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Curso de capacitación de nuevos secretarios territoriales

Roma. 23 de julio. La secretaría general de la Legión de Cristo organizó un curso de capacitación para nuevos secretarios territoriales y secretarios de delegaciones. Éste tuvo lugar en la Sede de la dirección general del 17 al 22 de julio.

Participaron los PP. Anton Vogelsang, Efraín Monzón, Enrique Rodríguez, Felipe Nájar, Juan José Ramírez y Nicholas Fisher. En el curso se afrontaron diversas temáticas: reuniones de consejo, archivo y bases de datos, calendarios, procedimientos canónicos diversos, informes, comunicación institucional, ambientes seguros, etc.

El curso fue dirigido principalmente por el P. Jaime Rodríguez, el P. Cleverson Buffon y el P. Óscar Galindo. Para ciertos temas colaboraron otros directores de departamentos de la dirección general.

Carta sobre la pobreza

El 18 de julio de 2016 nuestro Director general escribió una carta a los sacerdotes legionarios sobre el significado y la vivencia del voto y la virtud de la pobreza en la vida religiosa en la Legión de Cristo. A continuación se ofrece el texto íntegro de la carta:

¡Venga tu Reino!

Roma, 18 de julio de 2016

A los sacerdotes legionarios de Cristo

 

Muy queridos padres:

A través de esta carta les envío un saludo, asegurándoles un recuerdo en mis oraciones. Muchos de ustedes están iniciando, en el hemisferio norte, las actividades de verano y las vacaciones después de un año de trabajo apostólico. Espero que puedan tener también un tiempo de descanso. En el hemisferio sur, mientras tanto, se encuentran en la en el intervalo de la mitad del curso escolar.

En esta carta deseo reflexionar con ustedes sobre la vivencia de la pobreza en la Legión, uno de los consejos evangélicos propios de la vida religiosa y que es parte integrante de la enseñanza y del ejemplo de Jesucristo. Les ofrezco estos pensamientos en el contexto de las presentes circunstancias del mundo moderno y de la Legión. Espero que les puedan ayudar a valorar y vivir mejor este voto y esta virtud.

Varias veces en las reuniones que he tenido durante mis visitas a los territorios y las casas, se ha mencionado este tema. Durante una de las presentaciones que hice sobre la situación económica de la Legión al responder la pregunta de un religioso, afirmé: “En la Legión tenemos algunas particularidades en la vivencia de la pobreza como son, entre otras, la consideración del uso del tiempo en cuanto don precioso que Dios nos da, y la necesidad de usar ciertos medios adecuados para evangelizar según nuestros apostolados específicos”. Tal vez en la vivencia de este voto tenemos más particularidades que en los otros dos votos comunes.

Hay en muchos un interés y una preocupación por la práctica de la pobreza. Por eso les envío esta carta, por medio de la cual quiero invitarles a ustedes y a todos los legionarios a vivir con mayor convicción esta virtud, a ejemplo de Cristo. Tengo en cuenta que, según los contextos de cada territorio, nación, e incluso de cada comunidad o apostolado, se dan hoy circunstancias, sobre todo externas, que facilitan o dificultan la vivencia de este consejo evangélico. Según se comentó en el Capítulo general de 2014, y tal como quedó dicho en el Comunicado capitular, en la sección “Administración y voto de pobreza” (cf. núms. 218 y siguientes), puede haber elementos de nuestra pobreza que requieren hoy mayor atención y virtud, así como un mejor testimonio evangélico. Recordemos también cómo el Santo Padre ha estado subrayando frecuentemente este aspecto del Evangelio, invitando a todos, pero sobre todo a los sacerdotes y a los religiosos, a dar un testimonio de vida pobre.

 

La pobreza y su relación con Jesucristo

Cada consejo evangélico tiene un profundo sentido cristológico. En primer lugar los consejos son modos de seguir a Cristo. En el caso de la pobreza, dejar todos los bienes terrenos para que sólo Él sea nuestro tesoro.

En el Evangelio constatamos cómo Cristo, cuando llama a su seguimiento, invita a dejar todo para estar con Él. Así lo vemos en los apóstoles que dejan sus redes, o en Mateo que deja de inmediato la mesa del recaudador. Por su parte, el hombre de la parábola que descubre un tesoro en el campo, va con “gran alegría” a vender todo lo que tiene para comprarlo (cf. Mt 13, 44). En estos pasajes, y otros similares, descubrimos que la pobreza del seguidor de Cristo está llena de la alegría de poseerle a Él como único tesoro del corazón.

 

En el pasaje del joven rico leemos, «Jesús, fijando en él su mirada, le amó» (Mc 10,21) y le dijo «Si quieres ser perfecto, vende todo, dalo a los pobres, y ven y sígueme» (cf. Mt 19, 21). Pero este joven no responde positivamente porque tiene muchas posesiones y se marcha triste.  A continuación, el evangelista repite que Cristo “mira” a los apóstoles y es entonces cuando Pedro comenta: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Cristo reconoce que han dejado todo, «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hacienda» y añade: «lo han dejado por mí y por el Evangelio» (cf. Mc 10, 29). Inmediatamente después les enseña a confiar en la providencia divina y buscar primero el Reino (cf. Mt 6, 33). Así se resumen los motivos principales de nuestra pobreza: una mirada de amor de Cristo, la invitación a tenerle a Él como único bien, a amarlo, y a entregarnos a la misión, sostenidos por la providencia divina para lo cual todo es posible (cf. Mc 10, 27).

El discípulo que acepta esta invitación sigue a Cristo y comparte su estilo de vida pobre, tal como lo encontramos a lo largo del Evangelio: la descubrimos en Belén, en la huida a Egipto, en Nazaret, en su vida pública y, sobre todo, en la cruz. Cierto es que los seguidores de Jesucristo deben también resolver los aspectos prácticos de la vida cotidiana. Así encontramos algunas personas que atienden al Señor y a sus seguidores por medio de sus limosnas y servicios. No obstante, Cristo invita a los suyos a poner toda su atención en la misión y a aceptar la austeridad de su vida. Es este un aspecto importante de los consejos evangélicos: son imitación cercana de Cristo, al prolongar su estilo de vida en el hoy de la Iglesia y la sociedad: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58).

