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La Nueva York de La Mancha
ESPAÑA | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Esteve Borrell Ronda

P. Esteve Borrell Ronda L.C.
P. Esteve Borrell Ronda L.C.

En un lugar de la Mancha

Hay vidas en las que podemos ver que Dios irrumpe con la fuerza y la sorpresa de un tsunami. En mi caso no creo poder decir que haya sucedido así. Pero no me cabe la menor duda, que si estoy aquí ahora es solamente porque Dios así lo quiere. Nunca he pensado que yo pueda ser un testimonio de vida, pero quizás para alguno puede servir mi historia como un testimonio de lucha.

Hace ya casi 23 años que recibí la invitación de Cristo a seguirlo. No me envió un WhatsApp por teléfono, ni me mandó un Tweet, tampoco se trató de una invitación de Facebook. Nada de eso existía, y además, Dios es mucho más original.

La Nueva York de La Mancha

En un lugar de la Mancha, en Albacete, comenzó esta otra gran historia. Azorín, tituló uno de sus poemas Nueva York de La Mancha, refiriéndose a esta pequeña y noble ciudad. No es que contara con edificios de gran altura, más bien era la visión que le daba el tren que pasaba por Albacete con destino Alicante, eran las chimeneas de las fábricas alimentadas por la electricidad producida por el río Júcar. De esta ciudad soy hijo.

De mi familia solamente he recibido mucho cariño y comprensión siempre. Me han acompañado toda mi vida su amor y el espíritu de trabajo con que se dedicaban al negocio de las frutas. Me gustaba mucho ayudar, levantarme temprano y salir a la ciudad cuando todavía no salía el sol. Después de preparar la tienda salía corriendo a la Academia CEDES para tener mis clases. Allí, en el colegio, fuimos acuñando una buena fama. Me apodaban el “abogado”, quizás porque no me podía quedar callado. Mi hermano Antonio, un año mayor, era el del “brazo de la ley”, pues me sacaba de todos los problemas donde me metía.

Un río que había que encauzar

Un día de lo más normal sucedió algo muy raro. Jamás habíamos visto un cura en el colegio y ahora estaba delante de nosotros, vestido de negro y con una sonrisa de oreja a oreja. Nos habló de las misiones y nos presentó las fotos de un lugar donde iban los que querían prepararse para misioneros. Esas fotos hicieron la detonación en mi corazón.

Al año siguiente yo ya estaba en Moncada, en el Centro Vocacional. Siempre fui muy alegre, bastante inquieto y extrovertido. Recuerdo que algo pasó al poco tiempo de entrar al seminario, me mandaron a la oficina del superior y me dijo: Mira Esteve, prefiero un río con un cauce que se desborda y que se puede aprovechar a un río seco. Algo de ríos sabía por los campamentos de verano en Riopar y por acompañar a veces a mi abuelo de pesca. Creo que no le entendí del todo al padre, pero las cosas no podían andar tan mal entonces. Fueron 4 años de mucho compañerismo y
P. Esteve Borrell Ronda L.C.
de una profunda amistad con Cristo. Esta amistad comenzó con mi primera comunión vestido con mis botas de fútbol en la capilla de Centro Vocacional. Recuerdo con mucho cariño como ahí, frente al crucifijo y la imagen de la Virgen arreglaba mis pequeños problemas de la vida. Aquí fui madurando y forjé los grandes ideales de mi vida.

Terminado el bachillerato se acercaba el momento de una mayor decisión en mi vida, el inicio del noviciado. Recuerdo que por la edad me atraía mucho el mundo y la decisión se hizo algo más difícil que el primer entusiasmo. Decidí hacer la prueba, ser generoso con Dios y darle la oportunidad de tener el primer lugar en mi vida. Si me quería sacerdote lo iba a descubrir ahí. Después de los dos años de noviciado en Alemania llegué a la conclusión de que si Dios me había dado un corazón que tenía tantas ganas de amar y de hacer cosas grandes es porque me quería sacerdote. Con este ánimo hice mi profesión religiosa y comencé el periodo de humanidades en Salamanca.

A los 9 años después de la invitación de seguir a Cristo pude experimentar lo que eran las misiones, bueno, misiones en Europa. El 3 Enero de 1999 interrumpí mis estudios un par de meses para colaborar con el P. Michael Duffy en la fundación del Movimiento en Eslovaquia y Hungría. Es emocionante poder comenzar en un lugar la obra de Dios.

