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La pista de las pistas: El Cielo.
COLOMBIA | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Juan Fernando Jaramillo Patiño

P. Juan Fernando Jaramillo Patiño L.C.
P. Juan Fernando Jaramillo Patiño L.C.
 


Siempre quise vivir en plenitud


El 02-02-1981 empezó a  rodar este coche, bueno, nueve meses antes ya se encontraba en proceso de ensamblaje. ¡y qué ensamblaje!. Nací de unos padres muy trabajadores que me ensañaron a ganar el pan no sólo con el sudor de la frente sino aún más.    Desde pequeño este motor funcionaba a grandes revoluciones, siempre al tope de la potencia; aunque estuve corriendo siempre por carreteras de segunda mano sin asfalto, pero con qué orgullo recuerdo esos años de infancia y juventud.


En mi “circuito” daba catequesis, ayudaba en la parroquia y hasta me quedaba tiempo para practicar algunos hobbies  como bicicrós, motos, caballos, etc. Veía que quizás podría ir más rápido, tantas revoluciones tendrían que ser explotadas en circuitos más grandes, de mayor dificultad y con más “competidores”, de hecho un día descubrí que otros corrían más rápido que yo y me pregunté: “¿y por qué yo no corro a su velocidad?


Así es que por llamado de Dios y sin pensarlo dos veces empecé a correr en el gran premio de los apóstoles de Cristo, el mejor circuito del mundo, con los mejores pilotos y el público más exigente...


A lo largo de estos años de circuito no han faltado las dificultades, neumáticos rotos (la esperanza) por el pavimento caliente de las  pistas, el motor  se ha recalentado (la caridad, el amor no ha respondido como debería) o simplemente las luces (la fe, en algunos momentos he sido ciego para descubrir la mano de Dios) no han querido iluminar lo suficiente. Pero nunca ha faltado el consuelo y consejo del mejor Pit, Jesucristo (sagrario, sacramentos y formadores); en sus pits  ha sido ese quieto rincón donde he podido descansar al final del vértigo de la jornada  y “siempre en hombros”


Así es que estando en el mundo pero sin ser de él, corro con toda la ilusión para alcanzar la meta que Cristo me tiene reservada allá en el máximo circuito, la pista de las pistas: El Cielo.


Explicación de la parábola…


La imagen de los coches siempre me ha gustado para narrar la llamada inmerecida de Dios al sacerdocio, porque el corazón de todos los llamados al sacerdocio es un corazón con muchas revoluciones, un corazón que no se contenta con poco, un corazón con sed de infinito, un corazón que Dios nos da no por mérito propio, sino para que amemos en Él al mundo entero. Nací en un pueblo de Colombia llamado Sonsón, en el departamento de Antioquia, soy el menor de tres hermanos, mi hermano mayor Jorge y mi hermana Silvia. Mi papá Enrique, que en paz descanse, fue comerciante, ganadero. Un hombre de una pieza, leal, sincero, trabajador, cristiano auténtico. Mi madre, Luz Marina, muy detallista, era quien estaba al
P. Juan Fernando Jaramillo Patiño L.C.
P. Juan Fernando Jaramillo Patiño L.C.
tanto de las cosas del hogar, del colegio, etc.


En mi “circuito”… crecí en medio de una familia estupenda. Se nos inculcó desde pequeños el valor del trabajo y de la responsabilidad. Por desgracia en los años 90’ mi padre sufrió un secuestro por manos de la guerrilla. Fueron meses interminables de incertidumbre, de mucho dolor y de una gran pena. Recordando el momento en que le dejaron en libertad, me viene a la mente que no nos dijo ninguna palabra de condena hacia las personas que le había hecho esto y no perdió ni un momento en lamentarse por lo que le había pasado, más bien, retomó sus trabajos con el mismo entusiasmo de antes sin dejarse abatir por la pena o por el dolor. Lecciones que Dios fue poniendo en mi camino y con las cuales fue marcando mi alma desde muy pequeño para que me diera cuenta que el dolor, el sufrimiento acompañan toda nuestra vida, y el valor de una vida está en el modo de afrontarlo.


