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La providencia de Dios
CANADÁ | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
"Testimonio vocacional del P. Denis Tassé, L.C."

"<br>P. Denis Tassé, L.C."
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P. Denis Tassé, L.C."

Cuando descubrimos la gracia de Dios y la llamada de Dios en la vida de alguien, tenemos que ver cómo Dios prepara no sólo a esta persona sino también a las personas que influyen en su vida. Quiero explicar brevemente cómo Dios fue preparando mi familia, incluso antes de que yo naciera.


Mis dos abuelitas eran mujeres santas. La oración y el sacrificio estaban siempre presentes en mi abuela paterna. Solía quedarse despierta hasta que todos los hijos estuvieran en casa, para asegurarse de que rezaran el rosario juntos. Si no rezaban, ella lo rezaría otra vez con ellos. Pedía a Dios que llamara al sacerdocio a alguno de sus hijos pero parecía que Dios no escuchaba sus oraciones. Mi papá, Guy Tassé, nació en Papineauville, en Quebec (Canadá). Cuando tenía dos años su madre murió. Imposibilitado a educar a los hijos solo, su papá lo mandó a vivir con su tío en Curran, Ontario (Canadá). Creció ahí, en una granja. Su madre adoptiva también rezó siempre para tener un hijo sacerdote, y el único que mostraba interés era su sobrino adoptado. Sin embargo ésta no era su vocación. Parecía que Dios no había escuchado las oraciones de su sierva: en preparatoria conoció a mi mamá, Mary Ward. Su mamá fue también una mujer santa que rezaba para que salieran vocaciones de la familia.


Mi regreso a Cristo


Mis papás tuvieron cuatro hijos, tres varones y después una hija. Yo soy el mayor. Como niño, me gustaba jugar a celebrar la misa en mi casa para mi mamá, que no siempre podía asistir a misa en la parroquia. Pero cuando crecí, mi deseo de ser sacerdote y hasta mi fe parecía que habían desaparecido. Siempre creí en Dios, y alguna vez hasta intenté regresar a practicar la fe pero después de cuatro días me rendí porque era muy difícil, y me hice indiferente en relación con Dios. El 27 de diciembre de 1994, el día de san Juan Evangelista, fui a una fiesta con mi club de improvisación. En un momento nuestros anfitriones, la familia de De Repentigny, nos invitaron a rezar el rosario juntos. Para mi sorpresa sólo cuatro de
"<br>P. Denis Tassé, L.C."
nosotros no quisieron participar. Yo participé y de hecho recé el rosario entero de rodillas.


Durante mis años lejos de Dios siempre sentí el deseo de regresar, pero siempre me parecía muy difícil. Siempre tuve cierta atracción hacia Dios y sentía que tenía una misión grande por cumplir, y que el favor de Dios estaba conmigo, a pesar de que yo siempre huía de Él.


Después de rezar este rosario, escuché en la conversación que existía un grupo de oración en mi pueblo. En ese momento quise realmente asistir y cambiar mi vida. La Virgen Maria había tocado mi corazón.


El grupo de oración


Fui a este grupo de oración, no sin algo de resistencia de parte de mi padre, quien pensó que podría ser peligroso y tal vez sectario. Cuando llegué, abrí la puerta, miré dentro y pregunté si habría un grupo de oración. Jean Charles Rochon (le decíamos Charley), el dirigente del grupo, se volteó y me saludó. Ese día me senté atrás en una silla y escuché la plática, que fue sobre la devoción a Nuestra Señora en el primer sábado del mes. Al final de la plática rezamos el rosario en una pequeña capilla que tenía él en el sótano. Después de la reunión, decidí ir a confesarme el siguiente sábado, para poder cambiar mi vida y regresar a Cristo. Después de este momento viví mi vida cristiana como debía (más o menos). Gozaba tanto estar con Charley y escucharle que hasta renuncié al hockey de los martes para ir al grupo de oración (¡y esto es mucho para un canadiense!). De hecho ni lo sentí como sacrificio. Después de un mes reduje mis tres horas y media de hockey acostumbradas, a dos horas y media, para poder ir a ver a Charley. Más tarde, eliminé el hockey completamente, para poder hablar sobre Cristo, María y la Iglesia, en la casa de Charley. Después de unos meses nuestro grupo sufrió un tiempo de prueba: algunos miembros comenzaron a salir del grupo a causa de falsos rumores sobre Charley. En un mes, el grupo se redujo a cuatro miembros. Nos veíamos cada día. Nuestro Señor, Nuestra Madre y nuestra amistad eran todo para nosotros. Al miembro más joven, de 14 años, se le ocurrió un nombre para nosotros: “los jóvenes consagrados a la Santísima Virgen Maria”. Íbamos a peregrinaciones juntos, realizábamos proyectos apostólicos juntos, visitábamos casas y hablábamos de nuestra fe. Un día invitamos a nuestro párroco a celebrarnos una misa. También invitamos a otros jóvenes y vinieron 19. Cuando el evento comenzó no entendíamos por qué el sacerdote se retrasaba tanto. Resultó que era porque todos se quisieron confesar con él. Éste es un ejemplo de las bendiciones que el Señor realizó por medio de nosotros.


