En Cristo Rey vemos la realización plena de nuestra vida

¡Venga tu Reino!·

MOVIMIENTO
REGNUM CHRISTI

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DIRECTOR GENERAL

Roma, 16 de noviembre de 2014

 

A los miembros del Regnum Christi
con ocasión de la Solemnidad de Cristo Rey

 

Muy queridos amigos:

            Les envío un saludo y mis oraciones mientras nos preparamos para celebrar la Solemnidad de Cristo Rey. Al celebrar la realeza de Cristo, descubrimos la actuación de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con justicia y, sobre todo, con amor. Reconocemos también con gratitud su misericordia al entregarnos a su Hijo, crucificado y coronado de espinas, con su corazón abierto y herido de amor por nosotros.

            El evangelio de la fiesta (cf. Mt 25, 31-46) insiste en la realeza universal de Cristo, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Nos recuerda la verdad sobre nuestro destino último y el criterio según el cual seremos juzgados: el amor al prójimo. Cuando nos abrimos al señorío de Cristo, manso y humilde de corazón, que no vino a ser servido sino a servir; cuando como Él somos servidores los unos de los otros con humildad, entonces el Reino se realiza. En cambio, cuando buscamos los propios intereses egoístas, hacemos del mundo un lugar frío, oscuro y solitario.

            Desde la cruz, Cristo reina con sufrimiento y con dolor. El autor de la carta a los hebreos expresa este misterio de la historia de la salvación con una frase que hemos de meditar para poder comprender: «sin efusión de sangre, no hay redención» (Hb 9, 22).

La realidad de la prueba y el dolor

            La lucha y el dolor son realidades inevitables de toda vida humana. No hay nadie que no pase por ellas. Últimamente me he preguntado por qué hay quien conserva la alegría interior y la esperanza en medio de las tribulaciones, mientras que otros sucumben ante el desánimo, la oscuridad, la falta de sentido, llegando incluso a algún tipo de depresión.
Creo que cuando la prueba y la lucha tocan nuestra vida, las seguridades superficiales saltan por los aires y experimentamos la necesidad de certezas sólidas de fe que nos sostengan. Es ahí cuando Cristo quiere enseñarnos el arte de edificar nuestra vida sobre la Roca, que es él mismo.

Poner la mirada en Cristo Rey

            Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco ha insistido de manera especial en la necesidad apremiante del encuentro personal con Jesucristo. Nos ha recordado que debemos dejarnos acariciar por su amor incondicional y su ternura, y sentir su compañía en medio de las dificultades. Sólo quien ha experimentado el amor personal de Cristo en la fe podrá luego vivir con alegría evangélica las exigencias morales y existenciales de la vida.

            A este respecto, quiero recordar las palabras del Beato Pablo VI que forman parte del rito de incorporación al Regnum Christi: «Cristo está en el vértice de las aspiraciones humanas, es el término de nuestras esperanzas y de nuestras plegarias. Aquél que da sentido a los acontecimientos humanos. Aquél que da valor a las acciones humanas. Aquél que constituye la alegría y la plenitud de todos los corazones: el verdadero Hombre. Y al mismo tiempo, Jesús es el manantial de nuestra verdadera felicidad: es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia para hacerlo. Cristo es todo para nosotros. Y es deber de nuestra fe religiosa, necesidad de nuestra humana conciencia, reconocer, confesar y celebrar esto. A Él está ligado nuestro destino, nuestra salvación».

            La certeza que nos da la fe en Jesucristo nos capacita para afrontar con serenidad las pruebas de la vida, para hacer fecundos nuestros sufrimientos, para que se conviertan en momento de gracia. Necesitamos descubrir la grandeza de Jesús, su presencia amiga, su amor incondicional, para caminar y ayudar a otros a recorrer la vida anclados en la esperanza que no defrauda. Necesitamos olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos sin límites al prójimo, y hacer así presente el Reino de Cristo en el mundo.

Dejarnos transformar por la esperanza

            San Agustín afirma que a los cristianos no se nos ahorra el sufrimiento, sino que, al contrario, nos toca un poco más, porque vivir la fe es afrontar la vida y la historia más en profundidad. Con todo, la experiencia del dolor nos ayuda a conocer la vida en toda su belleza. Como esas personas que parecen no tener nada, pero que son ricas en su fe y viven con un realismo alegre que todos quisiéramos tener.

            Por esto, en Cristo Rey vemos la realización plena de nuestra vida. Jesucristo quiso cargar sobre sí todos nuestros dolores y pecados. Jesús hace nuevas todas las cosas y nos introduce en esa progresiva transformación de nuestros corazones y de la sociedad: las cicatrices de la lucha por ser fieles y por ser apóstoles, incluso las heridas del pecado, se convierten por la misericordia de Dios en llagas benditas de esperanza y salvación.

Queridos miembros del Regnum Christi, los invito a no desfallecer nunca en el camino de la vida, especialmente ante el sufrimiento que viene de las propias limitaciones y de las de los demás. Cristo nos invita a ponerlo al pie de la cruz para insertarnos en la transformación interior que se realiza por la gracia. Tenemos urgencia de salir de nosotros mismos, de anunciar al mundo la maravilla de la fe que se hace concreta en la caridad, en el apostolado, en la atención a los más necesitados. El ver las llagas de Cristo en lugar de fijarnos en las nuestras, es causa de amor y de esperanza.

Los invito en este día de Cristo Rey, ya próximo, a redescubrir que los padecimientos que nos toca vivir al seguir más de cerca las huellas de Jesús, «son nada en comparación con la gloria que ha de ser revelada» (Rm 8, 18). Cuando experimentemos que la cruz nos hiere, unámonos a Jesucristo que ofrece el mundo entero al Padre, renovemos nuestra confianza en el Señor y digamos más con la vida que con las palabras: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Cuenten con mis oraciones en el día de Cristo Rey. Encomendemos al P. Miguel Romeo, L.C., que falleció hace dos días en un accidente, y a los legionarios y miembros del Movimiento que han partido a la casa del Padre en este año. También les pido que me tengan presente en las suyas.
Suyo en Cristo,

 

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.
Director general

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