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| Los Legionarios de Cristo manifiestan su viva gratitud al Santo Padre y se ponen plenamente a disposición de Mons. De Paolis (Foto: L’Osservatore Romano). | |
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El 9 de julio de 2010, la oficina de prensa
de la Santa Sede publicó la noticia
de que el Papa Benedicto XVI había nombrado al
arzobispo Velasio De Paolis, C.S. como su Delegado Pontificio para
los legionarios de Cristo. De esto modo, habiendo
concluido la visita apostólica, el Santo Padre desea “seguir
de cerca, sostener y orientar” la congregación en este momento
decisivo de su historia.
En la carta de
nombramiento, con fecha del 16 de junio de 2010, el
Santo Padre indicó que la misión del Delegado es
"gobernar en mi nombre tal Instituto Religioso durante el
tiempo que sea necesario para completar el camino de renovación
y conducirlo a la celebración de un Capítulo General
Extraordinario, que tendrá como fin principal llevar a término
la revisión de las Constituciones".
Una descripción más completa de la
autoridad y las responsabilidades del delegado papal puede leerse
en el Decreto de la Santa Sede
con fecha del 9 de julio de 2010.
El actual
director general, P. Álvaro Corcuera, L.C., y los
demás superiores de la congregación conservan sus cargos
que ejercen bajo la autoridad del Delegado Pontificio y
en comunión con él.
Acerca de arzobispo Velasio De Paolis, CS
Monseñor Velasio De Paolis nació en Sonnino (Provincia
de Latina, al sureste de Roma) el 19 de septiembre
de 1935. Entró a temprana edad en la Congregación
de los Misionarios de San Carlos Borromeo (Padres Scalabrinianos).
Recorrió su camino de formación en los seminarios de
esta congregación. Emitió su profesión perpetua el 4 de octubre
de 1958 y recibió la ordenación sacerdotal el 18
de marzo de 1961.
Se trasladó a Roma para continuar
su formación académica. Obtuvo el título de Doctor en Derecho
Canónico en la facultad de derecho canónico de la
Pontificia Universidad Gregoriana, de Licenciado en Teología
en la facultad de teología de la Universidad de
Santo Tomas (Angelicum), y la “Laurea” en Jurisprudencia en la
Universidad La Sapienza de Roma. Completó asimismo el
bienio de teología moral en la Academia Alfonsiana.
De
1965 a 1970 ha sido profesor de teología moral
y de derecho canónico en una casa de formación
filosófica y teológica de su propia congregación. Sucesivamente fue nombrado
rector del colegio internacional que tienen en Roma los padres
Scalabrinianos (1970-1974) a la vez que era Vicario Provincial.
En 1974 fue llamado al gobierno general de su
congregación como consejero y procurador general. De 1971 a
1980 fue profesor extraordinario y, desde 1983 profesor ordinario,
de la facultad de Derecho canónico de la Pontificia Universidad
Gregoriana. Desde 1987 ha sido también profesor en la
Pontificia Universidad Urbaniana, llegando a ser decano de la
facultad de Derecho Canónico en 1998.
Es autor de numerosos
libros y artículos. Ha sido un colaborador asiduo en la
revista Periodica de re canonica. Forma parte de varias
asociaciones dedicadas al estudio del Derecho Canónico.
Durante todos estos
años también se ha dedicado a la actividad apostólica,
en particular a la predicación de los ejercicios espirituales.
El
30 de diciembre de 2003, el Papa Juan Pablo
II lo nombró Secretario del Supremo Tribunal de la Signatura
Apostólica donde ya era Refrendario. Recibió la consagración episcopal
el 24 de febrero de 2004, habiéndosele asignado la
sede titular de Telepte.
El 12 de abril de
2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Presidente de
la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa
Sede, elevándolo a la dignidad de Arzobispo. Actualmente, es
también miembro del Tribunal supremo de la Signatura Apostólica
y consultor de la Congregación de las Iglesias Orientales, de
la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y
las Sociedades de Vida Apostólica y del Pontificio Consejo
para los Textos legislativos.
En su primer encuentro con el
consejo general de los Legionarios de Cristo el 10 de
julio, Mons. Velasio les entregó una carta
dirigida a todos los religiosos de la Congregación y presidió
una celebración eucarística donde, en su homilía,
exhortó a todos a mirar y acompañar con fe y
esperanza el nuevo momento histórico que la Iglesia va
marcando.