Los consejos evangélicos son, además, modos de participar en el abajamiento y en la pasión del Señor. Por la profesión religiosa participamos de modo especial en la obra redentora. Consideremos, ante todo, la humildad de la Encarnación: Él «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 6-8, cf. 2Co 8, 9). La pobreza de Cristo llega a su culmen en el desprendimiento de la cruz, y ello nos permite comprender que la experiencia de la privación, de la pobreza efectiva, de no contar con algo conveniente o necesario, se convierte en moneda de redención. Jesucristo, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Co 8, 9).

A estas dimensiones cristológicas, se añade el aspecto escatológico de los consejos evangélicos. Por medio de la pobreza ponemos el corazón en los bienes eternos. Siguiendo e imitando a Jesucristo damos testimonio de los bienes futuros y de esos valores evangélicos que encontramos expresados en las Bienaventuranzas: «Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 3). A la vez, nos ponemos en manos de la Providencia del Padre celestial (cf. CLC 19, 1°). Jesucristo nos invita, como al joven rico, a «tener nuestro tesoro en el cielo» (cf. Mc 10, 21). Como a los apóstoles, Cristo nos enseña que la pobreza voluntaria por amor a Él implica una plenitud misteriosa en esta vida y luego la vida eterna (cf. Mc 10, 30).

 

La pobreza es parte integral de la vida religiosa

La pobreza, según se expresa en la profesión, es una parte constitutiva de la vida religiosa. Como nos recuerdan las Constituciones, por medio del voto que hemos emitido nos imponemos libremente un radical desprendimiento afectivo y efectivo de todos los bienes materiales, nos comprometemos a la debida dependencia del superior en relación con el uso de los mismos y adoptamos un estilo de vida personal y comunitario sobrio. Por consiguiente, renunciamos –por voto– al derecho de usar y disponer de bienes materiales sin permiso (cf. CLC 19, 2° y 3°).

Este desprendimiento de todas las criaturas –no sólo exterior sino también interior– no es un empobrecimiento. Es, más bien, un enriquecimiento puesto que nos da la posibilidad de una mayor unión con Dios y nos ofrece una plena libertad al ahorrarnos los apegos a los bienes de esta tierra. Así, la pobreza, libremente acogida, mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres; crea un clima espiritual propicio a la docilidad interior, a la oración, al diálogo y a la colaboración; alimenta la esperanza; engendra la justicia y la misericordia; aumenta el amor y dona serenidad y alegría (cf. CLC 20).

Desde otro punto de vista, podemos afirmar que nuestra pobreza es ante todo “pobreza delante de Dios” al sabernos creaturas necesitadas. Esta conciencia nos lleva a no poner nuestra confianza ni en las propias fuerzas, ni en las cosas materiales. La pobreza expresa la humildad del religioso que se sabe creatura de Dios, con una misión personal y eclesial que supera por mucho las propias fuerzas y capacidades. Reconocernos pobres nos lleva hacia la plena confianza en Dios.

En el Magisterio de la Iglesia y en nuestras Constituciones tenemos muy clara y bien estructurada la doctrina sobre este voto y virtud. Contamos, además, con algunas consideraciones importantes en el reciente Comunicado capitular (cf. núms. 218 y ss.), en las normas complementarias, los reglamentos de las casas y los reglamentos de administración.

Teniendo esta normativa todos corremos el riesgo, en diversos grados, de reducir la pobreza al cumplimiento de unas normas sobre el uso de los bienes materiales, sin hacer de ello lo que debe ser: una ocasión para seguir realmente a Cristo en este aspecto de su vida y así dar un testimonio evangélico elocuente ante los demás. Para lograr esto, una premisa fundamental es optar personal y animosamente por la pobreza, querer vivirla, apreciarla, amarla, buscarla en lo oculto e interior, y desear identificarnos con esa austeridad y ese desprendimiento que Jesucristo vivió en esta tierra, según he mencionado antes. Todo esto, siempre por amor y con gran libertad interior, porque Dios es mi tesoro, y porque a través de la pobreza, busco ser más de Él cada día.

Por su misma naturaleza la pobreza es una ayuda y un modo de ejercitar otras virtudes: la fe en Dios y en la fecundidad de la vida evangélica, la confianza en la Providencia, la caridad evangélica que llevó a los discípulos a tenerlo todo en común, la abnegación y el espíritu de sacrificio, la convicción personal para ser transparentes y dependientes en el uso del dinero, y sobre todo el desapego interior. A esto ayudan otros medios más exteriores, como puede ser la elaboración de presupuestos e informes económicos (cf. CLC 224, 228), la revisión habitual de la propia habitación, oficina o casa para evitar la acumulación de cosas innecesarias o superfluas, y la aceptación de los criterios sobre el uso de los bienes materiales que los superiores mayores emanan directamente o través de los administradores. En todo esto el religioso ha de cuidar su corazón y pensamientos para liberarlos de posibles apegos y de deseos incompatibles con una vida religiosa objetivamente pobre.

Con la gracia de Dios podemos constatar que en general hemos vivido bien este voto en la Legión y contamos con muchos sacerdotes y religiosos virtuosos y objetivamente austeros. Pero también constatamos que, hoy y siempre, es necesario vigilar.

 

La pobreza y la misión

Existe una profunda relación entre la pobreza y la misión. Si contemplamos la vida de Jesucristo, es evidente su cercanía a todos los hombres –sobre todo a los más necesitados en cuerpo y alma–, su deseo de llevarlos al cielo, y al mismo tiempo su urgencia por cumplir la misión que el Padre le ha asignado. Vemos también como Jesús se acerca a personas con medios económicos como Zebedeo, Jairo, Lázaro y sus hermanas. Es la misión la que lo orienta en su trato con las personas y da sentido al uso de los medios materiales, según las diversas circunstancias y apostolados. En esto, a ejemplo del Señor, se da también un elemento de libertad, es decir, en ser magnánimos en el uso de los medios materiales cuando son necesarios para poder dar a conocer el Evangelio en los diversos ambientes donde desarrollamos nuestros apostolados, sea entre las personas que cuentan con muchos medios económicos, en la educación, o en la ayuda de los más indigentes.

