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Al Dios de viudas y huérfanos
COREA DEL SUR | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. John Ko, L.C.

P. John Ko, L.C.
P. John Ko, L.C.


Cuando mi mamá era adolescente, asistía a una escuela dirigida por las Hermanas de San Pablo de Chartres, la primera comunidad de religiosas en Corea. Ella fue creciendo en el aprecio y amor al estilo de vida de las hermanas y cultivaba en su corazón el deseo de consagrar su vida a Dios. Sin embargo, Dios tenía otros planes para ella. Se enfermó agudamente de asma, de forma que no pudo entrar en la vida religiosa. Esta enfermedad se convirtió en la cruz que debería cargar por toda su vida, pero también fue el medio que Dios utilizó para revelarle su plan. A causa de este deseo que no pudo realizar, mi mamá rezaba a Dios para que eligiera a un sacerdote de entre su familia y, de ser posible, un sacerdote perteneciente a una comunidad religiosa.


Mi mamá y mi papá eran una pareja feliz. Se querían mucho y no había dificultad que no superaran juntos. Cuando yo tenía tres años, mi papá falleció. Sufrió un ataque al corazón cuando mi mamá y yo estábamos de compras. No recuerdo nada, excepto el haberlo visto en el suelo, al llegar a casa. Crecí sabiendo que mi papá estaba en el cielo con Dios.


En cuanto a mi llamado al sacerdocio, no recuerdo nada en particular durante mi infancia. Siempre quise ser sacerdote, así como taxista, científico y otras muchas cosas. Siempre recibí buenos ejemplos de mis párrocos y conocí especialmente a uno que fue por mucho tiempo amigo de mi familia. Mi mamá quería que yo fuera sacerdote, pero respetaba los otros caminos que pudiera haber escogido.


Los planes de Dios


Después de la muerte de mi padre, mi familia se mudó a Tae-Jun, porque mi mamá quería que yo viviera en la atmósfera sana del campo, y también por su propia salud. Cuando estaba en quinto de primaria recibimos una invitación de mi abuela materna para emigrar a los Estados Unidos. Dada la pobre salud de mi mamá, decidimos mudarnos a los Estados Unidos en busca de una posible cura. Llegamos a California en agosto de 1989, cuando iba a la mitad de sexto de
P. John Ko, L.C.
primaria. Poco más tarde mi mamá conoció a la mamá de un seminarista legionario de Cristo en un retiro espiritual. Esto abrió la oportunidad de visitar brevemente el Centro Vocacional de los Legionarios de Cristo en New Hampshire (a seis horas de vuelo) después de la navidad de 1990.


Una noche durante mi visita al centro vocacional, me aventuré a la capilla. Todo estaba oscuro como si no hubiera nadie. Como el pequeño Samuel en la Biblia, que recibió el llamado de Dios en el templo cuando apenas era un niño, yo sentí la presencia de Jesús y me arrodillé frente a la veladora perpetua del Santísimo Sacramento. No hubo una visión ni escuché palabras, sólo una gran serenidad. Es difícil expresarlo en palabras, pero supe que era una gracia muy especial. El siguiente verano entré en este seminario menor de los legionarios de Cristo y me sentí muy en casa. Yo no sabía la diferencia entre un sacerdote diocesano y un sacerdote religioso, dentro de una congregación, pero mi mamá se encargó de indicar el camino.


Estos años en el centro vocacional pasaron ágilmente y entré en el noviciado de la Legión de Cristo en 1995. Ahí pude pasar muchas horas frente al Santísimo Sacramento rezando y leyendo los evangelios. Profesé mis votos religiosos en 1997. Mi mama voló desde Los Ángeles (Estados Unidos) y pasamos momentos memorables juntos, agradeciendo a Dios esta gracia tan especial.


Pero, un mes después de mi profesión, Dios iba revelando sus planes para mi familia. Mi mamá sufrió un ataque grave de asma mientras estaba lejos de casa y entró en coma irreversible. Volé a California y acompañé a mi inconsciente madre en sus últimos momentos.


En esa ocasión llamé a una monja ya mayor, en Corea. Ella fue la madre espiritual de mi mamá y quería comunicarle la noticia. Para mi sorpresa me dijo: “John, ¿sabías que tu mamá me llamó cuando regresó de tu profesión religiosa, llena de felicidad y gratitud con Dios? Me dijo que no le importaría si ahora Dios se lleva su vida. Parece que Dios la tomó seriamente”. Estas palabras fueron una consolación para mí. Como si dijera que mi mamá había cumplido la misión que Dios le había encomendado y ahora le tocaba descansar. Sus oraciones, sacrificios y su ejemplo habían siempre sido una parte en mi camino vocacional, y ahora había ya cumplido lo que le correspondía.


Aquí estoy, Señor


En los 13 años que han pasado desde que mi mamá falleció, estudié filosofía y teología en Roma, aprendiendo otros idiomas y costumbres. Entre estos dos periodos de estudio regresé a Estados Unidos como miembro del equipo de formadores del seminario de los Legionarios de Cristo en Cheshire.


El verano pasado, durante el ensayo litúrgico previo a la ordenación diaconal, estábamos arrodillados, antes de postrarnos totalmente sobre el suelo de mármol de la basílica. Una súbita y clara comprensión de lo que estaba por hacer me sorprendió. Estaba colocando mi vida completa en las manos de Dios para que él haga lo que quiera, como Él quiera y cuando quiera. Ahora estaba de verdad a las puertas del sacerdocio. Dios no tiene que hacer para mí milagros o signos: sólo debe estar ahí cuando le necesite para que pueda darle un abrazo en las dificultades ordinarias de la vida que tal vez para mí llegaron antes. Dios me habló y continúa hablándome en las cosas ordinarias de cada día, cordial y humildemente, y muy amorosamente.


No todos los momentos han sido fáciles, pero todos sin duda han hecho su parte en este inmenso don del sacerdocio. Dios usó a mi madre y su enfermedad para mostrarme sus planes para mi vida. Cuando miro los 32 años pasados me doy cuenta qué gran mamá y qué gran papá me regaló Dios, aunque haya sido por breve tiempo. Nunca podré agradecer lo suficiente al Señor por este doble regalo. A pesar de que mis papás no pudieron estar presentes en mi ordenación, porque Dios tiene otros planes para ellos y para mí, estoy seguro de que sonrieron desde el cielo y se unieron a mi acción de gracias a Dios que hace maravillas con nuestras pobres vidas.


EL P. JOHN SEUNGBUM KO nació en Seúl (Corea del Sur), el 9 de febrero de 1978. Ingresó en el seminario menor de los Legionarios de Cristo en New Hampshire (Estados Unidos) en 1991, donde terminó su preparatoria. Después de su noviciado y estudios humanísticos, terminó sus estudios de filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Los últimos siete años ha sido miembro del equipo de formadores en seminarios de los Legionarios de Cristo en Cheshire (Estados Unidos) y en Roma.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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