta dónde ha llegado esta tarea emprendida hace 30 años por un grupo de señoras regiomontanas decididas a sacar adelante un proyecto a favor de la mujer y de la familia mexicana. Retomando el inicio, coincido con los grandes filósofos cuando dicen que un compromiso noble con el prójimo o un ideal sano son capaces de orientar toda la existencia. Y no sólo la propia, sobre todo la de aquellos que están a nuestro lado. Imagínese usted a cuántas mujeres y familias ha orientado ANSPAC en 30 años.

Es por eso que muy merecido se tienen el premio. Felicitamos a las fundadoras y a todas y todos los que de una forma u otra colaboran y han colaborado para esta institución. El bien que han hecho a la sociedad no se paga con nada. La experiencia personal es, seguramente, el escenario más gratificante y revelador de lo que han hecho por todas esas familias. Como bien lo dijo doña Consuelo Garza: «Es más lo que recibimos que lo que entregamos». Siempre lo será.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2004-01-20


 


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