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Carta a los legionarios de Cristo en el L aniversario del Decretum Laudis

Roma, 6 de febrero de 2015
L aniversario del Decretum Laudis

A los legionarios de Cristo

Muy queridos padres y hermanos:

Hace unos días renovamos nuestra consagración religiosa. He pedido de manera especial por cada uno de ustedes para que durante este Año de la vida consagrada todos y cada uno podamos descubrir la acción de Dios en nuestra historia personal y en la de la Legión y acojamos con lucidez su voluntad en todo momento.

Hoy celebramos cincuenta años de la concesión del Decretum Laudis a la Legión de Cristo y he querido  compartirles algunas reflexiones para que juntos podamos agradecer al Señor su presencia indefectible y cariñosa entre nosotros. Lo hago inspirándome en un momento de la vida de san Pablo.

Al inicio del capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles, san Pablo describe su plan para el segundo viaje misionero. Visitaría las iglesias que había fundado en Asia Menor durante su primer viaje misionero para fortalecerlas y transmitirles las decisiones del Concilio de Jerusalén. En el versículo 5 hace un primer informe del viaje:
«las Iglesias se consolidaban en la fe, y su número crecía día tras día». Todos nosotros podemos imaginar el consuelo y la alegría de san Pablo a la luz de estos hechos.

Sin embargo, en el versículo 6 descubrimos que Dios tenía otros planes para san Pablo. En dos ocasiones seguidas, el Espíritu de Dios le impide seguir el itinerario que él había previsto. Después, durante un sueño, el Señor hace comprender a Pablo que debe ir a Macedonia. La actitud que Pablo refleja en el versículo 10 es un ejemplo para todos nosotros: «Apenas (Pablo) tuvo esa visión, tratamos de partir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba para que la evangelizáramos».

Una vez que Pablo y sus compañeros descubren lo que el Señor quiere de ellos, lo obedecen con prontitud. Dejan de lado sus propios planes y se encaminan en la dirección que Dios les ha mostrado a través de su Providencia. Llegar a tomar esta decisión debió haber sido difícil e incluso alguno lo habrá tildado de temerario. Se estaban
embarcando rumbo a un continente que no conocían, sin un plan de acción claro y sin el apoyo de una comunidad cristiana que los recibiera. Estos actos de fe tan concretos nos permiten ver que los apóstoles realmente creían que Jesucristo está vivo y guía a su Iglesia.

No podemos minimizar las consecuencias fecundas de estas decisiones. Si san Pablo y sus compañeros hubieran seguido sus propios planes en lugar de los del Señor, seguramente las comunidades de Asia (v. 6) y de Bitinia (v. 7) se hubieran alegrado y fortalecido en la fe, pero quizás el Evangelio no hubiera llegado a Europa y a Occidente
de la misma manera.

Nuestra misión no es entender los planes de Dios con todo detalle. Jesús nos llama a amar a Dios y al prójimo y a obedecer la voluntad del Padre tal y como se va manifestando en su Providencia. Todos tenemos la experiencia de momentos en los que la voluntad de Dios nos confunde, o en que no estamos de acuerdo con las indicaciones
de quienes la representan. Es precisamente entonces cuando estamos llamados a vivir la obediencia de la fe. Nuestras Constituciones nos invitan: «los legionarios mediten y contemplen con frecuencia la sumisión de Jesucristo a la voluntad de su Padre celestial y busquen practicar la obediencia sobrenatural, pronta, alegre, perseverante y heroica, lo mismo de mente que de ejecución» (n. 33 §1).

Me parece que este pasaje de la vida de san Pablo tiene un especial significado para nosotros en el L aniversario de la concesión del Decretum Laudis. Aunque el Señor cambia los planes de san Pablo, el Señor lo confirma en su misión fundamental de anunciar el Evangelio. Lo mismo se puede decir del Regnum Christi y de la Legión. El Decretum Laudis concedido en 1964 por el Beato Pablo VI es el mismo. Al modificar lo que nos parecían planes muy claros e indicarnos la ruta que debemos seguir al aprobar nuestras Constituciones, la Santa Sede nos ha confirmado en nuestra existencia como Congregación religiosa de derecho pontificio, y en nuestra vocación y misión.

Este pasaje también tiene un especial significado para mí en este primer aniversario de mi elección como director general. Apenas me estaba ubicando en mi misión de director territorial de México, un territorio que conozco bien y al que quiero entrañablemente. Cuando los Padres capitulares me eligieron y la Santa Sede confirmó esta elección, sabía que el Señor me pedía dejar de lado mis preferencias y renunciar a muchas cosas para asumir esta nueva misión. Tenía plena conciencia, y la tengo todavía, de que la misión supera enormemente mi capacidad y mis fuerzas. Es una misión que sólo se puede asumir por la fe, confiando en la ayuda de Dios, apoyado en la oración de todos ustedes y en la certeza del esfuerzo cotidiano de cada legionario para corresponder al amor de Dios amando a la Iglesia, a la Legión, al Regnum Christi y a cada una de las personas y obras que el Señor ha querido confiar a nuestro cuidado pastoral. ¡Gracias por su paciencia y por el regalo de su obediencia generosa al plan de Dios!

Durante los últimos años hemos obedecido las indicaciones de la Santa Sede y abrazado la voluntad de Dios con fe y confianza, incluso cuando algo pudiera habernos resultado difícil de entender. Hoy, nuestros compañeros de viaje, los miembros de primero y segundo grado del Regnum Christi se encuentran en una situación parecida. Al entregarse a la tarea de reflexionar sobre su vocación y misión para luego llegar a un Estatuto del Regnum Christi, los miembros del Movimiento necesitan encontrar en nuestras actitudes y disposiciones el ejemplo de fe y el entusiasmo necesario que los ayude a emprender el camino con la seguridad que sólo Dios puede dar. Su
proceso puede ser tan novedoso para ellos como lo fue la revisión de las Constituciones para nosotros o el viaje a Macedonia para san Pablo.

Al mismo tiempo, una vez que hemos emprendido nuestro viaje a Macedonia, nos toca vivir con pasión, decisión y espíritu sobrenatural nuestras Constituciones, hacer lo que nos toca a cada uno para cumplir con las indicaciones dadas por el capítulo general, para revitalizar nuestro celo apostólico y dar un renovado impulso al Movimiento Regnum Christi.

A los novicios los invito a asimilar en profundidad el espíritu de la Legión y a discernir con responsabilidad y honestidad a la luz de Dios qué es lo que el Señor quiere para sus vidas. A los religiosos en formación los animo a capacitarse con una formación espiritual, humana e intelectual de excelencia, como merecen las almas a las
que están llamados a servir, y a forjar en sí mismos al apóstol del Regnum Christi que pueda tomar la estafeta de quienes les preceden en el apostolado, algunos en prácticas apostólicas, otros en su ya cercano ministerio sacerdotal.

Pienso también en los sacerdotes jóvenes, y los exhorto a entregarse con ilusión y realismo a su apostolado, buscando crecer en su fidelidad a la vida legionaria y aportar a la vida comunitaria la fidelidad, la frescura y el fervor propio de quien ha recibido un don tan grande; al mismo tiempo, los invito a pedir consejo de los
padres que los preceden y a capacitarse para poder asumir responsabilidades más grandes en la edificación del Reino de Cristo. A los sacerdotes que llevan ya varios años de ministerio, los invito a no descuidar su vida espiritual, la identificación progresiva con Cristo Sacerdote y su formación permanente y a entregarse, como hizo san
Pablo, a la misión recibida de Dios, a consolidar y hacer crecer las secciones, los colegios y las obras, y también a hacer posible la vida fraterna en sus comunidades por medio de su unión con Dios, su servicialidad y su presencia.

