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Desde siempre Dios pensó en mí
BRASIL | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Marcos Manchur, L.C.

P. Marcos Manchur, L.C.
P. Marcos Manchur, L.C.


Nací en Pitanga, Paraná, al sur de Brasil, el siete del siete del setenta y siete (7 de julio de 1977), una fecha fácil de recordar. Cuentan mis padres que Dios siempre pensó en mí. De pequeño tuve una fuerte neumonía, asma e inflamación en los pulmones, que me impedían mayores esfuerzos físicos y me hacía muy sensible a los cambios de temperatura. Por eso, mis primeros años de vida mi casa fue el hospital; mis mejores amigos eran los doctores y las medicinas. La vida normal empezó después de los 10 años: comencé a jugar, correr… etc. Todo gracias a la Virgen María, pues después de tener la ayuda de muchos y buenos médicos, peregrinamos al santuario de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, y desde ese momento empecé a mejorar hasta que me curé definitivamente.


Cómo nació la vocación


Mi vocación nació y fue cultivada en mi familia. De mis papás y abuelos aprendí a rezar, a agradecer a Dios por la salud y la enfermedad, a agradecer por las cosas buenas y no tan buenas de la vida. El primer lugar siempre era para Dios, sin dejar de lado la atención a los más necesitados. Eso se entiende gracias a que mis papás antes de casarse hicieron un propósito: rezar el santo rosario todos los días en familia, para así dar a Dios el primer lugar en sus vidas y decisiones. Así se explica cómo desde pequeño quería ser sacerdote. De ahí, de la fe recibida y vivida en familia, nació mi curación como respuesta a las oraciones de mis papás, así como el gran regalo de la vocación legionaria. Mi mamá, nieta de alemanes, quería ser monja desde pequeña. Siempre le entusiasmó dar la vida a Dios y ayudar a los demás. La motivó a ello el ejemplo de un primo, sacerdote basiliano, y una prima, monja de San José. Sin embargo, en su adolescencia y juventud tuvo que cuidar a sus abuelos paternos, que en su vejez quedaron muchos años inválidos en cama. Por ese motivo mis abuelos no vieron conveniente que se fuera de monja. Ella vio en la obediencia a sus papás y en el cuidar
P. Marcos Manchur, L.C.
de sus abuelos la voluntad de Dios y siguió el camino del matrimonio. Si ella no hubiera obedecido, yo y mis hermanos no hubiéramos nacido. Mi padre, en cambio, es nieto de ucranianos, hombre muy trabajador y muy honesto en todo lo que hace.


Desde pequeño, mi mamá hablaba de su sueño de consagrarse a Dios, de la felicidad que sentían sus primos de seguir a Dios. Por eso, el tema de la vocación en casa era natural y era visto como una bendición de Dios. Desde niño pedía a Dios la gracia de la curación y prometía que cuando creciese sería como mi tío sacerdote. Dios me concedió esta gracia. De nuevo puedo decir: “Desde siempre Dios pensó en mí”. Y puedo agregar como Jeremías: “Antes de haberte formado en el vientre, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado” (Jer, 1,5).


La vida litúrgica y el primer golpe


El bautismo, la confirmación y la primera comunión las hice en el rito católico ucraniano bizantino, pues los emigrantes ucranianos llevaron consigo sus tradiciones y su rito. De los padres ucranianos y de las hermanas de San José aprendí mucho de mi fe y por ellos elevo mis oraciones y les estoy muy agradecido.


Con 14 años empecé a ayudar en la liturgia, en la capilla dedicada a San Marcos que mi mamá quiso construir en un rinconcillo de la finca de mi familia. La idea de la vocación en mi adolescencia se eclipsó, pero continuaba presente. A esa edad me gustaba más estar con los amigos, jugar fútbol, voleibol playero, visitar las diversas ferias de ganado… etc. La vida parroquial seguía, pues el contacto con los padres basilianos era frecuente, pero no tuve oportunidad de hacer una experiencia vocacional con ellos, no recuerdo si alguna vez me hablaron del tema de la vocación y si me invitaron para conocer el seminario.


