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La gracia de Dios es el origen de toda vocación.
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Lo mejor de dos mundos
ALEMANIA | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Daniel Weber, L.C.

P. Daniel Weber, L.C.
P. Daniel Weber, L.C.


Hoy visto un traje negro y la gente me llama “Padre”. Pero yo no nací con el traje puesto y mi historia comienza de modo muy distinto. Conocí a una niña que era mi vecina. Mi nombre es Daniel y ella se llamaba Daniela. Íbamos a la misma escuela y estábamos en el mismo salón de clase. Más de una vez copié de ella la tarea que yo había olvidado hacer. Éramos vecinos, teníamos casi el mismo nombre, yo le llevaba la mochila a la escuela: éramos la pareja ideal. Para mí estaba claro que un día me casaría con ella. Y por eso, una mañana en el camino a la escuela le dije: – “Un día voy a casarme contigo.” A lo que ella respondió: “¡Eso es imposible!” – “¿Por qué?”


– “Porque normalmente los chicos son mayores que las chicas.” Daniela tenía seis meses más que yo. Claro, cuando uno tiene siete u ocho años, seis meses son una pequeña eternidad. Poco después Daniela cambió de escuela y todos los planes de la boda se derrumbaron…


Mi papá es alemán y mi mamá es croata. De pequeño aprendí ambas lenguas y vivía entre estas dos culturas. Heredé lo mejor de ambos mundos. Tengo un hermano favorito y una hermana favorita.


Casi un gitano


Como era demasiado travieso, mi papá a veces me decía: “Si no te comportas bien, voy a venderte a los gitanos”. Ciertamente no tenía nada en contra de vivir en el bosque, que me encantaba, pero no tenía ganas de pedir dinero en la plaza principal de mi pueblo como los otros gitanos. Además mi orgullo me decía que había nacido para cosas más grandes. La amenaza de mi padre funcionaba y hacía de mí un buen hijo, durante las siguientes doce horas...


Mi amigo Superman


Como todos los niños pequeños siempre quise ser un superhéroe, como Superman o Spiderman. Salvar gente de incendios y cambiarme en dos segundos en una cabina telefónica, pero por desgracia nunca aprendí a volar o a hacer trucos especiales.


Después de la primera comunión mi párroco
P. Daniel Weber, L.C.
me invitó a ser acólito y acepté. Una vez, al acolitar una misa, pensé: “Decir palabras buenas, bautizar niños… yo puedo hacer esto; yo puedo ser párroco. Y solamente se trabaja los domingos... ¡nada mal!”. Claro, estos son los pensamientos de un niño de ocho o nueve años, no obstante, Dios seguramente dejó de este modo una semilla de la vocación.


El Espíritu Santo llega tarde


Otro momento importante de mi vida fue a los 13 años cuando estaba en el curso de preparación para la confirmación. Allí aprendimos que el Espíritu Santo vendría sobre nosotros el día de la confirmación. Yo me imaginaba hablando en idiomas desconocidos, con una corona de fuego sobre mi cabeza –que no me quemase– y palomas. ¡Qué gran día iba a ser! El momento de la ceremonia llegó y me arrodillé ante el obispo; él puso su mano en mi hombro, pero no pasó nada. Ni el conocimiento del inglés incrementó... ni apareció la corona de fuego… Sin embargo, después de la ceremonia, ya en mi casa, cuando todos se fueron y estaba solo en mi habitación, sentí por primera vez el llamado a la vocación sacerdotal. No vi nada ni escuché a nadie. Pero en mi corazón sentí esto: “¡No esperes a que Yo haga las cosas, hazlas tú!” Desde aquel momento comencé a pensar con seriedad en mi vocación. Una cosa estaba clara, quería dar a Dios lo mejor y a la primera.


Durante los siguientes meses, tuve la oportunidad de visitar una escuela para jóvenes que querían ser sacerdotes pero que no tenían el diploma de la preparatoria. Después de un tiempo pude cambiar de escuela y me fui al instituto Spätberufenengymnasium St. Josef. Allí recibíamos una formación intelectual muy alta. Estudié en profundidad latín y griego. La mayoría de los maestros eran sacerdotes salesianos y me daban un gran ejemplo. Recuerdo especialmente a los padres Hubert y Friedhelm, quienes estaban siempre disponibles y con quienes podíamos acudir para solucionar los problemas de nuestras tareas.


¡Nunca digas nunca!


Un día un amigo me invitó a un “retiro espiritual”. Podía imaginármelo: tres viejitas rezando el rosario, y nosotros dos, los únicos jóvenes allí. No me apetecía mucho ir y le dije: “Lo siento, pero necesito estudiar latín”. No obstante el agregó con mucha seguridad y firmeza: “Nos vamos a las cinco de la tarde”. Y le acompañé. Me llevé una gran sorpresa al ver que el “retiro espiritual” era en realidad una misa para jóvenes, en la que participaron unas doscientas personas. El sacerdote que celebró la misa era un legionario de Cristo, el P. Eamon Kelly. Me gustó mucho su homilía porque él es un hombre profundamente espiritual y a la vez muy alegre. Después de la misa hablamos un rato y me invitó a visitar el noviciado de la Legión de Cristo en Alemania. Acepté su invitación y, ya en el noviciado, me sorprendí de nuevo al ver a veinte jóvenes de diferentes países que podían sentarse a la misma mesa y seguir un camino que parecía tan difícil. Desde el primer momento me sentí como en casa. Visité el noviciado dos o tres veces más y tuve contacto con los legionarios que me acompañaron hasta que terminé la escuela, de modo que entré al noviciado en el verano de 1999.


Para mí no fue una decisión tan costosa, pues desde hacía tiempo buscaba el lugar ideal en el cual estudiar para ser sacerdote. En estos 11 años desde que entré a la Legión de Cristo, mi vida ha sido un “heck of a ride”, como dirían mis amigos aquí en Estados Unidos, es decir, una experiencia fuerte y llena de aventuras, semejante a una montaña rusa. Dios me ha dado la gracia de ir a muchos países, encontrar y ayudar a mucha gente, y gracias a Él, hoy soy feliz.


EL P. DANIEL WEBER nació en Vaihingen an der Enz, cerca de Stuttgart (Alemania), el 12 de junio de 1978. Después de hacer sus estudios en colegios públicos terminó la preparatoria en la escuela humanística de Konnersreuth, un internado dirigido por los Oblatos de san Francisco de Sales. En 1999 ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Bad Münstereifel (Alemania). Cursó los estudios humanísticos en Cheshire (Estados Unidos). Durante tres años trabajó en la pastoral con jóvenes en Denver y Sacramento (Estados Unidos). Estudió filosofía en Thornwood (Estados Unidos) y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. Desde el verano de 2010 ayuda en la formación religiosa de jóvenes y niños en Denver.









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2010 han sido publicados en el libro "Desde el corazón de Cristo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-23


 

 


 



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