A los legionarios de edad madura, les pido que nos sigan alentando con su ejemplo de confianza en el plan de Dios: ustedes, como san Pablo, se pusieron en marcha, algunos incluso fueron a países cuya lengua desconocían, confiados en el Señor. Continúen ayudándonos con su sabiduría y pidiendo a Dios gran celo apostólico, un
espíritu intrépido y audaz en el servicio del Reino.

Finalmente me dirijo a quienes cargan hoy con la cruz del servicio de la autoridad y también a los formadores de legionarios y a los directores espirituales. Sobre sus hombros descansa en buena medida que las consignas e indicaciones del capítulo general y de las Constituciones y códigos secundarios se hagan realidad en la
vida de nuestras comunidades y de cada uno de nosotros. No dejen de alentarnos a todos y a exigirnos evangélicamente la vivencia de lo que libremente hemos prometido el día de nuestra profesión religiosa
para mayor gloria de Dios y salvación de las almas.

Termino estas reflexiones, queridos padres y hermanos. Pidamos hoy especialmente a la Santísima Virgen por el Regnum Christi y por la Legión, para que, como Ella, sepamos conservar en el corazón todos los gestos del amor de Dios en nuestra historia y para que Ella nos ayude a glorificar a Dios y agradecerle sus dones como conviene.

Con un recuerdo especial en mis oraciones,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Pautas para la promoción vocacional

12 de diciembre de 2014 (D.G. 962-2014/8): Pautas para la
promoción vocacional

Roma, 12 de diciembre de 2014

A los directores territoriales del Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Les envío un saludo en este día de la Virgen de Guadalupe y víspera de la ordenación sacerdotal de 35 legionarios de Cristo. En respuesta a la petición que hicieron durante la reunión que tuvimos en Roma el pasado mes de septiembre, les hago llegar unas pautas para la promoción vocacional que han sido preparadas por un grupo de legionarios, consagradas y consagrados, y posteriormente presentadas al Comité general del Regnum Christi.

Dios sigue llamando a hombres y mujeres a estar con él y enviarlos a predicar (cf. Mc 3, 14) y confiamos en que muchos seguirán respondendo a su llamado a la santidad y al apostolado en el Regnum Christi. Unos lo harán como sacerdotes o consagrados, otros como miembros de primero o segundo grado. En la familia del Regnum Christi, hemos de desarrollar una renovada «cultura vocacional» que nace del aprecio por el don de la propia vocación y de la de los demás. Se trata de promover la “plenitud vocacional” de cada una de las personas con las que entramos en contacto, particularmente de los miembros del Regnum Christi. En la base de esta «cultura vocacional» está el encuentro personal con Cristo y un diálogo afectuoso con Él que lleve a elecciones de vida y acción en consonancia con el Evangelio.

El documento que les envío contiene pautas generales y algunas sugerencias de acción que tendrán que adaptarse y concretarse de acuerdo con las circunstancias de cada territorio. La mayoría son cosas bien conocidas pero que conviene recordar. Las pautas no pretenden ser exhaustivas —señalando todo lo que hay que tener en cuenta— sino sólo indicativas. Es responsabilidad del director territorial del Regnum Christi, con la ayuda del Comité territorial, definir el modo de concretarlas y asegurar que se dé la colaboración de todo el Movimiento en la promoción vocacional así como un adecuado seguimiento.

Las pautas y sugerencias han sido preparadas pensando en la misión apostólica común del Regnum Christi en la cual participan todas las ramas. Por lo mismo, no hay pautas particulares para las distintas ramas, pues corresponde más bien a cada director o responsable general dar las consignas que considere oportunas. Como verán, se sigue el mismo esquema del documento “horizonte programático” que ya están utilizando.

Me despido encomendando a María Santísima, en este día dedicado
a ella, el fruto de nuestra promoción vocacional.

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Adviento e inicio del Año de la vida consagrada

2 de diciembre de 2014

A los legionarios de Cristo

Muy queridos padres y hermanos:

El domingo por la mañana tuve la oportunidad de participar con algunos legionarios que están en Roma en la concelebración de apertura del Año de la vida consagrada, en la Basílica de San Pedro. Esa tarde empecé a escribir esta carta, por medio de la cual quiero enviar a todos mi saludo y mi oración para que el adviento que iniciamos sea un momento de esperanza.
Dios sabe cuánto pedí durante la misa por la Legión y el Regnum Christi, y por los frutos de este año especial de gracia que la Iglesia nos concede. Fui repasando con el Señor los miembros del Gobierno general, los directores territoriales y sus consejeros, los superiores de comunidad, los diáconos que pronto serán sacerdotes —los primeros con las Constituciones aprobadas—, los legionarios en Quintana Roo, los demás padres en ministerio, los hermanos en prácticas apostólicas y los que están en las casas de formación. Me detuve especialmente para confiar al corazón de Dios a los novicios, a los apostólicos, y también a quienes padecen alguna enfermedad. Recordé con especial afecto a quienes hoy sienten tristeza o tienen algún sufrimiento. Y no podía olvidar a los seis, hoy siete, legionarios que durante este año han terminado su peregrinación terrena.

Adviento: aprender a guardar la Palabra

La lectura patrística del oficio de lecturas del primer domingo de adviento, de San Cirilo de Jerusalén, nos habla de las dos venidas de Cristo y sus características: Cristo vino al mundo, se hizo hombre,para que quienes lo recibiésemos pudiéramos decir con verdad que somos hijos de Dios; y Cristo vendrá en la majestad de su gloria al final de los tiempos para que lo veamos tal cual es. ¡Qué alegría poder contemplarlo cara a cara y reencontrar a nuestros hermanos que se nos han adelantado y que confiamos que ya gozan de Él! El breviario también nos presenta el miércoles de la primera semana de adviento un texto de San Bernardo que siempre me ha ayudado. Él habla ahí de tres venidas de Cristo: su encarnación, la parusía, y otra intermedia, invisible, que «es oculta. En ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan». Y continúa: «Y para que nadie piense que es pura invención
lo que estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a él mismo: “El que me ama —nos dice— guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él”». Ésta es la venida que esperamos y que nos alegra en el camino del adviento: un encuentro personal que nos renueva desde dentro.

