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Prácticas hacia Dios
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Luis Felipe Villalobos Ortiz

P. Luis Felipe Villalobos Ortiz L.C.
P. Luis Felipe Villalobos Ortiz L.C.


FAMILIA

Es común escuchar en las historias vocacionales cómo la mano de Dios se ha hecho presente desde un inicio. Mi caso no ha sido diverso… Nací en la ciudad de Celaya, Guanajuato en México el 12 de diciembre de 1982, fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de México y emperatriz de América. Puedo decir que su presencia maternal selló desde el principio mi vocación sacerdotal, pues es para mí un privilegio y honor haber nacido en este día.

Mi familia es una familia normal cómo tantas. Yo soy el mayor de tres hermanos. Mi hermano Javier  tiene 21 años y mi hermana Paola 17.  Mi padre, Fco. Javier es ingeniero; de él tengo recuerdos de un hombre de corazón bondadoso y paciente que no ha tenido otra prioridad en la vida  que la de sacar adelante a su familia. Es un hombre que podría parecer que es poco religioso, pero estos últimos años me han dado la grata sorpresa que se trata de todo lo contrario.

A mi madre la podría definir como una mujer muy alegre y de corazón siempre joven. Era común que mis amigos y compañeros de escuela se encontraran muy a gusto en casa, pues ella siempre estaba pronta para hacernos pasar momentos muy agradables y divertidos. Ha sido una mujer que ha dejado una profunda huella en nuestras vidas. Recuerdo, por ejemplo, una ocasión cuando una mujer indigente tocó a casa para pedir un poco de caridad; venía  junto con sus 4 hijos pequeños, y por si fuera poco en espera de otro. Mi madre no se demoró en hacerles pasar al comedor de casa para servirles ella misma el desayuno, atenderles, platicar con ellos y al final darles un poco de ayuda. Ejemplos como éste señalaron sin duda mi futura vocación.

LA LLAMADA

Ya desde pequeño tenía familiaridad con el Regnum Christi, pues mi madre era miembro activo en uno de sus apostolados que es la Escuela de la Fe. Yo, por mi parte, participaba en las actividades de ECYD, clubes juveniles que colaboran con la continua formación de los jóvenes. Puedo decir que me encontraba muy bien en este grupo: su jovialidad, su dinamismo, la gran cantidad de actividades; en pocas palabras, me sentía realmente en mi ambiente. Fue allí donde conocí a los primeros padres legionarios. La primera cosa que definitivamente me sorprendió era su modo de vestir. Realmente no estaba acostumbrado a ver sacerdotes con distintivo clerical; ello me llamaba la atención.

En todo este proceso María no dejaba de hacerse presente. Cuando tenía alrededor de 8 años, comencé a participar todos los días en el rezo de rosario en mi parroquia. En lo personal me gustaba rezarlo, cantar al final de los misterios llevando una pequeña flor a la imagen de la Virgen. Se formó un hábito tan fuerte que incluso me gustaba rezarlo cuando llegaba a la casa de los abuelos, de mis amigos. Debo agradecer sinceramente  a
P. Luis Felipe Villalobos Ortiz L.C.
las señoras de mi parroquia “El Sagrado Corazón”  en la ciudad de Salamanca, que nos dieran esta oportunidad de amar a María con nuestro corazón de niños.

MI INGRESO EN LA LEGIÓN
Un día mi madre me preguntó si quería que recibir la visita de  los padres legionarios para invitarme a un colegio que tenía en Cd. de México. No sabía exactamente de que se tratase pero mi “sí” fue inmediato. Fue así que participé en la primera convivencia vocacional en el Centro Vocacional del Ajusco, al sur de la Cd. de México. Ese fin de semana entre los apostólicos fue muy decisivo. Curiosamente me sentía como si ése lugar hubiese sido creado justamente para mí. Estaba tan contento que recuerdo que, al final de la convivencia, obtuve el primer lugar en todas las actividades y competiciones que nos organizaron los padres, teniendo un único deseo: “Yo quiero entrar a la apostólica”.

El 11 de julio de 1994 ingresé al seminario. Las primeras experiencias en la escuela apostólica estuvieron llenas de alegría, fueron realmente muy positivas. Por otro lado notaba, por mi parte, poco convencimiento del camino que estaba realizando. De hecho al finalizar el segundo año, para sorpresa de mis padres decidí quedarme en casa y ya no regresar al seminario. Esto les entristeció mucho pero respetaron mi decisión.

