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«Cantaré eternamente la Misericordia del Señor»

Vista general de la capilla del centro de estudios superiores de Roma. Presidió la celebración eucarística el P. Juan José Arrieta, L.C.
Vista general de la capilla del centro de estudios superiores de Roma. Presidió la celebración eucarística el P. Juan José Arrieta, L.C.

El día de ayer celebramos con profunda gratitud a Dios nuestro Señor el 75º Aniversario de la fundación de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi. El día estuvo enmarcado en un clima de oración y de convivencia entre las diversas realidades de nuestra familia carismática. Agradecemos de corazón a quienes nos han acompañado durante estos primeros 75 años de nuestra historia brindándonos su apoyo y cercanía. Y pedimos a la Santísima Virgen María que su auxilio maternal nos siga acompañando y nos ayude a seguir colaborando con la Iglesia, con renovado compromiso, en la misión de procurar que el amor de Cristo reine en el corazón de los hombres y de la sociedad.

Celebración del 75 aniversario en Monterrey

Monterrey, México. El 3 de enero se reunieron en el gimnasio del Instituto Irlandés de Monterrey, legionarios, consagradas y miembros del Regnum Christi para celebrar y agradecer a Dios nuestro Señor los 75 aniversario de la Legión de Cristo y el Regnum Christi. Presidió la misa el director general de la Legión y el Regnum Christi.

El P. Eduardo Robles-Gil mencionó en la homilía que: «El movimiento Regnum Christi y la Legión de Cristo han sido el lugar de encuentro de Dios con muchos de nosotros, Dios que nos ha buscado, Dios que se ha hecho hombre, Dios que ha suscitado en el corazón de las personas un deseo de hacer algo, ahí nos hemos encontrado con un Dios personal, nos hemos encontrado de una manera significativa con Dios nuestro Señor, ahí nos enamoramos más de Dios, ahí encontramos un sentido para muchas de nuestras inquietudes y algunos de nosotros para toda nuestra vida, es aquí en el Movimiento, es aquí en la Legión donde hemos encontrado personalmente a Dios nuestro Señor».

En la misa presidida por el P. Eduardo concelebraron más de 60 sacerdotes, entre ellos 5 sacerdotes que celebraban su 25 aniversario (los padres Hernán Jiménez, Guillermo Meade, Mario López, Francisco Cepeda, Fernando Delgadillo, Santiago Villafaña) y el P. James McKenna que celebraba 35 años como sacerdote. Durante la celebración eucarística el H. Carlos Ángel, L.C., renovó sus votos por tres años.

Ha sido un día de gran alegría, en el que se ha celebrado el amor de Dios por el Movimiento Regnum Christi y la Legión de Cristo.

Artículo sobre la celebración del 75º aniversario en Monterrey tomado del sitio web del Regnum Christi del territorio de Monterrey.

Agradecidos por la fidelidad de Dios

Aguascalientes, México. El 1 de enero, solemnidad de “María, Madre de Dios”, los miembros del Regnum Christi de Aguascalientes se dieron cita en el Instituto Cumbres para agradecer a Dios con una celebración eucarística por los 75 años de la Legión y el Regnum Christi.

Participaron los miembros del Regnum Christi en la ciudad, algunas familias de legionarios y consagradas, alumnos de los centros vocacionales, las familias de los colegios Alpes, Cumbres, Mano Amiga y de la UNID.

En su homilía el P. Eduardo agradeció a la localidad de Aguascalientes por la acogida y el cariño que siempre ha mostrado a los legionarios,  a las consagradas y consagrados. Y subrayó que esto se notaba en el ambiente de alegría que reinaba entre todos en la celebración para conmemorar los 75 años de la fundación del Regnum Christi.

El Buen Samaritano, síntesis de la misericordia del Padre

3 de diciembre de 2015. Carta de nuestro director general a los miembros y amigos del Regnum Christi con motivo del Adviento, el inicio del Año de la Misericordia y la Navidad.

  • ORIGINAL EN ESPAÑOL
  • TRADUCCIÓN AL INGLÉS
  • TRADUCCIÓN AL ITALIANO
  • TRADUCCIÓN AL PORTUGUÉS
  • TRADUCCIÓN AL FRANCÉS

ORIGINAL EN ESPAÑOL

¡Venga tu Reino!

3 de diciembre de 2015

A los miembros y amigos del Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Estamos comenzando el Adviento, tiempo que nos prepara para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. En este año, además, celebramos con alegría la apertura de la Puerta Santa el día de la Inmaculada Concepción y la ordenación sacerdotal de 44 legionarios de Cristo el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Les escribo para saludarlos, felicitarlos por estos eventos y compartirles dos reflexiones para vivir con mayor intensidad este período.

La imagen elegida para el año jubilar es la del Buen Samaritano, que es de algún modo una síntesis de la misericordia del Padre manifestada en Jesucristo. Todos conocemos bien la parábola de Lc 10, 25-37 y la hemos meditado muchas veces. Les invito a meditarla de nuevo con calma para ver qué es lo que el Espíritu Santo quiere decirnos a través de su Palabra en este Año jubilar.