Pero, ¿qué nos quiere decir Jesús con ese «guardará mi palabra»? Yo pienso que se trata en primer lugar de aceptar a Jesucristo, la Palabra, el Verbo de Dios, acogerlo en la fe, para moldear nuestra personalidad, nuestra identidad según la suya: «a quienes lo recibieron les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios» (cf. Jn 1, 12). En segundo lugar, creo que tiene que ver con la aceptación del maravilloso plan de Dios sobre cada uno de nosotros y sobre la Legión y el Regnum Christi en lo concreto del momento presente, como hizo María: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38) y, así, «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14). Y María muestra al Niño a todos, que supera infinitamente todas nuestras imaginaciones y expectativas del amor que Dios tiene por cada uno de los hombres. Es nuestro fiat aceptar a Cristo y sus designios sobre nosotros. El adviento en la Legión: acoger la Palabra y aceptar el plan de Dios A la luz de este misterio del adviento, y del inicio del Año de la vida consagrada, ¿qué es lo que el Señor espera de nosotros, legionarios de Cristo? Sin duda, el Espíritu Santo sabrá inspirar a cada uno lo que a Dios más le agrada, pero creo que hay algunos puntos en los que todos necesitamos abrirnos a la gracia y corresponder con un esfuerzo sostenido de cara a la Navidad ya próxima y, también, para todo el Año de la vida consagrada.
En primer lugar creo que el Señor nos invita a conocer cada vez más a Jesucristo que viene a salvarnos y que desea ser el centro de nuestras vidas. Este conocimiento es una gracia que el Señor concede a quien lo busca tenazmente, como los pastores y los magos en la noche de Belén. Igual que a ellos, la experiencia de Cristo nos exige un amor personal, constante y fiel a un Dios que nos llama y que no vemos o a veces no entendemos. Nos pide un corazón estable, que se mantenga en el camino incluso cuando éste tenga espinas. Requiere un corazón generoso que sepa desprenderse de todo aquello que no es coherente con nuestra condición de sacerdotes y religiosos legionarios para que el Niño Dios pueda decir que ha venido a los suyos, y los suyos sí lo recibieron.
Creo que también tenemos la oportunidad de renovar nuestro sí a la propia vocación, al plan de Dios, con la misma sencillez y disponibilidad que María. Este año es un kairós, un momento especialmente propicio para nuestra auténtica renovación: tenemos grandes esperanzas después del camino recorrido, contamos con nuevas Constituciones y algunos Códigos secundarios, así como con los Comunicados capitulares, que nos orientan en nuestro seguimiento de Cristo en el momento presente. El vino nuevo va en odres nuevos, y por eso debemos pedir la gracia de un corazón renovado, quitar los miedos ante el camino que la Iglesia nos ha marcado, derramar la paciencia y la comprensión en las heridas que todavía estén abiertas, arrancar de nuestras vidas la mundanidad y los egoísmos. Supliquemos esta gracia a Dios para todos nuestros hermanos.

El anuncio de la alegría

El Card. Joao Braz citó al Papa Francisco en la misa del domingo diciendo que «donde hay religiosos, hay alegría». Nuestras casas de formación y también las casas de apostolado son fuente de esperanza porque, aun en medio de las dificultades, se percibe esta alegría.
La Legión tiene y tendrá vida en la medida en que seamos capaces de ofrecer al mundo y a la Iglesia sacerdotes y religiosos optimistas y alegres de seguir a Cristo más de cerca. Se trata de una alegría sobria y contagiosa que nos permite esperar futuras vocaciones si cada uno de nosotros vive el seguimiento personal en la vida religiosa con coherencia y predica con la vida nuestra vocación de seguidores de Jesucristo y colaboradores suyos para que Él reine en la sociedad. Lo decía al inicio, también hay sufrimiento en la Legión. Sólo Dios sabe cuánto me pesa, como padre y hermano, que algunos no puedan decir en estos momentos: ¡qué bien se está aquí! El adviento es tiempo de esperanza, y por eso los invito a todos, y especialmente a los que sufren o tienen alguna insatisfacción, a confiar, no en mí, sino en Dios que viene a salvarnos. No hay situación humana que Jesucristo no pueda transformar. Confíen en la buena voluntad de sus hermanos que también quieren realizar el plan de Dios con generosidad. Pido a la Virgen que les alcance escuchar durante este año la voz del ángel que dice: «Les anuncio una gran alegría, hoy nos ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2, 10-11).

Una historia por construir en el presente, con esperanza en el futuro
Me gustaría que llegáramos al final del Año de la vida consagrada con una Legión más fiel, que va haciendo vida lo que el Capítulo general nos ha propuesto, y que, dentro de los límites de la fragilidad humana, estemos todos contentos de formar parte de esta familia y sanamente orgullosos de ser legionarios de Cristo. Por eso, sabiendo que Dios siempre precede, acompaña y perfecciona todas las obras del amor, los invito a ponerse en camino, a hacer lo que esté en sus manos para que su fe en un Dios que no se deja ganar en generosidad se haga vida; para que la oración alimente sus virtudes; para que la eucaristía nos transforme en otros Cristo; para que forjemos nuestra personalidad según el modelo que nos proponen las Constituciones. Dios se encargará del resto. Cristo vendrá a lo secreto de nuestro corazón, y la Trinidad morará en toda la Legión.
El Papa Francisco nos ha enviado un mensaje para el Año de la Vida Consagrada. El Cardenal Braz lo citó también en la homilía del domingo. Tuve oportunidad de leerlo y me pareció extraordinario. Creo que los objetivos que el Papa nos traza resumen bien mi pensamiento y motivo de esta carta: mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza. San Juan Pablo II lo expresaba así en Vita Consecrata: «¡Vosotros no solamente tenéis una historia para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas » (n.110).
Seguramente el Papa y la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada publicarán mensajes y documentos. Aunque hay poco tiempo para ello, ojalá que la lectura y meditación de los mismos
les enriquezca para poder descubrir mejor lo que Dios quiere de nosotros.

Los encomiendo y les pido sus oraciones para que quienes ejercemos ahora el servicio de la autoridad podamos hacerlo según el Corazón de Cristo. Deseo a todos un adviento y una Navidad llenos
de la presencia del Señor. Su hermano en Cristo y la Legión,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

P.D.: Ayer, 1 de diciembre de 2014, recibí la noticia de la muerte del P. Gregorio López, L.C. Mi corazón se llenó de tristeza en un primer momento, pero luego se transformó en alegría.
Tengo muchos recuerdos de él. Él me recibió en el Instituto Cumbres hace 58 años. Predicó mi triduo de incorporación en 1972. Fue acólito en mi primera misa. Compartimos innumerables experiencias en los últimos años. Lo recuerdo como un legionario ilusionado por su misión, de gran entereza, con unas ideas básicas sobre su sacerdocio y su vocación religiosa bien asimiladas. Optimista y alegre, sin dejarse vencer por las enfermedades, los reveses de la vida y los años y que pedía diariamente la gracia de la perseverancia final.

¡Gracias P. Gregorio, descanse en paz!

“Un texto para conformar nuestra vida con Cristo”

¡Venga tu Reino!·

Prot. D.G. 882-2014/1
Circular


São Paulo, 1 de noviembre de 2014
Solemnidad de todos los santos

A los legionarios de Cristo

Muy estimados en Jesucristo:

Tengo el privilegio y la inmensa alegría de comunicarles que la Santa Sede, a través de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, ha aprobado la nueva versión del texto de nuestras Constituciones, en respuesta a la petición presentada por el Capítulo general extraordinario, celebrado a inicios de este año. La carta que nos comunica la aprobación lleva la fecha del 16 de octubre, memoria litúrgica de santa Margarita María de Alacoque y aniversario de la elección pontificia del Santo Padre Juan Pablo II.

Ante todo, los invito a elevar una ferviente oración de acción de gracias, agrade­ciendo a Dios esta nueva muestra de su amor hacia la Legión de Cristo y hacia cada uno de sus miembros. Agradezcamos también a los Pontífices Benedicto XVI y Francisco, al Cardenal Velasio De Paolis y a sus consejeros, por la paterna solicitud con la que han guiado los pasos de nuestra congregación en estos años pasados, marcados por la prueba, pero también por el cercano acompañamiento de la Iglesia.

Tenemos ahora en nuestras manos el texto de nuestras Constituciones que describe para cada uno de nosotros el modo propio de vivir la vida religiosa en la Legión, siendo así el camino que nos guía hacia la santidad y la fecundidad apostólica al servicio de la Iglesia y de los hombres. Como establece el último número del texto aprobado, hemos de conformar nuestra vida con Cristo, regla suprema del religioso, según el Evangelio y las Constituciones (cf. n. 235).