Cada uno debemos reflexionar sobre la libertad real que tenemos, como religiosos y sacerdotes, para tratar indistintamente con todo tipo de personas, sin acepciones, preferencias o exclusiones. Algunos legionarios podrían tener una preferencia por tratar con gente sencilla y materialmente pobre, y realizar este apostolado con gran virtud y sacrificio personal (cf. CCG2014 239). Otros tal vez prefieren el trato con personas de clase social alta, por sentido de misión, pero tal vez también –al menos en parte– por los beneficios personales materiales o afectivos que quizá encuentran, o simplemente por la dificultad de relacionarse con los más pobres. En uno y otro caso, lo verdaderamente importante es esforzarse por seguir con creciente fidelidad el ejemplo de Jesucristo de amar a todos sin acepción de personas y cumplir la misión, según lo ilustra nuestro patrono san Pablo: «siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo» (cf. 1Co 9, 19.23).

Además, la asignación de la misión, que no escogemos sino que recibimos en obediencia, y también el propio carisma apostólico (cf. CLC 4), nos orientan en nuestra misión para la cual necesitamos una buena dosis de abnegación y de desapego de las propias preferencias (cf. CCG 2014 240). Lo recuerda también el comunicado del Capítulo general: «Al tiempo que apreciamos las acciones apostólicas directas con los más necesitados, tenemos presente que podemos alcanzar un mayor número de ellos y hacerles un mayor bien a través de la acción de otros muchos, sobre todo de los miembros del Regnum Christi. Al decir esto no olvidamos que evangelizar a personas de liderazgo social o económico no siempre es fácil, pero es parte de nuestra vocación acercarlos a Cristo y estimularlos para que conozcan y practiquen la doctrina social de la Iglesia y así transformar las estructuras sociales de acuerdo con la justicia y caridad» (CCG2014 241).

 

La pobreza y el uso del tiempo

Como he aludido, al pensar en la pobreza legionaria me viene a la mente el uso del tiempo, según lo mencionan las Constituciones: «A la luz de la eternidad, el tiempo es un bien que Dios da a cada uno para cumplir la propia misión en la tierra. En la Legión su buen uso se considera parte de la virtud de la pobreza» (CLC 23). Es algo, sin duda, exigente. Usar bien el tiempo implica amor por la misión, esfuerzo, un recto sentido de eficacia y también abnegación ante los gustos y deseos personales, sin excluir, si hiciese falta, el sacrificio de prescindir en algún momento del descanso legítimo que quisiéramos tener.

Nosotros mismos hemos de ser objetivos y sinceros en este campo, con equilibrio y buen sentido común y religioso. ¡Cuánto nos ayuda el aprovechamiento del tiempo para observar con fidelidad los otros votos y avanzar en la vida espiritual! ¡Vivir movidos por amor y anhelo de dar lo mejor de nosotros mismos a Dios y a los demás!

Podemos preguntarnos si en estos últimos años, al buscar el descanso necesario, no se ha caído en un cierto exceso en el descanso personal o comunitario, justificándolo de diversas maneras, pero perdiendo, quizá, aspectos importantes del carácter militante propio del legionario, llamado a dedicar toda su vida y su tiempo a la misión.

Para ser realistas y prácticos en el buen uso del tiempo es conveniente que cada uno tenga un programa personal de apostolado y formación en el que se auto exija en el uso del tiempo. Si cada religioso se propone metas elevadas como expresión de su amor a Cristo y de celo apostólico, evitará caer en un cierto acomodamiento, rutina o conformismo, propios del hombre mediocre. Cabe mencionar, en relación con este tema, el tiempo que dedicamos al uso de los medios de comunicación, que es uno de los campos dónde es fácil excederse en la inversión de tiempo, más allá de lo conveniente. Si bien se trata sólo de un dato estadístico, en la encuesta reciente que hicimos sobre algunos aspectos de la vida religiosa, el buen uso de los medios de comunicación fue de los más bajos en la calificación que cada uno se dio a sí mismo.

Como buenos pastores y religiosos no podemos olvidar cómo estos medios pueden ser “ventanas al mundo” que llevan a la disipación, a la pérdida de tiempo o a peligros morales. No porque un religioso tenga a mano un medio de este tipo se justifica todo uso, sobre todo cuando se trata del descanso o la diversión. Las Constituciones explicitan que su uso para el entretenimiento es comunitario: «Reconozcan también la utilidad de los medios de comunicación para la formación, actualización y, ocasionalmente, para el entretenimiento comunitario» (CLC 46, 1).

Les sugiero hacer un examen personal sobre el buen uso del tiempo y en relación a esto, sobre el uso de los medios de comunicación en función de la misión. ¿Hubiera sido posible que hiciese más por las almas, por la Iglesia, o por la santidad personal de otro modo? Cada legionario ha de tener el deseo de hacer siempre todo lo posible por llevar a más hombres “al encuentro redentor con Cristo” (cf. CLC 3, 3).

 

Pobreza personal: Austeridad, sencillez y dignidad

Según establecen las Constituciones, la pobreza del legionario está caracterizada por la austeridad evangélica, la sencillez y la dignidad, tanto en la vida personal como en la comunitaria (cf. CLC 25). A estos elementos se añade la sobriedad (cf. CLC 19, 2°) y el sentido religioso sobre todo para evitar una cierta mundanidad que, como menciono a continuación, se puede ir introduciendo en los modos de vestir, en el uso de algunos medios – como medios electrónicos y automóviles-, en las actitudes y también en ciertos comportamientos de los legionarios (cf. CCG2014 227).

