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| P. José Guadalupe Padua Monroy | |
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Algunos se preguntarán de dónde saqué esta frase para
colocarla como título de este testimonio. Mi nombre es
José Guadalupe Padua Monroy y nací un 12 de diciembre,
gracias a un milagro que la Virgen de Guadalupe
le concedió a mi mamá. Fue un milagro que
les contaré al final de esta historia para que se
vea claramente cómo María Santísima me fue guiando hacia
el sacerdocio.
Cómo es mi familia
Nací en la Ciudad de México.
Somos seis hermanos en casa. Crecí en un hogar
católico y lleno de mucho amor durante mis primeros siete
años. Después, todo cambió para mí y para mi
familia. Al inicio no entendía, pero más tarde me
di cuenta que mi papá nos había dejado. Cuando tenía
yo catorce años, él regresó a casa y hubo
una pequeña reconciliación pero no duraría mucho: meses después
nos dejaría nuevamente. Mi madre se hacía cargo de
seis hijos; educación, vestido, salud, alimentación y mucho amor. Ella
siempre nos inculcó el perdón y respeto a nuestro
papá a pesar de todo lo que había hecho.
Una
invitación al seminario que no olvidaría
Mi adolescencia fueron años difíciles para mi mamá. Yo
fui rebelde, poco estudioso y no me gustaba estar
en casa. Me escapaba de la escuela con mis
amigos y amigas. Atribuía esta rebeldía a la separación de
mis papás. Mis hermanos, en cambio, sí estudiaban y
trabajaban para poder salir adelante.
Mi
rebeldía cambió cuando me invitaron a participar en un
grupo juvenil que se llamaba Pentecostés. Me gustó mucho:
buen ambiente, oración, juegos, música y baile. Íbamos todos a
misa los domingos por la noche y las reuniones
del grupo eran los sábados. Cada semana el grupo
crecía. Éramos entre 150 y 200 jóvenes reunidos todos los
fines de semana. También teníamos nuestros retiros, convivencias, fiestas
y no podía faltar el baile. Esto duró dos
años; la rebeldía ya había bajado y las notas de
clases habían subido. Mi mamá estaba muy contenta.
Un fin de semana nos dijeron que
tres jóvenes del grupo se estaban preparando para ir al
seminario. En el festejo y la despedida uno de
ellos me preguntó si me gustaría ir al seminario
también. Yo le contesté que sí pero que no ahora.
En el camino de regreso escuchaba esa invitación continuamente
en mi interior.
Llegando a casa esa tarde mi
mamá me estaba esperando en la puerta, seria y
enojada. Me dijo: “¡Quiero hablar contigo!”. Me llamó la
atención muy duro. Mi mamá estaba muy enojada y
triste por mi forma de actuar. Al final me dijo:
“¿Qué vas a hacer con tu vida si sigues
así, qué quieres ser?” y lo primero que le respondí
fue: “¡Voy a ser sacerdote!”. Ella me miró y
se puso a llorar.
Comienzo a hablar con Dios
Me fui a vivir a Zacatecas para
estudiar la preparatoria y tuve que dejar el grupo
de la parroquia. Durante estos años los estudios y la
diversión eran lo principal y no me preocupaba por
la vida espiritual. También en ese periodo conocí una
niña que me ayudó mucho en todos los aspectos. Fuimos
novios y teníamos muchos planes. Uno de ellos era
ir a Guadalajara a estudiar Ciencias de la Comunicación
para después trabajar en los medios.
A finales de mi último año de preparatoria salió
una convocatoria de la fundación Telmex para obtener una
beca de estudios. Me animé a participar y durante los
días de las pruebas fui a la catedral a
hablar con Dios y en diálogo le preguntaba: “¿Por
qué yo no puedo tener una computadora, una beca de
estudio, por qué no puedo estudiar en una universidad
particular, etc.?”. Esta visita a la catedral marcó algo
en mi alma: empecé a buscar el diálogo con Dios.
El día 15 de agosto la fundación Telmex
me dio la noticia que había ganado la beca que
consistía en: un salario mínimo para pagar mis estudios,
una computadora y algunas actividades dentro de la fundación.
Todo esto me hizo recordar el día en que
comencé a hablar con Dios en la catedral. Gracias a
Él terminé también mi licenciatura en Derecho.
