Category Archives: 004- Cartas del Director General – Sección Miembros

Oraciones por la salud del Card. Velasio De Paolis, C.S.

Card. Velasio De Paolis, OFM
Card. Velasio De Paolis, CS

¡Venga tu Reino!

Muy queridos padres y hermanos,

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar al Card. Velasio De Paolis quien se encuentra hospitalizado y algo delicado de salud. Se tenía planeada una intervención quirúrgica por un tumor que le han descubierto en la cabeza hace unos meses, pero los médicos han decidido posponerla.

He encontrado al Cardenal muy sereno, y ha dicho que su vida se encuentra, como siempre, en las manos de Dios. Todos sabemos lo mucho que los miembros de la Legión y del Regnum Christi le debemos y el gran bien que ha representado para nosotros su servicio como Delegado Pontificio. Por ello, los invito a sostenerlo con nuestras oraciones y sacrificios, especialmente durante este período de cuaresma. Pidamos a la Virgen María, salud de los enfermos, que conceda al Cardenal fortaleza.

Asegurándoles un recuerdo en mis oraciones,

P. Eduardo Robles-Gil, LC

Carta del P. Eduardo por inicio de la Cuaresma 2017

El Director general envía esta carta a los legionarios de Cristo con ocasión de la cuaresma. Se hace eco del mensaje del Papa Francisco para la cuaresma y de su alocución al final de la plenaria de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica sobre la fidelidad y el abandono. Invita a todos los legionarios a disponer su corazón con la oración, el ayuno y las obras de misericordia para dejar cualquier expresión de mundanidad y así vivir intensamente el don de la Pascua.

¡Venga tu Reino!

1 de marzo de 2017

A los legionarios de Cristo

Muy estimados en Jesucristo:

En este día, Miércoles de Ceniza, iniciamos con la Iglesia la Cuaresma, camino de conversión y respuesta alegre al Espíritu Santo que nos llevará a la celebración litúrgica de la Pascua. En su sabiduría, la Iglesia nos invita a recorrer esta senda con alegre generosidad. Es esta la invitación del Santo Padre en su mensaje para esta Cuaresma:

«La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios “de todo corazón” (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar».

    Hace poco menos de un mes, el 6 de febrero, les envíe una larga carta en la que repasaba algunos de los acontecimientos que hemos vivido en los últimos tres años en la Legión, desde la celebración del Capítulo general de 2014 hasta el presente. Entre otras consignas, en esa carta les extendí una invitación a seguir buscando la santidad como respuesta amorosa al llamado que hemos recibido de Jesucristo. Sin duda, como escribía, será necesaria la colaboración de todos, y no poco tiempo, para seguir recorriendo este camino común en sus múltiples facetas, con fe y confianza en el Señor.

    No quiero ahora añadir nuevas consideraciones, sino simplemente invitarles a vivir intensamente esta Cuaresma. Para ello quisiera recordar algunas de las palabras que el Santo Padre dirigió el pasado 28 de enero a los participantes en la Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica. En ese discurso el Papa Francisco afirmaba lo siguiente:

«La vocación, como la misma fe, es un tesoro que llevamos en vasijas de barro (cf. 2Cor 4,7); por esto tenemos que cuidarla, como se cuidan las cosas más preciosas, para que nadie nos robe este tesoro, ni pierda su belleza con el pasar del tiempo. Tal cuidado es tarea en primer lugar de cada uno de nosotros, que estamos llamados a seguir a Cristo más de cerca con fe, esperanza y caridad, cultivar cada día en la oración y reforzada por una buena formación teológica y espiritual, que defienda de las modas y de la cultura de lo efímero y permite caminar firmes en la fe. Sobre este fundamento es posible practicar los consejos evangélicos y tener los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2,5). La vocación es un don que hemos recibido del Señor, el cual ha posado su mirada sobre nosotros y nos ha amado (cf. Mc 10, 21) llamándonos a seguirlo en la vida consagrada, y es al mismo tiempo una responsabilidad de quien ha recibido este don. Con la gracia del Señor, cada uno de nosotros está llamado a asumir con responsabilidad en primera persona el compromiso del propio crecimiento humano, espiritual e intelectual y, al mismo tiempo, a mantener viva la llama de la vocación. Esto conlleva que a la vez nosotros tengamos fija la mirada en el Señor, estando siempre atentos a caminar según la lógica del Evangelio y no ceder a los criterios de la mundanidad. Muchas veces las grandes infidelidades inician con pequeñas desviaciones o distracciones. También en este caso es importante hacer nuestra la exhortación de san Pablo: “Porque es ya hora de levantaros del sueño” (Rm 13,11)».

Durante la Cuaresma, estas palabras del Papa Francisco pueden ser ocasión para ofrecer a Jesucristo la decisión de seguir creciendo en responsabilidad y fidelidad y sacarnos de la rutina, a través de algún pequeño compromiso personal y comunitario que nos ayude a «caminar según la lógica del Evangelio y no ceder a los criterios de la mundanidad». Se trata de un esfuerzo positivo por vivir según la Buena Nueva, pero también de un recorrido ascético para excluir libremente lo que, con frecuencia, el Papa llama la mundanidad. Bien sabemos que la gran fidelidad está hecha de muchos pequeños actos de generosidad y amor. Recordamos también, como afirma el Santo Padre, que «muchas veces las grandes infidelidades inician con pequeñas desviaciones y distracciones».

Expresión de la mundanidad en la vida religiosa pueden ser, precisamente, las pequeñas desviaciones y distracciones. En ellas caemos tal vez sin malicia, casi sin darnos cuenta. No obstante, pueden llegar a ser la puerta por la que el Enemigo y el mundo van entrando progresivamente en nuestra mente y corazón. Por eso, parte del camino cuaresmal pasa también por un examen personal más atento, de modo que cobremos conciencia de estas desviaciones y distracciones, pudiendo así convertirnos, es decir, rectificar la ruta movidos por amor a Dios, con el deseo de correr hacia la meta, que es la mayor unión con Él.

El ayuno, más allá de su expresión tradicional, siempre válida, es también alejarnos del espíritu mundano que se puede introducir en nuestros deseos e intenciones, en el modo de vivir los consejos evangélicos que hemos profesado, así como también en aspectos más externos de la vida consagrada, como pueden ser: el uso desmedido de los medios a nuestra disposición, el vestido, las formas de descanso, el uso del tiempo, el modo de exigir que se resuelvan nuestras necesidades, etc.

Los invito a que en esta Cuaresma, cada uno, personalmente y también en una reflexión comunitaria, trate de determinar cómo llevar a la práctica, en algún aspecto específico, la exhortación que nos hace el Santo Padre a cuidar nuestra vocación y excluir la mundanidad que nos aleja del camino hacia la santidad. La invitación a hacer también una vivencia comunitaria de la Cuaresma debe ayudarnos a descubrir algo que en común podemos renovar y purificar, y de esa manera llegar a la Pascua como comunidad renovada en algún aspecto.

En su mensaje para la Cuaresma, el Papa nos ofrece otra sugerencia al comentar la parábola del pobre Lázaro y el hombre rico: «La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido». Y luego concluye con esta invitación: «la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador– nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados».

Ojalá que, con la ayuda de la gracia, esta Cuaresma sea para cada uno de nosotros, y para cada comunidad, ocasión de estar más cerca de Dios con un corazón renovado y con un celo apostólico vivido, sobre todo, a través del ejercicio de nuestros apostolados específicos en la misión que cada uno tiene encomendada. Es esta mi oración a la que les pido se unan con las suyas. Espero que así, encomendándonos mutuamente, el Señor se digne bendecirnos y fecunde nuestros esfuerzos de conversión.

De ustedes afectísimo en Jesucristo,

P.  Eduardo Robles-Gil, L.C.

Buscando poner en práctica las consignas del Capítulo General

El P. Eduardo Robles-Gil envía esta carta en el tercer aniversario del inicio de su servicio como Director General para reflexionar sobre el camino recorrido de 2014 a 2017, informar sobre el cumplimiento de las consignas recibidas por el Capítulo General Extraordinario de 2014, e invitar a todos a sumarse a la tarea de la renovación de la vida religiosa y apostólica en la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi. La carta tiene un anexo con las indicaciones del Capítulo General y lo que se ha hecho para atender cada una de ellas. Al final del texto se ofrecen dos infografías sobre el contenido de esta carta.

¡Venga tu Reino!

6 de febrero de 2017

A los legionarios de Cristo

Muy queridos padres y hermanos:

El día de hoy celebramos un aniversario más del Decretum Laudis. En esta fiesta agradecemos la acción de Dios a través de la Iglesia y aceptamos la invitación a vivir y avanzar «al paso de la Iglesia», de la que formamos parte. Este pilar de la espiritualidad de la Legión, que se manifiesta en nuestra adhesión filial al Sucesor de Pedro (cf. CLC 14, 2º), es un modo de corresponder al amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

Hoy se cumplen también tres años del momento en que, por la mediación del Capítulo General Extraordinario y la confirmación de la elección concedida por el Santo Padre, Dios nuestro Señor me confió la misión de ser el Director General de nuestra familia religiosa. Quiero, por este motivo, escribir a todos para agradecerles su entrega diaria a la misión confiada y también sus oraciones y el apoyo que nos han brindado a mí, a los miembros del Consejo General y a mis colaboradores más cercanos a lo largo de estos tres años. Igualmente, quiero agradecer a la Directora General de las Consagradas y al Responsable General de los Laicos Consagrados y sus equipos por su apoyo y compañía estos tres años.

El 15 de julio de 2014 les escribí una carta en la que les referí los tres aspectos principales que habían inspirado la acción del Gobierno General en esos primeros meses: asegurar un gobierno estable y que funcionara, tanto a nivel general como territorial; seguir el paso que la Iglesia iba marcando para la Legión y el Regnum Christi; impulsar y hacer vida la renovación pedida por el Capítulo General. A lo largo de estos años les he estado participando, a través de cartas, conferencias y encuentros personales, y también con el Boletín semestral de la Dirección General y el del Comité Directivo General del Regnum Christi, la situación de la Legión y el Movimiento y las acciones que hemos emprendido.

Anexo: Informe sobre el cumplimiento de los encargos recibidos por el Capítulo General de 2014 y su estatus después de 3 años

El día de hoy quiero compartirles algunas reflexiones sobre el camino recorrido y lo que tenemos por delante en los próximos tres años. Además, como anexo, les incluyo un informe sobre el cumplimiento de los encargos recibidos por el Capítulo General de 2014. Algunos encargos ya se han cumplido, otros están en proceso o no hemos podido afrontarlos todavía. Aunque haré alguna mención a todo el Movimiento Regnum Christi, quiero centrar mi atención en la Legión. Comparto esta información con la esperanza de ayudarles a todos y cada uno a sumarse, desde su misión actual, a la tarea de fortalecer con generosidad, fidelidad y valentía la vida religiosa y apostólica en la Legión. A esta tarea debemos dedicarnos con confianza en la acción del Espíritu y con mucha humildad, bien conscientes de nuestros límites.

 

Quisiera centrar la reflexión en torno a tres grandes retos que, de algún modo, agrupan las tareas que nos dejó el Capítulo General de 2014:

  1. La renovación espiritual y apostólica de la Legión.
  2. La estabilidad institucional de la Congregación de cara a sus miembros y a sus estructuras.
  3. Lograr un Gobierno General consistente, participativo, descentralizado, solidario, que fomenta la comunión y la reconciliación.

1. La renovación espiritual y apostólica de la Legión

Agradecimiento a la Iglesia

Tenemos que agradecer a la Iglesia por la ayuda que nos dio durante el período en que nos acompañó el Delegado Pontificio. En esos años pudimos redescubrir y apreciar la riqueza del carisma que el Señor nos ha regalado para bien de la Iglesia, y también reconocer y empezar a corregir algunos aspectos de nuestro estilo de vida que necesitaban una purificación y una adecuación al magisterio eclesial sobre la vida religiosa. Durante ese período se ha sembrado mucho, como podemos ver en los comunicados del Capítulo General y en la Antología de textos del Delegado Pontificio y de sus Consejeros, publicado por la Secretaría General en 2015. Hoy contamos con el apoyo del P. Gianfranco Ghirlanda, S.J., como Asistente Pontificio, quien nos ha acompañado en muchas de nuestras reuniones de Consejo y nos ha dado orientaciones prudentes y valiosas para el ejercicio del servicio de la autoridad y para la renovación de nuestra vida religiosa.

