Presentamos a continuación algunos testimonios de miembros y amigos del
Movimiento que narran cómo el Regnum Christi ha sido un
modo concreto de amar a Cristo y ayudar a los
demás.
«El movimiento Regnum Christi ha cambiado mi
vida y la sigue y seguirá cambiando, porque cada día
se muestra como la oportunidad de aprender y acercarnos más
al camino de la santidad, el cual tiene muchos obstáculos
pero hay que tener presente que si estamos con Dios
y todo lo que hacemos lo hacemos por Él no
debemos tener miedo» (Juan Camilo Betancourt, Colombia).
«Cuando conocí el
Movimiento tuve una experiencia profunda de Dios, comprendí que las
metas y los logros que cualquier persona se plantea yo
ya las había alcanzado y lo seguía logrando; pero al
mismo tiempo me daba cuenta que esto no era suficiente,
que debía hacer algo más, una meta aún mayor que
me llenara el alma. En ese momento no dudé que
al terminar mi carrera daría años para desempeñar algún trabajo
pastoral como colaboradora del Regnum Christi» (María José Iturralde,
México).
«La decisión de formar parte del Movimiento tiene raíces profundas
en mi fe y en mi búsqueda de Jesucristo. He
encontrado en las actividades del Regnum Christi las posibilidades de
ejercitar activamente mi vida de católico, de comprometerme en actividades
dirigidas a ayudar a los demás, de responder a la
llamada de Cristo a la santidad, de gastar mis “talentos”
de una manera que me parece constructiva» (Fam. Manetti,
Italia).
«Me incorporé al Regnum Christi en 1986 después de haber
asistido a conferencias de rock y liderazgo y de hacer
apostolado con niños huérfanos. Desde entonces pude ir viendo con
mayor claridad cuál era el sentido de mi existencia en
todos los campos: mi familia, mis estudios, mi fe, mis
amigos, y acomodar todo de manera que le diera a
cada cosa el lugar que le correspondía» (Alejandro Pinelo,
consagrado del Regnum Christi).
A los 16 años viví una experiencia
muy fuerte en mi colegio. Una de mis compañeras murió
por sobredosis. Cuando murió, yo me empecé a cuestionar muchas
cosas: «¿Qué es la vida? ¿Por qué morir? ¿Por qué
el mal? ¿Por qué el dolor y el sufrimiento?». Me
daba cuenta de que la vida se nos da como
un regalo, como un don magnífico y misterioso, y que
la tarea primordial del hombre es descubrir el sentido de
su vida. Yo podía seguir yendo a fiestas, divirtiéndome con
mis amigos, yendo a la playa o a esquiar, y
sin embargo, vivir insatisfecha por no saber el porqué de
mi vida. Tenía que ponerme en actitud de búsqueda. Me
resultaba indispensable descubrir aquellos valores que harían que mi vida
valiera la pena ser vivida (Elena de Borbón, consagrada
del Regnum Christi).