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Después de una larga lucha
CANADÁ | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Pierre Caouette, L.C.

P. Pierre Caouette, L.C.
P. Pierre Caouette, L.C.

Provengo de una familia católica no practicante, con excepción de mi papá, quien nunca dejó de ir a misa dominical. Como casi todos los niños canadienses, comencé a jugar hockey a la edad de tres años y soñaba con ser jugador profesional como mi abuelo. Tengo dos hermanas menores a quienes también les encantan los deportes y las fiestas, probablemente por el ejemplo de su hermano mayor.


Sentí el primer llamado cuando tenía doce años. Dos seminaristas vinieron a nuestra clase de religión y dieron su testimonio de cómo habían descubierto su vocación al sacerdocio y cómo lo habían dejado todo para seguirla. Recuerdo que pensaba: “Ojalá acabaran esta charla lo antes posible y se fueran a casa”, pero por otra parte veía a mis compañeros de clase disfrutando con gran interés del relato. La razón de esta actitud tan rebelde era que sentía fuertemente que un día tendría que seguir su ejemplo, y sin embargo no quería ser sacerdote. Veía cómo todos mis sueños de hockey y de fortuna se desvanecían.


Dos años más tarde ocurrió una experiencia similar. Esta vez quienes hablaron en nuestro salón no fueron seminaristas, sino dos religiosas. Mientras ellas relataban su historia vocacional y hablaban de la felicidad que en ella habían encontrado, una vez más sentía que Dios me llamaba a ser, ciertamente no una monja, sino sacerdote. Seguía viendo mi reloj y esperando que el minutero caminara más rápido. Lo que yo quería en la vida era ganar mucho dinero, divertirme a lo grande y después, entonces sí, casarme.


Un par de meses después de esta segunda experiencia le supliqué a Dios: “Dios, por favor, dime que no seré sacerdote”. Justo después de pedirle este favor –estaba solo en mi cuarto–, tomé el nuevo testamento que me habían dado en el colegio, lo abrí y me encontré con un pasaje que decía que un día dejaría todo y lo seguiría a Él. En ese instante dejé la biblia de nuevo en mi escritorio y me tiré en mi cama en signo de desesperación. Era como si no existiera escapatoria. Dios, sin embargo, permitió una pausa, y me olvidé del asunto por casi dos años.
P. Pierre Caouette, L.C.


La conversion


Como católico no practicante iba a misa no más de dos veces al año, a menos de que hubiese algún bautismo o funeral. Al menos fue así hasta el verano de 1996. Una noche a finales de junio, cuando regresé del cine con unos amigos a mi casa, llegó mi papá a casa. Cuando mis amigos se fueron, mi papá se me acercó y me habló sobre una conferencia a la que había asistido en la ciudad de Quebec. En resumen, quien había hablado era una señora casada ya mayor con una misión similar a la de San Andrés Bessette, que fundó el oratorio de San José en Montreal: Dios concedía muchísimos favores –incluyendo milagros– a través de ella. Esto me parecía muy interesante, ya que mi “filosofía de la religión” era que no creería en Dios, o al menos no le daría un lugar importante en mi vida hasta que viera milagros. Al día siguiente fui a la conferencia y ahí comenzó mi conversión. Empecé a ir, ya no sólo dos veces al año a misa, sino cada domingo. Dios llevó a mis papás y mis hermanas por un camino de crecimiento espiritual similar, si bien a cada uno a su propio tiempo y a su manera.

Y el ganador es…


Después de lo que yo llamo “mi conversión”, cuando comencé a vivir mi fe con mayor plenitud, la idea del sacerdocio regresó. Aun en ese momento, cuando me encontraba de nuevo cerca de Dios, no quería ser sacerdote. Ciertamente mis planes de vida ya eran más cristianos, pero ser sacerdote era demasiado para mí.


En abril de 1997, después de siete u ocho meses de resistir la renovada invitación de Dios a ser sacerdote, me encontraba solo en mi cuarto rezando fervorosamente el rosario, de rodillas, ante una imagen de la Virgen María, cuando pensé: “Si Dios es puro amor, omnipotente, y si además Él quiere lo mejor para mí y quiere que sea sacerdote, quizá sea porque efectivamente es lo mejor para mí. En ese caso, acepto”. Al abrir los ojos, vi lágrimas correr de ambos ojos de María. Al instante llevé y mostré la imagen a mi padre, que estaba en su cuarto. Él vio las lágrimas, las tocó y estaba de acuerdo en que Dios me había concedido un favor especial. Fue la primera vez que acepté la invitación de Dios al sacerdocio, y a través de María me mostró que estaba complacido.