Terminé en casa mi secundaria y dos años de bachillerato. Este período en casa no fue nada fácil, pues la adolescencia se encontró en su momento más álgido. Curiosamente durante esos tres años no tuve ningún contacto con la Legión, ni pasaba por mi mente el tema vocacional.

EL REGRESO

Durante el segundo año de bachillerato recibí una llamada de la Sra. Briseida Páez (qepd), amiga de nuestra familia y simpatizante de la Legión. En esa ocasión me invitó a participar en algunas actividades con el Club del ECYD de mi ciudad. El día del encuentro me hizo una preguntaría que cambiaría de nuevo el rumbo de mi vida. De modo sencillo pero serio me dijo: “Oye Luis Felipe, ¿no te gustaría regresar a la apostólica?” Con esas simples palabras sentí un flechazo de Dios directo a mi corazón que me decía: “¿Qué estás haciendo? Te quiero todo para mí…” desde ese momento no hubo más dudas de mi llamado.

Regresé al seminario menor en la ciudad de México en 1999. Allí pude finalizar mis estudios de bachillerato. Agradezco infinitamente al P. José Antonio López, LC, quien supo leer y descubrir la voluntad de Dios sobre mi vida con tanta paciencia y perseverancia.

En el año 2000 ingresé al noviciado en la ciudad de Monterrey, México. En mí había una grandísima ilusión por tener ya mi sotana legionaria. Recuerdo muy bien el día que nos la pusimos por primera vez; había en mí un sensación de grande satisfacción, pues me sentía muy mimado por parte de Dios, que supo ser fiel siempre a pesar de mí.

El noviciado fue un período bello y muy interesante. Tuve que acostumbrarme a los climas extremos de Monterrey: a jugar o hacer gimnasia con 40 grados de promedio; a usar la sotana con altos grados de humedad…Era también interesante la variedad de animales y bichos que nos acompañaban; según el período podíamos ver todo tipo de plagas: zorrillos, langostas, sapos, alacranes, ciempiés, víboras, etc. Recuerdo en alguna ocasión tuvimos como entremés para una cena carne de serpiente cazada por un par de novicios durante una excursión a la montaña. Estas anécdotas simpáticas en realidad eran simplemente el marco de una maravillosa experiencia que hacíamos en el noviciado del amor de Cristo en nuestras vidas, sobre todo al pie del tabernáculo en nuestras adoraciones diarias.

LA  PROFESIÓN RELIGIOSA Y LOS PRIMEROS ESTUDIOS

En el 2002 emití mi primera profesión religiosa. Yo tenía en mi interior la convicción de que sería para toda la vida, a pesar de que sabía que se trataba sólo de una profesión temporánea, por tres años. Inmediatamente después pude ir a casa. Fue una visita bella, pero pude experimentar de modo muy concreto en esa ocasión la radicalidad de seguir a Cristo por encima incluso de la propia familia. Al terminar los días de descanso en mi casa, mi familia me llevó al aeropuerto. Tenía dentro de mí una fuerte impresión que pasarían varios años sin verlos, incluso sin regresar a México, cosa que de hecho fue así. Al despedirme de ellos no pude contener las lágrimas; entré a la sala de espera del aeropuerto y me senté en el primer lugar que encontré; me sentía anímicamente destruido. Dios en ese momento me concedió otra gracia muy bella, pues alzando la mirada, de frente a mí podía ver al fondo de la pista del aeropuerto el cerro del cubilete, donde se encuentra un Cristo de 20 metros de altura, construido por los católicos de mi región justamente en el centro geográfico de México, durante el tiempo de la persecución cristera. Con sus brazos abiertos sentí dentro de mi corazón una grande paz y su voz que me consolaba, pues desde ahora, habiéndole consagrado mi vida, Él sería mi único amor y el único sentido de ella.

Realicé mis estudios humanísticos en Salamanca, España. Tuve la gracia de querer aprender sin ningún prejuicio la riqueza cultural de las naciones donde tuviese que vivir. España fue para mí una experiencia muy positiva, pues valoré todo el arsenal de historia y de fe que posee el pueblo español.

Mi período en España fue muy corto, pues no pasó ni un año y ya me estaba trasladando a Roma para iniciar mi período de filosofía. Puedo testimoniar que el tiempo pasado en Roma, han sido de los años más bellos de mi formación: ver muy seguido al Papa Juan Pablo II, la misma comunidad enriquecida con hermanos de tan diversas nacionalidades, en síntesis una fuerte vida eclesial en el centro del catolicismo que marcó de modo particular mi vocación.

