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La alegría de vivir para Dios
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Joel Castañeda Ochoa, L.C.

 P. Joel Castañeda Ochoa, L.C.
P. Joel Castañeda Ochoa, L.C.

A veces se piensa que quien sigue a Cristo podría hacer una lista interminable de cosas que se dejaron atrás, pero en realidad se debería pensar en lo que se encontró. Por lo mismo escribo estas líneas con un profundo sentimiento de gratitud a Dios por su llamada y tantos dones recibidos, después de la fe y la vida.

La vocación no es un premio que dependa de méritos personales, sino que Dios me la dio, simplemente porque quiso. Aceptarla implica un dejarse fascinar con lo que Dios va logrando en cada alma con la que se entra en contacto de una forma más íntima. Es verdad que se dejan padres, hermanos, familiares, amistades, posesiones, planes a futuro y posibilidades de formar una hermosa familia. Éstas son cosas que tienen un valor en sí y son muy válidas y nobles, sin embargo la vocación sacerdotal es una realidad más profunda, que no elegí por iniciativa propia, sino que me vino regalada.

Por lo mismo cuando alguien pregunta si se extraña a la familia, planes del pasado, y amigos, les digo que en realidad no se dejan por completo, se les valora desde Dios y también son beneficiados de este regalo, ya
P. Joel Castañeda Ochoa, L.C.
que también ellos están involucrados, pues la vocación es un don para todos y no sólo para un individuo. En conclusión: Dios no se deja ganar en generosidad.

LOS PLANES DE DIOS
 
Desde niño me llamaba la atención ser sacerdote. Influyó bastante el ejemplo del Papa Juan Pablo II. Me gustaba verlo en televisión, su forma de tratar y su cercanía plena hacia todas las personas. Mucho le debo también a un tío Misionero Comboniano y una tía religiosa de las Oblatas de Santa Marta. Siempre que iban a casa eran motivo de especial atracción, por eso iba contento a visitarlos a sus casas, debido a las experiencias que contaban. En su misma forma de tratarnos tenían algo peculiar, debido a su sencillez y naturalidad  con la que se dirigían a cada uno e incluso, cuando tenían que corregirnos, no se exasperaban. Estos ejemplos me llevaron a un gran deseo de ayudar a los demás, me inquietaba al ver personas tristes y aunque era un niño trataba de consolarlos, si estaba dentro de mis posibilidades. Al llegar el momento de curiosidad sobre los deseos de cara al futuro, mis primos, tíos y amigos preguntaban:

- Joel ¿Qué vas a ser de grande?
R Padre. Respondía a la primera
- ¿De cuántos hijos? Pensaban que era una broma más del repertorio y por lo mismo tenía que explicar.
R No, padre de los que celebran la Misa y te confiesan.

Iniciaron a llamarme el padrecito, era más por ironía que por respeto, pues mi comportamiento no era muy bueno. (Aún recuerdo que el día previo a irme a la apostólica, fui a despedirme de la amiga que nos organizaba las actividades en las tardes, me dijo riéndose y sin dar largas que pasaría por mí hacia las 20:00 del día siguiente)

La idea de ser padre era muy presente, conocí algunos sacerdotes e incluso inicié a visitar el seminario de los Oblatos, porque tenían águilas en jaulas y varias veces hablaba con algunos de los sacerdotes y seminaristas sobre la vocación, pero me dijeron que esperara a terminar la preparatoria, porque no se podía iniciar en secundaria. Me quedé tranquilo, pero Dios no descansó.

Personalmente continué con un comportamiento y amistades aventureras. Eran normales las peleas y retos como el del cigarrillo a escondidas, etc. Planeamos juntos varias escapadas de clases con los compañeros y en una de ellas les dije al llegar al punto de encuentro:

- ¡Vamos de regreso a la escuela!
  R ¿Joel, estás bien? ¿Para qué ir y llegar tarde? Además la directora se enojará.
- No se preocupen yo hablo con ella, no sé por qué, pero vamos.

Llegamos y la directora nos dejó entrar; obviamente nos dijo que le parecía raro que cuatro llegásemos tarde a clases y además juntos, así que teníamos que ir al final de clases a hablar con ella. Pasamos al salón e iniciamos las clases. Una hora más tarde, apareció la directora en el pasillo, acompañada de dos personas, un joven seglar y otro vestido de negro, conversaban amenamente mientras caminaban. Al ver al de negro me impactó y le dije a la compañera de al lado:

- ¡De grande quiero ser como ese de negro! (Humanamente me impactó)
R ¿Tú quieres ser padre?
- No, ese no es un padre, mira como viene vestido, además es demasiado joven para ser cura, y ellos nunca están así.
R Joel, si tienen un cuadrito blanco en el cuello quiere decir que son padres, si no me crees pregúntale.

Entraron al salón e iniciaron a conversar con la profesora, quien nos pidió sentarnos en nuestros lugares para escuchar una cosa que nos gustaría mucho. La directora nos presentó al padre Rodrigo Sánchez Gálvez, LC, quien había estudiado en el mismo colegio y estaba visitándolo porque había ido a ver a su familia, añadió que estaba trabajando en el seminario menor de la ciudad de México, con chicos de secundaria.
 
