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Siempre me acordé de la película “Cambio de Hábito” en sus versiones uno, dos, tres.
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Testimonio vocacional del P. Gessione da Cunha Alves

P. Gessione da Cunha Alves L.C.
P. Gessione da Cunha Alves L.C.
La historia de mi vocación es sencilla y grandiosa, como lo es el llamado de Dios. Soy el menor de cuatro hermanos. Nací el 24 de mayo de 1982. Mis padres ya habían “cerrado la cuenta” de hijos. Con tres, mis hermanas gemelas y mi hermano ya bastaba. Pero un providencial libro del método Billings le llegó a mi madre, como regalo del párroco. Mientras ella aprendía el método llegué yo. Mi vida y vocación son obra de la gracia divina y de especial intercesión de mis padres.



Antes que yo naciera mis padres ya habían consagrado un hijo suyo a Dios. En el campo había una única Misa al año y ellos decidieron rezar por las vocaciones y ofrecieron uno de sus hijos para que fuese sacerdote, si Dios así lo dispusiera.



A los dos meses de vida tuve una fuerte neumonía. Los médicos me desahuciaron. Estuve más de 15 días en la UTI. Mi madre con mucha fe intercedía por mi vida y le recordaba a Dios en su oración sobre la consagración que había hecho de un hijo suyo.



NIÑEZ SENCILLA EN EL CAMPO



Nací en una ciudad del interior del estado de Goiás, Brasil. Mis padres vivían en una hacienda. A los siete días me bautizaron y regresaron al campo. Después de la recuperación de mi salud, volvimos a un ritmo de vida campesina tranquila y sin ningún sobresalto.



Éramos una familia muy religiosa y sencilla. Mis padres nos enseñaron con su ejemplo el valor del trabajo, de la honestidad y honradez desde muy pequeños. Nos encantaba ir a todas las actividades y fiestas organizadas en la capilla del lugar. Rezábamos el rosario semanalmente en las casas de los amigos vecinos.



Me acuerdo con mucho cariño de cuando fue un sacerdote por primera vez a nuestra casa. Como sólo iba una vez al año a celebrar, las familias casi disputaban para ver quién lo llevaría a comer a su casa. Cuando yo tenía unos cinco años le tocó a mi familia tal gracia. Recuerdo que fue una semana de muchas expectativas. Prepararon la mejor comida, el postre era variado y sabroso. No me acuerdo del rostro del sacerdote, ni de su nombre, ni siquiera de lo que habló en casa. Sólo recuerdo que fue un día extraordinario porque alguien muy especial había venido a casa.



Mis hermanos iban al colegio a la ciudad y yo me quedaba en casa con mi madre. Me encantaba pescar, cazar con los amigos y jugar a curar animales con mis oraciones. Era un niño muy independiente y amiguero.



UN CAMBIO QUE ME TRANSFORMÓ



P. Gessione da Cunha Alves L.C.
Cuando tenía siete años, nuestros padres decidieron ir a vivir a una ciudad más grande, para darnos mejores oportunidades de estudios. Me encantaba la vida tranquila del campo, pero la vida de la ciudad me conquistó muy rápidamente.



Al llegar a la ciudad buscamos una parroquia cercana de casa y nuestros padres nos inscribieron en la catequesis. Muy prontamente yo me apunté de monaguillo y fundé un grupo de canto con unos amigos para la Misa de niños (Coral “Sorriso de Jesus”).

Mi parroquia era dirigida por los frailes franciscanos. El párroco, Fray Juraci, era también capellán de la base militar que hay en mi ciudad, Anápolis. Verlo celebrar con los paramentos litúrgicos, verlo correr todos los días por una avenida cerca de mi casa y verlo de uniforme militar con sus botas de soldado me causaba mucha admiración.



Un día, mientras esperábamos para acolitar a Misa, el párroco me preguntó por qué no estaba yendo a los encuentros vocacionales en el convento franciscano con los demás monaguillos. No tuve respuesta, pues ni me había enterado de que existían. Durante la semana, en el colegio, me puse de acuerdo con algunos compañeros, para ir con ellos al encuentro. Consistía en comer, jugar con los frailes y escuchar unas charlas muy motivadoras sobre las misiones, la consagración a Dios y la vida sacerdotal. Entablé buenas amistades ahí.



Un día, saliendo de misa, les dije a mis padres que quería ser como Fray Juraci. No me acuerdo qué dijo en la homilía, siempre muy animadas y llenas de historias simpáticas, pero algo habría dicho que me hizo decidir ser sacerdote. Ellos desde entonces me apoyaron incondicionalmente.



