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Soldado de Cristo
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Armando Villanueva Manzo, L.C.

P. Armando Villanueva Manzo, L.C.
P. Armando Villanueva Manzo, L.C.


Desde muy pequeño tuve la inquietud de ser sacerdote. Recuerdo un episodio cuando a los cinco años estaba acompañando a mi mamá, ella planchaba la ropa y yo jugaba. Observé que había un cuadro grande con la imagen de una persona anciana. Le pregunté si ése era mi abuelito que había fallecido, pues lo habían matado en Cotija cuando mi papá tenía 2 años de edad. Ella se rió y me dijo que era el Santo Padre Juan Pablo II.


La verdad que no entendía nada; primero, porque no sabía el motivo de la risa de mi mamá pues era algo serio lo que le preguntaba y segundo, porque no sabía quién era ese personaje, para mí desconocido, al que ella se refería. Me contó la vida del pontífice y me impresionó mucho. Quise ser como él.


Desde entonces, mi deseo por ser sacerdote y salvar almas nunca cambió y siempre ha vibrado con intensidad.


“Antes de haberte formado en el vientre, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado” (Jer 1,5)


Como seminarista menor meditaba sobre el llamado que Dios me había hecho; me preguntaba si a mis cinco años de edad había ya una muestra de vocación en mi vida. Cuando tuve la oportunidad de visitar a mi familia aproveché para preguntarle sobre el tema a mi mamá y así poder valorar más el don que Dios me había dado. ¡Cuál fue mi sorpresa! Ella me comentó que hubo dos hechos muy sencillos, pero que para mí fueron muy significativos. No lo esperaba. Durante el embarazo, mis papás participaban en unas charlas matrimoniales; el sacerdote que estaba predicando se dirigió a mi mamá y dijo a todos los presentes: “Este niño que va a nacer, será un soldado de Cristo”, y continúo la charla. Ahora soy legionario de Cristo, soldado de Cristo.


El segundo hecho fue cuando mi tío Alfonso, hermano de mi mamá, le llamó a los pocos días de mi nacimiento desde Anaheim, California, y le dijo: “Margarita, que tienes otro niño. Un varón más para la guerra”. Esta alusión de la que desconocía su significado,
P. Armando Villanueva Manzo, L.C.
se haría verdad en un sentido sobrenatural, entrando en la Legión de Cristo. La llamada telefónica fue seis meses antes de la muerte de mi tío.


Digo que fue algo sorprendente para mí, porque cuando tenía siete años y jugaba con los soldaditos, los miraba y me decía interiormente: “Cuando sea grande quiero ser un soldado, pero no un soldado como ellos (militar), sino un soldado de Cristo”. La verdad es que no entendía cómo compaginar lo uno con lo otro. Son dos hechos que, para mí, forman parte de este llamado y son muy significativos; ahora puedo comprender que he sido llamado por Cristo para ser su soldado y para luchar por su Reino, es decir, por la salvación de las almas.


Domine, da mihi animas et coetera tolle (Señor, dame almas y quítame todo lo demás)


Desde muy pequeño tenía dolores de cabeza, y mis papás me fueron educando en el dolor para saber aprovechar esta oportunidad que tenía para poder ofrecerlo para la salvación de las almas. Así fue como fui ofreciendo todo dolor de cualquier género para ayudar a Cristo en la salvación de las almas. Como seminarista sabía que las almas encomendadas a mis oraciones y sacrificios necesitaban de mí, muchas de ellas las iba conociendo a lo largo de mi vida, pero sé que hay muchas personas que nunca conoceré en esta vida, pero que


gracias a mi entrega, ellas podrán alcanzar las gracias necesarias para su salvación.


En mi familia recibimos también una gracia: el sacerdocio de uno de mis hermanos. El P. José Óscar, sacerdote diocesano. Entró al seminario menor de la diócesis de Zamora, Michoacán. Agradezco su testimonio como seminarista y como sacerdote. Ahora nos unen no sólo lazos sanguíneos sino también lazos en el único sacerdocio de Cristo. Con él jugábamos a celebrar la misa, aparentemente era cosa de niños, pero el Señor en su plan misericordioso iba alimentando la semilla de la vocación.


Gracias a la educación religiosa que recibimos en nuestra familia se fue sensibilizando en nosotros el saber entregarnos por los demás, porque ahí está Cristo: acudíamos a visitar a los enfermos, a los prisioneros y dábamos alimento y limosna a los pobres; sin saberlo estábamos viviendo las obras de misericordia corporales, pero al mismo tiempo se iba modelando la imagen de Cristo en nosotros, que se entrega y sacrifica sin medida por las almas.


El amor a Cristo y la salvación de las almas son dos pilares fundamentales en mi vocación.


Tú eres sacerdote para siempre


Toda vocación es un don y un misterio, como expresaba el Siervo de Dios Juan Pablo II. Con la unción sacerdotal he sido configurado otro Cristo para toda la eternidad, al servicio de mis hermanos.


Estos son los planes misericordiosos de Cristo. Él me ha llamado a ser su soldado por el bautismo y la confirmación, e igualmente por la vocación sacerdotal y vocación legionaria. No dejo de agradecer a Dios este don inmerecido. Sé que cada día es una nueva oportunidad para salvar almas y extender su Reino y como sacerdote, llevar con los sacramentos la gracia a las almas.


Para mí, ser sacerdote es despojarme de mí mismo e inmolarme con Cristo en la cruz, cumpliendo la voluntad del Padre, para glorificarle y salvar almas, y llegar con Cristo a la luz.


EL P. ARMANDO VILLANUEVA MANZO nació en Zamora, Michoacán (México), el 18 de marzo de 1980. Es el octavo de diez hijos. Estudió la escuela primaria y parte de la secundaria en el Instituto Fray Juan de San Miguel en la ciudad de Los Reyes, Michoacán, dirigido por los sacerdotes de la diócesis de Zamora. Entró en el seminario menor de la Legión de Cristo en la Ciudad de México. El 14 de septiembre de 1996 ingresó al Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México). Su segundo año de noviciado lo realizó en Itú (Brasil). Cursó los estudios humanísticos en Salamanca (España). Durante seis años fue miembro del equipo de formadores de los seminarios menores de la Legión de Cristo en Rionegro (Colombia) y en Ontaneda (España). Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Desde el verano de 2010 es vice-rector del semanario menor en Monterrey (México).









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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