 Debemos aprender con paciencia que ser pobre significa no desear lo mejor, ni lo más fino, ni lo más moderno, ni resulta siempre compatible con el uso de aquello que un religioso puede obtener sólo porque se lo regalan. La pobreza requiere sacrificio y se expresa ordinariamente en tener sólo lo necesario, pero tenerlo de modo digno, ordenado y limpio. En este ámbito de la pobreza personal también se puede tener presente esa recomendación de conservar nuestra habitación y despacho como imagen del alma, de un alma ordenada y serena que en su trato con Dios está llena de detalles de amor.

Hoy en algunos pocos se da la tendencia a una cierta ostentación, a querer vestirse como seglares o a descuidar la urbanidad, los modales y la buena educación. Nuestra pobreza, bien lo sabemos, ha de estar unida a la sencillez pero también a la distinción y dignidad propias de quien está consagrado a Dios como religioso y sacerdote en la Legión. Las personas con las que tratamos están acostumbradas y esperan este testimonio de austeridad y sobriedad de los legionarios.

Sin duda son temas que merecerían un desarrollo más amplio, pero que nos alejan un poco de la finalidad directa de esta carta. Les invito a que, de forma personal y comunitaria, busquen algunos tiempos para profundizar en estos aspectos y las implicaciones que tienen en su vida, en sus comunidades y también en los apostolados (cf. CCG2014 228).

 

La pobreza y el uso del dinero

 Entre otras posibles consideraciones prácticas, les invito a revisar el modo en que cada uno usa el dinero que tiene a su disposición por razones justificadas (cf. CLC 21, 2°), preguntándose si conocen y observan los criterios establecidos en los reglamentos de administración y si proceden siempre con la debida dependencia del superior competente y con un presupuesto debidamente aprobado (cf. CCG2014 235). O si por el contrario conservan y usan dinero personal o del apostolado según los propios criterios y sin permiso. (cf. la recomendación del CCG2014 232).

El sistema actual prevé que las comunidades, las obras, las secciones y los apostolados tengan un presupuesto aprobado de ingresos y egresos. Las situaciones de los diversos territorios no son iguales, y dentro del mismo territorio también hay diferencias. Hay algunos sacerdotes, sobre todo los que trabajan en secciones, que en el pasado y también en las circunstancias actuales, deben conseguir los medios necesarios para el ejercicio de su apostolado. Hoy en la Legión y el Movimiento todos los presupuestos tienen ingresos por donativos y por la organización de actividades de recaudación de fondos. Es lógico y comprensible que los donativos que consiguen los usen para este fin, pero siempre en dependencia del superior y según el presupuesto aprobado.

La pobreza de la Iglesia y también las circunstancias actuales nos obligan a esta forma de organización económica. Es parte de la pobreza real que a todos nos cuesta.

 

Gastos y espíritu de ahorro

El espíritu de pobreza se expresa también en el cuidado de las cosas por apreciarlas como dones de Dios, y en muchas ocasiones, también fruto de la generosidad de bienhechores. Quien es pobre no se permite dañar, desperdiciar o maltratar lo que tiene, ni se muestra indiferente ante los gastos que su vida necesariamente genera en comida, energía, viajes, vestido, etc. (cf. CCG2014 229), como si sólo el superior o la congregación debiesen preocuparse de las facturas (cf. CCG2014 230-231). Lo mismo se puede decir del espíritu de ahorro.  Consideremos cuánto se puede ahorrar en una comunidad, en una obra de apostolado, en un territorio o en toda la Legión, si sumamos los pequeños ahorros que cada uno pueda hacer en su vida personal, en la comunidad o en el apostolado. Ahorrar puede también significar aprovechar al máximo lo que tenemos como son los estudios, ropa, libros, etc.

Los superiores, pero también cada religioso, puede preguntarse, además, por aspectos de nuestra vida que implican gastos elevados o constantes, como por ejemplo: los viajes internacionales, las comidas innecesarias en restaurantes, la adquisición y el uso de ciertos aparatos electrónicos, el uso descuidado del teléfono celular sin considerar las tarifas o recargos, etc. Quien es auténticamente pobre es siempre consciente de los costos y gastos que genera. Cada uno podría preguntarse cuando busca algo para sí mismo, cuántas personas en el mundo podría tener esto que yo quiero.

Un campo donde la posibilidad de ahorro es considerable es la salud. Sin entrar en detalles les pido que nos hagamos responsables de nuestra propia salud, un bien importante para la misión, que debemos cuidar. Los gastos asociados al descuido de la salud pueden llegar a ser muy elevados.

 

Obras e iniciativas apostólicas

Más compleja es la problemática cuando nos referimos a las obras, los apostolados, los proyectos e iniciativas apostólicas que, de acuerdo con los criterios establecidos en las Constituciones, deberían ser sustentables dentro de unos márgenes prudenciales según las circunstancias (cf. CLC 229). Aquí habría mucho que decir al respecto, sobre todo, pienso en los directores y administradores de obras que deben proceder con austeridad evangélica y eficacia. En las obras e instituciones con mayores flujos financieros es más amplia la responsabilidad, así como las posibilidades de ahorro.

 

Búsqueda de fondos 

Quisiera mencionar que parte de nuestra pobreza religiosa es también, según las circunstancias de cada uno, la búsqueda de donativos (cf. CG2014 253-255). Recordemos lo que establecen las Constituciones: «La Congregación proporcione a sus miembros los medios necesarios para su vida, formación y apostolado. No obstante, todos, superiores y súbditos, siéntanse corresponsables del sustento de las comunidades y del desarrollo de la Legión y del Movimiento Regnum Christi» (CLC 24).

Esta tarea de buscar fondos para cubrir las necesidades de las comunidades o de los apostolados requiere humildad, perseverancia y siempre un esfuerzo notable. Ustedes lo experimentan y constatan cada día. Como religiosos consagrados a la misión nos corresponde buscar los medios materiales necesarios y esto se concreta, en muchos casos, en el trato con bienhechores o la búsqueda de otros modos de financiación. Casi necesariamente esta tarea es parte de la vida de quien se profesa y es pobre. A la vez expresa el celo por hacer más por Jesucristo y la Iglesia, por realizar grandes obras y así poder predicar más amplia y eficazmente el Evangelio. Hay algunos legionarios en todos los territorios que han hecho con admirable celo sacerdotal este trabajo, preocupándose ante todo por el bien espiritual de las personas que nos ayudan.