El día 8 de enero de este año, en la celebración eucarística que daba inicio al Capítulo general, el Cardenal De Paolis afirmaba: «las Constituciones que se darán, no serán simplemente un código de leyes que les una sólo externamente en la disciplina; serán más bien un texto que exprese una vocación común, un ideal común, una visión común y un camino común de santidad. Serán un impulso para tender juntos hacia la realización del proyecto de Dios sobre la congregación y sobre cada uno de ustedes, para la gloria de Dios y el servicio a la Iglesia y a la misma Legión. El corazón de las Constituciones es el carisma o el patrimonio espiritual del Instituto».

Precisamente por esta razón los invito cordialmente a conocer el texto de las Constituciones, meditarlo y, sobre todo, llevarlo a la vida personal, comunitaria y apostólica con mucho amor y generosidad, acogiendo así el plan de Dios sobre la Legión y cada uno de nosotros. En este sentido, Mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., escribe lo siguiente en el último párrafo de la carta de aprobación: «Confío vivamente que la observancia de las Constituciones sea para los legionarios de Cristo una ayuda valiosa en la realización de su compromiso apostólico, en fidelidad al carisma».

Además, para valorar mejor este evento de la vida de la Legión, los invito a recordar la historia de este nuevo texto de nuestras Constituciones. El Cardenal De Paolis en la homilía que acabo de citar nos decía: «lo que el Señor ha hecho durante este período de preparación debe ser el recuerdo y la memoria a la que están llamados a volver para reencontrar la confianza, la serenidad y la esperanza».

En el documento adjunto a esta carta (cf. anexo 3) encontrarán una breve memoria de este camino que hemos recorrido juntos, desde el inicio de 2011, con la participación activa y generosa de todos los religiosos legionarios. Espero que nos ayude a apreciar el don que ahora recibimos y que, si podemos decirlo así, cierra la parte principal de esta etapa de nuestra historia.

Finalmente deseo mencionar que esperamos promulgar en breve las Normas complementarias (directorio) y el Reglamento de las casas de apostolado, para así completar una parte importante de los encargos que el gobierno general recibió del reciente Capítulo general.

Agradezco a la Santísima Virgen María su ayuda y cercanía materna a lo largo de este camino, y le pido que interceda para que todos los legionarios vivamos con fidelidad estas Constituciones. Les pido un recuerdo en sus oraciones y les aseguro las mías, me confirmo de Uds. afmo. en Jesucristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

c.c.p.: P. Gianfranco Ghirlanda, S.I., Asistente Pontificio

Anexos:

  1. Texto aprobado de las Constituciones (PDF)
  2. Decreto de aprobación
  3. Breve resumen del proceso de revisión de nuestras Constituciones (2010 – 2014)
  4. Tabla con un resumen de algunos de los cambios introducidos a la versión presentada por el Capítulo general, por petición de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica
  5. Carta del Director General en original (PDF)

Carta a los ejercitantes de mes sobre la conversión del corazón a Dios

Roma, 19 de julio de 2014

A los padres y hermanos que hacen Ejercicios Espirituales de mes

Roma, Italia

Muy estimados en Cristo:

Con mucha alegría y esperanza les escribo, al inicio de sus Ejercicios Espirituales de mes, para hacerme presente con mi oración y ofrecerles algunas reflexiones que espero les ayuden en estos momentos de grandes gracias para todos ustedes. Los invito a tomar conciencia de que precisamente en su silencio y oración, Dios obrará en sus almas con el deseo eficaz de acercarlos aún más a Él, de ayudarles a consolidar la práctica de las virtudes y de infundirles
un deseo siempre mayor de servir a la Iglesia y a los demás en la Legión de Cristo y en el Regnum Christi. Esta será, sin duda, la mejor aportación que cada uno de ustedes puede hacer en estos momentos tan importantes de nuestra historia institucional, caminando al paso y bajo la guía de la Iglesia.

Para la mayoría será también una ocasión para confirmar su opción de vida como religiosos, mientras que para algunos otros, según sus necesidades personales, será una valiosa oportunidad para su discernimiento vocacional. Por ello el borrador de las Constituciones que aprobó el capítulo prevé que los ejercicios de mes se tengan, ordinariamente, durante el tiempo de los votos temporales (cf. n. 49).

En este contexto me vienen a la mente las palabras de Jesucristo a sus apóstoles: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mc 8, 34). San Pablo, habiendo experimentado la acción de Dios y habiendo ofrecido su plena colaboración expresa esta verdad evangélica de modo similar:
«Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gal 2, 19-20).
Estas dos frases están unidas por la referencia a la cruz, es decir, al misterio pascual de Cristo, es decir, a su muerte y resurrección de las cuales participamos misteriosamente. Nuestra consagración a Dios, como ofrecimiento libre y amoroso de todo nuestro ser a Él, es nuestro modo de estar crucificados con Cristo. Estar crucificado tiene, por tanto dos vertientes: la negación de nosotros mismos («que renuncie a sí mismo») y la identificación con Cristo («y me
siga…»).

La primera vertiente podríamos llamarla «ascética» y está muy bien expresada en el formulario de la renovación de las promesas del bautismo que utilizamos en la vigilia pascual o al terminar los ejercicios espirituales. En esa ocasión la Iglesia nos invita a renunciar, una vez más, a la seducciones del demonio, entre las que encontramos
el creernos ya convertidos del todo, el creernos los mejores, el quedarnos en los medios y no ir a Dios. Esta conclusión de los ejercicios espirituales expresa sintéticamente un fruto importante, sobre todo para ustedes que hacen una intensa experiencia de oración durante un mes. En efecto, por nuestra vocación a la vida religiosa,
es decir, por el llamado que Dios nos ha hecho de ser suyos de modo particular, debemos ser firmes y constantes en la lucha por la perfección que no es sino la siempre mayor unión con Él por el amor.

Nadie puede creerse convertido del todo porque la conversión es una tarea ininterrumpida, como ininterrumpida es la acción de la gracia que realiza eficazmente esta conversión en nosotros a la vez que pide, misteriosamente, nuestra colaboración. Ininterrumpida, porque en esta vida terrena no logramos poseer a Dios. Precisamente
por esto el cristiano, y más aún el religioso, debe buscar sin cesar la penitencia y la renovación como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: «Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del «corazón contrito» (cf. Sal 51, 19), atraído y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero» (n. 1428).

El Papa Francisco ha querido presentar a la atención de la Iglesia algunas tentaciones que hoy nos afectan a todos. En particular quisiera centrarme en la tentación de vivir la vida religiosa de manera «meramente mundana». Dice el Santo Padre en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 93: «La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la
gloria humana y el bienestar personal. Es lo que el Señor reprochaba a los fariseos: ¿Cómo es posible que creáis, vosotros que os glorificáis unos a otros y no os preocupáis por la gloria que sólo viene de Dios?» (Jn 5, 44). Es un modo sutil de buscar «sus propios intereses y no los de Cristo Jesús» (Flp 2, 21). Toma muchas formas, de acuerdo con el tipo de personas y con los estamentos en los que se enquista. Por estar relacionada con el cuidado de la apariencia, no siempre se conecta con pecados públicos, y por fuera todo parece correcto. Pero, si invadiera la Iglesia, «sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral». La gracia de la conversión que les invito a pedir y acoger generosamente, como algo eminentemente positivo, tiene varias dimensiones a las que deben prestar atención: intelectual, afectiva y moral.

