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Porque Cristo me llamó
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Testimonio vocacional del P. Nicholas Sheehy, L.C.

P. Nicholas Sheehy, L.C.
P. Nicholas Sheehy, L.C.

Nací el 18 de junio de 1981 en el hospital de la fuerza naval estadounidense en San Diego, California, el paraíso en la tierra. Aunque eran todavía un poco jóvenes, mis padres estaban muy emocionados conmigo, su primer hijo. Ahora somos ocho. Al mismo tiempo, nací muy enfermo y pasé los primeros días en cuidados intensivos. Al final, pude ir a casa y pronto estuve sano, gracias a Dios. Mirando hacia atrás, creo que ese fue un momento muy importante en mi vida, aunque yo no lo recuerde, ya que creo que María cuidaba de mí en esos días en que mi madre se vio obligada a estar lejos.

Recuerdo haber comenzado la escuela a los 5 años de edad. Estaba emocionado porque uno de mis amigos estaba en el kínder conmigo. Nuestras madres se habían conocido en la adoración, cuando éramos bebés todavía. 27 años después de comenzar el Kinder juntos, nos graduamos de teología y el P. Josef Hare, L.C se ordenará sacerdote conmigo. Dios nos ha estado cuidando.

Recuerdo que empecé a pensar en el sacerdocio cuando tenía 8 años. Algo siempre me ha atraído hacia el sacerdocio. Recuerdo que estaba en la misa en mi parroquia mirando al techo y pensando en lo maravilloso que sería estar cerca de Dios como sacerdote. También quería ser científico o abogado o profesor de literatura inglesa, pero la idea del sacerdocio estuvo siempre presente en algún lugar de mi imaginación.

A menudo, me sentía mal por no haber nacido 300 años antes, cómo me gustaría empacar y hacer mi vida a la mar. Cuando estaba en secundaria, me hice muy aficionado de los santos, admirando sus impresionantes hazañas. Recuerdo haber sido inspirado por las valientes acciones de los misioneros jesuitas franceses, que volverían a Estados Unidos aun estando seguros de su propio martirio. 
P. Nicholas Sheehy, L.C.
San Francisco me impresionaba profundamente al igual que san Juan María Vianney, patrono de los párrocos. También me encantaba la historia del Papa Juan XXIII y quería tomar su nombre durante mi confirmación. Como aún no había sido beatificado, me decidí por otro Juan, el Cura de Ars y desde entonces me ha acompañado.

La secundaria fue muy importante para mi crecimiento vocacional. Tenía una vida de oración seria, rezaba el rosario todos los días y hacía mis oraciones en la mañana y en la noche. Leía las vidas de los santos todos los días y empecé a confesarme cada mes. Dios me estaba preparando para un momento de gracia. Una amiga de mi madre me habló de algunos sacerdotes muy dinámicos que había conocido, llamados los Legionarios de Cristo. Vi uno de sus calendarios y me quedé impresionado por estos chicos que vivían en Roma, amaban al Papa y a María y parecían saber lo que querían en la vida. «Dale a Dios la primera oportunidad». Parecía un buen plan para mí.

En primero de secundaria, fui a un retiro con un sacerdote diocesano de San Diego. Él hacía un gran trabajo con los pobres y era famoso por su caridad. Una noche, nos contó la historia de su vocación. Siendo alguien que hacía tanto bien, se podría pensar que identificaría el sacerdocio con el servicio. Pero el consejo que nos dio me ha acompañado a lo largo de los años: «Si quieres ayudar a la gente, hazte trabajador social. La única razón de ser sacerdote es porque Dios te llama». Por lo tanto, siempre he tratado de escuchar la voz de Dios y averiguar dónde quiere que vaya.

En segundo de secundaria, finalmente conocí a los legionarios e hice algunos amigos en San Diego que terminaron yendo a la Escuela Apostólica. Recuerdo que me invitaron a Roma y a visitar el Centro Vocacional, pero siempre sentía que era como invitarme a la luna. Me encantaría, pero no iba a suceder. Dios quiso que me quedara con mi familia y que siguiera madurando mi decisión vocacional.