Aprobación de las Constituciones

Sabemos que «el Espíritu da a la jerarquía de la Iglesia, la capacidad de discernir los carismas auténticos, para recibirlos con alegría y gratitud, para promoverlos con generosidad y acompañarlos con paterna vigilancia» (Iuvenescit Ecclesia, 8; cf. Lumen Gentium, 12). Por ello, la aprobación de las Constituciones por parte de la Santa Sede el 16 de octubre de 2014 nos ha dado nueva seguridad y confianza para seguir nuestro camino aprendiendo de los errores del pasado, buscando poner los medios para que éstos no se repitan, tratando de reparar el daño causado y, al mismo tiempo, conservando y fomentando todo lo positivo que se ha vivido y realizado estos años. Nos corresponde a nosotros acoger la gracia y dar frutos de santidad y apostolado como respuesta de amor.

Actitudes ante el proceso de renovación

El proceso de renovación no ha sido fácil. Hemos encontrado una colaboración leal y mucha buena voluntad en la mayoría de los legionarios, aunque también cierta inercia y cansancio. No han faltado tampoco algunas resistencias y añoranzas del pasado o de ciertas formas exteriores que, si bien en algunos casos pueden ser importantes, no son esenciales a lo que somos. En algunos también se ha sentido una cierta impaciencia ante cambios que no se dan tan rápido como quisieran. Es comprensible que se den estas posturas, que yo mismo experimento en ocasiones, en uno y otro sentido. Es siempre necesario discernir estas mociones interiores, para que en todo momento prevalezca la caridad: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.

Cada legionario está llamado a amar su vocación y a la Legión como un medio que Dios le ofrece para vivir su vocación religiosa y sacerdotal (cf. CLC, 16). Es signo de vitalidad que haya resistencias ante lo que puede ser percibido como excesos, ya sea de lo que algunos consideran relajación, pereza o mundanidad, o también de lo que algunos llaman rigidez, mantener el status quo, o indiferencia ante el proceso que hemos emprendido llenos de fe y confianza en Dios. Debemos ir todos al paso de la Iglesia, también cuando se pudiera dar el caso de que lo que la Iglesia pide sea diferente a los puntos de vista personales. Me parece crucial que tomemos conciencia de este fenómeno para afrontarlo con actitud evangélica y llevar a buen puerto la renovación que estamos realizando juntos. Les sugiero a todos hacer una lectura orante del discurso que el Papa Francisco dio a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2016.

Encarnar el carisma hoy: discernimiento y docilidad al Espíritu Santo

El Santo Padre suele repetir a los religiosos que un carisma no es una frase, ni un objeto muerto para admirar en un museo, sino un don que se encarna en la historia y que va encontrando expresiones adecuadas a los tiempos y lugares. Hay que dejar que salga toda la fuerza espiritual que un carisma lleva consigo para bien del mundo y de los hombres (cf. Discurso a los participantes del Capítulo General de los Padres de Schoenstatt, 3 de septiembre de 2015).

Por ello, para conservar el espíritu de la Legión y el Movimiento y mantener su vitalidad, hay que saber adaptar nuestras formas exteriores a los cambios y vicisitudes de las distintas épocas. Hay aspectos que tienen que cambiar y otros que son inmutables, en cuanto son inseparables del espíritu de la Legión y del Regnum Christi. A este respecto, me han iluminado unos textos del Beato María Eugenio del Niño Jesús, O.C.D., que me compartió un legionario y que se recogen en el libro Quiero ver a Dios:

«Santa Teresa no pudo hacer revivir el espíritu primitivo del Carmelo en el siglo XVI más que creando una forma de vida eremítica adaptada a las costumbres y necesidades de su tiempo. […] De este modo, restablece santa Teresa el silencio del desierto en sus monasterios, pero se viste de sayal y establece la clausura, mientras que el profeta [Elías] se vestía de pieles de animales y andaba de acá para allá» (p. 106).

Si buscáramos ser fieles a la tradición y a lo que «siempre se ha hecho así», indiferenciadamente en todos los aspectos de nuestra vida religiosa, correríamos el riesgo de paralizar el espíritu de la Legión e impedir su adaptación y expansión para bien de la Iglesia y de los hombres. Haciendo esto, perderíamos en la práctica lo que deseamos conservar con tanto afán.

En el mismo escrito, continúa el autor:

«Distinguir entre las formas exteriores que hay que conservar y las que tienen que desaparecer en una época determinada no incumbe más al fervor inexperto que a la rutina perezosa que constantemente tiende a minimizar el esfuerzo; no se trata de un derecho de la autoridad del superior, que tiene el cargo de conservar más que el de modificar; es privilegio de la santidad, la [única] capaz de vaciar en el molde de modo vivo y auténtico el espíritu cuya plenitud posee» (p. 106).

Este discernimiento no siempre es fácil. El Espíritu Santo nos asiste con el don de consejo para que vivamos en permanente actitud de conversión personal e institucional. Nuestro gobierno tiene el encargo de producir muchos documentos, pero no darán el fruto esperado si no buscamos conocerlos, si no dejamos que nos interpelen, si no los hacemos propios, y si no buscamos ponerlos en práctica con decisión.

Superar una visión de corto plazo y sembrar para el futuro

Al mismo tiempo, a nivel general, en los territorios y en las localidades, hemos de continuar fomentando una actitud que ve más allá del corto plazo y siembra para el futuro, dedicando lo mejor de nuestro tiempo a la formación y acompañamiento personal de nuestros hermanos y de los demás miembros del Movimiento, sembrando la semilla del Regnum Christi en el campo de la Iglesia. Esto no es tarea exclusiva de los superiores y de quienes tienen puestos directivos en el Movimiento. Cada miembro de la familia ha de considerarse responsable de los hermanos que Dios le ha dado y de toda la Congregación (cf. CCG 2014, 59-63).

La renovación apostólica

Por lo que ve a la renovación apostólica, el Marco para la colaboración en la misión y el mismo proceso de revisión del Estatuto General del Regnum Christi nos están dando ocasión para profundizar en nuestra vocación y misión, y para enriquecernos de lo que los demás miembros del Movimiento tienen que decirnos. Hemos ido aprendiendo también, a veces cometiendo errores, a armonizar lo que corresponde a la Dirección General y a los territorios, lo que tiene que ver con la autonomía propia de las ramas consagradas (la Legión incluida) y la contribución de todos a la misión común.

Revitalizar las secciones y obras

Al mismo tiempo, percibimos iniciativas que están revitalizando las secciones y obras del Movimiento en muchos lugares. El impulso dado por el Papa Francisco a las obras de misericordia y a la atención a los más desfavorecidos, va arraigando poco a poco y dando pie a iniciativas personales y comunitarias para salir al encuentro de los miembros dolientes del Cuerpo de Cristo. Queda aún mucho por hacer, y por eso queremos renovar el compromiso de prestarnos a que el Espíritu Santo pueda valerse de nosotros para invitar a más personas de cualquier estado y condición a trabajar en la viña del Señor y llegar así a la plenitud de su vocación en Cristo.

Hacer la experiencia del Regnum Christi

Recientemente hemos podido destinar, considerándolo una prioridad, a más legionarios a colaborar en secciones de jóvenes y del ECYD, así como en la pastoral universitaria y de colegios. Confiamos en que esto les permitirá hacer una experiencia en primera persona de los apostolados que brotan de nuestra misión específica y de la vitalidad del Regnum Christi y de sus miembros. Creemos que este esfuerzo redundará en un beneficio para los legionarios, especialmente los que se encuentran en formación, para las secciones y los miembros del Movimiento y para la iglesia local en donde desarrollamos nuestro apostolado.

Crecer en la comunión

En este camino de renovación nos hemos propuesto seguir fortaleciendo la comunión con los demás miembros del Movimiento y entre nosotros, como signo inequívoco de nuestra pertenencia a Cristo. Para ayudar a encontrar expresiones de esta comunión, que es en sí misma un apostolado por el testimonio de la novedad de vida en Cristo, escribí una carta a los miembros de los Comités Territoriales del Regnum Christi sobre este tema en abril de 2016. En ella ofrecí algunas orientaciones para seguir profundizando en este camino y encontrando maneras de encarnar prácticamente la comunión en todos los niveles, al interno de nuestras comunidades, y de manera especial en la localidad, que es el ambiente natural para trabajar apostólicamente y evangelizar como un solo Movimiento.

El apostolado en parroquias

Durante estos tres años hemos ido asumiendo parroquias en algunos territorios (cf. CLC, 5), aprendiendo a desarrollar en ellas nuestra vocación y misión, adquiriendo así una presencia institucional clara en iglesias locales en donde no tenemos otras instituciones. Si bien la Legión cuenta con experiencia de varias décadas de este ministerio en la Prelatura de Cancún-Chetumal, el contexto eclesial de los lugares en donde hemos asumido este compromiso nos enriquece, nos ayuda a encontrar nuevos caminos para realizar el carisma del Regnum Christi, y también nos proporciona orientaciones válidas para la formación inicial y permanente de nuestros religiosos.

Año jubilar por los 75 años de la fundación

Desde la Solemnidad del Sagrado Corazón de 2015 hasta la del año 2016 hemos vivido un año jubilar especial por el 75º aniversario de nuestra fundación. Ha sido una celebración llena de gratitud y de sobria alegría por el don de nuestra existencia en la Iglesia y de la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, tanto en nuestro camino de purificación, como por querer valerse de nosotros para llegar a los corazones de tantas personas y acercarlas al Corazón de Cristo.

En este contexto, se tuvo en Roma y en algunos territorios, la exposición histórica de la Legión y del Regnum Christi a la luz de documentos del Archivo Histórico General. La exposición nos dio pie para poder afrontar la realidad de nuestra historia, con sus luces y sus sombras, y dialogar sobre ella. Ha sido, a la vez, una oportunidad para continuar con la clasificación del material histórico del que disponemos, con el fin poder hacerlo accesible en el futuro a especialistas que quieran hacer estudios científicos sobre nuestra historia.

La renovación se puede dar si somos hombres de Dios

El contacto con muchos legionarios, miembros del Movimiento y seglares, así como lo que he ido constatando de primera mano, me ha hecho estar más convencido que nunca de que la verdadera renovación de la Legión sólo se puede dar en la medida en que crecemos en nuestra identificación con Cristo, cuando buscamos la santidad, cuando somos hombres de Dios, es decir, cuando dejamos que el Espíritu Santo realice su obra en nosotros y la secundamos generosamente. Por este motivo he escrito algunas cartas temáticas orientadas a este fin: sobre la unidad en la vida de oración y de acción, sobre la formalidad, sobre el discernimiento, sobre la conversión, sobre la pobreza, sobre la disponibilidad para la misión, sobre las obras de misericordia en la vida comunitaria, sobre la comunión en el Regnum Christi y sobre la identidad del sacerdote religioso, entre otras. Quisiera que las orientaciones que hay en ellas puedan suscitar un deseo personal y comunitario para crecer en el amor al Señor[1].

2. La estabilidad institucional de cara a sus miembros y a sus estructuras

El segundo gran elemento de nuestro programa de trabajo para este sexenio tiene que ver con la estabilidad institucional de la Legión, en primer lugar, de cara a sus miembros y, en segundo, respecto a sus estructuras.

2.1 De cara a sus miembros

Elaboración de la Ratio Institutionis

Uno de los grandes proyectos ha sido la elaboración de la Ratio Institutionis, que guiará la formación del legionario a lo largo de su vida. Hace unas semanas la Comisión que constituí el 10 de junio de 2014 (cf. Prot. D.G. 562-2014) entregó el borrador del documento para su revisión y aprobación. Ha sido un trabajo arduo, en el que han participado consultores internos y externos, y en el que se ha tenido en cuenta también el contenido de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, promulgada por la Congregación para el Clero el 8 de diciembre pasado. Espero que puedan recibir en los próximos meses el texto de este código secundario aprobado ad experimentum y que deberá guiar la formación inicial y permanente de los legionarios de hoy y de mañana.

