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“Yo no, pero mi hermano sí”
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Alfonso Treviño Benavides, L.C.

P. Alfonso Treviño Benavides, L.C.
P. Alfonso Treviño Benavides, L.C.


Muchas veces he querido encontrar un acontecimiento que indique el inicio de mi vocación, pero no lo he descubierto. Sin embargo, puedo decir que Dios me ha hecho vivir algunos acontecimientos, no uno solo, que me han ido marcando el camino de su voluntad: nacer en una familia cristiana, ser educado con amor por mis padres, compartir momentos hermosos con mis hermanos y mi hermana, tener buenos amigos y amigas, haber estudiado en un colegio católico con buenos profesores… Podría seguir la lista de todo aquello que Él me ha dado y no terminaría. Todas las cosas podían parecer muy normales, pero todo viene de la mano de Dios. Comenzaré mi historia vocacional con la vivencia familiar, que preparó de una forma más directa la madera para poder responder al fuego del amor de Dios.


La formación en familia


La fe se vivía de forma muy natural en mi casa, siendo mi mamá la que principalmente nos enseñaba a orar y a poner todo en las manos de Dios. Recuerdo


que nos levantaba todas las mañanas cantando un canto a la Santísima Virgen y por la noche se acercaba al borde de mi cama para rezar conmigo algunas oraciones antes de dormir. Todo eso fue marcando mi vida y preparando mi alma para acoger el llamado de Dios con generosidad.


Primera comunión y misiones de semana santa con los Lasallistas


Llegó el día de mi primera comunión y, sin saber el motivo, experimenté el deseo de ser sacerdote y consagrar toda mi vida al servicio de Cristo y de los demás. No obstante, como era de esperar, me olvidé de esas intenciones al poco tiempo. Continué mis estudios de forma ordinaria hasta que entré en la secundaria, donde otro acontecimiento revivió en mí el deseo de entregar mi vida a Cristo: participé en las misiones de semana santa dirigidas por los hermanos de La Salle, quienes fueron un gran ejemplo para mí, y a quienes debo mucho de mi formación espiritual y humana. En aquellas misiones me impactó mucho la felicidad profunda que transmitían las personas a quienes traté. No
P. Alfonso Treviño Benavides, L.C.
poseían muchos bienes materiales, pero su fe lo era todo y eso les bastaba. La sencillez y la bondad de esa gente hizo despertar en mi corazón el deseo de ayudar a los demás a descubrir lo único que puede llenar nuestra alma: Cristo.


Sin embargo, al regresar a Monterrey, la experiencia que había tenido en las misiones se fue enfriando y volví al ritmo de mi vida normal: familia, estudios, amigos y fiestas en los fines de semana.


El baile de quince años


Yo creía que la idea de la vocación sacerdotal había quedado atrás, pero Dios tenía todo en sus manos y me revelaría su camino poco a poco. Mi hermana y yo, junto con otros compañeros, solíamos asistir a las fiestas de quince años de algunas amigas los fines de semana. En una ocasión coincidieron varias fiestas en la misma noche y por querer asistir a fiestas distintas nos enojamos un poco, puesto que mis papás solamente nos permitían ir si íbamos juntos. Pocos días después de lo sucedido se presentaron en el colegio de mi hermana las consagradas del Movimiento Regnum Christi y la invitaron a un retiro. Mi hermana accedió y durante el retiro espiritual un sacerdote le preguntó si había pensado consagrar su vida a Dios. Ella, que todavía estaba enojada conmigo, le dijo al padre: “Yo no he pensado en consagrarme, pero mi hermano sí”. Esto lo dijo para molestarme, pero en realidad me estaba haciendo un gran regalo. Dios estaba aprovechando esta oportunidad para mostrarme el camino que tenía que seguir.


El testimonio y la invitación


Conocí a las consagradas del tercer grado del Movimiento Regnum Christi cuando fueron a mi casa para hablar con mi hermana. Una de ellas me habló por primera vez de los Legionarios de Cristo, a quienes conocí por el testimonio de esas mujeres consagradas a Dios. Me dejaron una revista y un vídeo sobre la Legión y algunos días después me presentaron a un padre legionario, el cual me invitó a participar en un curso de verano en la Ciudad de México.


Mi papá en un inicio no me quiso dar el permiso para ir al curso, pero al final, con la ayuda de Dios, me dejó ir. De hecho, mi padre no aceptó por entero mi vocación sino hasta varios años después, pero ahora está plenamente feliz y muy orgulloso de tener un hijo sacerdote.


Entrada al seminario


Visité el seminario menor de los Legionarios de Cristo en la Ciudad de México y quedé marcado por el ambiente que reinaba en aquel lugar: era como un oasis de paz, alegría y felicidad. Desde el primer momento sentí que ese era mi lugar, que Dios siempre me había pensado para ser legionario.


Durante el curso de discernimiento vocacional pude reflexionar delante de Dios sobre mi vida y ver con más claridad todo lo que Él había realizado en mí. Al finalizar el curso mis padres fueron a visitarme con la intención de recogerme pero al llegar al centro y ver la alegría que tenía me dejaron continuar allí mis estudios. Después de dos años ingresé al noviciado de la Legión de Cristo en Italia, en Gozzano. En el noviciado pude experimentar más el amor de predilección que Cristo había tenido conmigo, y decidí entregar mi vida a Dios de una forma más consciente por la emisión de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Al terminar el noviciado viajé a España para terminar mis estudios preuniversitarios y después volví a Italia para comenzar los estudios de filosofía.


He tenido la gracia de colaborar en la formación de adolescentes en varios seminarios menores de la Legión tanto en Brasil como en México. El haber acompañado el discernimiento vocacional de tantos jóvenes me ha ayudado a valorar más el don de la vocación y la gran responsabilidad que Dios pone en mis manos. Tenemos un gran don en vasos muy frágiles.


“Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: Antes de haberte formado yo en el seno materno te conocía, y antes de que nacieras te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones” (Jer. 1, 4-5). Estas palabras pueden expresar muchísimo mejor que las demás lo que significa una vocación: es Dios quien llama, nosotros solamente respondemos.


EL P. ALFONSO TREVIÑO BENAVIDES nació en Monterrey, Nuevo León (México), el 29 de julio de 1980. Estudió en el Colegio Regiomontano Contry de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). En el año 1994 ingresó al seminario menor de los Legionarios de Cristo en la Ciudad de México. Realizó su noviciado en Gozzano (Italia) y los estudios humanísticos en Salamanca (España). Durante seis años ha desempeñado la labor de formador en los seminarios menores de la congregación en Brasil y Ajusco (Ciudad de México). Realizó sus estudios de filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de la ciudad de Roma. Actualmente está estudiando la licenciatura en teología pastoral en la Universidad Pontificia Salesiana en Roma con la especialización en pastoral juvenil.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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