Todos hemos de tomar conciencia de las necesidades económicas de la Legión tanto en general como en los territorios, casas y obras. Es esta la razón por la cual he ido haciendo, según me ha sido posible, algunas presentaciones de nuestra situación económica. Desde ahora les agradezco su colaboración y apoyo para mejorar nuestra economía y poder servir mejor a la Iglesia y a los hombres.

 

Otras aplicaciones prácticas

La casuística sobre la pobreza es amplia y no resulta fácil ofrecer un análisis exhaustivo ni criterios universalmente válidos. Quisiera aquí mencionar sólo algunos puntos.

Es necesaria una particular mención de las casas o automóviles que, en ocasiones, nos prestan algunas familias conocidas. Pienso, sobre todo, en los fines de semana de descanso en algunos países. Es verdad que estas personas generosas ponen todo a nuestra disposición, cubriendo todos los gastos. Por una parte, no debemos buscar nunca lo lujoso como criterio. Pero si en alguna ocasión estamos en algún lugar lujoso que nos prestan, hemos de ser ponderados y discretos, conscientes de que aún ahí debemos dar testimonio de pobreza y austeridad ante las personas que están en la casa, y también ante las personas que se pueden escandalizar si compartimos algunas fotografías fuera de contexto. Sin entrar en descripciones y casuística, simplemente extiendo una invitación a reflexionar –tanto en comunidad como personalmente– sobre estos aspectos de nuestra vida y el buen uso de los bienes y las formas y lugares de descanso que podemos tener.

El bien de una comunidad depende de todos sus miembros. Algunas comunidades cuentan con algo de ayuda para el servicio doméstico, otras no lo tienen. En las dos circunstancias nos corresponde a todos algo de colaboración activa en la limpieza y en el servicio a la comunidad. Por caridad, por espíritu de responsabilidad personal y por pobreza debemos ayudar todos con nuestro trabajo, tiempo y esfuerzo (cf. CCG2014 233-234).

Para el religioso una manifestación práctica concreta de la pobreza consiste en recibir lo que se necesita para la vida personal del superior. O si es el caso, recibir un permiso para comprarlo. Aunque sean cosas necesarias es un modo de ejercitar la conciencia de ser pobre, de no poseer recursos personales.

Otro campo importante es el de los aparatos electrónicos que usamos en nuestro trabajo. Más que normas detalladas que habría que actualizar permanentemente, se requiere que cada legionario tenga una conciencia rectamente formada según un sentido profundamente asimilado de la vida religiosa pobre. Y que, aunque justificado su uso por razones válidas, ponderemos si la comunidad está en condiciones económicas de hacer frente a los costos correspondientes. En este sentido se ha de valorar no sólo lo conveniente sino también lo posible.

En estos elementos prácticos de la pobreza, recuerdo con cariño y aplico en ocasiones lo que afirmaban las Constituciones de 1994: «Alégrense cuando experimenten los efectos de la pobreza, sabiendo que nunca ha de faltarles la providencia de Dios, conforme a la promesa de Cristo» (CLC1994 273).

Termino con una invitación a que cada legionario haga de la vivencia de este voto un camino de mayor amor a Jesucristo e identificación con Él, de mayor libertad interior y una fuente de testimonio elocuente y creíble.

Pidiéndoles sus oraciones y asegurándoles las mías, me confirmo suyo afmo. en Jesucristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

 

Con un recuerdo en mis oraciones,

Reunión para revisar el borrador de la Ratio Institutionis

11 de julio de 2016. La Comisión para la Ratio Institutionis ha convocado a un grupo de legionarios para unas jornadas de trabajo sobre el borrador que ha preparado. La finalidad es recibir retroalimentación que ilumine el trabajo realizado hasta ahora. En los últimos meses se han recibido ya aportaciones del grupo conformado por más de 40 consultores. Entre ellos hay legionarios, otros miembros del Regnum Christi y expertos de otras realidades eclesiales, además del asistente pontificio.

Antes de empezar los trabajos se tuvo una concelebración en la Basílica de San Pedro en el altar de San Juan Pablo II. El fruto de estas jornadas se confió así a la intercesión de este santo que escribió las exhortaciones apostólicas Pastores Dabo Vobis y Vita ConsecrataEstos documentos, junto con la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, han servido de guía para el trabajo de la Comisión.

La Ratio Institutionis de un instituto de vida consagrada es «un proyecto formativo inspirado en la carisma institucional, en el cual se presenta de manera clara y dinámica al camino que ha de seguirse para asimilar plenamente la espiritualidad del propio instituto» (Vita Consecrata 68). Es la concreción práctica y operativa de las Constituciones en lo que atañe a la formación de los propios miembros como hombres consagrados a Cristo en la Iglesia.

Preside las reuniones el P. Eduardo Robles-Gil junto con sus consejeros: PP. Juan José Arrieta, Sylvester Heereman, Jesús Villagrasa y Juan Sabadell. También están los miembros de la comisión para la Ratio: PP. Carlos Villalba, Florencio Sánchez, José Oyarzún, Ignacio Sarre, Juan Carlos Ortega, David Abad y John Bartunek. Además han sido convocados los PP.  Gerardo Flores,  Jesús Cardier, Alberto Simán, Benjamín Clariond, Kevin Meehan, David Daly, José Luis Richard, Chrstopher Brackett, Luis Garza, Jorge Fernández, Andreas Kramarz, José Alberto de la Garza y Enrique Tapia.

Se ha buscado convocar para las reuniones a legionarios que están involucrados, en la formación de legionarios en las distintas etapas actualmente o en un pasado reciente: instructores de novicios; rectores de humanidades, filosofía y teología; profesores; directores espirituales; superiores de casas de apostolado.