Comisión de liturgia y vida espiritual

El 25 de noviembre de 2014 constituí la Comisión de liturgia y vida espiritual y decreté unas modificaciones a ciertas prácticas de piedad (cf. Prot. D.G. 1017-2014). La Comisión tenía como tarea la actualización del Instructivo de liturgia, del Ritual de la Congregación y del Manual de Oraciones. En diciembre de 2016 se aprobó la Guía de liturgia, que sustituirá al Instructivo de liturgia; en estos días aprobaremos, con el favor de Dios, el nuevo Ritual y próximamente nos entregarán una propuesta del Manual de oraciones actualizado. Esperamos promulgar juntos estos documentos en torno al verano.

Capacitación de superiores, formadores y directores espirituales

El Capítulo General nos insistió en la necesidad de dar una adecuada capacitación a los superiores locales y a los directores espirituales. Hemos ofrecido dos cursos durante 2016 para la formación específica de quienes desempeñan la misión de superior y hemos alentado a los territorios en su esfuerzo por renovar los cuadros de superiores. En algunos casos contados se ha procedido a nombrar superior por un tercer período consecutivo a algunos hermanos nuestros. Nuestras Constituciones permiten esto por vía excepcional y estamos reflexionando sobre el mejor modo para que se mantenga efectivamente el carácter de excepción.

En estos tres años hemos ofrecido diversas actividades de capacitación para directores espirituales y formadores, especialmente en Roma, ya sea trayendo conferencistas a dar cursos, ya con su participación en instituciones para la formación sacerdotal y religiosa en diversas universidades pontificias. También se han tenido reuniones para valorar las dinámicas formativas de los noviciados pequeños y sesiones para discernir las modalidades para impartir la formación humanística a nuestros religiosos.

Acompañamiento a religiosos en prácticas y sacerdotes al inicio del ministerio

En algunos territorios han surgido iniciativas para potenciar el acompañamiento a los hermanos en prácticas apostólicas y a los sacerdotes en los primeros años de su ministerio. En general, es importante que sigamos fomentando la cercanía entre los miembros de la comunidad y el superior, que va más allá del trato cotidiano y se da en un clima de confianza.

Cuidado de los ancianos y enfermos

También empezamos a tener más miembros en edad avanzada o con problemas de salud que merecen una atención digna a sus necesidades y al afecto y gratitud de todos nosotros. Queda un largo camino por recorrer y mucha experiencia que adquirir en este campo. Hemos pedido a los Directores Territoriales que busquen las expresiones concretas para manifestar a todos nuestra fraternidad en Cristo y en la Legión, así como nuestra responsabilidad por el bien integral de cada legionario, particularmente en el caso de los mayores y los enfermos.

Renovación de los centros vocacionales

Hemos iniciado, especialmente desde octubre de 2015, un esfuerzo por renovar nuestros centros vocacionales, tal y como nos pedía el Capítulo General haciendo eco de los documentos oficiales de la Iglesia. La Legión sigue creyendo que los centros vocacionales son un medio válido y especialmente fecundo para ayudar a los adolescentes a discernir un posible llamado a la vida religiosa y al sacerdocio. Como Director General, creo que debemos mantenerlos y sostenerlos en aquellos lugares en donde los tenemos. Al mismo tiempo, estoy convencido de que la cultura y el ambiente de los jóvenes han ido cambiando y que es necesario hacer ajustes graduales a nuestro sistema formativo. También enfrentamos el problema de la disminución del número de hermanos en prácticas apostólicas. Eso nos exige creatividad y un serio discernimiento para admitir solamente a aquellos alumnos a quienes responsablemente podemos dar la atención que merecen con un personal limitado. Para ayudar a esto, el 6 de junio de 2016 he publicado una serie de disposiciones (cf. Prot. DG-LC 1483-2016) que han de ir implementándose gradualmente, en un plazo no muy largo de tiempo, en todos nuestros centros vocacionales, de manera adecuada al contexto cultural.

Mejorar la calidad de la vida comunitaria

Hemos querido mejorar la calidad de la vida comunitaria. Por un lado, hemos llevado a cabo una reorganización del Centro de Estudios Superiores que ha dado resultados aceptables, aunque todavía haya campo para mejorar. La retroalimentación que nos han ofrecido los neosacerdotes al final de su etapa de formación nos da luz para hacer mejoras en la comunidad formativa. Por otro, el Reglamento para las casas de apostolado y los proyectos comunitarios han ayudado a una mejoría en la vida fraterna de muchas comunidades.

Durante estos tres años hemos consolidado nuestra presencia en varios lugares (cf. carta del 25 de septiembre de 2015), pues hemos detectado que nos habíamos dispersado más allá de nuestros límites, movidos por el celo apostólico y con una entrega admirable de muchos hermanos nuestros. Sin quitar un ápice a la pasión de amor por la instauración del Reino de Cristo, creemos que una vida comunitaria sana y vibrante es, en sí misma, un modo de evangelizar y una fuente de inspiración, energía y apoyo mutuo que favorece el desarrollo de nuestra misión y servicio a la Iglesia y a las personas. Esto, naturalmente, ha implicado también la toma de decisiones dolorosas, como suprimir la presencia estable de una comunidad legionaria en alguna localidad, o cerrar algunas obras de apostolado.

Dificultades para cubrir ciertos puestos

En este sentido, experimentamos la dificultad de encontrar personal para puestos de gobierno (Directores Territoriales, Consejeros Territoriales, Secretarios Territoriales y Administradores Territoriales) y para puestos de formadores en Roma y en los centros vocacionales. Comprendo que todos queramos dedicarnos al trabajo pastoral directo con las almas, pero también es necesario dedicar personal al gobierno y a la formación, aunque muchas veces esto represente un sacrificio. Agradezco especialmente a quienes están ofreciendo algunos años de su vida sacerdotal para ofrecer este servicio, tan necesario para que el cuerpo funcione.

Ambientes seguros y protección de menores

En estos años hemos continuado nuestro compromiso por ofrecer ambientes seguros para niños, adolescentes y adultos vulnerables. El 2 de enero de 2015 se promulgaron los Estándares territoriales de acreditación para ambientes seguros, que dan a los territorios los elementos mínimos de trabajo en el campo de la prevención, la atención a denuncias, y de supervisión a quienes tuvieran restricciones en su ministerio. Durante el año 2017 se iniciarán las auditorías en los territorios en donde no haya agencias externas de acreditación para comprobar cómo se está cumpliendo este compromiso y recomendar algunas mejoras. Si bien se ha avanzado mucho, todavía es posible crecer.

Se ha mantenido en nuestros sitios de internet el área de ambientes seguros con los datos de contacto de los encargados de atender estos casos en cada territorio. Esto ha permitido hasta ahora dar una respuesta profesional y con sensibilidad pastoral a quienes nos han contactado y esperamos mantener nuestro compromiso en el futuro.

En este mismo campo, en abril de 2016, la Escuela de Psicología de lo que era la Universidad Anáhuac México Sur organizó un congreso al respecto y puso en marcha el Centro Reparare, para el estudio y capacitación para la prevención y respuesta del fenómeno del abuso sexual. Aunque esta iniciativa fue impulsada inicialmente desde el departamento de ambientes seguros de la Dirección General, ahora depende de la Universidad Anáhuac. Confiamos en que será una opción válida para capacitar a personas que trabajan en la educación para una más efectiva protección de los menores.

2.2 De cara a las estructuras de la Legión

Progresiva descentralización del gobierno

Respecto a las estructuras de la Legión y del Movimiento, hemos continuado con la progresiva descentralización del gobierno, dando mayor peso y responsabilidad a los territorios. Esto se traduce, también, en un mayor facultamiento para la toma de decisiones en los territorios y a nivel local. Estamos observando una mayor capacidad de adaptación a las circunstancias de tiempos y lugares. Muchos superiores locales están asumiendo el liderazgo que les es propio para también ellos hacer presente el misterio de Cristo que reúne en torno a sí una comunidad de apóstoles (cf. CLC, 4).

Garantizar la gobernabilidad de los territorios

Tenemos el reto de la gobernabilidad de algunos territorios sumamente complejos por su extensión geográfica y por el volumen de sus obras. Para ello, se han iniciado comisiones de estudio para proponer el modo de ofrecer un gobierno ágil, participativo y cercano, tanto de la vida religiosa en general, como de obras de apostolado afines. Además, se han constituido las delegaciones para las casas internacionales de Roma y para Tierra Santa. También los Directores Territoriales de Monterrey y México han instituido delegaciones, una en el Bajío y Occidente y una para la Prelatura de Cancún-Chetumal. Aunque los frutos iniciales son prometedores, tenemos que dejar pasar un tiempo más amplio para evaluar correctamente estas medidas.

Elaboración y promulgación de códigos secundarios

Como decía más arriba, el Capítulo General ha encomendado a este gobierno una fuerte carga de redacción de códigos secundarios que son aprobados ad experimentum hasta que el Capítulo General del año 2020 los revise. Entre los Códigos secundarios promulgados durante este trienio se encuentran: Normas complementarias, Reglamento para las casas de apostolado, Instructivo para los archivos de gobierno, Índice de clasificación y del sistema de protocolo de la Congregación, Estándares territoriales para ambientes seguros, Normas para la publicación de libros, Reglamentos de administración de las obras de apostolado y secciones del Regnum Christi, Reglamento de administración de las casas de la Congregación de los Legionarios de Cristo, Reglamento de las Administraciones General y Territorial, Normas para los nombramientos en el Movimiento Regnum Christi, Manual del gobierno territorial de la Congregación de los Legionarios de Cristo, Estatutos del ECYD.

Revisión del Estatuto General del Movimiento Regnum Christi

Se ha emprendido también el proceso para la revisión del Estatuto General del Movimiento Regnum Christi a través del camino trazado por la comisión constituida el 19 de marzo de 2014. La primera parte fue el proceso de reflexión de los miembros seglares sobre su identidad y misión, que inició el 2 de octubre de 2014 y culminó con las convenciones territoriales y la convención internacional. Actualmente se ha disuelto la Comisión Central para el Estatuto General y el Comité Directivo General del Regnum Christi ha asumido la tarea de preparar el borrador del Estatuto que se analizará en las Asambleas Territoriales y la Asamblea General, que tendrán lugar a finales de 2017 e inicios de 2018. Durante este año, hay que pedir a Dios que nos sostenga en la realización de esta tarea fundamental para el futuro de todo el Regnum Christi.

3. Gobierno participativo

Algunas prácticas consolidadas

Se está consolidando la praxis de las consultas previas a ciertos nombramientos, los consejos operantes para todos los superiores y la progresiva descentralización. También vivimos ya la práctica consolidada de la separación de fueros, aunque todavía tenemos que seguir impulsando la práctica de la dirección espiritual frecuente, especialmente entre los sacerdotes.

Funcionamiento de los consejos territoriales y locales

Necesitamos seguir consolidando el funcionamiento de los consejos territoriales y locales. A nivel general, considero que, con el acompañamiento que recibimos del Delegado Pontificio, el Card. Velasio De Paolis, y con la ayuda que actualmente nos ofrece el P. Gianfranco Ghirlanda, hemos logrado que el Consejo sea un apoyo efectivo a mi servicio como Director General. En las reuniones de Consejo dialogamos de forma constructiva, abierta y franca. No siempre estamos de acuerdo, pero casi siempre las divergencias nos estimulan a comprender mejor los puntos de vista de los demás. En muchas ocasiones, después de oír el parecer del Consejo sobre un punto determinado, yo mismo cambio mi opinión inicial.

Si en las comunidades y en los territorios hay diferentes opiniones, es normal que en los consejos locales y territoriales haya también diversidad de opiniones. Eso es señal de dinamismo y vitalidad. Como decía el Papa Francisco el pasado día 2 de febrero, «la actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, […] busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas» (Papa Francisco, Homilía, 2 de febrero de 2017).

