Para todo cristiano el amor a Cristo debe definir su
personalidad religiosa. Ser cristianos implica conocer a Cristo, seguirlo, amarlo.
Es precisamente en función de este amor a Cristo que
surge el amor a la Iglesia, porque la Iglesia no
puede ser considerada como si fuera una especie de añadido
a Cristo. Él mismo quiso identificarse con ella. La Iglesia
es la Iglesia de Cristo y amar a Cristo es
amar a la Iglesia.
Las obras apostólicas que emprende el Movimiento
Regnum Christi se realizan motivados por este amor que busca
el bien de la Iglesia, amándola apasionadamente y edificándola trabajado
por ella día y noche, buscando en todo momento su
bien por encima de cualquier otro interés; viviendo confiadamente dentro de
su seno; y viviendo en la adhesión más absoluta a su
doctrina y Magisterio.
De esta manera se concibe el amor a
la Iglesia como un amor que sufre, que vela, que
capta los latidos de la propia Madre. Y este amor
no puede ser indiferente ni apático. Como todo amor verdadero,
y Cristo es el modelo a seguir, debe ser apasionado,
hasta dar la vida por quien se ama.
Como célula viva
dentro del Cuerpo Místico de Cristo y como eslabón en
la cadena de movimientos en la historia de la salvación, el
Regnum Christi sólo tiene razón de ser en la Iglesia,
para la Iglesia y a partir de la misión sobrenatural
y humana de la Iglesia. Por ello, el Movimiento Regnum
Christi busca emprender aquellas acciones más eficaces, en profundidad y
en extensión, en orden al establecimiento del Reino de Cristo
entre los hombres y en la sociedad entera, en la
más estrecha fidelidad al magisterio de la Iglesia y en
plena comunión con sus pastores.