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Se me apareció la Virgen
COLOMBIA | RECURSOS | TESTIMONIOS-LEGIONARIOS
Testimonio vocacional del P. Óscar Iván Missas Arroyave

P.  Óscar Iván Missas Arroyave
P. Óscar Iván Missas Arroyave
 


En la universidad, hace catorce años, mientras cursaba la carrera de electrónica industrial, conocí a Wilmar con quien entablé una gran amistad. Curiosamente habíamos estado en la misma clase durante varios meses sin dirigirnos la palabra, pero de un momento a otro, él comenzó a hacerse muy famoso, pues contaba que su vida había cambiado y que la Virgen se estaba apareciendo en muchas partes del mundo para transmitir mensajes de conversión. Al inicio no le puse atención, y más bien compartía las bromas que otros le hacían. Pero en una ocasión, un grupo de compañeros quedamos de almorzar en la universidad; y entre ellos estaba Wilmar. El almuerzo transcurrió normalmente, pero al final, él se levantó y nos dijo que para terminar quería leernos un pasaje del evangelio y ofrecernos una pequeña reflexión. A decir verdad, no recuerdo cuál fue el evangelio ni qué reflexión nos dirigió, pero me impactó grandemente la convicción y la seguridad con la que nos hablaba sobre Jesucristo y su mensaje, sin sentir vergüenza de la opinión de los demás.



Yo nací y crecí en una familia católica, asistí al catecismo, tuve muchas clases de religión en el colegio, tenía la costumbre de ir a misa los domingos –si bien por ese tiempo la había descuidado–, y a pesar de esto, yo no era capaz de defender así mi fe ni mis… ¿convicciones? En ese entonces mis convicciones se limitaban a buscar el éxito profesional de un modo honesto, sin hacer mal a nadie ni meterme en problemas, disfrutar y ganarme la vida.



Un grupo de amigos “venido de otro mundo”



Intrigado por el comportamiento de Wilmar, acepté finalmente la invitación que en tantas ocasiones anteriores me había hecho de asistir al grupo de oración al que pertenecía. ¿Qué esperaba encontrar allí? No lo sé exactamente, quizá descubrir si realmente el mensaje del evangelio podía aportar algo interesante a mi vida y a mis proyectos. Y –¡oh sorpresa!– me encontré a muchachos y muchachas de mi edad, entusiastas como yo, con proyectos como yo, deseosos de disfrutar la vida como yo, con un corazón generoso y dispuesto a servir a los demás, ¿como yo?, con una gran fe y esperanza en el amor de Dios, ¿como yo? Ahí empecé a darme cuenta de que esto era interesante. Después me invitaron a participar en más grupos de este tipo, inspirados en la renovación carismática, y descubrí que mi ciudad estaba repleta de grupos de oración y de gente que jamás había conocido, y me encontré en poco tiempo rodeado de un nuevo y grande círculo de amigos y amigas de diferentes edades que me mostraban otra cara del mundo.



Con ellos me sentía a gusto, en confianza, sin tener que aparentar nada, me sentía libre, lleno de paz y satisfacción en el corazón. Con ellos aprendí a orar, a frecuentar los sacramentos, a leer el evangelio y a compartirlo con los demás, a hacer obras de caridad. Una de las actividades que más dejó huella en mí, además de las misiones de evangelización, fue la que llamábamos “la merienda”; consistía en preparar termos con chocolate caliente y panes con mantequilla y salir el sábado por la noche a recorrer las calles de la ciudad en busca de mendigos hambrientos y deseosos de una merienda antes de irse a dormir. Pronto me di cuenta de que más que una merienda, estas personas necesitaban alguien con quien hablar y desahogarse de sus penas; ver sonreír esos rostros fatigados y desgastados por el trajín de la vida, me llenaba de una gran satisfacción, me hacía sentirme portador del amor y de la paz de Jesucristo.




Unos amigos “de negro”



Por primera vez en mi vida, en mi círculo de amigos había algunos sacerdotes. Siempre los había visto de lejos, como personas buenas y ejemplares, pero extrañas y ajenas a mi mundo. Ahora convivía con ellos con gran naturalidad; así descubrí su modo de vivir, su entrega de cada día, sus fatigas, sus problemas, su fe y su confianza en Dios, su conciencia de ser llamados por Jesucristo para ser sus instrumentos de salvación. En las vacaciones de mitad de curso, fuimos de misiones de evangelización a un pueblo cercano, dirigidas por el P. Ricardo Benjumea, entonces vicario de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario. Nos dividimos en parejas para visitar las casas del lugar,
P.  Óscar Iván Missas Arroyave
El P. Óscar Missas, L.C., dirige una reflexión evangélica a un grupo de jóvenes colombianos durante un curso de liderazgo desarrollado en la ciudad de Roma
y yo tuve la suerte de acompañar al mismo P. Ricardo. En una de las casas nos atendieron muy amablemente, nos hicieron pasar y el padre empezó el coloquio; no habían pasado más de diez minutos, cuando el señor y la señora empezaron a llorar y a contarnos que estaban a punto de separarse después de muchos años de matrimonio. En esa semana que estuvimos de misiones, estos esposos decidieron afrontar los problemas, continuar juntos y renovar su compromiso, gracias al apoyo espiritual que les brindó el P. Ricardo.



