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Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)
«El camino para ser creativos es a través de la oración» (Artículo)

¡Quiero ser sacerdote!
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Testimonio vocacional del P. Wilson Lazarotto, L.C.

P. Wilson Lazarotto, L.C.
P. Wilson Lazarotto, L.C.

Cuando era niño tenía siempre lista la respuesta ante la pregunta: «¿Qué quieres ser cuando seas grande?». La respuesta era siempre la misma: «¡Quiero ser Padre!».

Me es difícil distinguir los motivos de tal convicción desde temprana edad. De mi niñez tengo el recuerdo de rezar en familia, de ver a mis papás trabajando como catequistas de niños y adultos, de cantar canciones marianas con mis abuelos. Sin embargo, no tengo recuerdos de que alguien me hablara de la vocación sacerdotal o de la vida religiosa. Antes bien, tengo en la memoria recuerdos de las bromas de mis compañeros y amigos cuando hablaba de mis planes para el futuro. Dios ha querido llamarme desde mi tierna infancia y por ello elevo un acción de gracias al cielo.

Crecí, como decía, en una familia bastante practicante y el llamado de Dios a servirle estuvo siempre presente en mi corazón. Pero, el primer paso concreto hacia mi consagración a Dios se dio cuando tenía once años. Yo participaba en un retiro para niños promovido por la Arquidiócesis de Curitiba y acudió como confesor el P. Santiago Vilafaña, LC. Después de la confesión manifesté al padre mis deseos de ser sacerdote. El padre me habló del centro vocacional y me invitó a una convivencia.

La convivencia fue un auténtico desastre. Los demás chicos que acudieron a ella robaron mi reloj y mi mesada de aquel mes, además de mostrar una indisciplina enorme. Sin embargo, a pesar del aparente fracaso humano, salí de la convivencia muy feliz. Allí encontré un lugar donde se buscaba una entrega sincera a Cristo. Allí encontré, a pesar de los problemas un lugar de caridad sincera. Volví a casa con el deseo sincero de entrar en el centro vocacional el año siguiente.

No eran estos, sin embargo, los planes de Dios. El
P. Wilson Lazarotto, L.C.
diciembre de este año contraje meningitis y los sueños de mi consagración a Dios parecían arruinarse. Mi familia a partir de este momento se opuso a mi entrada en el seminario. Además de esto, algunas consecuencias de esta enfermedad me acompañaron por 3 o 4 años. En los años que se siguieron a esta enfermedad mi pensamiento respeto a la vocación quedó en el limbo. Acepté la prohibición de parte de mi familia (comprensible, dígase de paso) y, a partir de ahí, miré al futuro buscando otras opciones de vida.

Seguí adelante, continué estudiando, pero mi vida cristiana se enfrió un poco. No dejé de acudir a los sacramentos, pero apenas vivía la obligación de acudir a misa o confesarme y no lo hacía con fervor. Dios, sin embargo, no me ha abandonó. Cuando llegué a los 16 años un amigo me invitó a un grupo de jóvenes que me llevó de nuevo a la amistad cercana con Jesucristo. Fue un período muy fructuoso espiritualmente. Éramos un grupo de amigos dedicados a hacer que Jesucristo fuese realmente parte de nuestras vidas.

A partir de entonces mi vida espiritual creció mucho. La confesión frecuente y la misa diaria se convirtieron en una necesidad en mi vida. En este contexto de vida de oración más fervorosa, Dios volvió a tocar mi corazón con su llamada a servirlo totalmente. En mayo de 1999 el P. Nilo Vechi, L.C., (quien trabajaba como promotor vocacional en Curitiba en aquel entonces) visitó nuestro grupo de jóvenes y volví a encontrar a la Legión de Cristo después de algunos años. Al reconocer un legionario le pregunté si organizaba retiros vocacionales y si podría ayudarme en mi discernimiento vocacional.

Participé de algunas convivencias vocacionales, pero el momento decisivo fue la ordenación sacerdotal del P. Juan Ramón de Andrés, L.C. ocurrida en Curitiba en septiembre de 1999. Durante la ordenación tuve la sincera convicción de que Dios me quería sacerdote, de que yo quería entregarme totalmente a Él.

Manifesté mi decisión a mi familia, que me apoyó. Sé que para ellos fue muy difícil, pero a partir de este momento siempre respetaron mi vocación.

Fui al candidatado en enero de 2000. Recibí la sotana el 18 de marzo. En octubre de ese año fui enviado al noviciado de Medellín. Creo que fue un momento decisivo en mi vocación: salir de la seguridad de la patria fue un paso difícil para mí. Sentí que Dios quería que lo siguiera en la fe, dejando de lado las seguridades humanas.

Mi formación siguió adelante, con bastantes dificultades. Nunca dudé de la llamada de Dios, pero sí de mi capacidad para corresponder a esta llamada con la dedicación y totalidad que Dios y las almas merecen. Una convicción, sin embargo, ha estado siempre presente y me ha ayudado a perseverar: la fidelidad de Dios. Él es fiel, ha estado presente durante toda mi vida, nunca ha desistido de mí y por eso no puedo jamás desistir de Él.

Creo que he sido un privilegiado al ser llamado por Dios y creo que la entrega total de mi vida es el único modo en que puedo corresponder al amor de Dios por mí.


El P. Wilson Lazarotto, L.C nació el 15 de octubre de 1981 en Curitiba, Paraná, Brasil. Ingresó el 18 de marzo de 2000 al noviciado de la Legión de Cristo en São Paulo, Brasil, para trasladarse después al noviciado de Medellín, Colombia. Emitió la primera profesión religiosa en 2002 y la profesión perpetua en 2008. Estudió humanidades clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Trabajó en la pastoral juvenil y vocacional en Rio Grande del Sur, Brasil. Actualmente es miembro del equipo de formadores en el Seminario María Mater Ecclesiae de São Paulo, Brasil.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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