CAMBIO DE HÁBITO I



Cuando tenía 13 años llegó a nuestra parroquia el P. Geovane, sacerdote diocesano. Los franciscanos tuvieron que entregar la parroquia a la diócesis, por falta de vocaciones. El nuevo párroco pronto nos unió a los monaguillos y formó un grupo vocacional. Teníamos encuentros mensuales con él, quien me asignó muchas responsabilidades y me brindó su confianza asignándome dar catequesis a los niños de 6 a 7 años, ser responsable de los monaguillos nuevos y seguir el coro de la Misa de niños. Era un motivo de sano orgullo ir con el párroco a celebrar en las capillas. Lo acompañé a muchas de sus actividades sacerdotales.



Como para ser franciscano tendría que esperar hasta los 18 años, opté por “cambiar de hábito”. Decidí ser sacerdote diocesano, como mi párroco. En el año de 1995 mi obispo, Mons. Manuel Pestana, q.e.p.d., fue a Roma para la visita Ad limina y se hospedó en el Centro de estudios superiores de la Legión de Cristo, hasta entonces totalmente desconocida para mí. Él comentó en esa ocasión que había muchas vocaciones menores en la diócesis de Anápolis, pero no había a dónde enviar los chicos. Entonces los superiores de la Legión de Cristo le dijeron que en Brasil dirigían un seminario menor en Curitiba, donde él podría enviar a sus seminaristas menores a estudiar, lo cuales luego regresarían a su diócesis para continuar los estudios de filosofía y teología.



CAMBIO DE HÁBITO II



Hacia diciembre de 1995 mi párroco nos dijo a algunos monaguillos que el obispo había conseguido un seminario menor para los que querían ser sacerdotes. Un sacerdote legionario, el P. Adolfo Flores, LC, vino a entrevistarnos y a hablar con nuestros padres.



Estaba muy emocionado con la idea, pero faltaba menos de un mes para empezar el curso de discernimiento vocacional en Curitiba con los legionarios de Cristo. A mis padres les pareció que el seminario quedaba muy lejos – 30 horas en autobús -  y que era muy precipitada la idea. Así que, en ese año, sólo acudió un compañero y yo me quedé con las ganas. Intensifiqué mi preparación para el ingreso al seminario menor, pasando todas las vacaciones con este compañero y cada día me apasionaba más la vida del centro vocacional de Curitiba.



Llegó mi ocasión. Mis padres ya se habían habituado a la idea, pues vivía con la cabeza en el seminario. Arreglé mis cosas con un mes de antelación y esperé ansiosamente el día.



LA VIDA EN EL SEMINARIO MENOR



Llegué a Curitiba y todo era nuevo. Se me hacía otro país. La vida del centro vocacional me atraía mucho. Me encantaban los estudios, la vida de oración, la competencia. Era muy malo para los deportes, pero poco a poco me fui desarrollando también en este campo.



Yo llevaba la vida normal de un seminarista menor legionario, pero con la idea de que iba a volver a mi diócesis y ser ordenado sacerdote diocesano, como lo habían hecho varios compañeros. Así también lo entendían mi obispo, el párroco y mi familia.

En mi primer año en el centro vocacional surgió una nueva fundación en São Paulo, un poco más cerca de mi casa – 18 horas en autobús – entonces fui enviado para apoyar en la fundación de este centro vocacional.



Cada día me enamoraba más de la vida legionaria. Comenté a mi rector, el P. Gerardo Mendoza, LC, que quería ser legionario de Cristo. Él me dijo que se encargaría de pedir los permisos a los superiores y que yo lo comentara al obispo. Le escribí, entonces, una carta y él con gran espíritu de Iglesia me contestó que no quería sacerdotes para su diócesis sino para la Iglesia y me motivó a que siguiera el llamado que Dios me proponía.



CAMBIO DE HÁBITO III



En mi historia vocacional siempre me acordé de la película “cambio de hábito” en sus versiones uno, dos, tres. Pensaba que iba a ser sacerdote franciscano y Dios me envió un sacerdote diocesano celoso que me indicó otro camino. Luego Dios puso en mi camino a un santo obispo que buscó un seminario menor para que yo fuera a estudiar. Estando en este camino, una vez más, Dios me sorprendió y me apuntó para el llamado inicial que me atraía hacia la vida religiosa, pero de esta vez en la Legión de Cristo.