Mi vida espiritual se hacía más profunda día a día. Rezaba las tres partes del rosario diariamente. Procuraba ir a diario a misa y me confesaba cada sábado en la tarde, antes de misa. Mi amor a la Santísima Virgen estaba en el centro de mi vida espiritual. Le debo mucho a Ella y a su protección maternal, no sólo espiritual sino también física. Por ejemplo, una vez estábamos demoliendo una casa. Entré para colocar una viga y decidí quedarme a ver qué sucedía. Al ver que la pared comenzaba a caerse, quise salir. Cuando salté desde la rampa, que estaba a metro y medio del suelo, una viga cayó sobre mi cabeza. Al levantarme no podía caminar derecho. Diez minutos después me di cuenta de que había perdido mi reloj y regresé a ver si lo encontraba. Estaba totalmente destruido. Justo al lado estaba una viga enorme de madera con clavos. Si mi cabeza hubiera estado unos centímetros a la derecha, me hubiera golpeado.


El pensamiento del sacerdocio estaba siempre en mi mente a pesar de luchar contra él. La idea estaba hasta en mis sueños. Un día nuestro grupo hizo una peregrinación mariana y decidí quedarme más tiempo en la capilla para rezar. Cuando salía de la capilla dos ancianas me dijeron que sería un buen sacerdote. Yo respondí: “Sí, si Dios quiere” para terminar la conversación. Lo mismo me sucedió una segunda vez después de la misa en mi parroquia, cuando una mujer santa vino a decirme que yo sería un buen sacerdote. Le respondí lo mismo.


Contacto con los legionarios de Cristo


En octubre de 1995 un amigo mío me enseñó en una revista un artículo sobre los legionarios de Cristo en Cornwall, Ontario (Canadá). Después de leer rápidamente el artículo, decidí ir a visitarlos después de navidad, pero no le dije a nadie. El 7 de diciembre recibí una llamada de un hermano legionario, invitándome a visitar en noviciado en Cornwall. Me dijo muy acertadamente que llevara mis patines de hielo, pues yo estaba ya en urgencia de jugar hockey. Pero no confirmé mi visita.


El 26 de diciembre llegué al noviciado de Cornwall. Fui con otro miembro de nuestro grupo de oración que también entraría en el noviciado conmigo,


Jonathan Delisle. Un sacerdote legionario de Cristo nos recibió en la puerta y nos llevó a nuestras habitaciones. Estaba congelada y las camas no estaban hechas. De hecho tuvimos que armarlas. Me dije: “Están locos. Me voy”. Pero como no tenía coche, no me podía ir inmediatamente. En realdad no nos estaban esperando: pronto nos movieron a otro cuarto preparado mucho mejor.


Durante mis vacaciones de primavera decidí pasar dos semanas con los novicios de Cornwall, siguiendo su horario. En mayo asistí al Encuentro de Juventud y Familia del Regnum Christi en Chicago. Fue una experiencia hermosa, pero todo fue en inglés o español y yo no los hablaba en ese entonces. A pesar del idioma, me la pasé muy bien.


Ni siquiera después de haber conocido a los legionarios de Cristo quería ser sacerdote. Mi “sí” a Dios vino hasta dos semanas antes del curso de discernimiento vocacional en el verano en Cornwall. Estaba sentado sobre el tractor, en el campo, cuando algunas preguntas vinieron a mi mente: “¿Amas a Dios? ¿A las almas? ¿Quieres ayudar a que lleguen al cielo? ¿Amas a la Virgen María?”, y respondí: “sí” a todas las preguntas. Entonces la última pregunta me detuvo e hizo pensar: “¿Y por qué no te haces sacerdote?” Decidí ir al curso de discernimiento vocacional ese verano y darle a Dios la primera oportunidad. En el momento que acepté la voluntad de Dios sobre mí, vino una gran paz.


El 1 de julio de 1996 fue nuestro primer día de candidatado. Cuando llegué, estaba feliz. Después de despedir a mi familia, sentí el sacrificio que implica dejar todo por el Señor, pero puse mi vocación en manos de María y mi confianza en el Señor. Me dije: “Aquí estoy para hacer tú voluntad”.


EL P. DENIS TASSÉ nació en Ottawa, Ontario (Canadá) el 28 de agosto de 1977. Entró en el noviciado de la Legión de Cristo en septiembre de 1996, en Cornwall (Canadá). Posteriormente hizo sus estudios humanísticos en Cheshire (Estados Unidos), el bachillerato en filosofía en Thornwood, Nueva York y el bachillerato en teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Durante cinco años trabajó en pastoral juvenil en México, Estados Unidos, Italia, Francia y desde el verano del 2010 en Canadá.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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