Dimensión intelectual: Les invito a analizar con serenidad, y hasta con entusiasmo, si sus criterios y juicios son los de un religioso que vive del Evangelio o son simplemente, tal vez de un modo sutilmente escondido, los del mundo. Los ejercicios espirituales son ocasión para que cada uno reflexione delante de Dios cuánto puede
haber en su vida ordinaria de racionalismo, pragmatismo, relativismo, utilitarismo o hedonismo. Aquí tienen un desafío importante en las actuales circunstancias en las que estamos escribiendo un nuevo capítulo de nuestra historia para lograr que la Legión —y en primerísimo lugar sus hombres— sea, cada vez más, lo que Dios quiere que sea, sin fáciles acomodos al espíritu del mundo. Tenemos necesidad como Institución, y como personas individuales, de seguir cambiando siempre más nuestros criterios para adecuarnos fielmente a la enseñanza de Jesucristo, tal como nos la presenta el Evangelio y la doctrina de la Iglesia. Es decir, necesidad de cambiar permanentemente nuestra forma mentis para pensar siempre bien, para razonar, decidir, reaccionar y enfocar todo desde la sabiduría de Dios, como Legionarios de Cristo, teniendo como punto
de referencia el Evangelio y nuestras Constituciones.

Dimensión afectiva: No es difícil —si hay sinceridad— descubrir, con la luz del Espíritu Santo, lo fácil que puede ser dejarse contagiar por el mundo en su ansia de triunfalismo, en el deseo de comodidad, en el apego desordenado a las personas, en el uso inapropiado de los medios materiales, en particular los medios de comunicación social, etc. Esta purificación afectiva equivale a reconocer y desapegarse de una manera tal vez demasiado humana de concebir la vida religiosa y sacerdotal. Según los casos puede resultar ser un reto enorme. En efecto, con realismo podemos todos admitir cuán fácil es el apego a nuestros gustos, al propio interés y al amor propio, y cuánto estos apegos pesan y condicionan nuestras decisiones de santidad y apostolado.

Para recorrer este camino se requiere, ante todo, la luz de Dios y la generosidad de la apertura. Se requiere aquello que san Ignacio de Loyola llama la «indiferencia» ante todo lo que no es Dios. Por esto él nos recuerda que una de las tareas propias de los ejercicios espirituales, sobre todo en las primeras etapas, es precisamente el deseo y la
firme decisión de purificarse de las afecciones desordenadas. Dicho de otro modo, se trata de trabajar para desarraigar el propio corazón de todo cuanto es «del mundo», para que esté verdaderamente libre, sin afición a las creaturas, de aquello que el Santo Padre llama «mundanidad» en sus múltiples manifestaciones.  Así pues, les animo mucho a luchar por liberarse afectivamente de cualquier salpicadura de mundanidad espiritual. Pidan a Dios
la gracia de poder vivir coherentemente y con gusto el Evangelio en la vida religiosa en la Legión de Cristo.

Dimensión moral: Para entender esta tercera dimensión, les invito a preguntarse si hay algo en su vida que contradiga objetivamente su condición de cristiano, de religioso y, si es el caso, de sacerdote Legionario de Cristo. Los ejercicios espirituales les ofrecen una valiosa ocasión para responder esta pregunta con sinceridad y humildad, confiados en el amor del Padre que nos ama incondicionalmente. Los invito a buscar desterrar con firmeza y alegría todo lo que sea ajeno a su estado y condición de vida. La conversión en su dimensión moral consiste en dejar el camino equivocado para volver al camino de Dios. Se podría decir que es hacer efectivo, de modo estable, el desapego afectivo del que acabamos de hablar. San Juan Pablo II nos recuerda que el deseo de hacer penitencia
y convertirse será algo auténtico y eficaz en la propia vida sólo si se encarna en actos y gestos de conversión, es decir en «el esfuerzo concreto y cotidiano del hombre, sostenido por la gracia de Dios, para perder la propia vida por Cristo como único modo de ganarla; para despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo; para superar
en sí mismo lo que es carnal, a fin de que prevalezca lo que es espiritual; para elevarse continuamente de las cosas de abajo a las de arriba donde está Cristo. La penitencia es, por tanto, la conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (Exhortación apostólica Reconciliación y penitencia, 8).

Aquí es donde entra de lleno la segunda parte de la frase de Jesús que he citado al inicio de esta carta: el seguimiento de Cristo y la creciente identificación con Él. En este próximo mes dedicarán muchas horas a la oración y al esfuerzo por escuchar la invitación que Él les hace para compartir su vida, con sus pruebas y tribulaciones,
para luego triunfar con Él. Les invito a contemplar al Señor con el corazón, o mejor dicho, con todas sus facultades, porque sólo de la experiencia de Cristo, hecha en la fe, brota el amor y la capacidad de ser sus testigos creíbles en un mundo tan necesitado. Se trata de buscar hacer verdad lo que san Pablo decía: «Es Cristo el que vive en mí». Esta parte de la vocación sacerdotal es extraordinaria. En efecto Cristo vive en mí, o mejor, yo en Él. Cada
uno de nosotros puede, realmente, identificarse con Cristo, en la medida en que Él lo dispone y permite. Sabemos que esto no es algo que podamos alcanzar con nuestro esfuerzo humano sino que es obra del Espíritu Santo en nuestras almas. Dios nos purifica y nos eleva, nos transforma y renueva cuando le abrimos nuestro corazón
y nuestra vida sin medidas. Él puede y quiere arrancarnos el corazón de piedra y darnos un corazón de carne que viva y experimente el amor verdadero, el amor de Cristo.

Aquí se les abre un campo inmenso en los ejercicios espirituales. Para la mayoría de ustedes la ordenación sacerdotal está a pocos meses o años de distancia. Algunos harán la profesión perpetua al concluir los ejercicios. Otros son ya sacerdotes. Estas semanas de oración y trato íntimo con el Señor son una gran oportunidad
para unos y otros para identificarse más plenamente con Cristo, sacerdote y víctima, y hacerlo como Legionarios de Cristo. Quienes aún no son sacerdotes pidan insistentemente la gracia de conocer, amar y seguir a Cristo para ir preparando su corazón a la acción del sacramento que los configurará con Cristo, Único Mediador y Buen
Pastor. Busquen todos renovar, ahora con mayor madurez y conocimiento de causa, el entusiasmo y deseo de santidad y apostolado con el que un día decidieron dejarlo todo para seguir a Jesucristo «a donde quiera que Él vaya» (Mt 8, 19).

¡Qué maravilla poder ofrecernos a Cristo y a la Iglesia como instrumentos de una nueva evangelización! Cada uno según su personalidad, cada uno según lo que le pide el Espíritu. Todos ejerciendo su libertad con valentía para elegir con plena conciencia y de manera irrevocable lo que el Señor les proponen. Lo más importante es que todos logren terminar los ejercicios más identificados con Cristo en el corazón y en las obras, con un gran celo para ser enviados a los confines de la tierra para edificar el Reino de Cristo entre los hombres.

Todos necesitamos renovarnos para responder al Señor que nos invita a una santidad nueva, a ser sus testigos convincentes. Les pido a todos que se sumen a la renovación de la Legión y del Regnum Christi por medio de su entrega llena de libertad, amor y entusiasmo. Piensen que Jesucristo les ha amado primero y les seguirá
amando. Este amor incondicional, total, divino, se transforma en las gracias que necesitan en su vida y en su apostolado. Es poco lo que nosotros damos y es mucho lo que de Él recibimos. Durante este mes tengan muy presentes en sus oraciones a la Legión y al Movimiento y a todos los legionarios, especialmente a
los sacerdotes. Oren también con insistencia por quienes están participando en los candidatados de la Legión y de la vida consagrada en el Regnum Christi, para que Dios los ilumine y para que nos conceda abundantes vocaciones.