Aprender a ser sacerdote

El periodo más feliz de mi vida y que más me ha marcado han sido los cinco años de trabajo apostólico que realicé en el Norte de México. Si bien en Roma uno estudia para ser sacerdote, ha sido en mis prácticas apostólicas donde he aprendido a ser sacerdote. Ésta ha sido sin duda una experiencia inolvidable, la felicidad de ser instrumento de Dios para tantos jóvenes y familias. Agradezco a Dios haber podido encontrar almas, especialmente en el Irlandés de Monterrey, que han sido cirineos de mi vocación, verdaderos hermanos y amigos, en los que me sigo apoyando hasta el día de hoy. Cada una de estas almas me han enseñado con su ejemplo a ser más generoso con Dios y a vivir con mayor sencillez mi relación con Él. A todos y cada uno les estoy agradecido sinceramente.

Tempestades de vuelta a Roma

Pasé un periodo de fuerte tempestad por ver de primera mano la situación difícil por la que pasaba mi familia. Sin duda que fue una prueba muy dolorosa el acompañarlos a distancia y el no poder hacer más por ellos que rezar y ofrecerle mi vida a Dios con la mayor generosidad posible. Especialmente desde que terminé la licencia en filosofía viví con mucha intensidad el resto de mi formación en Roma, consciente de la necesidad que tenían las almas de sacerdotes santos y bien formados. Me ayudó mucho además del periodo de prácticas, las veces que interrumpí mis estudios para ir a México y Alemania durante un par de meses, ayudando en la consecución de becas para los padres y hermanos que estudian en Roma. Son muchas las personas que con su fe y generosa ayuda hacen posible que podamos estar en Roma, cerca del Papa, y que podamos cursar nuestros estudios universitarios.

Como dije al inicio, no siempre se presenta Dios con la fuerza de un tsunami, pero sin duda me ha concedido momentos de especial cercanía en la oración y de mayor claridad en la vocación. Recuerdo uno con mucho cariño. Estaba en Alemania, me hospedé en una residencia de unas monjitas que cuidaban ancianos. Rezando en la capilla vi entrar una persona mayor que arrastrando los pies se acercaba a cada uno de los enfermos, a las camillas y sillas de ruedas, y para todos tenía un gesto cariñoso, una palabra amable y una mirada simpática. A los pocos segundos estaba celebrando la misa, era sacerdote. Me conmoví mucho viendo a este anciano sacerdote desgastado, levantando con sus manos temblorosas el Cuerpo de Cristo, y al oír estas palabras que cientos de veces había escuchado antes: “Este es mi cuerpo que será entregado por vosotros”.

Gracias a mi familia, mis amigos y hermanos sacerdotes

A la vuelta de estos años hoy doy gracias a Dios porque sé que todo lo que ha pasado hasta ahora en mi vida Dios lo ha querido así. Estoy infinitamente agradecido con Dios en definitiva porque me ha hecho feliz eligiendo el camino por el que me ha ido mostrando. Un recuerdo especial ahora también para mis papás, mis hermanos y toda mi familia que me ha acompañado a los largo de este camino a veces largo y oscuro, pero donde no ha dejado de brillar la presencia de Dios. Agradezco mucho a mis amigos y compañeros del seminario menor y tantos padres de los que he recibido ejemplo y sincera amistad. Un agradecimiento particular al Card. Darío Castrillón Hoyos, con el que pude colaborar algunos años y del que puedo decir que siempre fue un padre y un amigo. Por su cercanía y apoyo, ha sido siempre una inspiración de entrega y entusiasmo en mi camino al sacerdocio.

El P. Esteve Borrell Ronda nació en Albacete el 13 de julio de 1978. Entró al seminario menor de los Legionarios de Cristo en Moncada, Valencia,  el verano de 1990. Hizo los dos años de Noviciado en Alemania, primero en Roetgen, Aquisgrán (Alemania) y después en la sede de Bad Münstereifel, Colonia. Se licenció en Filosofía y también Teología Moral en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. En prácticas apostólicas trabajó por tres años en la formación de jóvenes en el Club Faro de Monterrey y como prefecto de disciplina e instructor de formación en el Irlandés de Monterrey. Durante 2 años fue promotor vocacional en el Estado de Tamaulipas y Nuevo León. Actualmente es capellán del Colegio Cumbres en Bogotá (Colombia), es director de las secciones Movimiento en Barranquilla (Colombia) y Quito (Ecuador)


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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