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Breve juego de tira y afloja: Dios gana
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Testimonio vocacional del P. Matthew Schmitz, L.C.

P. Matthew Schmitz, L.C.
P. Matthew Schmitz, L.C.

Tenía siete años de edad y estaba de rodillas en la iglesia de San Rafael en la misa de la escuela. Habría sido un jueves.  Mientras el sacerdote estaba en el altar - probablemente en la oración eucarística – tuve una luz: «Eso es lo que estoy llamado a ser».

La inspiración fue bonita mientras duró, pero un niño no puede hacer gran con una inspiración así. De hecho, lo mejor que puede hacer es esperar.  Realmente, no le dije a nadie y, por alguna razón, decidí que lo iba a poner en un segundo plano de mi vida.  A esa edad, era capaz de ver que me habían ofrecido una opción para entregarme a Dios incondicionalmente o entregarme a la mediocridad que el mundo ofrecía. Así comenzó un pequeño juego de tira y afloja.

Me crié en una familia católica que no pedía disculpas a nadie por su fe y me esforzaba para crecer en ella. Los primeros años de mi vida los pasé en Carolina del Norte, justo fuera de Fort Bragg, y el pequeño pero entrañable Springfield, Minnesota.

Poco después de la inspiración que sentí en la iglesia, nuestra familia se mudó a las "Ciudades", a las afueras de St Paul, para ser exactos.  Esto resultó ser providencial, ya que, poco después de nuestra llegada, mi familia se encontró por primera vez con el movimiento Regnum Christi, y ese fue un gran tirón de Dios que, por poco, me arrastró hacia sí.

Sin embargo, no sucedió todo en un instante. Yo recuerdo que recibí una invitación para incorporarme al ECYD y supe inmediatamente que este me llevaría a una amistad más estrecha con Jesús y que, a su vez, me pondría en el camino para seguir la inspiración que había recibido. Y entonces, dije que no.  Sin embargo, me hacía mucho bien
P. Matthew Schmitz, L.C.
P. Matthew Schmitz, L.C.
el contacto que tenía con el ECYD, con los sacerdotes y religiosos legionarios y alguna reunión ocasional con uno de los miembros consagrados .

Descubrí el Centro Vocacional de la Inmaculada Concepción en New Hampshire muy indirectamente, al menos por lo que me acuerdo. Un amigo, que siempre veía en las actividades del ECYD, se fue de repente de viaje hacia el este. Le pregunté a mi madre a dónde había ido y me dijo que a New Hampshire a una escuela para chicos que pensaban en el sacerdocio. Mi primera reacción fue: «¿New Hampshire? (“¿Puede salir algo bueno de ese lugar?”)». Entonces mi madre me preguntó: «¿Y tú qué piensas sobre el sacerdocio?». Se me comprimió la cara en una mirada de fastidio y, girándome hacia la puerta, añadí con la mano la profunda respuesta del adolescente: «¡Basta, Mamá!».

No podía ignorar el interés que todo esto despertaba en mí y, tan pronto como mi amigo regresó a casa, me contó todo y me sorprendió con su decisión de regresar para el año escolar.

Empecé la escuela secundaria con todas sus oportunidades y desafíos. Como un pequeño escape me apunté para visitar New Hampshire en Navidad, tanto para ver a mi amigo como para visitar el Centro Vocacional. Cuando llegué allí, todas las barreras que había construido cayeron como cartón.  A los niños les encantaba divertirse, hacían deportes, hacían travesuras (de buen gusto), pero al mismo tiempo amaban su fe y eran piadosos.  No eran perfectos, como yo tampoco lo soy.  A decir verdad, nunca me había sentido tan a gusto en mi vida.

Durante los siguientes seis meses más de un mes lo pasé en las actividades del ECYD y en campamentos. Después de volver a casa y ver la fecha tan lejos, mi decisión aflojó un poco, pero nunca desapareció. Un momento fuerte fue cuando fuimos a Roma en Pentecostés de 1998 para estar con los miembros del Regnum Christi de todo el mundo y celebrar con el Papa Juan Pablo II y el resto de los movimientos eclesiales en la Iglesia.

Un par de días antes de irme, les di la noticia a unos amigos y me despedí. Sentía una gran paz al saber que estaba dando a Dios su lugar y que estaba siguiendo la inspiración que había recibido años antes.

Mi tiempo de preparación para el sacerdocio ha sido genial.  Dios nunca me ha decepcionado.  He tenido sufrimientos necesarios, un poco de confusión, sobre todo en estos últimos años. Lo que importa es que Dios me eligió y me eligió para ser Legionario de Cristo. Al inicio, lo reté a un juego de tira y afloja y perdí… y voy a estar postrado en el suelo en mi ordenación como prueba.


El P. Matthew Schmitz nació el 5 de marzo de 1983 en Fayetteville, Carolina del Norte, Estados Unidos. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en Cheshire, Connecticut, el 14 de septiembre de 2000.  Emitió la primera profesión religiosa en 2002 y la profesión perpetua en 2009. Estudió humanidades clásicas en Cheshire. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Fue miembro del equipo de formadores en los noviciados de Cheshire (Estados Unidos) y Dublín (Irlanda). Colaboró como auxiliar de la secretaría general de la congregación. Actualmente es capellán en Dublin Oak Academy.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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