El resultado de los trabajos de estos días servirán a la Comisión para elaborar el borrador que presentarán para la aprobación del Director general ad experimentum según el mandato dado por el Capítulo General (CCG 2014, n. 152).

En una carta del 19 de enero de 2015 (Prot. S.G. 103-2015/11) el Secretario general, por indicación del Director general, compartió con todos los miembros de la congregación el Proyecto para la elaboración de la Ratio Institutionis, en el que se incluye la lista de los asesores internos y externos que han ido ofreciendo retroalimentación al trabajo realizado hasta ahora.

Parroquias confiadas a la Legión y el RC en Europa: jornadas de reflexión

Los días 20 y 21 de junio se tienen en Roma unas jornadas de reflexión sobre las parroquias confiadas a la Legión de Cristo y al Regnum Christi en Francia e Italia. El encuentro es iniciativa del departamento de pastoral de la Dirección general. Quiere ser un foro para compartir experiencias en un campo de apostolado en el que hemos incursionado no hace mucho tiempo.

Las jornadas buscan hacer una reflexión común sobre la identidad de la parroquia, su acogida al Regnum Christi y a todos los movimientos y realidades eclesiales reconocidas por la Iglesia, y la colaboración que aporta a la nueva evangelización en la Iglesia local. Se quiere también fomentar el intercambio de experiencias entre los párrocos entre sí y con las instancias territoriales y general para lograr un mayor trabajo en equipo.

La reflexión ayudará también a evidenciar la contribución del carisma del Regnum Christi a la vida parroquial, sus oportunidades y límites. El conocimiento de las necesidades y retos de una parroquia también ayudará a integrar elementos en la formación inicial de los legionarios de Cristo y miembros consagrados del Regnum Christi.

Las sesiones están siendo moderadas por el P. Manuel Álvarez Vorrath, director territorial de Italia. Participa también el director territorial de Europa Occidental y Central, P. Andreas Schöggl. Están presentes los párrocos y vicepárrocos de 6 parroquias confiadas a la Legión y al Movimiento en Italia. También representantes de las 3 de parroquias de Francia. Además participa el P. Vincent McMahon, quien fue párroco en Holanda durante más de 20 años. Viviana Limón y otras tres consagradas que colaboran en la vida parroquial participan en las jornadas.

Homilía | Clausura del Año jubilar por el 75º aniversario

El 3 de junio de 2016, Solemnidad del Sagrado Corazón, concluyó el año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación. También se clausuró en Roma la Convención Internacional del Regnum Christi. Nuestro Director general preparó la homilía que publicamos a continuación. (Lecturas: Ez 34, 11-16; Sal 22; Rm 5, 5-11; Lc 15, 3-7)

¡El Señor es mi pastor, nada me falta! Esta aclamación que hemos cantado en el Salmo responsorial expresa muy bien el significado de la Solemnidad del Sagrado Corazón que hoy celebramos. Al mismo tiempo, ilumina la clausura del año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación que iniciamos el día del Sagrado Corazón de 2015 y también el final de los trabajos de la convención internacional de los miembros de 1º y 2º grado del Regnum Christi, cuyas aportaciones nos enriquecen para continuar el camino hacia un estatuto general del Movimiento.

«Yo mismo apacentaré mis ovejas» (Ez. 34, 15)

El profeta Ezequiel nos transmite una visión que nos habla del futuro, que reaviva en el pueblo de Israel el anhelo de la venida del Mesías. Jesucristo en el Evangelio se identifica con el Buen Pastor, pero también nos habla del futuro, de ovejas que están en otro redil y que habrá un solo redil y un solo pastor…

Esta profecía se va realizando gradualmente en el tiempo, y podemos constatar la ternura y misericordia de Dios que ha venido a buscarnos a cada uno de nosotros, y a la Legión y el Movimiento en su conjunto, cuando nos hemos perdido en días de oscuridad y nubarrones (Ez), y ¡vaya que si los ha habido en nuestra historia y no podemos olvidarlos! Él ha querido dar su vida por nosotros, para reconciliarnos con el Padre.

¿No ha sido acaso este año jubilar un volver traer a la memoria la misericordia de Cristo que nos ha llamado a colaborar en la instauración de su Reino, cada uno según la propia vocación de legionario, de laico consagrado o consagrada, de hombres y mujeres seglares, casados o solteros? Para muchos de nosotros, este año ha sido una oportunidad para percibir como Cristo no tiene miedo de ir a buscarnos ahí donde nos encontramos, y de hacerlo Él personalmente, y también a través de la Iglesia, de otros miembros de la gran familia de los bautizados en Cristo.

«Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido»

Hoy concluimos este año de gracia por nuestro 75º aniversario en el que nos proponíamos sobre todo agradecer a Dios por su fidelidad y por los dones que nos concede, reavivar en nosotros el deseo de servirle a través de la oración y del apostolado, especialmente a través de la caridad y la práctica de las obras de misericordia, y también de purificar nuestra memoria, reparar por nuestros pecados y abrirnos a la gracia de la conversión personal e institucional.

Cada uno de nosotros sabe en qué medida se ha abierto a este período extraordinario que la Iglesia nos ha concedido y que hoy concluye. Quedan en nuestros corazones los dones espirituales que él ha querido regalarnos. Pero quizás lo más importante es que hayamos aprendido a contemplar el rostro de Cristo, a dejarnos encontrar por Él para obtener misericordia y a prestarnos para que Él nos envíe como testigos de su amor.