PRIMERAS PRÁCTICAS APOSTÓLICAS

A mediados del segundo año de filosofía me pidieron iniciar mis prácticas apostólicas. Fue una enorme sorpresa para mí, pues no me lo esperaba y menos aún en un país como Colombia. Cuando se lo dije a mi familia se asustaron un poco; yo en realidad estaba muy tranquilo y deseoso de transferirme lo más pronto posible. Colaboré durante casi cuatro años como formador en nuestro seminario menor de Medellín. El período de mis prácticas estuvo marcado por fuertes contrates. Por un lado no podía dejar de admirar la belleza natural de Colombia, su gente tan amable, rica de tantas virtudes y cualidades como el amor a su patria, su alegría y hospitalidad; vivía en un centro maravilloso con compañeros de trabajo con los cuales formábamos un grande equipo, muchos de ellos, ahora sacerdotes continúan en la formación en los seminarios de la Legión; mis superiores, que supieron acompañarme y sacar lo mejor de mí para bien de los hermanos apostólicos y de mi propia formación. Por otro lado fue una etapa muy difícil, pues humanamente era un trabajo muy exigente. Desde mi llegada tuve grupos de alrededor de 40 seminaristas que estudiaban su bachillerato. Era un ritmo realmente desgastador que implicaba un grande espíritu de sacrificio y de amor por Cristo y por la propia vocación. El demonio también se quiso aprovechar en este período con una tentación muy típica suya; me quería hacer ver una vida gris, triste y difícil en mi futuro sacerdocio, cosa que era sencillamente absurda.

Al final de mi último año de prácticas emití mi profesión perpetua a la cual pudo asistir mi familia. Como dato anecdótico recuerdo que la primera profesión la realicé el 25 de agosto, día de San Luis Rey; en cambio la profesión perpetua fue un 3 de mayo, sábado primero de mes, día de San Felipe apóstol. Tuve una presencia muy particular de mis patronos.

El último sábado del mes de mayo de ese mismo año, antes de regresar a Roma, recibí una gracia muy especial de la Virgen. Tuve que dar la meditación a los apostólicos esa mañana; mientras la preparaba, meditando sobre las apariciones de la Virgen de Fátima, entendí de un modo muy profundo el valor que tienen las almas para Dios y la urgencia de salvarlas, pues realmente hay tantas que por falta de sacerdotes no vuelven sus corazones a Dios y lamentablemente se pierden. Me golpeó de un modo tan fuerte que en ese momento entendí la importancia de mi trabajo realizado durante esos casi cuatro años con los seminaristas; me di cuenta que no hay sacrificio alguno que supere el valor de la salvación de una sola alma.     

PREPARACIÓN PARA EL SACERDCIO

Regresé a Roma para mis estudios de licencia en filosofía. Sólo estuve un año allí pues me pidieron colaborar de nuevo en un seminario menor, en esta ocasión en Gozzano, provincia de Novara, Italia. Fue muy particular esta nueva etapa, pues tenía que combinar mi trabajo apostólico con mis estudios de teología para poderme ordenar. Además de la belleza de la zona donde se sitúa el seminario, tuve la oportunidad de admirar la riqueza espiritual del italiano, pues de ellos he aprendido mucho, especialmente su amor a la “Madonna”. Mis años transcurridos en Gozzano fueron muy providenciales para mi formación. Para mí los hermanos eran una verdadera familia, y se lo agradezco infinitamente pues me han ayudado a formar algo muy importante para nuestro ministerio: un corazón sacerdotal.

Actualmente continúo con mi preparación estudiando la licenciatura en teología dogmática. Veo este momento como una oportunidad para seguir modelando la figura sacerdotal que las almas desean ver en todo sacerdote.

El P. Luis Felipe Villalobos Ortiz nació en Celaya, Guanajuato (México), el 12 de diciembre de 1982. Ingresó al seminario menor de los legionarios de Cristo en julio de 1994 en la Cd. de México. Finalizó allí sus estudios de bachillerato. En el 2000 ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México). Hizo sus estudios humanísticos en Salamanca (España). Realizó sus prácticas apostólicas durante cuatro años en el seminario menor de Medellín (Colombia) como formador de apostólicos. En el 2009 colaboró, siempre como formador, en el seminario menor de los legionarios de Cristo en Gozzano (Italia). Actualmente está realizando una licenciatura en teología dogmática en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en la ciudad de Roma .


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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