Atención y acompañamiento a cada legionario

Hemos dedicado muchas reuniones de Consejo a discernir la admisión a los votos perpetuos, la admisión a los ministerios y a las sagradas órdenes. También hemos atendido, con dolor y profundo respeto, las peticiones de indulto de salida de la Congregación y los casos de sacerdotes con dificultades particulares o que piden abandonar el ministerio. Desgraciadamente en estos últimos casos, cuando llega el asunto a la Dirección General, muchas veces es ya tarde para buscar remedio. Por eso es tan importante que los superiores locales sepan realmente cómo está cada uno de los miembros de su comunidad y que los Directores Territoriales aprovechen sus visitas canónicas para asegurar que todos están bien acompañados, fervorosos en su vida espiritual, con un apostolado apropiado, con una comunidad verdaderamente acogedora y fraterna, en donde puedan encontrar apoyo y comprensión en sus luchas y un estímulo en la búsqueda de la santidad y que, cuando éste no sea el caso, busquen poner las soluciones oportunas. Ahora bien, la responsabilidad de cuidar unos de otros no es solamente de los superiores, sino de todos los miembros de una comunidad en donde se vive la fraternidad religiosa y donde no solamente se vive junto a otras personas con quienes tienen cosas en común.

Algunos límites

También creo que uno de los límites que he encontrado en mi gobierno y que también tienen los Directores Territoriales, es que el volumen de operación y de asuntos es tan grande, que a veces podemos llegar a perdernos en los asuntos del día a día y no hacer brillar con tanta fuerza la dirección hacia dónde vamos. Necesitamos, sí, atender con agilidad lo cotidiano pero, a la vez, necesitamos todos aprender a pensar en plazos más largos, en proyectos más ambiciosos y el camino que hay que recorrer lenta y tenazmente para alcanzarlos.

Comunicación institucional

Para que haya una verdadera participación, es necesario que haya una adecuada información. Por esto estamos publicando desde 2014 los boletines de la Dirección General de la Legión y del Comité Directivo General del Regnum Christi. Están también a disposición los sitios web de la Dirección General y del Comité. Se han renovado los sitios web de la Legión y del Regnum Christi y también nuestra presencia en redes sociales. En casi todos los territorios tenemos ya oficinas de comunicación institucional establecidas para ayudarnos en esta tarea tan necesaria para la evangelización hoy.

4. Mirando hacia delante

La auténtica renovación en la Iglesia

Hace unas semanas un sacerdote de mi comunidad hablaba de la belleza de los documentos emanados por el Concilio de Ferrara-Florencia, dirigidos a lograr la unión con los cristianos de Oriente y la reforma de la Iglesia. Mencionaba que, a pesar de lo bien logrado de estos textos, no se habían puesto en práctica. En cambio, mencionaba el padre que los documentos del Concilio de Trento, de gran claridad pero con un estilo menos amable, sí se pusieron por obra, respondiendo a los retos que planteaba la Reforma y renovando las costumbres en la Iglesia. Se preguntaba las causas que hicieron la diferencia entre el impacto de un Concilio y otro y afirmaba que, entre otras cosas, el Concilio de Trento se encontró con san Ignacio de Loyola, san Felipe Neri, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, san Carlos Borromeo, san Francisco Xavier, san Pío V, y toda una pléyade de santos que se empeñaron en ponerlos por obra, que vieron en esta tarea una expresión concreta de su amor a Cristo y a la Iglesia.

También hoy nosotros, después de 52 años del Concilio Vaticano II y, salvando las distancias y las debidas proporciones, con 76 años de existencia y a 3 años de haber concluido el Capítulo General de 2014, podemos preguntarnos si la Legión y el Movimiento cuentan con estos hombres y mujeres santos que van a hacer propios estos documentos y los pondrán por obra, como expresión concreta de la presencia del Reino de Cristo en medio de nosotros. Éste es uno de los grandes desafíos que tenemos para los próximos años.

Hombres de silencio y amigos de Cristo para los demás

Al mismo tiempo, si queremos ser lo que tenemos que ser, necesitamos abrirnos a la gracia de Dios, recuperar el silencio interior –y no estoy pensando simplemente en tiempos normativos de silencio– para poder acoger la voz del Espíritu Santo y permitirle que Él nos guíe, que Él nos llene de Cristo y nos vacíe de nosotros mismos y de nuestros ruidos, y que así podamos ser dóciles instrumentos en sus manos. Necesitamos ser verdaderos hombres de Dios y amigos de Jesucristo para nuestros hermanos. Hombres cuya fe y esperanza se traduzcan en caridad, en servicio, en obediencia, en compasión con quien sufre. Queremos distinguirnos porque nuestros criterios son los del Evangelio y no nuestras opiniones personales, especialmente en lo que ve a la obediencia y la entrega a la misión.

Comunión en la misión

Tenemos por delante un Capítulo General Extraordinario y la Asamblea General del Regnum Christi. Ojalá que nos vayamos ejercitando cada día más en la comunión en la misión, que seamos todos capaces de colaborar con los demás, sean legionarios, sean otros miembros del Regnum Christi, sean otros apóstoles que el Señor haya llamado a la misión en la iglesia local en donde nos encontramos. Necesitamos ser promotores de comunión, teniendo bien presente nuestra identidad como miembros del Regnum Christi y como sacerdotes religiosos Legionarios de Cristo, haciendo que nuestra vocación específica vivida con pasión enriquezca a nuestra familia espiritual.

La comunidad religiosa: lugar donde vivimos el Evangelio juntos

Nos toca, de manera especial, construir comunidades verdaderamente fraternas, en donde todos los legionarios podamos entender la comunidad misma como misión, como lugar en donde vivimos el Evangelio juntos. Esto nos exige, por una parte, superar la tendencia al individualismo, que se puede manifestar también en un nivel de comunicación superficial, en la incapacidad o falta de voluntad para afrontar conflictos, en la falta de transparencia económica personal respecto al superior y a la comunidad, en la rigidez y el aislamiento de los demás porque no piensan como yo, o en la búsqueda, personal o incluso comunitaria, de un estilo de vida confortable. Es evidente que tenemos diferencias de nacionalidad, de generación y de opinión en la Legión, pero también es real que nos unen una misma misión y una misma vocación, un mismo Señor. Es un hecho que el estilo de vida del mundo puede tocar a nuestra puerta y que quizás ya haya penetrado en nuestras vidas. Pero también es un hecho que el Señor llama a cada legionario y a la Legión entera, nuevamente, a dejarlo todo y seguirlo.

Compartir e irradiar la alegría del Evangelio

En los tres años que nos quedan de este gobierno, queremos seguir revitalizando el Regnum Christi y sus obras para que sean más plenamente evangelizadoras, en particular las instituciones educativas. Esto se logrará especialmente capacitando y destinando legionarios a la educación, a la pastoral juvenil y familiar y a la formación de futuros legionarios. Queremos que cada legionario pueda experimentar el Regnum Christi de primera mano y dar testimonio de la alegría que brota del seguimiento de Jesucristo. Esa alegría que puede convertirse también en ocasión para que otros puedan descubrir una vocación de especial seguimiento de Cristo en la Legión, en la vida consagrada en el Regnum Christi, en la Iglesia. Pido a Dios que cada uno se sienta responsable de la parcela del Reino que el Señor le confía a través de la obediencia y que quiera hacerla florecer prestándose a la gracia, sirviendo como Cristo, y abriéndose a la colaboración con los demás. Que trabajemos, que salgamos por los caminos, que busquemos a quienes tienen más necesidad, como repite el Papa en la Evangelii Gaudium. Esta exhortación apostólica tiene que seguir siendo una importante fuente de inspiración para nosotros y para todo el Movimiento.

Conversión y santidad

¿Cuentan, entonces, la Legión y el Regnum Christi con los santos que necesitan estos tiempos, como les decía al hablar de los concilios? Repasando mentalmente en la oración todas nuestras comunidades, le he pedido al Espíritu Santo que suscite en todos y cada uno, un gran deseo de conversión y santidad para que podamos responder, junto con tantos hermanos nuestros en la Iglesia, a lo que el Señor hoy espera de nosotros. Que nos regale la experiencia del Resucitado que impulsó a San Pablo a llevar adelante la evangelización y hacer llegar el mensaje de Cristo hasta los confines del mundo. Estoy convencido de que, si todos se lo pedimos a Dios, cor unum et anima una, y con la intercesión de la Santísima Virgen María y de nuestros santos protectores, Él nos lo concederá para bien de su Iglesia y de la humanidad.

Cuento con cada uno de ustedes para seguir llevando adelante a la Legión y al Movimiento con su oración y su entrega. Soy bien consciente de que tengo límites, y también nuestra Congregación y de lo mucho que hay por hacer. Pero confío sobre todo en Cristo, que nos ha llamado, nos ha revelado el amor de su Corazón y nos envía hoy a extender su Reino. No dejen, por favor, de rezar por mí.

Su hermano en Cristo y la Legión,

P. Eduardo Robles-Gil, LC

[1] Estas cartas están disponibles en el sitio web de la Dirección General de la Legión de Cristo (http://legionariosdecristo-dg.org).

INFOGRAFÍA DE LA CARTA

El noviciado, un periodo para enamorarse de Jesucristo

El P. Eduardo Robles-Gil escribió una carta a los novicios que recientemente han ingresado al noviciado dándoles la bienvenida a la Legión y animándoles a aprovechar el noviciado como un momento para enamorarse de Jesucristo.

¡Venga tu Reino!

15 de septiembre de 2016

 

A los novicios de primer año

 

Muy queridos hermanos,

Les escribo en esta solemnidad de la Virgen de los Dolores, patrona de la Legión y, de modo especial, del noviciado, para saludarlos y darles la bienvenida a nuestra familia religiosa. He ido viendo con mucha ilusión las fotografías de la entrega del hábito legionario en los diversos países y siempre me ha venido a la mente la misericordia de Dios que sigue enviando obreros a su mies y que nunca abandona a su pueblo.

Ustedes ahora emprenden sus primeros pasos en la Legión. El noviciado es un período fundamental para su futura vida religiosa en el que han de buscar enamorarse de Jesucristo y confirmar en la oración y con la ayuda de sus formadores su decisión de consagrarse enteramente al servicio de Dios y de los hombres como legionarios. No pierdan nunca de vista este deseo de ser santos y amigos íntimos de Jesús, pues eso les podrá sostener siempre, incluso en medio de las pruebas y retos de la vida. Esta experiencia además les hará capaces de ser testigos de esperanza para las personas que Dios quiera asociar a su vocación.

El evangelio de la misa de hoy nos ha trasladado al calvario, al pie de la cruz junto con María. Ahí ella nos aceptó a todos y cada uno como hijos porque así se lo pidió Jesús. Desde entonces vela por cada uno de nosotros llamados a ser otros Cristos. Igual que San Juan, acojan a María en todas sus cosas: proyectos, ilusiones, temores y sueños… Ella sabrá llevarlos a buen puerto.

Cuenten con un recuerdo en mis oraciones. No dejen de encomendar al Señor, especialmente en sus ratos de adoración, las vocaciones que el Señor regala a su Iglesia para un especial seguimiento como sacerdotes o consagrados, y particularmente a quienes Él quiere llamar a la Legión y a la vida consagrada en el Regnum Christi.

¡Bienvenidos a la gran familia de la Legión y el Regnum Christi! Ustedes son nuestros hermanos menores, y en cada uno descubrimos una bendición y signo del amor de Dios.

Su hermano en Cristo, P. Eduardo Robles-Gil LC

N.B. Cuando tengan oportunidad, transmitan mi agradecimiento y mi saludo a sus familias, especialmente a sus padres. Les adjunto también el texto de un encuentro del Papa Francisco con los novicios y seminaristas del mundo el año 2013 cuya lectura seguramente les será de mucha utilidad.

Carta a los padres que cumplen 25 años en la Legión

El P. Eduardo Robles-Gil, L.C. envía una carta a los padres legionarios que iniciaron su noviciado hace 25 años para felicitarlos e invitarlos a no dejar de buscar la santidad y el bien de las personas que Dios ha querido asociar a su ministerio.

 

¡Venga tu Reino!

