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Un camino lleno de fe y sorpresas
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Testimonio vocacional del P. José Miguel Escobar, L.C.

P. José Miguel Escobar, L.C.
P. José Miguel Escobar, L.C.

Desde mi más corta edad he deseado el sacerdocio. Recuerdo que al final de mi sexto año de primaria, con apenas 11 años, tenía un gran deseo y la intuición de algo definitivo en mi vida. No sabía que era, pero sabía que tenía relación con el sacerdocio.

El Señor no se hizo esperar. En marzo de 1994 pasaron por mi colegio dos legionarios. Era un colegio católico de monjitas. No me detengo a comentar los detalles, pero supe pronto que ese era mi lugar, y esa certeza aumentó al conocer el centro vocacional. Ahora que vuelvo la vista atrás me doy cuenta que no tenía la madurez para una decisión así, pero es como si alguien me estuviera guiando  y dando la fuerza para caminar por allí, y yo no podía ni desear otra cosa.

Soy el tercero de ocho hijos. Mi familia es lo que puede considerarse una familia religiosa y practicante. Por ese entonces, mis papás formaban parte de un grupo que se llamaban los encuentros matrimoniales. En esa ocasión, mis padres asistieron a un retiro en el cual se comprometían a abrirse a la posibilidad de traer un hijo más al mundo. No se imaginaba mi madre que
P. José Miguel Escobar, L.C.
Dios estaba por pedirle a uno de sus hijos.

Recuerdo un dato curioso. Al acercarse la fecha y al ver que yo no desistía, mis padres comenzaron a hablar con algunos sacerdotes y religiosas que conocían, para recoger alguna información y para ser aconsejados. Las referencias no eran nada positivas. Estaba por llegar la última visita de los padres a mi casa. El padre con el que más me había relacionado no había podido asistir. Vino sólo su asistente acompañado de un religioso español. Mis padres habían decidido dejarlo para otro año y no dejarme ir, pero allí conocimos el carácter español. El padre se molestó y comenzó a hablarle fuerte a mis papás. Mi papá es una persona seria y reservada, pero no se queda callada tan fácilmente. Fue extraño que en esa ocasión no haya dicho nada y haya cedido tan fácil.

Fue así que se me permitió asistir al cursillo. En el verano de 1994. Los años del centro vocacional estuvieron marcados por luces y sobras. El Señor me fue preparando y fortaleciendo con algunos sacrificios, como la despedida de mis papás, cuando se fueron a Estados Unidos después de mi primer año en el primer año, o la salida del seminario de mi hermano mayor. Pero la gracia de Dios en todo esto me ayudaba a amar más mi vocación y sobre todo a ir sintiendo a la Legión como mi nueva familia.

Así han sido todos estos años en la Legión. Creo que es la historia de todas las vocaciones, por eso una de mis meditaciones preferidas siempre ha sido el camino largo de María junto a su hijo, un camino lleno de fe y sorpresas.

Entre las diferentes experiencias más enriquecedoras de mi vida legionaria quisiera resaltar mis años de prácticas apostólicas. Puedo decir que allí conocí a personas increíbles. Tuve la posibilidad de trabajar con personas del Movimiento Regnum Christi en el centro de México. Allí pude conocer a cristianos auténticos, personas que no sólo vivían su fe, sino que también estaban dispuestas a trabajar por Dios para la extensión de su Reino. No faltaron dificultades, decepciones y momentos de conflicto, pero cuando ves la gracia de Dios trabajando en estas personas, te das cuenta que vale la pena cualquier sacrificio, vale la pena sacrificar tu vida entera con tal de que más gente conozca a Dios y quiera trabajar por él.

Mis años de Roma antes de la ordenación han sido también llenos de bendiciones. Años difíciles para la Legión, y creo que para todos los legionarios, pero que al menos en mi corazón  han sido una posibilidad para crecer en el amor a mi vocación, a la Legión y sobre todo a la Iglesia, de la que he aprendido a sentirme un hijo.

En estos años he convivido con cientos de hermanos legionarios, muchos de ellos verdaderos héroes y hombres de fe, que están allí en silencio, aguantando muchos golpes pero con un gran amor a Dios.

Agradezco a Dios la posibilidad de formar parte de esta gran familia que me ha enseñado a amar a Cristo y a dar mi vida por él y sobre todo que me haya enseñado a guiar a otras personas a conocerle a él de manera más profunda. Agradezco también a todos mis formadores y a las personas de Roma que pude conocer en estos últimos años de mi formación y que pusieron su granito de arena para que yo pudiera formarme mejor y perseverar en esta vocación. Finalmente agradezco también a mis padres por todo su ejemplo de donación, y por haber sido la cuna en la que nació mi vocación.


El P. José Miguel Escobar, L.C., nació el 4 de abril de 1982 en California, Estados Unidos. Ingresó el 15 de septiembre de 1999 al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey, México. Emitió la primera profesión religiosa en 2001 y la profesión perpetua en 2007. Estudió humanidades clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil en las ciudades de Irapuato, Celaya, Salamanca (México). Actualmente es miembro del equipo de formadores del Centro Vocacional de Mérida, Venezuela.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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