Cuentan con mis oraciones y sacrificios. Les encomiendo a María Santísima, Madre de la Esperanza que nunca declina.

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Análisis del camino recorrido por el Gobierno general

Roma, 15 de julio de 2014

A los legionarios de Cristo

 

Muy queridos padres y hermanos,

Les envío un saludo y mis oraciones. Desde hace unas semanas tenía intención de escribirles para agradecer las notas y mensajesque me han ido enviando de los distintos territorios, pero hasta hoy tengo oportunidad de hacerlo. Espero que el período de verano en el hemisferio norte y el cambio de semestre en el cono sur sean una ocasión en la que todos puedan recuperar fuerzas y dedicar más tiempo al trato con Dios nuestro Señor, de manera que podamos servir mejor a la Iglesia y a las almas que nos han sido encomendadas.

Algunos me han preguntado si la misión de director general que me confió el Capítulo general era lo que yo esperaba. Se han interesado también por saber a qué aspectos de la vida del Regnum Christi y de la Legión hemos dedicado nuestro tiempo. Quisiera por ello narrarles algunas de las cosas que hemos hecho en el Gobierno general desde la conclusión del Capítulo. Durante el verano y el inicio de otoño, después de la experiencia adquirida en estos meses, elaboraremos el programa de gobierno de la Legión para este sexenio, que les compartiré más adelante para que cada uno pueda sumarse desde su misión particular al esfuerzo de todos.

Analizando el camino recorrido desde finales de febrero, se pueden evidenciar algunos principios básicos que nos han guiado:

  1. Asegurar un gobierno estable y que funcione tanto a nivel general como en los territorios.
  1. Seguir el paso que la Iglesia va marcando para la Legión y el Regnum Christi.
  1. Impulsar y hacer vida la renovación pedida por el Capítulo general.

 

  1. Asegurar un gobierno estable y que funcione tanto a nivel general como en los territorios

Al concluir el Capítulo general nos encontramos con la tarea inmediata de asegurar una transición serena al nuevo gobierno de la Legión. Los miembros del Consejo general y yo nos hemos reunido regularmente para atender asuntos que podríamos llamar “de gestión ordinaria”, como pueden ser solicitudes de admisión a la profesión religiosa, a los ministerios y sagradas órdenes. También atendimos peticiones de indultos, dispensas o permisos de exclaustración que habían quedado detenidos hasta después del Capítulo por disposición del Delegado Pontificio.

Hemos impulsado en los territorios la revisión y actualización de los Códigos de conducta y Planes de respuesta rápida a denuncias de abuso. También hemos atendido temas legales y administrativos, como la adquisición y enajenación de bienes inmuebles y los planes de consolidación de algunos territorios (principalmente Brasil, Italia, España y Norteamérica).

Estas actividades hemos intentado vivirlas como una oportunidad de servir a los legionarios y miembros del Movimiento. Han sido también una ocasión para aprender a trabajar en equipo con el Consejo general, los gobiernos generales de las ramas consagradas, los directores territoriales y los diferentes departamentos de la Dirección general. Una de las características de la vida en el Regnum Christi es la atención personal. Por ello, aunque no me ha sido posible tener un contacto personal con cada legionario, ni visitar todos los territorios, sí he intentado hacerme presente para acompañar a los nuevos directores territoriales, visitar a los padres de la Prelatura de Cancún-Chetumal y las casas de formación más grandes —el Centro de estudios superiores, Monterrey y Cheshire— además de estar presente en eventos importantes como la ordenación diaconal en Roma, la inauguración del Magdala Center y acompañar al P. Álvaro en sus últimos momentos. Con el Comité directivo general del Regnum Christi hemos iniciado una reflexión sobre el modo en que podemos renovar e impulsar nuestra pastoral juvenil, familiar y vocacional, que serán una prioridad para todos en los próximos años.

Naturalmente las aplicaciones concretas se decidirán más bien en los territorios. Las reuniones para asignar una misión a los legionarios fueron también una experiencia en la que se conjugaron el espíritu de servicio, la cercanía y la colaboración entre los niveles general, territorial y local. La responsabilidad de confiar una misión a un religioso es grave y debe tomar en cuenta el bien de las personas y las necesidades que el Movimiento debe afrontar en su servicio a la Iglesia. Por ello, siguiendo las orientaciones del Capítulo general, los directores territoriales y los superiores locales buscaron consultar a los religiosos que recibirían un destino para contar con la información necesaria que nos ayudara a tomar las mejores decisiones.

Naturalmente, en esto todavía podemos seguir mejorando. La apertura y docilidad mostrada por muchos legionarios en estos meses de discernimiento y la aceptación de la misión que el Señor les confía a través de la Legión me han edificado mucho. Al atender a los diversos asuntos de gobierno hemos visto con claridad la necesidad de elaborar manuales que luego puedan convertirse en parte del Reglamento del gobierno de la Legión. En ellos se busca sintetizar los requisitos canónicos, la praxis eclesial, las consignas del Capítulo general y la experiencia adquirida a lo largo de la historia de la Legión y el Movimiento. Entre los manuales que ya estamos trabajando están los de la asignación de personal, la comunicación institucional, la administración, el gobierno de los territorios, y el gobierno de las casas religiosas.

  1. Seguir el paso que la Iglesia va marcando para la Legión y el Regnum Christi

En el Regnum Christi siempre hemos buscado ir “al paso de la Iglesia”. En los últimos años la Iglesia nos ha indicado el camino a seguir para superar la crisis que hemos atravesado. Invito a todos a profundizar en la oración y el estudio, comprender y hacer propio lo que la Iglesia nos está pidiendo en estos momentos.

En este sentido, me parece que un elemento importante de mi servicio como director general consiste en conocer a los responsables de los distintos dicasterios de la Santa Sede para dialogar, conocer sus expectativas sobre nuestra vida y misión, y atender también a sus recomendaciones y consignas. En estos meses me he encontrado con los prefectos de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) y de otros dicasterios del Vaticano. Les comparto algunos puntos de estos encuentros que me parecen importantes para continuar nuestra renovación y desarrollo como congregación y como movimiento al servicio de la Iglesia.

  1. Líneas de trabajo de la CIVCSVA

Hemos tenido dos reuniones con el Card. João Braz de Aviz y el arzobispo José Rodríguez Carballo, prefecto y secretario de la CIVCSVA respectivamente. Con el secretario he tenido una reunión más para asegurar que hemos entendido bien las correcciones que nos pedían hacer en el texto de las Constituciones. Ya les he compartido las indicaciones que nos transmitieron el pasado 3 de julio. Hemos acogido al P. Gianfranco Ghirlanda como asistente pontificio con gratitud y durante el verano haremos los cambios al borrador de las constituciones para volverlas a presentar a aprobación de la Santa Sede. Por el período de vacaciones  entregaremos a mediados de septiembre el texto enmendado después de verlo en el Consejo y comentarlo con el P. Ghirlanda.