15 de septiembre de 2016

 

A los legionarios que ingresaron al noviciado en 1991

Muy queridos padres,

En estos días se cumplen 25 años de que muchos de ustedes recibieron el hábito legionario y empezaron el noviciado. Les escribo para felicitarlos y unirme a su acción de gracias a Dios por el don de la perseverancia en la Legión y por todos los dones y gracias que el Señor ha querido regalarles y, a través de ustedes, a muchas personas.

Hace 25 años acabábamos de celebrar el 50 aniversario de nuestra fundación, con la ordenación sacerdotal de 60 hermanos nuestros conferida en Roma por san Juan Pablo II. La Legión y el Movimiento crecían a un ritmo vertiginoso y las obras que emprendía para el servicio de la Iglesia y de los hombres eran cada vez más. Fue en ese clima en que cada uno de ustedes, con circunstancias ideales de edad, salud y convicción personal, emprendió su camino en la Legión. Progresivamente fueron dando los pasos por los que ese compromiso inicial con Cristo y con la Iglesia, hecho con corazón indiviso, se fue consolidando hasta llegar a la profesión perpetua y a la ordenación sacerdotal.

Son muchos años los que han vivido en la Legión y han sido etapas histórica y espiritualmente muy distintas. Ilusión, orgullo, cercanía de san Juan Pablo II, crecimiento, esperanza… y más recientemente años con dificultades, de purificación, renovación y penitencia. No han sido años fáciles, y somos conscientes de que todavía no hemos llegado a la meta. Pero también constatamos que el tiempo presente es una verdadera oportunidad para vivir nuestra vida religiosa y nuestro apostolado de manera más auténtica. Es importante que cada uno de ustedes analice bajo la mirada misericordiosa de Dios cuál es la situación de su vida religiosa y sacerdotal hoy y que pida al Señor la gracia de responder a su vocación a la santidad prestándose generosamente a la acción santificadora del Espíritu y al servicio de los hermanos.

Hoy más que nunca la Legión y el Movimiento están en sus manos, queridos padres. Ustedes están en una edad y etapa de su ministerio en la que han asumido ya o se les pedirá que asuman responsabilidades no indiferentes en la Congregación. Gozan además todavía de la juventud, la flexibilidad y la energía para ir poniendo en práctica lo que el Capítulo General nos ha marcado.

Por eso, los invito a que en este aniversario traigan de nuevo a su corazón las principales gracias que han recibido en su camino así las convicciones profundas que los han sostenido a lo largo de su vida. Sacando de lo antiguo y de lo nuevo, busquen en las Constituciones y en los Comunicados del Capítulo nueva gracia y nueva luz para encarnar lo que ahí se nos propone e irradiarlo con su vida en sus comunidades. Con su vida y sus palabras, se encuentran en una posición privilegiada para transmitir eficazmente del espíritu legionario y del Movimiento a las nuevas generaciones. Por favor, no teman poner su lámpara en un lugar que alumbre a toda la casa: no la oculten bajo el celemín.

Los animo, también, a crecer en su intimidad con Jesucristo. Normalmente esta etapa de la vida es de ajustes importantes de la personalidad y de la propia vida espiritual, acompañada a veces por situaciones de oscuridad e incertidumbre. No tengan miedo a enfrentarlas acompañados por su director espiritual y sus superiores. Es común que el Señor nos haga ver una vez más que sin él no podemos hacer nada y nos haga la invitación, como a Pedro, a caminar sobre las aguas. Se trata de experiencias que el Señor puede permitir para ayudarnos a crecer en su seguimiento. Confíen en ese Jesucristo que los llamó en su juventud y que es el único amigo que nunca defrauda y es el mismo ayer, hoy y siempre.

Estamos celebrando el Año de la Misericordia. Agradezco a Dios nuestro Señor, el amigo de las horas alegres y tristes de nuestras vidas, que nos haya concedido tener a cada uno de ustedes como hermano y como un apoyo para que la Legión y el Movimiento respondan con un sí generoso al plan de Dios. Veo en todo ello un signo del cariño y la misericordia del Corazón de Cristo.

Les pido una oración por mí. Cuenten con mi oración también por ustedes para que siempre lleven con sano orgullo y dignidad la sotana legionaria que recibieron con ilusión hace 25 años. En este día pediré a la Virgen de los Dolores por sus familias y por quienes han caminado a su lado en estos años de vida legionaria, especialmente sus formadores.

Su hermano en Cristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Carta sobre la pobreza

El 18 de julio de 2016 nuestro Director general escribió una carta a los sacerdotes legionarios sobre el significado y la vivencia del voto y la virtud de la pobreza en la vida religiosa en la Legión de Cristo. A continuación se ofrece el texto íntegro de la carta:

¡Venga tu Reino!

Roma, 18 de julio de 2016

A los sacerdotes legionarios de Cristo

 

Muy queridos padres:

A través de esta carta les envío un saludo, asegurándoles un recuerdo en mis oraciones. Muchos de ustedes están iniciando, en el hemisferio norte, las actividades de verano y las vacaciones después de un año de trabajo apostólico. Espero que puedan tener también un tiempo de descanso. En el hemisferio sur, mientras tanto, se encuentran en la en el intervalo de la mitad del curso escolar.

En esta carta deseo reflexionar con ustedes sobre la vivencia de la pobreza en la Legión, uno de los consejos evangélicos propios de la vida religiosa y que es parte integrante de la enseñanza y del ejemplo de Jesucristo. Les ofrezco estos pensamientos en el contexto de las presentes circunstancias del mundo moderno y de la Legión. Espero que les puedan ayudar a valorar y vivir mejor este voto y esta virtud.

Varias veces en las reuniones que he tenido durante mis visitas a los territorios y las casas, se ha mencionado este tema. Durante una de las presentaciones que hice sobre la situación económica de la Legión al responder la pregunta de un religioso, afirmé: “En la Legión tenemos algunas particularidades en la vivencia de la pobreza como son, entre otras, la consideración del uso del tiempo en cuanto don precioso que Dios nos da, y la necesidad de usar ciertos medios adecuados para evangelizar según nuestros apostolados específicos”. Tal vez en la vivencia de este voto tenemos más particularidades que en los otros dos votos comunes.

Hay en muchos un interés y una preocupación por la práctica de la pobreza. Por eso les envío esta carta, por medio de la cual quiero invitarles a ustedes y a todos los legionarios a vivir con mayor convicción esta virtud, a ejemplo de Cristo. Tengo en cuenta que, según los contextos de cada territorio, nación, e incluso de cada comunidad o apostolado, se dan hoy circunstancias, sobre todo externas, que facilitan o dificultan la vivencia de este consejo evangélico. Según se comentó en el Capítulo general de 2014, y tal como quedó dicho en el Comunicado capitular, en la sección “Administración y voto de pobreza” (cf. núms. 218 y siguientes), puede haber elementos de nuestra pobreza que requieren hoy mayor atención y virtud, así como un mejor testimonio evangélico. Recordemos también cómo el Santo Padre ha estado subrayando frecuentemente este aspecto del Evangelio, invitando a todos, pero sobre todo a los sacerdotes y a los religiosos, a dar un testimonio de vida pobre.

 

La pobreza y su relación con Jesucristo

Cada consejo evangélico tiene un profundo sentido cristológico. En primer lugar los consejos son modos de seguir a Cristo. En el caso de la pobreza, dejar todos los bienes terrenos para que sólo Él sea nuestro tesoro.

En el Evangelio constatamos cómo Cristo, cuando llama a su seguimiento, invita a dejar todo para estar con Él. Así lo vemos en los apóstoles que dejan sus redes, o en Mateo que deja de inmediato la mesa del recaudador. Por su parte, el hombre de la parábola que descubre un tesoro en el campo, va con “gran alegría” a vender todo lo que tiene para comprarlo (cf. Mt 13, 44). En estos pasajes, y otros similares, descubrimos que la pobreza del seguidor de Cristo está llena de la alegría de poseerle a Él como único tesoro del corazón.

 

En el pasaje del joven rico leemos, «Jesús, fijando en él su mirada, le amó» (Mc 10,21) y le dijo «Si quieres ser perfecto, vende todo, dalo a los pobres, y ven y sígueme» (cf. Mt 19, 21). Pero este joven no responde positivamente porque tiene muchas posesiones y se marcha triste.  A continuación, el evangelista repite que Cristo “mira” a los apóstoles y es entonces cuando Pedro comenta: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Cristo reconoce que han dejado todo, «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hacienda» y añade: «lo han dejado por mí y por el Evangelio» (cf. Mc 10, 29). Inmediatamente después les enseña a confiar en la providencia divina y buscar primero el Reino (cf. Mt 6, 33). Así se resumen los motivos principales de nuestra pobreza: una mirada de amor de Cristo, la invitación a tenerle a Él como único bien, a amarlo, y a entregarnos a la misión, sostenidos por la providencia divina para lo cual todo es posible (cf. Mc 10, 27).

El discípulo que acepta esta invitación sigue a Cristo y comparte su estilo de vida pobre, tal como lo encontramos a lo largo del Evangelio: la descubrimos en Belén, en la huida a Egipto, en Nazaret, en su vida pública y, sobre todo, en la cruz. Cierto es que los seguidores de Jesucristo deben también resolver los aspectos prácticos de la vida cotidiana. Así encontramos algunas personas que atienden al Señor y a sus seguidores por medio de sus limosnas y servicios. No obstante, Cristo invita a los suyos a poner toda su atención en la misión y a aceptar la austeridad de su vida. Es este un aspecto importante de los consejos evangélicos: son imitación cercana de Cristo, al prolongar su estilo de vida en el hoy de la Iglesia y la sociedad: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58).

Los consejos evangélicos son, además, modos de participar en el abajamiento y en la pasión del Señor. Por la profesión religiosa participamos de modo especial en la obra redentora. Consideremos, ante todo, la humildad de la Encarnación: Él «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 6-8, cf. 2Co 8, 9). La pobreza de Cristo llega a su culmen en el desprendimiento de la cruz, y ello nos permite comprender que la experiencia de la privación, de la pobreza efectiva, de no contar con algo conveniente o necesario, se convierte en moneda de redención. Jesucristo, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Co 8, 9).

A estas dimensiones cristológicas, se añade el aspecto escatológico de los consejos evangélicos. Por medio de la pobreza ponemos el corazón en los bienes eternos. Siguiendo e imitando a Jesucristo damos testimonio de los bienes futuros y de esos valores evangélicos que encontramos expresados en las Bienaventuranzas: «Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 3). A la vez, nos ponemos en manos de la Providencia del Padre celestial (cf. CLC 19, 1°). Jesucristo nos invita, como al joven rico, a «tener nuestro tesoro en el cielo» (cf. Mc 10, 21). Como a los apóstoles, Cristo nos enseña que la pobreza voluntaria por amor a Él implica una plenitud misteriosa en esta vida y luego la vida eterna (cf. Mc 10, 30).

 

La pobreza es parte integral de la vida religiosa

La pobreza, según se expresa en la profesión, es una parte constitutiva de la vida religiosa. Como nos recuerdan las Constituciones, por medio del voto que hemos emitido nos imponemos libremente un radical desprendimiento afectivo y efectivo de todos los bienes materiales, nos comprometemos a la debida dependencia del superior en relación con el uso de los mismos y adoptamos un estilo de vida personal y comunitario sobrio. Por consiguiente, renunciamos –por voto– al derecho de usar y disponer de bienes materiales sin permiso (cf. CLC 19, 2° y 3°).

Este desprendimiento de todas las criaturas –no sólo exterior sino también interior– no es un empobrecimiento. Es, más bien, un enriquecimiento puesto que nos da la posibilidad de una mayor unión con Dios y nos ofrece una plena libertad al ahorrarnos los apegos a los bienes de esta tierra. Así, la pobreza, libremente acogida, mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres; crea un clima espiritual propicio a la docilidad interior, a la oración, al diálogo y a la colaboración; alimenta la esperanza; engendra la justicia y la misericordia; aumenta el amor y dona serenidad y alegría (cf. CLC 20).

