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El momento
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Testimonio vocacional del P. Frederick Keiser, L.C.

P. Frederick Keiser, L.C.
P. Frederick Keiser, L.C.

Estaba rezando el rosario en un avión de regreso a mi casa después de mi primer retiro con la Legión de Cristo. Mientras rezaba, no podía dejar de pensar en lo que yo siempre llamaría más tarde el momento. El momento había tenido lugar menos de una semana antes del Jueves Santo de 1994 . Fue muy sencillo. Me arrodillé en una capilla especial de adoración rodeado de seminaristas vestidos con sotanas. Inspirado por su fervor en la oración, realmente sentí que Dios estaba presente en la Eucaristía y allí empecé a hablar con él. Estuve en oración durante unos momentos cuando de repente sentí una tremenda paz. Me brotó una sonrisa espontánea, y se me vino la idea a la cabeza de que yo sería muy feliz si fuera uno de los seminaristas. Las palabras «Serás feliz aquí», se repetían en mi mente. Ese fue el momento. No podía negar que había ocurrido.

El avión inició el proceso de aterrizaje y terminé mi rosario y lo guardé en el bolsillo. Me bajé del avión acompañado de un asistente de vuelo porque tenía sólo diez años de edad. Miré por la ventana del aeropuerto y vi nieve, lo cual me sorprendió
P. Frederick Keiser, L.C.
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mucho porque era abril y nunca nieva en abril en Kansas. Recogí mis maletas y esperé con el asistente de vuelo a que mis padres llegaran a por mí.  Pasó el tiempo y mis padres no llegaban. Pensé que seguramente se habían quedado atorados por la nieve.

A continuación, un coche de la policía se detuvo a la entrada del aeropuerto. Se bajó un oficial y se puso a hablar con la azafata que me estaba cuidando. Después de mostrarle un documento se me acercó y me dijo: «Hola, hijo. Tu papá no pudo venir a recogerte así es que me pidió que viniera yo». El oficial fue muy amable y la azafata me dijo que estaba bien y que me podía ir con él, así que lo hice. Para mantenerme tranquilo me mostró algunas de las armas que tenía en el coche y me encantaron.  Luego, cuando llegamos al coche, me preguntó si me gustaría prender la sirena porque sería muy divertido. Le dije que claro y salimos volados a mi casa. Mi mente de diez años no estaba captando del todo lo que estaba sucediendo.

Nos detuvimos en la entrada de mi casa y entré por la puerta principal. Entonces vi a mis hermanos y hermanas junto con mi papá, llorando. Mi papá inmediatamente me dio un abrazo y cuando le pregunté qué estaba pasando, me llevó a mi habitación y me sentó. «Tu mamá falleció en un accidente de camino a recogerte en el aeropuerto», dijo con lágrimas en los ojos. «Había hielo en la carretera, se deslizó y la camioneta se salió de la calle».

Me quedé atónito. Lo único que podía hacer era llorar, y mientras lloraba, pensaba en el momento. «¿Habrá sido siquiera real?», pensaba. La paz que había sentido mientras me acordaba del momento en el avión se había esfumado. Ahora cuando pensaba en el momento solo había dudas y preguntas. ¿Cómo podría Dios llamarme y luego quitarme a mamá? Fue un día muy difícil para mí, mi papá y mis cinco hermanos y hermanas. Cuando hubieron pasado las dudas y los momentos dolorosos, le pedí a Dios que me diera una señal para aclarar las cosas y me mostrara lo que debía hacer.

Al día siguiente fuimos al funeral para rezar sobre su cuerpo. Rezamos el rosario. Miré el cuerpo de mi madre mientras orábamos y vi que habían puesto en sus manos un rosario. Era el mismo rosario que ella solía llevar en el coche con ella. Mamá tenía la costumbre de rezar el rosario en el coche cuando estaba sola. Más tarde me enteré de que había muerto con ese rosario en la mano.

En los días que siguieron cada vez que rezaba el rosario o tenía uno en la mano sentía que mi mamá estaba muy cerca de mí. Era como si María me la traía cada vez que oraba. El día antes del funeral estaba rezando el rosario en la parroquia con el cuerpo de mi mamá presente y tuve otro momento. Sentí una gran paz mientras oraba. Recuerdo estar orando y saber que el momento había sido real, que Dios me llamaba realmente a ser sacerdote en la Legión. Una vez más sentí que sería muy feliz como sacerdote, incluso después de todo lo que había sucedido. Yo sabía que mi mamá estaría conmigo.

Ella ha estado conmigo durante todo este camino hacia el sacerdocio. Ha habido momentos más difíciles, pero todo lo que tenía que hacer en esos momentos era sacar mi rosario. He continuado a responder al momento día tras día. Sentí un día en mi corazón que Dios me decía: «Serás feliz aquí». A pesar de todos los momentos difíciles que he pasado, puedo decir con confianza (y con el rosario en la mano) «Soy realmente feliz en la Legión».


El P. Frederick Keiser, L.C., nació el 31 de mayo de 1983 en Dodge City, Kansas, Estados Unidos. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Cheshire, Connecticut, Estados Unidos, el 15 de septiembre de 1999, para trasladarse posteriormente al noviciado de Salamanca, España. Emitió la primera profesión religiosa en 2001 y la profesión perpetua en 2007. Estudió Humanidades Clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Ha sido miembro del equipo de formadores del Centro Vocacional de Center Harbor, New Hampshire (Estados Unidos) y de la Sede de la Dirección General. Colaboró como auxiliar de la administración general de la Legión de Cristo. Actualmente trabaja en la pastoral juvenil en Santiago de Chile.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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