Juan Pablo
II
Todo esto me había sucedido en
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| El P. José en plena transmisión de un programa de Guadalupe Radio | |
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1999, mientras estábamos recibiendo la visita de Juan Pablo
II. El día en que llegó a la Ciudad de
México me tocó ir a las oficinas de gobierno
para dejar unos documentos. Al salir de la estación
del metro me di cuenta que la gente se estaba
acomodando en la avenida para ver pasar al Papa.
Me dije: “¡Ah! Es sólo una pasada rápida del
Papamóvil. Nadie lo verá bien”. En ese momento se empezó
a escuchar: “¡El Papa ya viene!”. Corrí a un
lugar alto sólo para ver el rostro del Papa, y
sentí su mirada. Me dio mucha emoción y las
lágrimas se me salieron. Y me empecé a preguntar:
“¿Qué estoy haciendo con mi vida?, ¿Por qué no estoy
respondiendo a Dios?”. Poco tiempo después estaba buscando consejo
vocacional.
La Legión de Cristo por internet
En esta búsqueda vocacional, un sacerdote amigo en
Roma me recomendó conocer al Opus Dei y a
los Legionarios de Cristo. Me metí a las páginas
de internet y mandé unos mensajes. Después de algunos días
recibí un mensaje del P. Ricardo quien me decía
que un padre iría a Pachuca y podría hablar
con él. Era el P. Jesús, de Venezuela. Me impresionó
mucho su porte de religioso. Después de algunos meses
me invitó para ir al candidatado. Mi problema era
conseguir permiso para ausentarme tres meses en el trabajo.
Un día fui a la Basílica de
Guadalupe. Le llevé una veladora como todo buen guadalupano
y en diálogo con ella le pedía su ayuda
para responder a lo que Dios me estaba pidiendo. Creo
que ella no ha fallado nunca a su palabra,
siempre me ha acompañado durante todo este camino.
Y ahí pasaban los meses sin darme cuenta
Llegué al noviciado de la Legión
de Cristo en Monterrey, donde sería el tiempo de
prueba vocacional. Al entrar por primera vez, me llené de
mucha alegría y paz al ver al Santísimo expuesto
y a tantos hermanos novicios con sus sotanas negras
en adoración. No sabría cómo describir esos momentos. Y así
pasaron los meses. Después de una semana en el
candidatado me llené de valor para irme a confesar.
Habían pasado años desde la última vez.
Sentía
que Dios me llamaba, pero al mismo tiempo pensaba
que tarde o temprano me iban a decir que ya
podía regresar a mi casa porque no me iban
a aceptar. El día 15 de agosto, después de
la misa solemne de la Asunción de la Virgen, el
superior me mandó a llamar y me dije: “Ahora
me lo dirán”. Pero para mi sorpresa el P. Jesús
quería felicitarme porque había sido aceptado para iniciar el
noviciado en la Congregación. Fui a ponerme de rodillas
ante la imagen de la Virgen para darle las gracias.
La formación en la Legión de Cristo
Después de mi noviciado en Monterrey, me
fui a Salamanca, España, y después a estudiar filosofía
en Nueva York. Fue muy difícil para mí aprender inglés.
Al siguiente año salí de prácticas apostólicas a Brasil,
donde también me costó aprender portugués… En Nueva York
fui a la radio para dar una plática sobre el
manto de la Virgen de Guadalupe. Este fue mi
lanzamiento en los medios de comunicación. Después de esa
oportunidad Dios me fue preparando para un gran apostolado.
Unos meses, antes de partir para Roma para terminar
los estudios, pasé por México para visitar a mi familia
y para una cirugía en el oído derecho. Pude
estar con mi mamá y mi familia antes de
los estudios médicos. Pasé el 10 de mayo con mi
mamá. Nunca pensé que ese sería el último “día
de las madres” que festejaría con ella.