Desde otro punto de vista, podemos afirmar que nuestra pobreza es ante todo “pobreza delante de Dios” al sabernos creaturas necesitadas. Esta conciencia nos lleva a no poner nuestra confianza ni en las propias fuerzas, ni en las cosas materiales. La pobreza expresa la humildad del religioso que se sabe creatura de Dios, con una misión personal y eclesial que supera por mucho las propias fuerzas y capacidades. Reconocernos pobres nos lleva hacia la plena confianza en Dios.

En el Magisterio de la Iglesia y en nuestras Constituciones tenemos muy clara y bien estructurada la doctrina sobre este voto y virtud. Contamos, además, con algunas consideraciones importantes en el reciente Comunicado capitular (cf. núms. 218 y ss.), en las normas complementarias, los reglamentos de las casas y los reglamentos de administración.

Teniendo esta normativa todos corremos el riesgo, en diversos grados, de reducir la pobreza al cumplimiento de unas normas sobre el uso de los bienes materiales, sin hacer de ello lo que debe ser: una ocasión para seguir realmente a Cristo en este aspecto de su vida y así dar un testimonio evangélico elocuente ante los demás. Para lograr esto, una premisa fundamental es optar personal y animosamente por la pobreza, querer vivirla, apreciarla, amarla, buscarla en lo oculto e interior, y desear identificarnos con esa austeridad y ese desprendimiento que Jesucristo vivió en esta tierra, según he mencionado antes. Todo esto, siempre por amor y con gran libertad interior, porque Dios es mi tesoro, y porque a través de la pobreza, busco ser más de Él cada día.

Por su misma naturaleza la pobreza es una ayuda y un modo de ejercitar otras virtudes: la fe en Dios y en la fecundidad de la vida evangélica, la confianza en la Providencia, la caridad evangélica que llevó a los discípulos a tenerlo todo en común, la abnegación y el espíritu de sacrificio, la convicción personal para ser transparentes y dependientes en el uso del dinero, y sobre todo el desapego interior. A esto ayudan otros medios más exteriores, como puede ser la elaboración de presupuestos e informes económicos (cf. CLC 224, 228), la revisión habitual de la propia habitación, oficina o casa para evitar la acumulación de cosas innecesarias o superfluas, y la aceptación de los criterios sobre el uso de los bienes materiales que los superiores mayores emanan directamente o través de los administradores. En todo esto el religioso ha de cuidar su corazón y pensamientos para liberarlos de posibles apegos y de deseos incompatibles con una vida religiosa objetivamente pobre.

Con la gracia de Dios podemos constatar que en general hemos vivido bien este voto en la Legión y contamos con muchos sacerdotes y religiosos virtuosos y objetivamente austeros. Pero también constatamos que, hoy y siempre, es necesario vigilar.

 

La pobreza y la misión

Existe una profunda relación entre la pobreza y la misión. Si contemplamos la vida de Jesucristo, es evidente su cercanía a todos los hombres –sobre todo a los más necesitados en cuerpo y alma–, su deseo de llevarlos al cielo, y al mismo tiempo su urgencia por cumplir la misión que el Padre le ha asignado. Vemos también como Jesús se acerca a personas con medios económicos como Zebedeo, Jairo, Lázaro y sus hermanas. Es la misión la que lo orienta en su trato con las personas y da sentido al uso de los medios materiales, según las diversas circunstancias y apostolados. En esto, a ejemplo del Señor, se da también un elemento de libertad, es decir, en ser magnánimos en el uso de los medios materiales cuando son necesarios para poder dar a conocer el Evangelio en los diversos ambientes donde desarrollamos nuestros apostolados, sea entre las personas que cuentan con muchos medios económicos, en la educación, o en la ayuda de los más indigentes.

Cada uno debemos reflexionar sobre la libertad real que tenemos, como religiosos y sacerdotes, para tratar indistintamente con todo tipo de personas, sin acepciones, preferencias o exclusiones. Algunos legionarios podrían tener una preferencia por tratar con gente sencilla y materialmente pobre, y realizar este apostolado con gran virtud y sacrificio personal (cf. CCG2014 239). Otros tal vez prefieren el trato con personas de clase social alta, por sentido de misión, pero tal vez también –al menos en parte– por los beneficios personales materiales o afectivos que quizá encuentran, o simplemente por la dificultad de relacionarse con los más pobres. En uno y otro caso, lo verdaderamente importante es esforzarse por seguir con creciente fidelidad el ejemplo de Jesucristo de amar a todos sin acepción de personas y cumplir la misión, según lo ilustra nuestro patrono san Pablo: «siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo» (cf. 1Co 9, 19.23).

Además, la asignación de la misión, que no escogemos sino que recibimos en obediencia, y también el propio carisma apostólico (cf. CLC 4), nos orientan en nuestra misión para la cual necesitamos una buena dosis de abnegación y de desapego de las propias preferencias (cf. CCG 2014 240). Lo recuerda también el comunicado del Capítulo general: «Al tiempo que apreciamos las acciones apostólicas directas con los más necesitados, tenemos presente que podemos alcanzar un mayor número de ellos y hacerles un mayor bien a través de la acción de otros muchos, sobre todo de los miembros del Regnum Christi. Al decir esto no olvidamos que evangelizar a personas de liderazgo social o económico no siempre es fácil, pero es parte de nuestra vocación acercarlos a Cristo y estimularlos para que conozcan y practiquen la doctrina social de la Iglesia y así transformar las estructuras sociales de acuerdo con la justicia y caridad» (CCG2014 241).

 

La pobreza y el uso del tiempo

Como he aludido, al pensar en la pobreza legionaria me viene a la mente el uso del tiempo, según lo mencionan las Constituciones: «A la luz de la eternidad, el tiempo es un bien que Dios da a cada uno para cumplir la propia misión en la tierra. En la Legión su buen uso se considera parte de la virtud de la pobreza» (CLC 23). Es algo, sin duda, exigente. Usar bien el tiempo implica amor por la misión, esfuerzo, un recto sentido de eficacia y también abnegación ante los gustos y deseos personales, sin excluir, si hiciese falta, el sacrificio de prescindir en algún momento del descanso legítimo que quisiéramos tener.

Nosotros mismos hemos de ser objetivos y sinceros en este campo, con equilibrio y buen sentido común y religioso. ¡Cuánto nos ayuda el aprovechamiento del tiempo para observar con fidelidad los otros votos y avanzar en la vida espiritual! ¡Vivir movidos por amor y anhelo de dar lo mejor de nosotros mismos a Dios y a los demás!

Podemos preguntarnos si en estos últimos años, al buscar el descanso necesario, no se ha caído en un cierto exceso en el descanso personal o comunitario, justificándolo de diversas maneras, pero perdiendo, quizá, aspectos importantes del carácter militante propio del legionario, llamado a dedicar toda su vida y su tiempo a la misión.

Para ser realistas y prácticos en el buen uso del tiempo es conveniente que cada uno tenga un programa personal de apostolado y formación en el que se auto exija en el uso del tiempo. Si cada religioso se propone metas elevadas como expresión de su amor a Cristo y de celo apostólico, evitará caer en un cierto acomodamiento, rutina o conformismo, propios del hombre mediocre. Cabe mencionar, en relación con este tema, el tiempo que dedicamos al uso de los medios de comunicación, que es uno de los campos dónde es fácil excederse en la inversión de tiempo, más allá de lo conveniente. Si bien se trata sólo de un dato estadístico, en la encuesta reciente que hicimos sobre algunos aspectos de la vida religiosa, el buen uso de los medios de comunicación fue de los más bajos en la calificación que cada uno se dio a sí mismo.

Como buenos pastores y religiosos no podemos olvidar cómo estos medios pueden ser “ventanas al mundo” que llevan a la disipación, a la pérdida de tiempo o a peligros morales. No porque un religioso tenga a mano un medio de este tipo se justifica todo uso, sobre todo cuando se trata del descanso o la diversión. Las Constituciones explicitan que su uso para el entretenimiento es comunitario: «Reconozcan también la utilidad de los medios de comunicación para la formación, actualización y, ocasionalmente, para el entretenimiento comunitario» (CLC 46, 1).

Les sugiero hacer un examen personal sobre el buen uso del tiempo y en relación a esto, sobre el uso de los medios de comunicación en función de la misión. ¿Hubiera sido posible que hiciese más por las almas, por la Iglesia, o por la santidad personal de otro modo? Cada legionario ha de tener el deseo de hacer siempre todo lo posible por llevar a más hombres “al encuentro redentor con Cristo” (cf. CLC 3, 3).

 

Pobreza personal: Austeridad, sencillez y dignidad

Según establecen las Constituciones, la pobreza del legionario está caracterizada por la austeridad evangélica, la sencillez y la dignidad, tanto en la vida personal como en la comunitaria (cf. CLC 25). A estos elementos se añade la sobriedad (cf. CLC 19, 2°) y el sentido religioso sobre todo para evitar una cierta mundanidad que, como menciono a continuación, se puede ir introduciendo en los modos de vestir, en el uso de algunos medios – como medios electrónicos y automóviles-, en las actitudes y también en ciertos comportamientos de los legionarios (cf. CCG2014 227).

 Debemos aprender con paciencia que ser pobre significa no desear lo mejor, ni lo más fino, ni lo más moderno, ni resulta siempre compatible con el uso de aquello que un religioso puede obtener sólo porque se lo regalan. La pobreza requiere sacrificio y se expresa ordinariamente en tener sólo lo necesario, pero tenerlo de modo digno, ordenado y limpio. En este ámbito de la pobreza personal también se puede tener presente esa recomendación de conservar nuestra habitación y despacho como imagen del alma, de un alma ordenada y serena que en su trato con Dios está llena de detalles de amor.

Hoy en algunos pocos se da la tendencia a una cierta ostentación, a querer vestirse como seglares o a descuidar la urbanidad, los modales y la buena educación. Nuestra pobreza, bien lo sabemos, ha de estar unida a la sencillez pero también a la distinción y dignidad propias de quien está consagrado a Dios como religioso y sacerdote en la Legión. Las personas con las que tratamos están acostumbradas y esperan este testimonio de austeridad y sobriedad de los legionarios.

Sin duda son temas que merecerían un desarrollo más amplio, pero que nos alejan un poco de la finalidad directa de esta carta. Les invito a que, de forma personal y comunitaria, busquen algunos tiempos para profundizar en estos aspectos y las implicaciones que tienen en su vida, en sus comunidades y también en los apostolados (cf. CCG2014 228).

 

La pobreza y el uso del dinero

 Entre otras posibles consideraciones prácticas, les invito a revisar el modo en que cada uno usa el dinero que tiene a su disposición por razones justificadas (cf. CLC 21, 2°), preguntándose si conocen y observan los criterios establecidos en los reglamentos de administración y si proceden siempre con la debida dependencia del superior competente y con un presupuesto debidamente aprobado (cf. CCG2014 235). O si por el contrario conservan y usan dinero personal o del apostolado según los propios criterios y sin permiso. (cf. la recomendación del CCG2014 232).

El sistema actual prevé que las comunidades, las obras, las secciones y los apostolados tengan un presupuesto aprobado de ingresos y egresos. Las situaciones de los diversos territorios no son iguales, y dentro del mismo territorio también hay diferencias. Hay algunos sacerdotes, sobre todo los que trabajan en secciones, que en el pasado y también en las circunstancias actuales, deben conseguir los medios necesarios para el ejercicio de su apostolado. Hoy en la Legión y el Movimiento todos los presupuestos tienen ingresos por donativos y por la organización de actividades de recaudación de fondos. Es lógico y comprensible que los donativos que consiguen los usen para este fin, pero siempre en dependencia del superior y según el presupuesto aprobado.

La pobreza de la Iglesia y también las circunstancias actuales nos obligan a esta forma de organización económica. Es parte de la pobreza real que a todos nos cuesta.

 

Gastos y espíritu de ahorro

El espíritu de pobreza se expresa también en el cuidado de las cosas por apreciarlas como dones de Dios, y en muchas ocasiones, también fruto de la generosidad de bienhechores. Quien es pobre no se permite dañar, desperdiciar o maltratar lo que tiene, ni se muestra indiferente ante los gastos que su vida necesariamente genera en comida, energía, viajes, vestido, etc. (cf. CCG2014 229), como si sólo el superior o la congregación debiesen preocuparse de las facturas (cf. CCG2014 230-231). Lo mismo se puede decir del espíritu de ahorro.  Consideremos cuánto se puede ahorrar en una comunidad, en una obra de apostolado, en un territorio o en toda la Legión, si sumamos los pequeños ahorros que cada uno pueda hacer en su vida personal, en la comunidad o en el apostolado. Ahorrar puede también significar aprovechar al máximo lo que tenemos como son los estudios, ropa, libros, etc.