En otra ocasión, después de la misa, se acercó a mí el P. Fabio Mejía, entonces párroco de la catedral, y me dijo: “Oye, ¿y no has pensado en ser sacerdote?”. Instintivamente le respondí que no. “No importa –añadió–, si quieres venir al grupo de jóvenes con inquietudes vocacionales, estás invitado, sin ningún compromiso”. En este grupo conocí otros jóvenes que estaban discerniendo su llamado al sacerdocio y esto me ayudó a resolver algunas de mis inquietudes.



Finalmente, a mediados del año 1998, conocí a dos sacerdotes legionarios de Cristo, los padres Daniel Muñoz y Marco Cho; a través de ellos pude ir conociendo el carisma y el espíritu de la Legión de Cristo. Sentí en mi interior que posiblemente Jesucristo me llamaba a seguirle por este camino, y por ello decidí hacer la experiencia del discernimiento vocacional. Este periodo consiste en una experiencia de vida religiosa durante dos meses, de modo que al final se pueda tomar una decisión con plena conciencia y libertad; para ello, debía trasladarme al centro de noviciado de Medellín, a unas tres horas de mi ciudad.




Un amigo escondido en el sagrario



“¿Qué te está pasando?, ¿y los estudios que has hecho en la universidad no te van a servir para nada?, ¿ha sido tiempo perdido?”, fueron algunos de los interrogantes que me dirigió mi papá. “¿Y cuándo regresas?, ¿o ya te vas definitivamente de sacerdote? ¿y vas a estar bien?” añadió mi mamá. “¿Y no vas a estar con nosotros para la Navidad y el año nuevo?” dijo mi hermana Gloria Helena, pues el periodo de discernimiento vocacional se desarrollaría durante diciembre y enero. Lo curioso es que yo también me hacía las mismas preguntas en mi interior –y aún más–, y no tenía respuestas; sólo sabía que una fuerza interna me impulsaba a lanzarme. Por otra parte, estaba realizando la práctica universitaria en el equipo técnico del canal regional de televisión “Telecafé”, y hacía poco me habían hecho una oferta de trabajo que anhelaría cualquier joven en mi condición de recién graduado. En medio de la confusión que sentía, encontré refugio y consuelo al pie del sagrario de la catedral, donde pasé largos ratos hablando con Jesús y pidiéndole que me iluminara y me diera la fortaleza para seguir su voluntad, ya que todo esto lo hacía por Él. Y así fue, me dio la fortaleza para renunciar a las posibilidades que se me presentaban y para superar los sentimientos adversos.


“Ya no os llamo siervos, os llamo amigos”



Así comencé el periodo de discernimiento vocacional, junto con otros ocho jóvenes, con mucha alegría y con una idea clavada en mi corazón: voy a ser feliz siguiendo la vocación a la que Dios me ha llamado y para eso estoy aquí, para descubrir cuál es mi vocación. Poco a poco, con la ayuda de los formadores, se fueron esclareciendo las dudas. Al final, venía la prueba de fuego: volver a casa durante tres días para despedirme de mi familia y regresar para iniciar oficialmente el periodo de noviciado. Sin embargo, si bien Dios me había iluminado en este tiempo, también había tocado el corazón de mis papás y de mis hermanos, pues me dijeron: “Si tú eres feliz en ese camino, también nosotros estaremos felices”. Y efectivamente, sentía una gran paz y unos grandes deseos de seguir adelante, pues presentía que esto era sólo el inicio. Los años de preparación para el sacerdocio han sido una excelente escuela de amor: con Jesucristo, la Santísima Virgen María, la Iglesia y todas las personas que Dios ha puesto y pondrá en mi camino.

Se me apareció la Virgen



No he llegado solo al sacerdocio, pues he sentido siempre la compañía maternal de la Virgen María, especialmente desde aquel día en que un compañero de universidad me habló de los mensajes que Ella transmitía cuando se aparecía en diversos lugares. El rezo del rosario, las peregrinaciones y los cantos marianos me han acercado más a su corazón. Además, en mis tierras la expresión “se me apareció la Virgen” se usa para dar a entender que se ha recibido un gran beneficio, y ése es mi caso, y por eso termino con unos versículos del salmo 102: “Bendice alma mía al Señor, desde el fondo de mi ser a su santo nombre; bendice alma mía al Señor y no olvides nunca sus muchos beneficios”.


 


EL P. ÓSCAR IVÁN MISSAS ARROYAVE nació en Manizales (Colombia) el 24 de octubre de 1978. Es el cuarto de seis hermanos. Cursó sus estudios de primaria en la escuela La Gran Colombia y de secundaria en el colegio Alfonso López Pumarejo. Es tecnólogo en electrónica industrial por el Instituto SENA. El 5 de febrero de 1999 ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Medellín (Colombia). Cursó sus estudios humanísticos en Salamanca (España). Durante cuatro años fungió como encargado de estudios del centro de noviciado de la Legión de Cristo en Medellín. Realizó sus estudios de filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma, donde actualmente cursa la licenciatura en teología dogmática. Colabora como orientador espiritual de los portales web vocacion.org y
whynotpriest.org.


 









Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2011 han sido publicados en el libro "Dios lo da todo".


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-12-12


 

 


 



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