Por este motivo, yo creo que hoy el Corazón de Cristo nos dice con especial fuerza: «Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido». El protagonista de nuestra historia es Él, no nosotros. El que guía nuestros pasos es Él y lo más apropiado para nosotros es reconocer que ha hecho maravillas en nosotros y nos ha colmado de misericordia. No es por mérito nuestro, sino porque Él se gloría de mostrar su bondad y ternura con nosotros. Y su Corazón se alegra cuando acogemos los dones que nos ofrece, aunque muchas veces eso exija renuncias dolorosas a los propios puntos de vista, a nuestros preconceptos, a ciertos modos de hacer las cosas…

La alegría del Corazón de Cristo radica en que hemos podido encontrarnos con Él. Y esta alegría es también la nuestra. Pero en este sentimiento no puede haber ningún vano triunfalismo, ninguna autoexaltación de la Legión y el Regnum Christi. Este período nos ha ofrecido a nivel personal y como familia en la Iglesia la ocasión para tomar plena conciencia de nuestros límites, de nuestras debilidades, titubeos y pecados, para pedir perdón a Dios por nuestras infidelidades durante estos primeros 75 años de nuestra historia. Hoy nuevamente pedimos perdón a quienes se han visto afectados en su fe o en sus personas por nuestros errores y pedimos al Corazón de Jesús que les conceda experimentar su cercanía y la paz. Pero no podemos dejar de vibrar con la alegría interior de quien se sabe profundamente amado, de quien se sabe buscado por el Señor a pesar de ser pecadores y enemigos (Cf Rm 5, 9), que experimenta cómo Él nos carga sobre sus hombros y permite que nuestra cabeza repose en su pecho (cf Lc 15, 5).

Jesús, el Buen Pastor, quiere que sintonicemos con los sentimientos de su Corazón: ¡Alégrense conmigo! ¡Hemos sido hallados! ¡Hemos sido objeto de la misericordia!

Él me guía por el sendero justo… Tu bondad y misericordia me acompañarán todos los días de mi vida. (Sal 22)

Concluimos hoy la convención internacional de los miembros laicos del Movimiento y finalizamos nuestro año jubilar. Ahora, de algún modo, volvemos a nuestras ocupaciones habituales, pero no podemos ser los mismos. Jesús va por delante, marcando el camino… Y es necesario recomenzar desde Cristo y caminar con Él.

Por eso, y siguiendo las consignas y recomendaciones que recibimos del Capítulo General, de las asambleas generales de los miembros consagrados y también que hemos escuchado estos días de trabajo de los miembros de 1º y 2º grado, podemos y debemos acompañar a Cristo por el sendero justo, que, me parece debe incluir los siguientes puntos:

  • Buscar a Cristo y dejarnos encontrar por Él. Por el bautismo somos suyos, algunos de nosotros le hemos consagrado nuestra vida entera. Detengámonos en la oración, la contemplación de Cristo para gozar profundamente de la alegría de la intimidad con Él, de su misericordia. Que seamos hombres y mujeres que no sólo han leído sobre Cristo, sino que lo conocen y lo aman, especialmente a través de la Palabra de Dios, la oración, los sacramentos y el amor al prójimo. Que busquemos responder a su amor en el compromiso cotidiano por la santidad en la vivencia de nuestra vocación específica y modo de expresar el carisma que el Señor nos ha dado y que ha sido confirmado como auténtico por la Iglesia (cf. Lumen Gentium 12).
  • Ser testigos de su misericordia, de comunión y de reconciliación. No olvidemos nuestra historia, con sus luces y sombras, pero tampoco vivamos del pasado, con todo lo bueno y lo malo que ha habido. Demos testimonio hoy de los efectos de la misericordia que hemos encontrado en el Corazón de Cristo fomentando la comunión entre nosotros y en toda la Iglesia, el diálogo, la capacidad de acoger al otro, de perdonar y de pedir perdón. Seamos pacientes unos con otros, como Jesús lo ha sido con todos, pero no nos detengamos en el camino ni olvidemos a nadie atrás, pues el Buen Pastor no deja que se le pierda ninguna oveja. Abrámonos al futuro con esperanza dando testimonio en el mundo de la verdad del Evangelio.
  • Ser sus apóstoles y estrechos colaboradores. El Señor Jesús nos ha invitado a estar con Él y a enviarnos a predicar. Quiere que seamos sus ovejas, buenos discípulos, y a la vez, buenos pastores, misioneros. Tenemos que ver más allá de nuestras dificultades y ver las necesidades del mundo y de la Iglesia: ¿cómo podemos responder a estos desafíos? ¿Cómo podemos hacer que el mensaje de amor de Cristo resuene con fuerza, de manera creíble en los corazones de los hombres? ¿Cómo podemos prestarnos para que el Buen Pastor siga encontrando a las ovejas que se le han perdido? ¡Dejemos que el Señor nos revista con su Espíritu Santo Consolador y pidamos que nos dé sus mismos sentimientos!

Hoy termina un año de especial gracia para nuestra familia de la Legión y del Regnum Christi. Seguimos inmersos en el año jubilar de la misericordia. Pidamos al Señor por el Papa Francisco y su ministerio. Pidamos también que nos envíe buenas y santas vocaciones a la vida consagrada en el Movimiento, a la Legión. Pidamos al Corazón de Cristo que bendiga a las familias, especialmente las que pasan momentos difíciles, para que sean lugares de irradiación de su amor. Pero sobre todo, pidamos al Buen Pastor que nos haga comprender cuál es el programa que nos propone para nuestro futuro y que se resume en seis palabras: ¡Cristo Rey Nuestro! ¡Venga tu Reino!

Más fotografías de la celebración en: https://flic.kr/s/aHskBEKEMe

 

 

Fallece en Madrid el P. Alfredo Torres LC (1926-2016)

¡Venga tu Reino!

Muy queridos padres y hermanos,

Les comunico que durante la noche, a los 89 años de edad y 70 años de haber ingresado al noviciado de la Legión de Cristo, falleció el P. Alfredo Torres Villanueva LC en el Colegio Hispano Mexicano en Madrid. El P. Alfredo fue uno de los primeros en emitir sus votos en la Legión. En 1965 llegó a España, en donde reunió los primeros grupos de seglares del Regnum Christi. Les pido lo encomendemos al Sagrado Corazón para que nuestro hermano pueda gozar eternamente de su misericordia.

La dirección territorial de España comunicará oportunamente los detalles del velatorio y la misa de exequias.

¡Descanse en paz!