Nos habló de José Luis Sánchez del Río, contó su vocación y experiencias en varias partes, mostrándonos algunas fotos. Al final nos dijo que llenásemos un cuestionario. Le puse por escrito que quería ser padre. Llamó a algunos para entrevistarnos antes del recreo y al conversar conmigo le dije que quería ser padre, le conté lo de mi tío sacerdote y mi tía religiosa. Acordamos para visitarme ese día en mi casa a las 19:00. Llegando a casa y le dije rápidamente a mi mamá que en la tarde iría un padre y me fui a la calle.

Regresé hacia las 17:30, pensado en preparar una merienda para el padre, pero la sorpresa fue que estaba despidiéndose de mi mamá, porque adelantó la visita para ganar tiempo. Mi mamá me reprendió por no haberle dicho que el padre vendría para invitarme al seminario, de tal manera que lo hubiese podido comentar con mi papá. El padre intervino diciendo que no tenía que llevarse la respuesta definitiva en esa visita, sino que lo viéramos en familia, pues faltaba conversar con mi papá y mis 7 hermanos. Pero mi mamá después de un breve silencio me dijo que le diera al padre mi respuesta. Al decir que quería ir, el padre insistió en tomar tiempo de reflexión y ella dijo: “No se preocupe, padre, yo lo converso con mi esposo”. Aunque el padre volvió otras veces, yo no estuve en casa, así que la siguiente vez que lo vi, fue al subirnos al autobús para irnos al cursillo de verano, que inició el 11 de julio de 1994.

Anteriormente dejé abierta la idea de que Dios no descansó, y es que ese año no iba a estudiar en el mismo colegio privado, debido a una crisis económica familiar, pero al final por la falta del sello de uno de los documentos no pudieron inscribirme en la escuela pública y de los 8 hermanos fui el único que continuó en el mismo colegio. Los legionarios tenían años sin ir a Sahuayo y ese año en que estaba terminando la primaria, el entonces hermano Rodrigo pasó por el colegio aprovechando sus visitas familiares para buscar chicos interesados en el sacerdocio e invitarlos al centro vocacional, donde él trabajaba como formador. Y por último el descaro del Espíritu Santo de hacernos volver a clases el día que pasó el padre por el colegio.

Desde el momento en que llegué al cursillo, me sentí en casa, acogido por los apostólicos, apreciando las misas y los momentos de oración, la alegría que se respiraba y la labor que iban haciendo los padres. Ciertamente ese sí dado a Dios en un inicio fue madurando durante los años de formación, y que continuo renovando en cada momento.

Después de 4 años en el Ajusco, inicié mi periodo de noviciado en Salamanca. Recuerdo una crisis fuerte de varios meses, en la que rezaba mucho pidiendo que ya me mandaran a casa. El P. Antonio León, LC, que era el instructor, me dijo que la respuesta y decisión eran mías. Gracias a Dios nunca me presionó y me dejó libre. En realidad era problema de falta de generosidad y no de falta de vocación, pues todos eran pretextos personales. Al terminar los ejercicios espirituales del primer año, le dije a Dios que sí, en ese momento recuperé toda la calma y agradecí firmando el cheque en blanco.

Después de esa crisis no he tenido otra y ahora se la agradezco a Dios, pues fue un momento especial para purificar el amor. Ciertamente he tenido momentos de dificultades, pero no han sido motivo para poner en duda el seguimiento y la invitación a tomar la cruz.

AGRADECIMIENTOS

Inicié esta historia comentando que es más lo que se encuentra que lo que se “deja” y la verdad que al final Dios va guiando por donde uno menos se espera, pues Él mismo da en plenitud y llena en totalidad. Durante los años de formación me ha permitido ayudar a algunas personas espiritualmente y el verlas crecer y acercarse más a Dios, llena plenamente el alma y hace exclamar un vale la pena, porque al tener a Dios la vida cobra sentido.

Por lo mismo elevo mi Magnificat junto con la Virgen, pues en verdad ha hecho obras grandes el que todo lo puede. Y uno recibe el don de tener a Dios y además de ver cómo Él va actuando transformando las personas que se van encontrando a lo largo del camino. Pido sus oraciones para ser un instrumento que sea dócil y que nunca intente decirle a Dios para qué quiero que me use, sino que como buen artesano me use para lo que le haga falta y cuando Él quiera.

Aparte de agradecer a Dios el don de la vocación sacerdotal, doy mi agradecimiento de una manera especial al hogar en que crecí y a los formadores, quienes me fueron ayudando a pensar siempre en los demás y a formarme para servir mejor a Dios y a las almas; agradezco también a tantas personas que me han apoyado con su testimonio de vida, sus motivaciones y especialmente con las oraciones para mi perseverancia.


El P. Joel Castañeda Ochoa, L.C., nació en Sahuayo, Michoacán, México, el 8 de marzo de 1982. Ingresó el 15 de septiembre de 1998 al noviciado de la Legión de Cristo en Salamanca, España. Emitió la primera profesión religiosa en el 2000 y la profesión perpetua en el 2006.  Estudio humanidades clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil y vocacional en las ciudades de Maracaibo y Bariquismeto (Venezuela). Actualmente colabora en la pastoral vocacional en la ciudad de Aguascalientes, México.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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