Estaba en una pequeña escuela católica recién abierta, fundada por un gran laica católica a quien los sacerdotes legionarios ayudaban como guías espirituales. Podía acolitar a la misa cuando los legionarios pasaban por allí y comencé a ayudar en los retiros de los muchachos que ofrecían en el área. Estos retiros me hicieron mucho bien. Nos divertíamos muchísimo, había buena compañía y la predicación de un sacerdote legionario y pude conocer a otros buenos jóvenes católicos. Me incorporé al ECYD y me emocioné por este compromiso con Cristo.

En 1997 tuve la oportunidad de asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en París. Fue un viaje estupendo, y la primera vez que vi al Papa Juan Pablo II, uno de mis modelos de santidad sacerdotal. De vuelta a casa, me matriculé en la escuela secundaria pública durante los últimos dos años, lo cual implicó nuevos retos para mi fe. En un esfuerzo por evitar las influencias más mundanas, me hice amigo de algunos evangélicos que les gustaba debatir sobre la verdadera Iglesia. Algunos de sus argumentos me habían puesto en duda, hasta que escuché un ataque contra la Santísima Virgen. Eso me sacudió de nuevo y yo sabía que si rechazaban a María, no podían tener la verdad. Fue un buen momento de maduración de mi fe.

Yo estaba muy interesado en la vocación sacerdotal, pero lo mantuve lejos de la mayoría de mis amigos. Fui a visitar el seminario diocesano y hablé con el director de vocaciones, pero no vi mucho qué hacer allí. Durante el último mes de diciembre en mi casa, el sacerdote legionario que conocía me invitó a un retiro sólo para chicos mayores después de Navidad invitada. Pensé: «¡Esto va a ser genial! No vamos a tener que cuidar niños, así que vamos divertirnos más». Todavía me acuerdo de la homilía de la primera noche: «Por lo tanto, en estos días de silencio, queremos orar... ». Nos miramos unos a otros. Más tarde, me enteré de que ni uno solo sabía que íbamos a un retiro en silencio. Mi hermanito me pasó una nota diciendo que tal vez esto no era para él. Sólo le escribí diciendo que hablara con el Padre. Ese retiro cambió mi vida. Tuve una experiencia real de Cristo en la oración y recuerdo decirle al Padre en la dirección espiritual que quería visitar el noviciado en Cheshire. Estoy seguro de que le dio gusto, después de haberme acompañado espiritualmente por casi 4 años.

Así que fui a Cheshire durante Pascua. Pagué mi propio billete de avión, ya que tenía un trabajo después de la escuela. Les dije a mis amigos y maestros que estaba visitando un colegio en el este para explicar por qué no iba a los viajes locos de vacaciones de primavera. Después de superar el shock inicial de llegar y sentir el silencio de la casa, me gustaron mucho los 10 días en Cheshire. Viví intensamente el Triduo de Pascua y supe que tenía que volver al candidatado en el verano y dar a Cristo en la Legión la primera oportunidad en mi vida.

Quizás las mayores dificultades en mi vocación llegaron después de ingresar en el noviciado. Había un montón de dificultades en mi corazón, que tenía que trabajar con la ayuda del Espíritu Santo. Estoy muy agradecido a mis superiores y hermanos que me ayudaron a superar los momentos difíciles.

Entré a la Legión, no para viajar, ni para aprender idiomas, ni para salvar al mundo, sino para estar cerca de Cristo. Con los años, he tenido muchas experiencias increíbles y he crecido enormemente en mi amor por las almas y mi deseo de que todos puedan compartir el gran don de la fe católica. Estoy muy agradecido por la oportunidad de tratar de vivir muy cerca de Cristo, apoyando mi cabeza sobre su Corazón. Doy gracias a mi familia por el sacrificio muy real de dar un hijo y hermano a la Iglesia. Aunque no siempre he podido estar con ellos físicamente, les acompaño cada noche en mi oración a la Santísima Virgen. Que Dios los bendiga a todos.


El P. Nicholas Sheehy, L.C., nació el 18 de junio de 1981 en San Diego, California, Estados Unidos. Ingresó al noviciado de la Legión en Cheshire, Connecticut, Estados Unidos, el 15 de septiembre de 1999. Emitió la primera profesión religiosa en 2001 y la profesión perpetua en 2007. Estudió Humanidades Clásicas en Cheshire. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil en Washington D.C, Estados Unidos. Actualmente trabaja en la pastoral juvenil en El Salvador.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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