El P. José de
Jesús
Durante mi formación me tocó
también una gracia muy especial: cuidar al P. José de
Jesús Rodríguez Carmona, L.C., quien murió en el año
2008, debido a un cáncer en el cerebro. Esos
meses fueron muy importantes y significativos. Con él aprendí
a vivir especialmente la misa diaria con gran fervor, y
fui testigo de un hombre que quería ser santo
ofreciendo su dolor por las demás personas. Todos esos
meses me ayudaron a fortalecer mi vocación sacerdotal. Seguido me
encomiendo mucho al P. José de Jesús para que
me ayude a ser un santo sacerdote, como lo
fue él. Algo que marcó mucho mi vida fue lo
que les dijo a los médicos y quienes le
aconsejaban en su enfermedad sobre la celebración eucarística: “Por
favor, no me quiten lo único que puedo hacer: celebrar
la Eucaristía”.
¿No estoy yo aquí, que soy tu
madre?
Estando en Roma me llamó
por teléfono mi hermana. Llorando me daba la noticia que
mi mamá había fallecido. Al final de la llamada
fui directamente a la imagen de la Virgen de
Guadalupe: “Madre Santísima ahora necesito de tu protección, no me
dejes solo”, y recordé sus palabras a san Juan
Diego: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”.
Eso me dio fortaleza y paz para aceptar la muerte
de mi mamá. Le pedí a María Santísima que
me concediera la gracia de celebrar como sacerdote una
misa por mi mamá en su basílica del Tepeyac.
Me ordeno
el día de mi Madre, pues soy su milagro
Al recibir la noticia
que mi ordenación sacerdotal sería el 12 de diciembre, el
mismo día en que Dios me concedió la gracia
de nacer, me llené de alegría y gratitud hacia
Dios y hacia María Santísima de Guadalupe.
Ahora sabrán porque es tan especial esta fecha
para mí: nací el 12 de diciembre gracias a un
milagro de la Virgen de Guadalupe. Mi mamá estaba
embarazada conmigo y se encontraba en casa haciendo la
limpieza y entre una actividad y otra, se tropezó, cayó
y se golpeó el vientre, lo que causó una
hemorragia que duró tres días: del 9 al 11 de
diciembre. El 12 de diciembre se sintió un poco
mejor y la hemorragia cesó, por lo cual pudo
levantarse de la cama, arreglarse un poco la cara y
salir a comprar leche para dar de desayunar a
mis hermanos. Pero cuando llegó a la lechería se
desmayó otra vez y volvió la hemorragia. Inmediatamente la
socorrieron y la llevaron al hospital. En el hospital le
avisaron que el niño podría tener muchos problemas al
nacer. Comenzó el parto y se complicó más porque
estaba saliendo primero por los pies y con el cordón
umbilical enredado en el cuello. Cuando me colocaron en
la incubadora para socorrerme, vieron que, a pesar de
los tratamientos correspondientes, no respiraba. Le dijeron a mi
mamá: “¡Su hijo está muerto, no respira y no podemos
hacer ya nada!”, y mi mamá con lágrimas en
sus ojos elevó una oración a la Virgen de Guadalupe:
“Madre Santísima, si tú le concedes la vida a
mi hijo, yo te lo consagro a ti”. Y en
ese mismo momento comencé a respirar. Fue un milagro.
“Por la imposición de manos del Obispo me
llamaste para servir a tus hijos. Ignoro por qué
razón me elegiste; Tú sólo lo sabes. Pero Tú, Señor,
aligera la pesada carga de mis pecados, con los
que gravemente te ofendí; purifica mi corazón y mi
mente. Condúceme por el camino recto, como lámpara que alumbre.
Pon tus palabras en mis labios; dame un lenguaje
claro y fácil, mediante la lengua de fuego de
tu Espíritu, para que tu presencia siempre vigile” (San Juan
Damasceno).
EL P. JOSÉ GUADALUPE PADUA MONROY nació en la
Ciudad de México el 12 de diciembre de 1975. Al
terminar sus estudios de Derecho ingresó en el noviciado de
la Legión de Cristo en Monterrey (México) en el año
2000. Cursó los estudios humanísticos en Salamanca (España). Colaboró como
promotor vocacional en Curitiba (Brasil). Realizó sus estudios de filosofía
en Thornwood (Estados Unidos), y el bachillerato en teología en
el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma (Italia). Actualmente trabaja
en Los Ángeles, California (Estados Unidos), en Guadalupe Radio 87.7
FM
y en Guadalupe TV 54.3.

Los testimonios vocacionales de los legionarios de Cristo que
recibieron la ordenación sacerdotal en el año 2011 han sido
publicados en el libro "Dios lo da todo". |