Creo que conviene destacar que la CIVCSVA pone una gran importancia en que lleguemos a una mayor claridad a nivel jurídico de la relación que ya vivimos de facto entre las diversas vocaciones dentro del Regnum Christi. El nombramiento del asistente pontificio mira principalmente a que alcancemos este objetivo junto con los laicos consagrados, las consagradas y los demás miembros del Regnum Christi. Vemos gran sintonía en esta preocupación de la CIVCSVA con lo que el comunicado capitular sobre la Legión de Cristo dentro del Regnum Christi establecía en el n. 21. También la hay en las iniciativas que se hicieron públicas el 19 de marzo: la Comisión para la Revisión del Estatuto General del Regnum Christi y el Marco para la Colaboración en la Misión. La Comisión está ya dedicada de lleno en la elaboración de materiales para el proceso de preparación del Estatuto, proceso que emprenderemos juntos. El Marco para la Colaboración, una manera inicial, provisional y seguramente mejorable de facilitar y fomentar la comunión de vida y de misión entre las diversas ramas del Movimiento, ya se está aplicando a nivel general y en algunos territorios. Tanto el trabajo de la Comisión como la experiencia vivida de la aplicación del Marco para la Colaboración servirán para darnos luz cuando llegue el momento para entregar una propuesta concreta de configuración canónica del Regnum Christi a la Santa Sede.

En este sentido, les adelanto una noticia que pido tengan muy presente para el próximo curso escolar. La Comisión para la revisión del Estatuto del Regnum Christi está proponiendo un período de estudio y profundización en las localidades que iniciará en octubre. Los temas a estudiar tienen que ver con aspectos teológicos y carismáticos de la vocación laical, de la eclesiología de comunión, de los movimientos en la Iglesia, el desarrollo histórico del Regnum Christi, etc. Se quiere que todos los miembros del Movimiento participen y se preparen para contribuir mejor a la reflexión sobre el Regnum Christi. Dado que muchos legionarios han contribuido —e incluso gastado los mejores años de su ministerio— en el lanzamiento, desarrollo y consolidación del Movimiento, me parece muy importante que puedan aportar su experiencia a este proceso que emprendemos. La Comisión para la Revisión del Estatuto les comunicará el procedimiento con más detalle en septiembre y octubre.

  1. Otras reuniones con Cardenales encargados de dicasterios de la Santa Sede

También fui recibido por el Card. Beniamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero y Mons. Jorge Patrón Wong, secretario para los seminarios. El Cardenal expresó su cercanía, interesándose especialmente por el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae y por el Curso para formadores de seminarios.

El secretario de Estado, Card. Pietro Parolin, por su parte, se mostró satisfecho por los pasos que hemos dado en los últimos meses y en particular por el contenido del comunicado de los padres capitulares publicado el 6 de febrero. Nos preguntó sobre la implementación de la separación de fueros y también sobre el proceso de elaboración de la Ratio Institutionis.

En la asamblea de la Unión de Superiores Generales de mayo se tocó el tema de la visita canónica. Nos repartieron materiales muy útiles que envié a los directores territoriales con algunas indicaciones prácticas para las visitas canónicas que harán durante este año.

Seguiremos cerca de la Santa Sede para seguir creciendo en el sensus Ecclesiae que debe caracterizar el gobierno del Regnum Christi y de nuestra Congregación.

  1. Impulsar el camino de renovación pedido por el Capítulo general

El Capítulo constituye una invitación a cada legionario para renovar su encuentro personal con Cristo que nos llama a la conversión y a su seguimiento, es decir, a configurar nuestras vidas y comunidades según el Evangelio. El Señor nos invita una vez más a que ofrezcamos un testimonio creíble de que el amor de Cristo es la perla preciosa por la que vale la pena venderlo todo. Esto conlleva un reto de santidad, de entrega entusiasta a la misión, y de comunión de vida para todos los que compartimos el carisma del Regnum Christi.

El testimonio y servicio a la Iglesia que el Movimiento ofrece ocurre sobre todo en las comunidades, obras y secciones. Es en el campo, en la vida de todos los días y en el trato con las almas que servimos, en donde resplandece de manera más patente la comunión hasta convertirse ella misma en mensaje e instrumento deevangelización.

Por este motivo, durante los últimos meses hemos buscado dar los pasos necesarios para una sana descentralización. Se trata de ofrecer a los directores territoriales y a los superiores locales las herramientas y el espacio para que ellos puedan discernir lo que más convienen a los miembros de los territorios y las comunidades y lo que mejor responde a las necesidades de la Iglesia local. Así, ellos podrán decidir en consecuencia, de acuerdo siempre con nuestro carisma. Son los primeros pasos y todavía queda un buen camino por recorrer.

También he buscado impulsar esta renovación en el gobierno ordinario de la Legión, siguiendo con lo que nos enseñó el Card. De Paolis: trabajo regular con los consejos, continuar la renovación de los superiores, consultas antes de asignar a una misión, diálogo permanente con los gobiernos de los laicos consagrados y de las consagradas, etc.

Hemos constituido la Comisión que redactará la Ratio Institutionis, actuando así el n. 32 del comunicado capitular sobre La formación del Legionario y la Ratio Institutionis. Tanto esta Comisión, como los manuales de gobierno que ya mencioné buscan tomar en cuenta las orientaciones del Concilio Vaticano II y el magisterio postconciliar sobre la vida religiosa y sacerdotal.

Estoy analizando con el P. José Cárdenas las maneras de poner en marcha lo indicado en los nn. 39 a 43 del comunicado capitular sobre Administración y voto de pobreza. Hay algunas iniciativas que se están madurando y que comunicaremos en el momento oportuno.

El Capítulo pidió que el Gobierno general que analizara lo relacionado con la liturgia y las prácticas de piedad, resaltando el gran interés que ese tema suscitó durante el período de revisión de   las Constituciones. Estamos formando un equipo que afronte este tema con competencia, solidez doctrinal y amplitud de miras. Próximamente daremos a conocer algunos aspectos de esta iniciativa.

Los primeros meses de gobierno son insuficientes para afrontar todo lo que el Capítulo general pide al director general. Están pendientes algunas tareas importantes, como el establecer una Comisión sobre la historia (n. 30 del comunicado Gobierno, autoridad y obediencia), elaborar un plan de formación específica para superiores (n. 33 del comunicado Formación y Ratio Institutionis), e impulsar la publicación de escritos sobre nuestra espiritualidad para bien de los legionarios y los miembros del Regnum Christi (n. 12 de la introducción de las Constituciones).

Durante el verano determinaremos cómo dar cauce a las consignas del Capítulo de modo que se atiendan durante este sexenio. Por el momento nos hemos concentrado en los aspectos que pueden favorecer la unión con Cristo, la descentralización del gobierno y la comunión de vida de los legionarios entre sí y entre todos los miembros del Movimiento.

Además de las tareas encomendadas al Gobierno general por el Capítulo, es fundamental que tomemos conciencia de los encargos y retos que el Capítulo nos propone a cada uno de nosotros como individuos. Los comunicados sobre la Identidad carismática de la Legión de Cristo, La vida fraterna en comunidad y Nuestra renovación apostólica prácticamente no tienen indicaciones específicas para el Gobierno general. Se trata más bien de reflexiones y recomendaciones que apuntan a principios que nos toca a todos hacer vida independientemente del ministerio que ejercemos o la etapa de formación. Dependerá de cada uno hacer que se conviertan en realidad o no. La renovación que la Iglesia y el Capítulo nos han pedido se realizará sólo si cada uno busca responder a la llamada de Dios a la vida religiosa en la Legión con autenticidad e ilusión cada día.

Invito a todos a que pidamos al Sagrado Corazón que nos permita ser instrumentos dóciles en sus manos para que busquemos la comunión de vida en nuestras comunidades y con nuestros demás hermanos del Regnum Christi para con ellos evangelizar más y servir mejor a nuestra Madre, la Iglesia.