Los superiores, pero también cada religioso, puede preguntarse, además, por aspectos de nuestra vida que implican gastos elevados o constantes, como por ejemplo: los viajes internacionales, las comidas innecesarias en restaurantes, la adquisición y el uso de ciertos aparatos electrónicos, el uso descuidado del teléfono celular sin considerar las tarifas o recargos, etc. Quien es auténticamente pobre es siempre consciente de los costos y gastos que genera. Cada uno podría preguntarse cuando busca algo para sí mismo, cuántas personas en el mundo podría tener esto que yo quiero.

Un campo donde la posibilidad de ahorro es considerable es la salud. Sin entrar en detalles les pido que nos hagamos responsables de nuestra propia salud, un bien importante para la misión, que debemos cuidar. Los gastos asociados al descuido de la salud pueden llegar a ser muy elevados.

 

Obras e iniciativas apostólicas

Más compleja es la problemática cuando nos referimos a las obras, los apostolados, los proyectos e iniciativas apostólicas que, de acuerdo con los criterios establecidos en las Constituciones, deberían ser sustentables dentro de unos márgenes prudenciales según las circunstancias (cf. CLC 229). Aquí habría mucho que decir al respecto, sobre todo, pienso en los directores y administradores de obras que deben proceder con austeridad evangélica y eficacia. En las obras e instituciones con mayores flujos financieros es más amplia la responsabilidad, así como las posibilidades de ahorro.

 

Búsqueda de fondos 

Quisiera mencionar que parte de nuestra pobreza religiosa es también, según las circunstancias de cada uno, la búsqueda de donativos (cf. CG2014 253-255). Recordemos lo que establecen las Constituciones: «La Congregación proporcione a sus miembros los medios necesarios para su vida, formación y apostolado. No obstante, todos, superiores y súbditos, siéntanse corresponsables del sustento de las comunidades y del desarrollo de la Legión y del Movimiento Regnum Christi» (CLC 24).

Esta tarea de buscar fondos para cubrir las necesidades de las comunidades o de los apostolados requiere humildad, perseverancia y siempre un esfuerzo notable. Ustedes lo experimentan y constatan cada día. Como religiosos consagrados a la misión nos corresponde buscar los medios materiales necesarios y esto se concreta, en muchos casos, en el trato con bienhechores o la búsqueda de otros modos de financiación. Casi necesariamente esta tarea es parte de la vida de quien se profesa y es pobre. A la vez expresa el celo por hacer más por Jesucristo y la Iglesia, por realizar grandes obras y así poder predicar más amplia y eficazmente el Evangelio. Hay algunos legionarios en todos los territorios que han hecho con admirable celo sacerdotal este trabajo, preocupándose ante todo por el bien espiritual de las personas que nos ayudan.

Todos hemos de tomar conciencia de las necesidades económicas de la Legión tanto en general como en los territorios, casas y obras. Es esta la razón por la cual he ido haciendo, según me ha sido posible, algunas presentaciones de nuestra situación económica. Desde ahora les agradezco su colaboración y apoyo para mejorar nuestra economía y poder servir mejor a la Iglesia y a los hombres.

 

Otras aplicaciones prácticas

La casuística sobre la pobreza es amplia y no resulta fácil ofrecer un análisis exhaustivo ni criterios universalmente válidos. Quisiera aquí mencionar sólo algunos puntos.

Es necesaria una particular mención de las casas o automóviles que, en ocasiones, nos prestan algunas familias conocidas. Pienso, sobre todo, en los fines de semana de descanso en algunos países. Es verdad que estas personas generosas ponen todo a nuestra disposición, cubriendo todos los gastos. Por una parte, no debemos buscar nunca lo lujoso como criterio. Pero si en alguna ocasión estamos en algún lugar lujoso que nos prestan, hemos de ser ponderados y discretos, conscientes de que aún ahí debemos dar testimonio de pobreza y austeridad ante las personas que están en la casa, y también ante las personas que se pueden escandalizar si compartimos algunas fotografías fuera de contexto. Sin entrar en descripciones y casuística, simplemente extiendo una invitación a reflexionar –tanto en comunidad como personalmente– sobre estos aspectos de nuestra vida y el buen uso de los bienes y las formas y lugares de descanso que podemos tener.

El bien de una comunidad depende de todos sus miembros. Algunas comunidades cuentan con algo de ayuda para el servicio doméstico, otras no lo tienen. En las dos circunstancias nos corresponde a todos algo de colaboración activa en la limpieza y en el servicio a la comunidad. Por caridad, por espíritu de responsabilidad personal y por pobreza debemos ayudar todos con nuestro trabajo, tiempo y esfuerzo (cf. CCG2014 233-234).

Para el religioso una manifestación práctica concreta de la pobreza consiste en recibir lo que se necesita para la vida personal del superior. O si es el caso, recibir un permiso para comprarlo. Aunque sean cosas necesarias es un modo de ejercitar la conciencia de ser pobre, de no poseer recursos personales.

Otro campo importante es el de los aparatos electrónicos que usamos en nuestro trabajo. Más que normas detalladas que habría que actualizar permanentemente, se requiere que cada legionario tenga una conciencia rectamente formada según un sentido profundamente asimilado de la vida religiosa pobre. Y que, aunque justificado su uso por razones válidas, ponderemos si la comunidad está en condiciones económicas de hacer frente a los costos correspondientes. En este sentido se ha de valorar no sólo lo conveniente sino también lo posible.

En estos elementos prácticos de la pobreza, recuerdo con cariño y aplico en ocasiones lo que afirmaban las Constituciones de 1994: «Alégrense cuando experimenten los efectos de la pobreza, sabiendo que nunca ha de faltarles la providencia de Dios, conforme a la promesa de Cristo» (CLC1994 273).

Termino con una invitación a que cada legionario haga de la vivencia de este voto un camino de mayor amor a Jesucristo e identificación con Él, de mayor libertad interior y una fuente de testimonio elocuente y creíble.

Pidiéndoles sus oraciones y asegurándoles las mías, me confirmo suyo afmo. en Jesucristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

 

Con un recuerdo en mis oraciones,

«Te recuerdo que reavives el don de Dios que recibiste»

Del 30 de mayo al 3 de junio se han dado cita en Roma 64 miembros laicos del Regnum Christi elegidos en las convenciones territoriales y 16 representantes de los legionarios de Cristo, laicos consagrados y consagradas del Regnum Christi para celebrar la Convención internacional de laicos del Regnum Christi. Los trabajos concluyeron con la celebración eucarística de la Solemnidad del Sagrado Corazón en el Centro de Estudios Superiores de los Legionarios de Cristo en Roma.

El día de hoy el Director general, P. Eduardo Robles-Gil, ha enviado una carta a todos los miembros del Movimiento para participarles de las experiencias vividas, los consensos a los que se ha llegado y el camino que tienen por delante para llegar a una configuración canónica de todo el Movimiento Regnum Christi.

El texto de la carta se ofrece a continuación:


¡Venga tu Reino!

Prot. DG-RC 101-2016
Clas. II.1.2

Roma, 4 de junio de 2016
Memoria del Inmaculado Corazón de María

A los miembros y amigos del Regnum Christi

Muy estimados en Cristo:

    El día de ayer, solemnidad del Sagrado Corazón, hemos concluido nuestro año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación y también hemos clausurado la Convención internacional de los miembros laicos del Regnum Christi. Ambos han sido momentos especiales de gracia para descubrir la mano de Dios actuando en nuestras vidas y en la de nuestra familia espiritual, y también para agradecerle su misericordia infinita que nos permite caminar con esperanza.

    Del 30 de mayo al 3 de junio, 64 delegados laicos elegidos por las convenciones territoriales y 16 participantes de las ramas consagradas del Movimiento nos hemos dado cita en Roma para celebrar la Convención Internacional. Ha sido un paso más en el proceso de renovación del Movimiento, que está encaminado a profundizar nuestro carisma, renovar el ardor por la misión y a llegar a una configuración canónica adecuada. Contamos también con la presencia del P. Gianfranco Ghirlanda, S.J., Asistente pontificio. Mons. José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica presidió la Eucaristía el martes 31 de mayo. El miércoles, 1 de junio, nos acompañó en la misa el Card. Velasio De Paolis. Además, participamos en la audiencia general con el Santo Padre en la Plaza de San Pedro ese mismo día.

Con esta carta quiero compartirles algo de lo que hemos vivido y los resultados más relevantes de esta convención, y exponerles de manera sucinta los pasos que tendremos que dar en los próximos meses.

  1. «Te recuerdo que reavives el don de Dios que recibiste» (2Tm 1,6)

La liturgia nos propuso esta lectura el miércoles, y creo que esta cita pone un marco muy adecuado para describir el espíritu con el que abordamos los trabajos de estos días.

Partimos del documento de trabajo preparado por la Comisión central, fruto de las aportaciones de las convenciones territoriales. Trabajamos en sesiones plenarias y también en grupos más reducidos, compuestos por miembros de diferentes edades, países de origen y experiencias, buscando así discernir y escuchar la voz del Espíritu Santo.

En las sesiones y fuera de ellas, hemos hablado mucho e intercambiado nuestras opiniones, a veces con gran pasión, fruto del amor y aprecio por lo propio. A la vez, hemos podido escuchar puntos de vista distintos y confirmar que la diversidad no sólo no es una amenaza para la unidad del Movimiento, sino que puede ser expresión de la riqueza y capacidad de adaptarnos a las diferentes realidades culturales y eclesiales.

Ha resonado con fuerza en nuestros corazones y se han confirmado una vez más los elementos esenciales de nuestro patrimonio espiritual (cf. Código de Derecho Canónico, can. 578), común a todas las vocaciones que conforman el Movimiento. Se han considerado también las particularidades que son propias de la identidad y misión de los laicos, y que han quedado expresadas de la siguiente manera: «Los miembros laicos del Movimiento son fieles que acogen personalmente una vocación divina a vivir su compromiso bautismal en medio de las realidades temporales según el carisma del Regnum Christi».

Entre las facetas esenciales de nuestro patrimonio espiritual, han destacado el cristocentrismo, la misión de formar apóstoles y ayudarles a desarrollar su liderazgo personal para ponerlo a servicio del Reino en el estado de vida al que el Señor los llama. Hemos experimentado nuevamente el amor a la Iglesia, al vicario de Cristo y nuestra adhesión a los obispos como sucesores de los apóstoles, y nos hemos dejado interpelar por el amor de Cristo que ha venido a traer fuego a la tierra y desea que ya esté ardiendo (Lc 12, 49).

Hemos recordado una vez más que una vocación funda nuestra pertenencia al Regnum Christi: se trata de una respuesta desde la libertad y el amor a una invitación personal que nos hace Cristo a vivir el Evangelio con algunos matices concretos para bien de su Reino y de la sociedad. Se ha subrayado la necesidad de seguir profundizando en la vida espiritual, entendida como el desarrollo progresivo de la Trinidad en cada persona, que la lleva a configurarse con Cristo, dando siempre la primacía a la gracia y concibiendo el apostolado y el esfuerzo por practicar las virtudes como una respuesta a la iniciativa divina.

También hemos visto la necesidad de dar pautas para ofrecer una formación integral a los miembros del Movimiento y a las personas que se benefician de nuestras obras de apostolado o participan en ellas. Es evidente que los Estatutos no son el lugar para trazar todo un plan de formación y que el plan tendrá que adaptarse a las realidades de la Iglesia local y de las culturas, pero sí parece necesario ofrecer unas orientaciones generales que ayuden a la formación de los miembros.

