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Nadie se lo esperaba
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Testimonio vocacional del P. Matthew Schneider, L.C.

P. Matthew Schneider, L.C.
P. Matthew Schneider, L.C.

Al comenzar mi ministerio, a menudo, vuelvo a mi ciudad natal, Calgary, Canadá. Cuando la gente me pregunta de dónde soy y yo digo el nombre del barrio de mi infancia, la respuesta es, a veces: «¿Puede algo bueno salir de Rundle?» (Cf. Jn 1,46) Mi familia dejó el barrio cuando empeoraron las cosas. Este, sin embargo, es uno de los aspectos menos sorprendentes de mi vocación.

Mi abuelo salió de Alemania para escapar de los nazis. Para él, para su hermano y para su madre, dormir en un granero congelado en Canadá era preferible a vivir en Alemania en la década de los treinta. Trabajaron duro para salir de la pobreza. Mi padre es uno de los hombres más trabajadores que he conocido.

A pesar de que mi apellido es Schneider, me parezco más a los Buckley (la familia de mi madre). Puede decirse que somos un grupo de nerds. Mi tatara-tatara-abuelo ya era un profesor de la Universidad de Canadá. Cada generación desde entonces ha tenido una carrera universitaria. Mis abuelos se conocieron en un centro de investigación química, y entre ellos y sus 4 hijos tienen más de 10 grados universitarios. Actualmente mi primo está terminando su doctorado en Química. En breve: soy un nerd de una familia de nerds.

Yo seguí el camino de la familia, a pesar de ser uno de los chicos más jóvenes de mi clase y una flor tardía, siempre sacaba las mejores notas en matemáticas y ciencias. Cuando yo era niño, mi lugar favorito no era el ECYD, sino el Campo Científico del País de los  Dinosaurios. Desenterrábamos fósiles reales de dinosaurios y participamos en el mapeo arqueológico de un poblado indio. Me encantaba todo esto. Después de la preparatoria, me inscribí en Ingeniería Informática con especialidad en Filosofía en la universidad local y me
P. Matthew Schneider, L.C.
encantó. Pensé que sería feliz como laico católico diseñando computadoras para mejorar este mundo.

Ahora todo lo que necesitaba para la buena vida era una mujer linda y un par de niños. Pero esto no iba a ser así...

Antes de llegar al momento de la llamada, mientras estaba en la universidad, voy a revisar el viaje espiritual de mi infancia. Mi familia era católica, pero no demasiado. Íbamos a misa todos los domingos, e incluso en vacaciones encontrábamos una iglesia. Pero más allá de eso, realmente no hacíamos  mucho más.  Nos gustaba orar juntos de vez en cuando, iba a la escuela católica y aprendí la importancia del matrimonio y de la familia.

Mi familia ha sido siempre muy unida. Recuerdo muchos momentos de cercanía familiar cuando era niño. Mi madre renunció a una prometedora carrera de ingeniería para ser madre y ama de casa. Mis 3 hermanas y mis padres siguen pasando regularmente el tiempo juntos, incluso estando casadas dos de mis hermanas.

Cuando era adolescente me alejé un poco de la Iglesia. Sin embargo, cuando no quería ir, mis padres todavía me arrastraban a la Iglesia. En un momento mi hermana me convenció de que fuera monaguillo. Mi obsesión por la ciencia me llevó a cuestionar el libre albedrío. Es decir: podemos describir todo con leyes científicas. Mi obsesión con los extraterrestres y otros fenómenos paranormales me llevaron a cuestionar todo lo espiritual (Si andan por ahí y son más inteligentes, podrían hacer cosas que pensáramos fuesen sobrenaturales…). Los argumentos de la ciencia me parecían herméticos. Los argumentos sobre los extraterrestres eran más confusos e inciertos, pero no había mejores, así es que me los creía.

Nunca fui un gran fiestero, ni me metí en grandes problemas. El peor regaño que recibí fue porque llegué a casa después de media noche por culpa de un torneo de ajedrez.  Externamente parecía un buen muchacho, pero por dentro los engranajes giraban en dirección equivocada.

Las creencias que había desarrollado parecían ciertas, pero incompletas. A mí me parecía haber descubierto algo que muchos otros habían pasado por alto. Sin embargo, algo estaba mal. No me satisfacían. Un día, mientras tomaba el metro a la secundaria, me vino un pensamiento: «Estas creencias son un vacío, están vacías , no llenan e incluso, si son verdad, no le dan sentido a mi vida». Necesitaba encontrar las creencias con sentido. Investigué brevemente diferentes creencias como las de los hindúes y los judíos, pero me centré en el cristianismo ya que parecía dar sentido a algunas personas que me rodeaban. Empecé a convencerme de las afirmaciones de Jesús.  Fui a mi parroquia y no pude encontrar a 5 adolescentes que quisieran ir a misa y que se tomaran en serio su fe. Tal vez, otra forma de cristianismo me daría sentido… Había muchos jóvenes protestantes activos en las inmediaciones de mi casa, tal vez ellos entendían mejor a Jesús.  Pero mis padres y mi abuelo parecían encontrar sentido en el  catolicismo, así que quizás merecía otra oportunidad.  Busqué respuestas en línea y me pareció que el protestantismo fue inventado 1500 años después de Jesús, negando cosas que la Iglesia siempre había enseñado.  ¿Cómo pudo Jesús haber dejado a sus creyentes tan confundidos por tanto tiempo? Fue entonces que me salvó el Internet. Empecé a buscar adolescentes católicos en línea y estaban muy entusiasmados.