Durante muchos veranos había puesto un negocio de jardinería que era todo un boom. En esta región de Canadá los veranos son cortos, y por ello hay muchos jardines con césped que cortar en un periodo breve de tiempo. Yo pensaba que era el trabajo ideal para un estudiante, puesto que yo llevaba mi propia agenda, conocía a muchísimas personas y ganaba una buena suma de dinero. En verano de 1997, uno de mis clientes quería presentarme a su hija, que tenía mi edad. Era una joven agradable y atractiva, y quería conocerla, pero al mismo tiempo mi corazón ardía más intensamente por el sacerdocio. Así que, por un gran deseo de cumplir la voluntad de Dios y a pesar de que me resultaba difícil, rechacé la propuesta.


En diciembre del mismo año asistí a una actividad juvenil organizada por una nueva comunidad carismática. En la adoración, me vino un pensamiento extraño. Quería ser sacerdote, pero dudaba ahora si Dios habría cambiado su parecer. Después de muchos años de resistirme a su llamado ¿podría ya no quererlo más? Y en la confusión le pedí a Dios una señal: “si todavía quieres que sea sacerdote, por favor dame una señal”. Entonces la monja que dirigía la actividad dijo: “Cada uno de nosotros escogerá un pedazo de papel con una intención escrita en él y rezará por esta intención durante el tiempo de navidad”. Cada uno de nosotros pasó frente al Santísimo Sacramento, tomó un pedacito de papel de una pequeña canasta, lo desdobló y leyó la intención en voz alta. Cuando fue mi turno, lo abrí y leí: “¡Sacerdotes!”. Parecía indicarme Dios que todavía debía probar el camino del sacerdocio.

Amor a primera vista


El 22 de junio de 1998 conocí a los legionarios de Cristo por primera vez. Un muy buen amigo mío, quien me ayudó en mi camino de conversión, había cultivado en mí una gran estima hacia ellos y finalmente me los presentó. Mientras me hablaban de su congregación, de su trabajo con jóvenes y familias y de su amplia variedad de apostolados, percibí claramente que no tenía que buscar más. Sabía que Dios quería que fuera sacerdote legionario de Cristo.


Después de una larga noche –no podía dormir, buscando la forma de ir al programa de discernimiento vocacional sin tener que renunciar a mi trabajo de verano– me levanté y le dije a mis papás que debería ir durante el verano al seminario de los Legionarios de Cristo para ver si era el camino para mí. Fue una noticia inesperada para ellos, pues nunca había comentado nada al respecto. Sin embargo, teniendo ellos el don de la fe y siendo generosos con Dios, aceptaron.


Tres días más tarde llamé a una tía mía católica muy fervorosa para pedirle oraciones. Cuando le conté mis planes de ir en el verano al programa de discernimiento vocacional me dijo: “Ah, ahora entiendo”. “¿Qué entiendes?”, le pregunté. “Desde la noche del 22, –respondió– en diferentes momentos del día, tuve la intuición de que necesitabas oraciones, y por eso fui a misa, recé por ti, recé el rosario, oraba por ti cuando me levantaba por las noches”. Seguramente necesitaba de estas oraciones para tener fuerza en dejar todo y seguir a Cristo.


El 1 de julio, una semana después del primer encuentro con los Legionarios de Cristo, mi familia me llevó al seminario, para discernir si Dios todavía quería que fuera sacerdote. La respuesta era sí.

EL P. PIERRE CAOUETTEnació el 4 de octubre de 1979 en Chicoutimi, Quebec (Canadá). Después de terminar su preparatoria, estudio un año de ciencias aplicadas en la universidad de Champlain-St. Lawrence en Quebec. Entró al noviciado de la Legión de Cristo en Cornwall (Canadá) en septiembre de 1998. Después de estudiar un año de filosofía en Nueva York, colaboró como miembro del equipo de formadores del noviciado de Cornwall por tres años. Terminó sus estudios filosóficos en Nueva York y posteriormente estudió teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Actualmente se encuentra estudiando su licenciatura en teología en el mismo instituto.

Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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