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Una vocación ordinaria y extraordinaria
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Óscar Manuel Macías Pérez, L.C.

P. Óscar Manuel Macías Pérez, L.C.
P. Óscar Manuel Macías Pérez, L.C.


Mi vocación es extraordinariamente ordinaria. No tuve que luchar por dejar una novia, a no ser que llamemos noviazgo a uno que duró 24 horas. No tuve que luchar por dejar coche, trabajo, grandes proyectos… Pero tuve que luchar y lucho por dejarme a mí mismo.


¡Quiero ser como ellos!


“¡Quiero ser como ellos!”, le dije a mis papás un día después de misa al ver a unos niños con su alba blanca, capa y cíngulo rojos. En el grupo de monaguillos teníamos buen ambiente, nos divertíamos, crecí y mi traje pasó a otro joven. Después, mi padre me dijo un día regresando del trabajo en aquél tiempo trabajaba en una tienda de artículos varios: “Oye, ¿no quieres ir ahí?”, señalando con la cabeza, mientras conducía, un gran cartel en la puerta del seminario anunciando un retiro. Yo me encontraba en primero de secundaria, el inicio de la rebeldía, del intento de ser independiente, cuando las modas comienzan a calar en el alma. Por toda contestación hice algún comentario evasivo. Pero a Dios, ¿quién se le escapa? Fue mi padre el que avivó, sin quererlo, las brasas debajo de las cenizas.


Después de unos días, al pasar junto al templo de Santa Sofía en la colonia El Álamo, en Guadalajara, vi por la puerta entreabierta al párroco sentado en medio de sus deberes pastorales. Me le quedé viendo como curioso y en ese instante se quedó grabada en mi mente una frase: “Tú también puedes ser cura”. Así de sencillo. El párroco nunca lo supo; yo no me lo esperaba.


Seminarista en familia


Días después repartieron unos volantes para una convivencia en el seminario diocesano. Hablé con mis padres, que al inicio quisieron poner alguna resistencia, pero no había que pagar nada y los papeles estaban en regla. Así que al final me llevaron al seminario. Entré al SEMFAM (Seminaristas en Familia) donde alternaba el seminario, un día a la semana, con el segundo año de secundaria. Más adelante me enteré que cuando pasáramos a la preparatoria nos quedaríamos internados los fines de semana y sólo después entraríamos de lleno al
P. Óscar Manuel Macías Pérez, L.C.
seminario mayor.


Ese domingo comenté con mi amigo la idea de un seminario interno, porque en mi ignorancia, argumentaba que a este ritmo en el seminario diocesano me ordenaría ya de viejo. De pronto todo se precipitó. El lunes o martes siguiente fue un legionario de Cristo al colegio de mi amigo y él pasó mis datos. Faltaban ya pocos días para el curso de discernimiento cuando me visitaron dos legionarios. Yo les dije que sí inmediatamente. Me entusiasmaron las fotos del centro vocacional, la alegría que se les veía y que después pude comprobar. Lo que quería era ordenarme sacerdote rápido. ¡Si hubiera sabido que para Dios “rápido” significarían 16 años de formación!


Nunca ha habido vuelta atrás


Mi mamá me ayudó con mis cosas, preparó todo lo necesario, mi hermana se sacrificó para que me compraran a mí lo que necesitaba. Ya en el seminario menor, a mitad del cursillo, recibí la llamada de mi mamá: “¿Quieres que retiremos los papeles de la secundaria? Si lo hacemos ya no hay vuelta atrás”. Nunca ha habido vuelta atrás. He empuñado el arado, sé que he dejado unos surcos más rectos que otros. Pero ahora miro adelante, empuño el arado con más fuerza, pongo mi mirada en Dios por las almas que tienen que crecer en el surco de mi vida. “Retíralos”, fue mi respuesta, colgué el teléfono y comencé una nueva vida.


Llegué a la apostólica en mi tercer año de secundaria. Al terminar la preparatoria, continué mis estudios en España donde ingresé al noviciado y cursé dos años de humanidades y ciencias. De ahí fui destinado a Nueva York, donde hice mi bachillerato en filosofía. Terminé la licenciatura en Roma y ahí mismo cursé el bachillerato en teología. Concluí mis estudios con una doble gracia: la primera la gran alegría de poder haber acolitado al Papa Benedicto XVI en la misa de la Vigilia Pascual del 2010 y la segunda el haber sido ordenado diácono en Guadalajara, por manos de Su Eminencia el Card. Juan Sandoval Íñiguez.


Es una vocación totalmente ordinaria, pero siento que cada vocación es algo extraordinario, por ello creo que mi vocación es ordinariamente extraordinaria.


EL P. ÓSCAR MANUEL MACÍAS PÉREZ nació en Tepic, Nayarit (México), el 8 de septiembre de 1979, fiesta de la natividad de la Santísima Virgen María. Entró al SEMFAM (seminaristas en familia) en 1992. Al siguiente año ingresó al seminario menor de los Legionarios de Cristo. Hizo su noviciado y estudios humanísticos en Salamanca, España. Cursó su bachillerato de filosofía en Nueva York (Estados Unidos) donde colaboró también en la formación de clubes juveniles. Durante tres años ayudó en la pastoral vocacional en Colombia y Venezuela. Fue formador en el seminario menor de la congregación en Venezuela. Concluyó su licenciatura en filosofía e hizo su bachillerato en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Actualmente trabaja en la formación de jóvenes en los clubes juveniles en Caracas, Venezuela.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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