Poco después de que mi familia se trasladó al campo, empecé a andar en bicicleta a un lugar secreto.  Me gustaba acostarme en la hierba alta, mirar hacia arriba en el cielo y pensar.  Pensaba en Dios, en la eternidad, en tantas cosas diferentes.  Más tarde, me di cuenta de que esta era la manera en que Jesús me estaba enseñando la oración mental.

Yo era un católico serio en la universidad; pocas personas que me conocían lo dudaban. Yo estaba involucrado en el ministerio universitario pro-vida  y siempre estaba debatiendo con los estudiantes en un foro público semanal sobre temas de actualidad.  No salí con nadie durante mis 2 primeros años porque quería salir con la que hubiera sido mi esposa.

En mi segundo año, tuve una noche fatídica, 11 de febrero de 2001. Tuvimos misa vespertina en la universidad donde era sacristán, pero antes de ir a un restaurante, tuvimos una presentación de la Jornada Mundial de la Juventud del 2000 en Roma.  El objetivo era inscribirnos a la JMJ de 2002 en Toronto.  En un momento, las palabras de Juan Pablo II brillaron en la pantalla: «No tengan miedo de ser los santos del nuevo milenio». En ese momento me perdí. No recuerdo nada más. De repente, tuve la certeza interior de que Jesús quería que fuera su sacerdote. Es difícil de describir, sólo sabía que era lo que quería. Yo había pensado en el sacerdocio antes, pero en este momento fue una certeza.  Lo sabía, pero traté brevemente de escapar.  Pasé horas buscando en línea tratando de probarme a mí mismo que no era cierto.

Uno de mis mejores amigos había sido un miembro consagrado del Regnum Christi y tenía otros amigos en el Movimiento. Su ejemplo de vida me llevó a considerar inmediatamente la Legión de Cristo cuando escuché la llamada.  Así que decidí visitar Cheshire.

Todavía ofrecía resistencia.  Me pinté el pelo de negro y se aseguré de llevar una camisa que me dio la estación de radio de la universidad: «Difundiendo mentiras y desinformación por 15 años: CJSW 90.9» - para tratar de asustar a los Legionarios. Cuando llegué al aeropuerto de Connecticut, dos hermanos me estaban buscando, mientras yo escuchaba música en mi discman. Uno me apuntó como para preguntar si era yo el que tenían que recoger, mientras que el otro me miró y dijo: «Seguro que él no viene a visitar un seminario». Este hermano se ordenó sacerdote el año pasado.  A pesar de este juicio mixto, el momento en que entré en el noviciado, sentí una gran paz. La experiencia más cercana a esto era cuando me tumbaba en la hierba y me ponía a pensar. En ese momento me dije a mí mismo: «Voy a morir aquí».

Me acuerdo poco del resto de la visita, sólo de un video de Juan Pablo II saludando a Legionarios.

Después de visitar Cheshire fui a un día vocacional de la diócesis, pero, a pesar de estar bien organizado y objetivamente atractivo, no era lo mío.

Llegué al candidatado con la intención de ser novicio al menos. En cierto modo estaba tratando la vocación como a mis posibles novias: le estaba dando un máximo de 2 o 3 años y si no estaba lo bastante seguro para entonces, me iría.

El candidatado pasó volando. Al final tuvimos ejercicios espirituales de 8 días. En el octavo día después de comer, salí al jardín, me eché en una banca y miré hacia el cielo e interiormente todo se volvió negro. Durante los próximos seis meses me debatí entre un obstáculo y otro. Fue el momento más oscuro de mi vida. Me cuestionaba, me preguntaba, dudaba y casi perdí la esperanza. Sin embargo, no fue así. Todo pasó y terminó casi tan rápidamente como empezó.  Poco después, tuve la certeza moral de que este era mi camino.

Mi vida legionaria ha sido muy parecida a la de los demás hermanos, así que no cuento todas las etapas, sino sólo un episodio. Cuando estaba terminando la filosofía, pensé: «Yo nunca voy a trabajar con niños… Soy demasiado nerd». Entonces me asignaron al ECYD. Decidí dar lo mejor de mí, de forma que todo saldría bien o todo saldría tan mal que todos se dieran cuenta de que estaba hecho para otro apostolado. Creo que salió bien.  Al final de prácticas, vi que el trabajo con el ECYD es parte de la vocación específica que tengo en la Legión.

Realmente sentía claramente la llamada al sacerdocio, pero mientras trabajaba me di cuenta de algo más. Además de ser un seminarista, soy religioso. Me di cuenta del valor de la consagración religiosa. Fue una comprensión más profunda de la misma llamada que recibí cuando escuché a Juan Pablo II.

De alguna manera, Dios me ha llevado por este camino a través de un misterioso designio y seré ordenado como sacerdote. Voy a ser el primer sacerdote legionario de Calgary.


El P. Matthew Schneider, L.C., nació el 24 de octubre de 1982 en Calgary, Alberta, Canadá. Entró el 14 de septiembre de 2001 al noviciado de la Legión de Cristo en Cheshire, Connecticut. Emitió la primera profesión religiosa en 2003 y la profesión perpetua en 2009. Estudió Humanidades Clásicas en Cheshire. Es bachiller en filosofía y teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil en Ohio, Estados Unidos. Actualmente colabora en la pastoral juvenil en Calgary, Canadá.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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