Por eso, el primer golpe de Dios vino en julio de 1994 en una clase de matemáticas. Me explico: estábamos en una “agradable” clase de matemáticas que la mayoría de los chicos “aman”. La directora interrumpió la clase y anunció que tendríamos una charla de un sacerdote mexicano. El aplauso fue general –obviamente por la charla. El sacerdote era el P. Héctor, legionario de Cristo. De la charla misma recuerdo muy poco, pero todavía viene a mi


memoria la impresión que dejó la presencia externa del padre, el convencimiento con el cual hablaba del sentido de la vida, de la felicidad que estaba en descubrir y hacer la voluntad de Dios. Al final de la plática hizo el tradicional cuestionario vocacional. A la pregunta: “¿Pensaste alguna vez ser sacerdote?” ¡Qué cosa respondería! “Claro que sí y lo sigo pensando”. Ese fue el primer golpe de Dios.


Una vocación sacerdotal legionaria


Después de la charla hablamos un poco, el padre me invitó a conocer el centro vocacional de Curitiba, pero en aquella ocasión no fue posible. Llegando a casa se lo conté a mi mamá, que desde el inicio manifestó su apoyo. En septiembre volvimos a encontrarnos y le manifesté al P. Héctor el deseo de entrar en el seminario. Los meses pasaban y el deseo de descubrir lo que Dios quería de mí aumentaba. La acción de Dios fue muy clara, tuve dos encuentros con el padre, no conocía el seminario, pero hablando con él, me convencí de que debía ir allí. Aquella era la oportunidad puesta por Dios en mi vida.


Guiado por la gracia de Dios el 10 de enero de 1995 llegué al centro vocacional. Aquel primer “sí” de conocer el seminario fue el “sí” definitivo. Encontré allí un ambiente maravilloso de caridad y de acogida; me sentía en casa. Desde el inicio algo en mi interior me decía: “Esta es mi casa, este es el lugar que busco para conocer y hacer la voluntad de Dios sobre mi vida.”


Los primeros días en el seminario constituyeron el segundo y definitivo golpe de Dios. En la oración sentí que Dios me llamaba a ser legionario, a responder con generosidad su invitación a seguirle. Recuerdo especialmente las visitas a Cristo Eucaristía y a la Virgen María, los juegos, los paseos, la cercanía y la dedicación de los formadores. Todo contribuyó para responder con generosidad al llamado de Cristo y para luchar por hacer en cada momento la voluntad de Dios. Las demás etapas de formación legionaria, cada una con sus desafíos, exigieron renovar ese sí inicial y corresponder en cada día al amor de Dios.


Dios está con nosotros


La fuerza interior y espiritual para seguir a Cristo siempre la encontré en tres grandes dimensiones: la vida de oración, que permite estar unido a Cristo; la vida eucarística, que fortalece la voluntad, ilumina la mente confundida, consuela a los abatidos; la cercanía y confianza con los superiores: un esfuerzo desde la fe para ver a Dios y saber, con gran paz interior, que aquel que obedece desde la fe no se equivoca.


La vocación es un don de Dios. Confío en que, con la ayuda de la gracia, seré fiel y seré un instrumento en las manos de Dios para muchas personas. Me duele ver tantas personas alejadas de Dios; muchos parecen tenerlo todo: dinero, placeres, pero son infelices. Sólo Dios trae la felicidad plena y por eso quiero ser esta voz que grita al mundo: Cristo existe, Cristo murió por ti, Cristo resucitó por ti y sólo Cristo es la fuente de la felicidad.


Agradezco, en primer lugar a Dios que ha pensado desde siempre en mí y que me ha dado el don de la fe y de la vocación sacerdotal. Agradezco a mi familia que con tantos sacrificios me enseñaron a rezar y a ver la mano de Dios en todas las circunstancias de la vida. Agradezco a la Legión que como madre me ha aceptado como soy y me ha preparado para el sacerdocio buscando ser lo que Dios quiere que sea.


Agradezco finalmente a la Santísima Virgen que siempre me ha protegido y me protegerá en mi sacerdocio. Ojalá que todos podamos repetir juntos con María el “Sí” a Dios. Amén.


EL P. MARCOS ZIMERMANN MANCHUR nació en la ciudad de Pitanga Paraná (Brasil) el 7 de julio de 1977. Cursó sus estudios primarios en el Colegio São Bento de las hermanas de San José y en el Colegio Antonio Dorigón en Pitanga. Ingresó en el centro vocacional de Curitiba en 1995. Hizo su noviciado en Itu (São Paulo) y los estudios humanísticos en Salamanca (España). Ha colaborado en la promoción vocacional en Curitiba, São Paulo y Porto Alegre (Brasil). Es licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, donde también ha realizado sus estudios teológicos. Actualmente desarrolla su apostolado en la pastoral juvenil y vocacional en el estado brasileño de Minas Gerais.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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