MI FORMACIÓN



Terminé mis estudios regulares en São Paulo y vino un momento de una grande decisión: ingresar al noviciado. Fue como entrar al seminario otra vez. Viví unos años felices en el noviciado, que realicé en São Paulo. Fue un tiempo de mucha purificación y de crecimiento en la conciencia de la vocación. En ese período, fui introducido en la vida apostólica, trabajando los fines de semana con adolescentes en las ciudades de Salto e Itu, en el interior de São Paulo. Dios me regaló el don de evangelizar a la juventud y durante todos los años de mi formación pude desarrollarlo, siempre con mucha alegría y satisfacción espiritual.



Profesé los votos religiosos en año 2002 y se me abrió un nuevo horizonte.



LA VIDA FUERA DE MI PAÍS



Aunque me apasionaba la vida religiosa en la Legión de Cristo no puedo dejar de expresar que ir a otro país, otra cultura, convivir con hermanos de diversas nacionalidades fue, al inicio, un crecimiento humano y espiritual no exento de dificultades.

Poco a poco la vida en España cautivó mi corazón. Amaba los estudios humanísticos en la ciudad de Salamanca y los superiores me concedieron otro año de humanidades. Viví muy feliz allá.



LAS PRIMERAS SORPRESAS DE LA VIDA RELIGIOSA



Algunos meses antes de terminar el curso de humanidades, mi rector, el P. Jesús María Delgado, LC, me llamó a correr con él, como cada domingo. Después de motivarme, me dijo que volvería a mi país para empezar a estudiar filosofía en el seminario Mater Ecclesiae, con los seminaristas diocesanos.



Estaba feliz con mis estudios humanísticos, me había enamorado de España, estaba ansioso por ir a Roma con mis compañeros para iniciar la filosofía allá. Dios se encargó de enseñarme pronto que era Él quien marcaba el ritmo de mi consagración.



Al final del primer año de filosofía en São Paulo, fui a Roma para terminar mis estudios. Así que Dios no me privó del sueño de estudiar en Roma con mis compañeros de formación.



EL PERÍODO DE TRABAJO APOSTÓLICO



Mi vida en la Legión de Cristo ha estado muy marcada por experiencias apostólicas. En los años de formación siempre tuve la oportunidad de trabajar con jóvenes y adolescentes durante diversas ocasiones en España, Portugal, Francia e Italia.

Esperé mucho el momento de recibir mi encargo apostólico. Para mi sorpresa y alegría Dios me envió nuevamente a mi país, a trabajar en la pastoral juvenil. Llegué el año 2005 a la diócesis de São José dos Campos, São Paulo. Llevo 7 años acompañando grupos del Regnum Christi de São José y varias ciudades vecinas. Con los jóvenes he aprendido mucho. Ellos han sido una buena motivación en mi camino de consagración a Dios.



LA PREPARACIÓN PARA LA ORDENACIÓN



Después de 16 años de espera y preparación para la ordenación, pensé que iba a llegar con mucha serenidad y sin grandes complicaciones. Pero Dios siempre se encargó de enviarme sorpresas a lo largo de mi itinerario vocacional.



Las vicisitudes por las que pasó nuestra familia religiosa ha sido la última prueba de fuego que Dios me envió para que decidiera sólo por Él y nada más.



He tenido que hacer una nueva opción vocacional, ayudado por la gracia de Dios. En los últimos años de dolor y sufrimiento he percibido un verdadero llamado de Dios. Con la ayuda de muchos hermanos legionarios, amigos y sacerdotes de São José dos Campos he podido ir viendo las cosas con más claridad.



Dios no me cambió de hábito tres veces para defraudarme al final. Él hizo malabarismos para traerme a la Legión de Cristo, pues humanamente no tenía por qué estar aquí.



El sacerdocio se me presenta como un don totalmente inmerecido. No he hecho nada para merecerlo, al contrario. Dios me ha estado protegiendo siempre y de mil maneras diversas diciéndome que me quiere por este camino. Con obediencia y confianza filial acepto y respondo al llamado que escuché desde mi niñez: “Ven y sígueme”.





El P. Gessione Alves da Cunha, LC nació en la ciudad de Pirenópolis, Goiás (Brasil) el 24 de mayo de 1982. Estudió la primaria y parte de secundaria en el colegio Arlindo Costa, en Anápolis, Goias. El 11 de enero de 1997 ingresó al centro vocacional de Curitiba. Hizo el noviciado en Arujá (São Paulo). Cursó los estudios humanísticos en Salamanca (España) del 2002 al 2004. Estudió filosofía en colegio Maria Mater Ecclesiae de Brasil y en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma. Ha trabajado en la pastoral juvenil en la Diócesis de São José dos Campos, São Paulo. Ha estudiado teología en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma y en el Seminario Maria Mater Eclesiae de São Paulo. Actualmente es director de la sección de jóvenes de la ciudad de São José dos Campos, São Paulo.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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