Otro elemento que hemos podido reconocer con gratitud, es el sentido de pertenencia a una única familia espiritual en la que se puede vivir un mismo carisma según diversas vocaciones. Los laicos del Regnum Christi han afirmado su deseo de vivir en comunión con los Legionarios, las consagradas y los laicos consagrados. Todos hemos confirmado que participamos de una misión común en la que cada uno está llamado a aportar lo que le es propio.

La casi totalidad de los miembros laicos han confirmado su preferencia, ya expresada en todas las convenciones territoriales, por no constituir una asociación exclusiva para ellos, sino de vincularse individualmente al Movimiento en su conjunto. Igualmente, hay una clara voluntad de participar en la dirección del Movimiento, según establezca el futuro Estatuto, y de participar en las decisiones que afectan a la misión común.

Los delegados han expresado su convicción de que debemos superar la fragmentación de la actividad apostólica a nivel local. Es necesario alcanzar una mayor integración del trabajo evangelizador que sea resultado de la comunión en la misión en la localidad.

Hemos conversado y expresado convicciones y experiencias sobre nuestro apostolado de formación del liderazgo en las personas y la necesidad de continuar profundizando en ello, purificándolo de cuanto sea necesario y conservando lo que es evangélico. Algo similar se podría aplicar a otros conceptos como la eficacia, que no puede ser fruto de técnicas o estrategias, sino de prestarse con docilidad a la acción del Espíritu, poniendo en juego toda nuestra persona, con sus talentos y también sus límites. Hemos confirmado la necesidad de no caer en categorías mundanas, que no reflejan la lógica del Reino anunciado por Cristo.

Hubo también tensiones y discusiones sobre algunos temas –a veces importantes– en los que no hemos llegado a consensos, pero en los que dimos pasos significativos. Por ejemplo, los delegados han reconocido la existencia de dos tipos de miembros laicos, que hasta ahora hemos llamado de primero y segundo grado. Consideran que es necesario encontrar una nomenclatura que exprese mejor su identidad y ven conveniente que figure en el texto estatutario. Sin embargo, han pedido a la Comisión Central que busque una formulación que logre expresar adecuadamente estas dos modalidades de membresía teniendo en cuenta lo recogido en las actas. Respecto a otros temas, las diferencias han sido más cuestión de terminología. En unos y otros casos aceptamos y acogemos la tensión y conflicto que puede haber, sabiendo que la unidad es mucho mayor que esas diferencias. Hará falta seguir orando y dialogando sobre estos puntos para encontrar lo que Dios nos pide.

Los delegados han mostrado su acuerdo en la necesidad de profundizar en la historia del Movimiento, con sus luces y sombras, para poder mirar el pasado con gratitud, gustar más profundamente la misericordia de Dios, aprender de los errores del pasado para evitarlos en el futuro y descubrir lo que el Señor quiere decirnos hoy a través de esos hechos. La idea de renovación quedaría incompleta si faltara hacer memoria, condición indispensable para mantener y desarrollar nuestra identidad y misión en la Iglesia.

En general, podemos decir que ha brillado un espíritu de comunión y fraternidad. No teníamos del todo claro cómo iban a salir las cosas, pero confiábamos en la acción del Espíritu Santo. El ambiente de confianza y de familia han permitido expresarnos con libertad y parresia, a la vez que nos ha ayudado a trascender de las experiencias personales para descubrir lo que es esencial al don que hemos recibido de Dios y que no estamos inventando nosotros, sino descubriendo y acogiendo con nueva ilusión.

  1. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, sino toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios (2Tim 1, 8)

Con la convención internacional, los miembros laicos del Regnum Christi han expresado su parecer sobre lo que es propio de su vocación y sobre lo que es común a todo el Movimiento. El resultado de las votaciones se podrá consultar próximamente en el sitio web de la convención internacional, por si alguien lo quiere conocer con más detalle.

Durante los próximos meses, la Comisión para la revisión del estatuto trabajará con el P. Gianfranco Ghirlanda para elaborar una propuesta de configuración canónica para todo el Regnum Christi. Se basarán en el discernimiento hecho por los laicos del Movimiento durante la Convención internacional, en las aportaciones del Capítulo general de la Legión de Cristo y de las Asambleas generales de los miembros consagrados. El trabajo se verá enriquecido por las lecciones aprendidas en la implementación del Marco provisional para la colaboración. El fruto final de su trabajo será ya el borrador completo del Estatuto general del Regnum Christi.

Según está explicado en el proceso propuesto por la Comisión Central, una vez que esté preparado el borrador de los nuevos Estatutos, se pedirá a los legionarios, laicos consagrados, consagradas y laicos que lo revisen antes de presentarlos a la Santa Sede. La modalidad para hacer esto aún no se ha definido, pero es previsible que será bajo un esquema de representación.

Más allá de estos elementos jurídicos, que son importantes, nos toca ahora sumarnos «a los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios», a compartir la alegría de pertenecer a esta familia en la Iglesia, de sabernos amados y queridos por Dios, y de haber recibido la oportunidad tan grande de renovarnos y purificarnos para ofrecer un servicio más evangélico a los demás.

Confío en que las gracias que Dios ha sembrado en nuestros corazones en este período, y que hay que repartir a manos llenas en nuestras secciones, obras de apostolado, equipos y familias, tendrán que dar fruto a su debido tiempo. Sabiendo esto, escuchemos una vez más la voz de Cristo que nos invita a seguirlo y a ser sus apóstoles incansables, a tomar la cruz e ir al mundo entero a predicar su Reino de amor y justicia, de misericordia, reconciliación y paz.

Por eso les digo a todos y me digo a mí mismo: ¡Adelante! ¡Es tiempo de caminar! Que no nos paralice lo nuevo y lo imprevisto. El camino es largo y superior a nuestras fuerzas (cf. 1Re 19,7). Continuemos seguros de que no vamos solos: Jesús nos acompaña con la fuerza de su Espíritu, con la bondad y misericordia de su Corazón que todo perdona y con la pasión de amor por los hombres y por que su Padre sea amado por todos.

Pido a todos una oración por los delegados y participantes de la convención internacional, y también por el equipo de secretaría que nos han ayudado a hacer posible este esfuerzo. Agradecemos muchísimo a todas las personas que nos han apoyado con su oración en estos días. Que la Virgen María bendiga sus familias, comunidades y equipos.

Su hermano en Cristo y el Movimiento,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.



Descargar PDF – 31 MB

infografia

Mensaje del Director general por el terremoto en Ecuador

18 de abril de 2016. Con ocasión del terremoto en Ecuador el P. Eduardo Robles-Gil escribió al P. Juan Carlos Mari, L.C., que reside en Guayaquil, y, a través de él a los demás miembros del Regnum Christi de ese país. Adjuntamos el mensaje.

¡Venga tu Reino!

 Roma. 18 de abril de 2016.

 Muy querido P. Juan Carlos,

Desde que recibí la noticia del terremoto en Ecuador lo he tenido muy presente a Ud, a los demás padres que trabajan en ese gran país y también a los miembros del Regnum Christi. Como miembros de un mismo cuerpo, estamos unidos en la oración, pidiendo por las personas que han perdido la vida, por el consuelo a sus familiares, y también por la recuperación de los heridos. Igualmente pedimos al Señor que las obras de rescate tengan éxito y se puedan salvar muchas vidas.

Nuestras instituciones en otros países están viendo el modo de sumarse a la ayuda humanitaria que se enviará al país. No deje de recomendar a los miembros del Movimiento y a otras personas cercanas a que hagan lo que esté en sus manos para aliviar el sufrimiento causado por el terremoto. Ojalá que, apenas empiece la vida a volver a la normalidad, se puedan sumar a las iniciativas que miren a la reconstrucción, al cuidado de quienes lo han perdido todo y, particularmente, a sus seres queridos.

Agradezco a la Virgen Santísima que esté Ud. bien y con esa disposición de salir al encuentro de Cristo que sufre en nuestros hermanos. Pido al Señor Resucitado que, en estos momentos de dolor para Ecuador, convierta a todos los miembros y amigos del Regnum Chrsti en misioneros de la misericordia y de la paz.

Su hermano en Cristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Colección de Cartas 2014-2015 P. Eduardo Robles Gil, L.C.

cartas_15042016

(…) Nuestro Director general se ha dirigido a los legionarios y a los miembros del Movimiento en varias ocasiones para compartirnos sus planes, sus inquietudes y los retos debemos enfrentar para continuar por el camino de la auténtica renovación y de cumplimiento de la misión (…)

Fallecio en Alemania el H. Robert Wills, L.C. (1988-2016)

¡Venga tu Reino!

Muy queridos padres y hermanos,

Les comunico con tristeza la repentina muerte del H. Robert Wills, L.C. en Alemania la tarde del lunes, 21 de marzo, por un fuerte golpe en la cabeza después de una caída de unos 6 metros de altura. Falleció después de haber recibido la unción de los enfermos. Les pido sus oraciones por él, por su familia y los miembros de su comunidad. Les anexo la traducción de la carta que envió el P. Andreas Schöggl.

Afmo en Cristo, P. Eduardo Robles Gil, L.C.

¡Venga tu Reino!

Bad Münstereifel, 21 de marzo de 2016

Muy queridos padres y hermanos, queridos amigos en el Señor,

En este lunes santo nuestro hermano Robert Wills falleció de manera repentina e inesperada. Murió camino al hospital, después de haber recibido asistencia médica de emergencia y la unción de los enfermos, como consecuencia de un fuerte golpe en la cabeza. Parece que la herida se haya ocasionado por una caída de una altura de unos seis metros. Este hecho nos llena de tristeza y confiamos a nuestro hermano a la misericordia divina. Las agencias competentes aún no han terminado su investigación para determinar las circunstancias de su fallecimiento. Sin embargo, todo parece indicar que su muerte está relacionada con una enfermedad psíquica para la que desde hace dos años recibía medicamentos y terapia profesional.

El H. Robert es el último de cinco hermanos, nació en Estados Unidos el 5 de agosto de 1988, y vivió junto con su familia cerca de Washington, D.C. En un artículo en el que une narraba su historia vocacional, era un deportista de alto rendimiento, músico (tocaba el oboe), un buen estudiante. Todas estas actividades, así lo refiere él, lo llevaron a una fase depresiva y de “burn out”. Él quería vivir de una manera más equilibrada y sacaba fuerza para ello de su fe e incluso percibió una llamada a la vida religiosa y al sacerdocio, que quiso seguir.

Después del Noviciado, las humanidades y el bachillerato en filosofía sus superiores lo destinaron a Alemania para colaborar en la pastoral familiar y juvenil durante sus prácticas apostólicas y también para seguir profundizando y discernir su idoneidad para la vida religiosa y el sacerdocio. Aprendió la lengua alemana con entusiasmo y buenos resultados, e irradiaba un amor profundo a Cristo, a la Virgen y a sus hermanos, que solicitaban con gusto tener conversaciones espirituales con él. Sin embargo, también empezaba a necesitar darse tiempos de descanso y luego también recibir ayuda médica y terapéutica. Los miembros de su comunidad y amigos lo animaron a ello y lo acompañaron y sostuvieron humanamente.

Por su muerte repentina, esperamos a su madre y a uno de sus hermanos que viajan en estos momentos desde los Estados Unidos. Con ellos se decidirá la hora y lugar de la sepultura y se darán a conocer en los próximos días. Pido a todos sus oraciones también por su familia y parientes. En un artículo que el H. Robert escribió para esta cuaresma terminaba sus reflexiones con las siguientes líneas: “Jesús, abre mi corazón tanto como sea posible para recibir tu misericordia. Quítame todos mis miedos infundados y preocupaciones inútiles que hacen que mi corazón y mis manos se marchiten. Tú has querido morir por mí para convencerme de que tu amor y tu misericordia no conocen límite alguno. Concédeme experimentar tu compasión, para que tu misericordia pueda llegar hasta mi prójimo a través de mis manos y de mi corazón indigno. Finalmente te pido: Haz mi corazón semejante al tuyo y al de tu Madre, para mis hermanos puedan descubrir su imagen en mí”.

¡Descanse en paz!

Unidos a todos ustedes en la esperanza,

P. Andreas Schöggl, L.C.
Director territorial

Anexo : Carta original del P. Andreas Schöggl, L.C. (PDF)