«El Señor nos llama a estar más con los necesitados» – Carta de Jorge López a los laicos consagrados del Regnum Christi

Roma, 8 de diciembre de 2016

A los laicos consagrados del Regnum Christi.

Estimados en Jesucristo:

Durante este año 2016 he ido percibiendo que muchos laicos consagrados tienen en su corazón un gran deseo de ayudar a las personas más necesitadas, empeñándose apostólicamente en ello. De hecho muchos ya lo están haciendo. Veo providencial y evangélico este deseo que va unido al deseo que tenemos de un estilo de vida pobre, propio de un laico consagrado. Es algo que he conversado con mi consejo general y con el comité general del Regnum Christi, encontrando eco en ellos.

El Papa Francisco ha sido muy claro al invitarnos a salir al encuentro de los necesitados, conscientes de que hay muchos tipos de necesidades en nuestro entorno, incluso en nuestras mismas comunidades. Es más, todos y cada uno de nosotros estamos necesitados de los demás, y por supuesto de Dios. El mismo Papa nos ha invitado a un estilo de vida pobre, particularmente a las personas consagradas a Dios.
Como laico consagrado del Regnum Christi me he preguntado cómo responder a esta petición que nos hace el Papa pero que en el fondo nos hace el mismo Jesucristo. Les comparto mi respuesta que sin duda es muy limitada.

1. Conversión. El Señor nos llama a una conversión personal e institucional. Nos llama a una vida más pobre y humilde, que no reclama sino que agradece lo que recibe, como un don. El Magisterio de la Iglesia y en particular la encíclica Laudato Si ofrecen pautas concretas, lo mismo que nuestro derecho propio. Les sugiero releer todo esto en clave de conversión del corazóni frente al peligro del consumismo pero sobre todo en clave positiva: atreverse a vivir un estilo de vida pobre, que sabe gozar de las cosas sencillas de la vida, que es agradecido y solidario con los demás. Es cierto que al vivir en comunidad buena parte de nuestro estilo de vida nos viene dado y está bien que así sea (los directores y en general la comunidad velan para que no nos falte nada…). Pero también es cierto que cada quien tiene un amplio margen para vivir más o menos pobremente, y de proponer a la comunidad los cambios que vea convenientes e implicándose más en los “trabajos” propios de la casa. Sin duda implica un ejercicio ascético, de desprendimiento, pero ante todo se trata de un camino de transformación en Cristo: al conocer a Jesús uno descubre la belleza de ser pobre y nace el deseo de vivir como Él vivió1. No se trata de compararse con los demás y menos aún de juzgarlos en su modo de vivir sino de agradecer lo que Dios nos concede y compartir con sencillez y gratuidad (incluso espléndidamente) todo lo que tenemos con los demás. Es bueno y es bello ser pobre como Jesús. No se puede imponer desde fuera pues se desvirtúa.

2. Trabajo. El Señor nos llama a servir a nuestros hermanos necesitados con nuestro trabajo realizado con responsabilidad y sentido de ofrenda2. Cada quien puede hacer esto mediante su trabajo apostólico, cualquiera que sea (pues siempre se atiende algún tipo de necesidad, por ejemplo educativa, formativa o administrativa) y aplicando allí la doctrina social de la Iglesia. Pero también puede hacerlo apoyando ciertas obras existentes con parte de su tiempo o a tiempo completo: Mano Amiga, programas de acción social de las universidades o parroquias, programas de apostolado (Juventud Misionera…), el centro misionero San Rafael Guízar y Valencia… También puede hacerlo mediante el apostolado personal (construyendo iglesias, desarrollando un apostolado -como el Dr. Tecolín-, atendiendo enfermos) o involucrándose en obras de desarrollo económico de los más desfavorecidos… Hecho con amor, sin ruido mediático, este trabajo se convierte en una verdadera ofrenda sacerdotal que realiza la comunión, realiza la misión a la que está llamado el Regnum Christi, transforma la sociedad, la cultura.

3. Encuentro. El Señor nos llama a estar más con los necesitados, encontrarnos con ellos, no sólo ayudarlos. Todos hemos experimentado esto durante las “misiones” de evangelización o de otro tipo. Es muy diferente dar una limosna o una predicación que compartir un tiempo para orar con otro, conocer cómo vive, compartir sus dolores y alegrías, y entrar en su vida. Esto que hacemos con “amigos”, con compañeros de trabajo o apostolado, con padres de familia… podemos hacerlo con las personas necesitadas a quienes Dios va poniendo en nuestro camino: familiares, vecinos, empleados, personas que se cruzan en nuestra vida. En estos encuentros aprendemos unos de otros a ser pobres, como Jesús. En estos encuentros se hace presente el Reino, se hace presente Jesús.

Cada quién vea lo que el Señor le pide y hable con sus directores en un ejercicio de discernimiento. También conmigo o con la comunidad, si fuera el caso.

Pido a María Santísima que en este Adviento ella nos acompañe y nos enseñe a vivir este estilo de vida pobre y cercano a los necesitados, como el de su hijo Jesucristo.

En Cristo,

Jorge López

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