Con un recuerdo en mis oraciones,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Intimidad con Cristo y pasión evangelizadora

¡Venga tu Reino!

18 de junio de 2014

A los legionarios de Cristo

Queridos padres y hermanos:

En mis meditaciones de estas semanas he tenido muy presente el capítulo 2 de las Constituciones que el Capítulo General presentó a la Santa Sede. Allí se nos habla sobre el espíritu de la Congregación: el cristocentrismo, el culto al Sagrado Corazón y los amores del Legionario. Estando por comenzar la novena de preparación para la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es también una jornada en la que la Iglesia invita a todos los fieles a pedir de manera especial por la santificación de sus sacerdotes, he pensado escribirles esta carta.

Nuestra espiritualidad se basa en dos miradas a Cristo: la primera se dirige a su Corazón, donde aprendemos lo que significa ser amados, abrazados, objeto de su misericordia y capacitados para aceptar ese amor transformante; la segunda mirada es a su Reino y nos enciende en el deseo de transmitir ese amor a todas las personas para que se encuentren personalmente con Cristo. La clave de nuestra santidad consiste en vivir en plenitud a la vez esa intimidad con Cristo y esa pasión evangelizadora.

Reflexionemos brevemente sobre estas dos miradas y las consecuencias que tiene para nosotros una vida en el Corazón de Jesús.

1. La misericordia que nos sana

En el nuevo número propuesto en las Constituciones para definir nuestro culto al Corazón de Jesús se nos recuerda que en ese Corazón encontramos el «amor misericordioso de Dios que nos lleva a abrazar la cruz en la propia vida [y] reparar por los pecados» (CLC 2014, n. 10). Efectivamente, quien acepta la primacía del amor de Dios experimenta una invitación a abandonarse a la misericordia divina y a corresponder entregándose a los demás como instrumentos en las manos de Cristo.

La primera mirada se dirige al Corazón de Cristo, que está herido, para contemplar cómo de su llaga brota la misericordia divina sobre cada persona. Esa llaga del Corazón de Jesús nos recuerda las heridas que cada uno de nosotros lleva en su propio corazón: unas nos las hemos causado nosotros mismos por el pecado, otras son sufrimientos por el mal cometido en el pasado o por el mal recibido de otros. Algunas heridas particularmente dolorosas forman parte de nuestra historia y las llevamos como miembros de esta familia religiosa. Todos avanzamos por la vida con estas heridas que, acogidas desde la fe, nos ayudan a darle un sentido sacerdotal a nuestra existencia.

Cristo no quiere que escondamos nuestras llagas con vergüenza, sino que las unamos a la que nos muestra en su Corazón. Él nos ofrece la medicina de su misericordia, capaz de tomar el dolor que nace del pecado y de transformarlo en una inmensa fecundidad, como nos dice san Pablo: «completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia» (Col 1, 24). Nuestro dolor se convierte en alegría al ver cómo Dios es tan poderoso y bueno que del mal sabe sacar un bien, así como del mayor mal del mundo —la muerte de su Hijo— hizo brotar nuestra redención.

En esta novena pidamos todos a Cristo la gracia de vivir de su misericordia, de perdonar de corazón y de acoger el perdón, alcanzando en Él la reconciliación, porque Él es nuestra paz (Ef 3, 14).

2. La misericordia que nos permite ser santos

Esa reconciliación interior en el Corazón de Jesús nos permite experimentar de nuevo su amor y su invitación personal a la santidad, a una plena identificación con su vida y sentimientos. Ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación (1Tes 4, 3), éste es el cumplimiento del sueño de Dios sobre nosotros.

Decía San Juan Pablo II en Novo Millennio Ineunte que preguntarle a un catecúmeno si quería recibir el bautismo equivalía a preguntarle si quería ser santo (cf. n. 31). Si esto vale para todos los bautizados, cuánto más para nosotros como religiosos y sacerdotes. Nuestra vocación es un regalo que nos traza un camino de especial identificación con la forma de vida que Cristo escogió para sí mismo, en la obediencia, la pobreza y la castidad perfecta. Es una invitación a dejarnos modelar por el amor de Cristo que dio su vida por nosotros (1Jn 3, 16).

El amor no se puede imponer a nadie, es lo más personal que cada uno puede dar ante un Dios que nos amó primero (cf. 1Jn 4, 10). Es una respuesta que comporta llevar nuestra cruz, como Cristo la llevó por nosotros, viviendo con fidelidad nuestra vida religiosa porque Él antes que nosotros fue fiel hasta el final.

Si tenemos la mirada fija en el Corazón de Cristo evitaremos la tentación de esos falsos atajos que nos llevan a buscar nuestros propios intereses y que el Papa Francisco describe como mundanidad (cf. Evangelii Gaudium nn. 93 y 95). La mundanidad nace del apartar la mirada de Cristo crucificado, de no creer en el valor de la cruz y, por tanto, buscar veredas más fáciles. Sabemos cómo toda mundanidad deja el alma triste y desencantada, y más expuesta a las insidias del enemigo de nuestras almas, que no nos quiere alegres con la alegría del amor, sino tristes y permanentemente insatisfechos.

Cristo, en cambio, nos quiere alegres. El primer paso para la alegría consiste en confiar en Él, en creer en el camino que nos enseña sin escandalizarnos de su Evangelio. El Corazón de Cristo nos recuerda que no debemos huir ante la cruz del desprendimiento de nosotros mismos, que es el precio del amor. No tengamos miedo de amar de verdad a quien tanto nos ha amado.

3. Heraldos de su misericordia

La segunda mirada, con la que contemplamos su Reino, nos recuerda que el Corazón de Cristo se conmovió y se compadeció de la multitud porque estaban cómo ovejas sin pastor (cf. Mt 9, 36). Nuestra misión consiste en «formar apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia» (CLC 2014, n. 4), y debemos tener siempre presente que sólo quien ha conocido íntimamente la misericordia de Cristo puede ser testigo creíble de esta misericordia entre sus hermanos.

Es necesario que ponderemos nuevamente el significado de nuestra vocación al Regnum Christi, como María, conservando todas estas cosas, meditándolas en el corazón y maravillándonos de los planes de Dios sobre nosotros. A la luz de nuestra historia nos surgen algunas preguntas: ¿qué querrá Cristo de nosotros? ¿Qué nos ha revelado de su designio sobre esta obra suya? ¿No nos estará llamando a una experiencia más profunda de su misericordia?

La contemplación del Corazón de Jesús y de su deseo de reinar en este mundo es una invitación a hacer de nosotros apóstoles y hermanos que testimonien la comunión, que se acompañen en su seguimiento de Cristo, que se amen y apoyen sinceramente. El mundo necesita pastores según el Corazón de Dios (cf. Jer 3, 15), que sean testigos de reconciliación y perdón, que alivien tantas heridas con la certeza de que Él nos ha amado primero. ¿No estará invitándonos hoy el Señor a llevar a plenitud y expresar con fidelidad y entusiasmo contagioso el don que ha puesto en nuestras manos para servir a nuestra madre, la Iglesia?

Por mi parte, ruego al Sagrado Corazón de Jesús que nos conceda a todos sin excepción hacer una nueva experiencia de su misericordia, actualizada cada día en la Eucaristía, y que nos conceda ser religiosos que buscan la santidad, capaces de entregarse con plenitud, respondiendo con amor al Amor. Les pido una oración por mí.

Con un recuerdo en mis oraciones,

Eduardo Robles Gil, LC