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Nuevo rector del teologado de Roma

1 de junio de 2016. El día de hoy inició su servicio como rector del teologado de Roma el P. Christopher Brackett, L.C. Sustituye al P. Hernán Jiménez, L.C., quien ocupó el puesto de rector desde el 11 de noviembre de 2011, primero como rector de una de las secciones del Centro de Estudios Superiores y después, con la reestructuración hecha antes del Capítulo General de 2014, como rector de la comunidad de teología.

Pedimos oraciones para el P. Christopher y el equipo de formadores, para que sean imágenes del Buen Pastor. Igualmente pedimos oraciones por el P. Hernán para su nueva misión en la Ciudad de México en la pastoral juvenil.

Vida consagrada: Radicales en la profecía

Roma. Del 25 al 27 de mayo tuvo lugar en Roma la 87ª Asamblea Semestral de la Unión de Superiores Generales en el Salesianum en Roma. El tema escogido fue: “La vida consagrada: radicales en la profecía”. Participó también nuestro director general el P. Eduardo Robles-Gil.

En el programa se combinaron las exposiciones y las reuniones por mesas de trabajos para profundizar en los temas.

El miércoles 25 de mayo Fray Saverio Cannistrà OCD propuso el tema: “¿De qué hablamos cuando hablamos de profecía en la vida consagrada?”. Por su parte, Fray Mauro Jöhri OFMCapp, presidente de la USG, habló de “Los capuchinos y la emergencia de los migrantes y refugiados”. Por la tarde presidió la eucaristía el Prefecto de la CIVCSVA, Card. Joao Braz de Aviz.

Los trabajos del jueves 26 iniciaron con las laudes y, acto seguido, la conferencia del P. Heinz Kulueke SVD con el tema: “Reformando la vida consagrada y la misión: siendo radicales en la profecía. Una lectura deconstructivista”. Por la tarde, el P. Ángel Fernández Artime SDB impartió la conferencia: “La vida consagrada: entre la ‘pobreza amable’, la necesaria gestión y la ‘tentación del poder'”. La eucaristía la presidió Fray Mauro Jöhri.

El viernes 27 presidió la eucaristía en la mañana Mons. José Rodríguez Carballo OFM, secretario de la CIVCSVA. Después, el hermano Enzo Biemmi FSF y Don Francesco Cereda SDB ofrecieron una síntesis de las reflexiones de la Asamblea. El P: David Glenday MCCJ, secretario de la USG, dio algunas informaciones sobre la vida de la Unión de Superiores Generales y sus actividades.

Oraciones por la Convención internacional RC

Nuestro director general ha enviado una mensaje a todos los legionarios para pedir oraciones por la Convención internacional del Regnum Christi que se puede seguir en el sitio rcstatutes.org

¡Venga tu Reino!

Muy estimados en Cristo,

Les saludo con afecto y gratitud en este día en que en muchos países celebramos el Corpus Christi.

Mañana inicia en Roma la convención internacional de los miembros de 1º y 2º grado del Regnum Christi. Les pido sus oraciones para que Cristo se haga muy presente y nos ayude a renovar nuestro amor a él y a la obra que ha puesto en nuestras manos. Pidámosle también que, como a los apóstoles reunidos en Pentecostés en torno a María, salgamos de la convención con el corazón encendido para ser testigos de su amor en todo el mundo.

Pueden seguir noticias de la convención en el sitio de internet: www.rcstatutes.org, disponible en inglés y en español. Ahí encontrarán información sobre el proceso de revisión de los Estatutos del Movimiento.

Aprovecho también para recordarles que el 3 de junio concluiremos nuestro año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación y que podemos lucrar la indulgencia plenaria jubilar de manera especial en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Con un recuerdo en mis oraciones,

P. Eduardo Robles Gil LC

El diácono recuerda e ilumina las obras de misericordia

El día de hoy, 14 de mayo, Mons. Josef Clemens, Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos, ordenó diáconos a los padres Benjamin Errington (Reino Unido), Carlos Zanatta (México), Esteban Rodríguez (Argentina), Juan Andrés Lander (Venezuela), Lucio Boccacci (Argentina) y Michael O’Connor (Estados Unidos) en la capilla del Centro de estudios superiores de Roma. El Director general, P. Eduardo Robles-Gil, los presentó al obispo ordenante.

A la celebración eucarística asistió un gran número de sacerdotes legionarios y algunos sacerdotes diocesanos y religiosos, los hermanos de las comunidades de Roma, las consagradas del Regnum Christi y los laicos consagrados que viven en Roma, así como familiares y amigos de los nuevos diáconos, y algunos miembros del Regnum Christi de Italia.

En la homilía, Mons. Clemens usó la imagen del cuadro «las obras de misericordia corporales» del pintor italiano Caravaggio para resaltar que: «Podemos encontrar, en esta representación artística, un fuerte mensaje dirigido a ustedes que serán ordenados diáconos en este particular Año de la Misericordia. Ser decididos faros de misericordia y, al mismo tiempo, humildes operadores en su realización», dijo.

También comentó: «Queridos hermanos, la actitud de misericordia no es una exigencia teórica o abstracta, sino que se realiza de modo concreto y directo. Dios mismo vino al mundo en Jesucristo y apareció en su bondad y amor hacia todos los hombres. El documento de la Comisión Teológica Internacional (2003) presenta al diácono como el «icona vivens Christi servi in Ecclesia», es decir, el icono viviente de Cristo-Siervo en la Iglesia. Según esta visión, el diácono está llamado a reflejar, a hacer visible y a vivificar la diaconía de Cristo en el tiempo de la Iglesia. En este sentido está encendida la antorcha del diácono de Caravaggio a la llama del amor de Cristo, que es conjuntamente el Kyrios y el diákonos de todos nosotros».

Y finalmente dijo: «Pidamos en esta celebración que la Mater Misericordiae proteja y acompañe a nuestros nuevos diáconos en la obra de la «Diaconia misericordiae». Y no olvidemos que esta diaconía de la misericordia debe permanecer una dimensión esencial y constante también después del final del año jubilar y también después de vuestra ordenación sacerdotal. Mater Misericordiae, ora pro nobis. Amén».

Se puede leer la noticia completa y la homilía de Mons. Clemens aquí.