Tantas revoluciones… En los caminos de Dios no hay casualidad y ahora lo veo muy claro. Siempre quise vivir en plenitud y no simplemente a medias. Me había llamado la atención la vida de los sacerdotes porque siempre tuve ejemplos de personas que “corrían” a grandes revoluciones, llenos de alegría y felicidad. Así es que por curiosidad, y porque la mano de Dios estaba detrás, me fui acercando a la parroquia, allí encontré un sacerdote que marcaría mi vida, Mons. Adolfo Duque, era el párroco, hombre lleno de Dios, de entusiasmo, de bondad, de celo apostólico; empecé a ayudar como monaguillo, luego me encargaron del grupo de los monaguillos, después el párroco me asignó una zona de la parroquia para dar catequesis y así “in crescendo” me di cuenta que no sólo debía dedicar horas, sino que debía dedicar toda mi vida, pues esas pocas horas al día cerca de la parroquia y de los sacerdotes, me llenaban más que la bicicrós, las motos, los caballos. 


Empecé a correr en el mejor premio… en medio de tanta actividad, Dios que va guiando nuestros pasos y nuestras vidas, puso un día en mi camino a dos legionarios. Yo quería darle mi vida a Dios y Él puso en mi corazón el deseo de algo radical, exigente, misionero. Después de hablar con ellos no sé por qué me dije en mi interior “aquí te quiere Dios”. No fue ninguna revelación, ninguna aparición de ángeles, simplemente se clavó en mi corazón la convicción de que Dios me quería aquí, cosa que no experimentaba en otras experiencias que había hecho. Dios tiene sus caminos para cada alma, hay que ir escuchando su voz, discerniendo los diversos acontecimientos que van sucediendo e ir sacando de ello lo que Dios quiere para uno, Dios no habla al alma, no habla, nos grita pero el problema en escucharle está en nosotros que nos hacemos sordos a su voz.


Esta aventura comenzó el 25 de noviembre de 1995, no sabía lo que iba a significar, no sabía dónde me iba a llevar, no sabía las realidades que me iba a encontrar, las personas que Dios iba a poner en mi camino, las pruebas y también los dolores que Dios iría poniendo en mi camino. Si volviera en la máquina del tiempo, sin pensarlo dos veces, volvería a recorrer esta aventura de lo que ha sido mi vida religiosa en la Legión de Cristo. A lo largo de estos años he sido formador en el centro vocacional de Moncada (España), también de novicios en Medellín (Colombia) y en Roma he sido asistente de los hermanos filósofos y teólogos. Años maravillosos descubriendo cómo Dios se las “ingenia” para llamar jóvenes a seguirle más de cerca en la vida religiosa y sacerdotal.


Al llegar al sacerdocio, no puedo dejar de agradecer a Dios en primer lugar por el don que inmerecido que me ha hecho, es Él quien lo ha hecho todo, yo simplemente he dicho: “Sí” y Él se ha encargado del resto. Él ha sido el mejor formador durante estos años de formación, me ha ido dando en cada momento lo que más necesitaba mi alma y me ha ido desprendiendo de todo lo que tenía como seguridades en mi vida… para que me aferrara únicamente a Él como mi “roca, mi refugio, mi alcázar” (Salmo 18, 3).


Agradezco también a la Legión de Cristo que desde los catorce años, con mucha paciencia y bondad me ha ido llevando adelante en este camino Agradezco por supuesto a mi familia y a mi padre que desde la ventana del Cielo me seguirá de cerca. Agradezco a los superiores que siempre han sido para mí padres, hermanos y amigos. Agradezco también a mis hermanos legionarios, que con su testimonio silencioso me han motivado siempre a seguir adelante. Agradezco a la Iglesia, que en estos años de formación he aprendido a amar y que hoy me abre las puertas al sacerdocio.


Hoy llego a una meta, pero no es la Meta. Más que llegar, hoy es la continuación de un modo más apasionante, de esta aventura en la que Dios me embarcó hace diecisiete años.  Pido a Dios que me conceda vivir los años de sacerdocio, los que Él quiera, con mucha ilusión, plenitud, entusiasmo y con un celo ardiente por la salvación de las almas.  Laus Deo!


P. Juan Jaramillo LC





El P. Juan F. Jaramillo nació en Colombia el 2 de febrero de 1981. El 25 de noviembre de 1981 ingresó centro vocacional de la Legión de Cristo en Medellín (Colombia). Hizo el noviciado en el noviciado de la Legión de Cristo en Medellín (Colombia) y emitió su primera profesión religiosa el 6 de febrero de 2001. Cursó sus estudios humanísticos en Salamanca (España). Durante tres años fue miembro del equipo de formadores del seminario menor de la Legión de Cristo en Moncada (España), y en los últimos dos años ha fungido como formador en el Centro de estudios superiores de Roma. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Pontificio Regina Apostolorum. Actualmente realiza su ministerio en el centro vocacional de la Legión de Cristo en Ontaneda (España)


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


 

 


 



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