  1. Deseo de la Misericordia de Dios

El Adviento es tiempo de espera paciente y perseverante. La liturgia nos lleva a la esperanza, nos lleva a alimentar el deseo de la venida de nuestro Salvador. Si entramos dentro de nosotros mismos, nos damos cuenta de nuestra pobreza y de nuestro pecado, de nuestra pequeñez e incapacidad para hacer el bien (cf. Rm 7, 15-19). Pero no podemos quedarnos postrados. La antífona de Adviento nos anima: «Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra salvación» (Lc 21,28).

El Señor mismo suscita en nuestro corazón el deseo de Dios. Toma la iniciativa para invitarnos a que hagamos una alianza con Él. Actúa inesperadamente, como cuando envió el ángel Gabriel a llevar el anuncio a María. En retrospectiva descubrimos que ha suscitado en nosotros una profunda sed que sólo Él puede saciar. Así nos dispone para que acojamos su misericordia, que siempre nos sorprende.

Durante este Adviento, Jesucristo nos invita a que nos dejemos encontrar por Él, como la oveja perdida. Como Pedro, que se hunde cuando camina sobre las aguas, podemos clamar seguros de que Él siempre nos escucha (cf. Sal 18, 6). Este dejarnos encontrar por su misericordia puede tomar muchas formas. La vida cristiana nos ofrece diversos lugares especiales para disponernos a acoger la acción de Dios en nuestras vidas, como la oración, la Eucaristía, la experiencia de la cruz, la entrega a los demás y sin duda tiene un papel destacado el sacramento de la reconciliación.

Cuando reconocemos que estamos necesitados de misericordia y nos dejamos curar por el Buen Samaritano, entonces se dirige de manera especial a nosotros el mensaje navideño de los ángeles: «Les anuncio una gran alegría, hoy nos ha nacido un Salvador» (cf. Lc 2, 11).

  1. Corazón compasivo y misericordioso

Siempre me han impresionado los gestos del Buen Samaritano, especialmente lo que acuerda con el posadero a quien confía el cuidado del hombre herido por los salteadores. Se trata de un verdadero derroche de parte de este hombre para curar a un desconocido, y está dispuesto incluso a pagar más si fuera necesario. Así es el Corazón de Cristo: es sobreabundante en sus dones porque es misericordioso con cada uno de sus hijos.

La sobreabundancia de la misericordia es una constante en la Historia de la Salvación. Basta pensar en el misterio de la encarnación y nacimiento de Jesús que celebraremos próximamente. Pero también en la Inmaculada Concepción. Y en nuestra propia vida: la ordenación de 44 nuevos sacerdotes; la belleza de las almas consagradas en el Movimiento y en toda la Iglesia; la generosidad de tantos matrimonios que irradian su fe, a veces en situaciones no fáciles; el celo apostólico y la generosidad de tantos jóvenes que dan un sentido trascendente a sus vidas, que salen al encuentro de los más necesitados, que dan años como colaboradores… ¡Ha sido y es tan abundante la gracia de Dios en estos 75 años que sólo cabe agradecer!

Los dones del Señor son para el servicio de la comunidad. El Buen Samaritano quiere acercarse hoy a curar las heridas del hombre que sufre, quiere anunciar a todos la buena noticia de su Misericordia. Y para hacerlo, ha querido valerse de nuestra colaboración. Por ello me parece que Jesucristo nos invita a estar especialmente atentos a las necesidades de los demás, a prestarles un servicio desinteresado y, sobre todo, a llevar el bálsamo de la misericordia a todas las personas con quienes nos encontramos. El Papa Francisco sueña con una Iglesia que sea una «casa de todos, no una capillita en la que cabe sólo un grupito de personas selectas». Y ve con claridad que «lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas».

Pido a Dios para que este Adviento nos convirtamos en buenos samaritanos en nuestras familias, en el trabajo o con los amigos; que sepamos sobrellevarnos unos a otros con cariño y paciencia; que aprendamos a alegrarnos con los demás y a ser fuente de alegría para los demás; que nos estimulemos unos a otros en curar las heridas del corazón, en abrir puertas, liberar de ataduras y recordar a todos que Dios es bueno y que siempre nos espera.

Queridos amigos y miembros del Regnum Christi, les deseo a todos un período de adviento muy fecundo y una Navidad muy feliz. Que el Niño Jesús, que viene como el Buen Samaritano a revelarnos la misericordia del Padre, nos conceda a todos ser instrumentos dóciles de su misericordia y de su Reino. Ya desde ahora deseo a todos y cada uno, una muy feliz Navidad.

Por favor, no dejen de encomendar en este período a los diáconos que serán ordenados sacerdotes y también a los miembros de nuestra familia carismática que están pasando por especiales pruebas o sufren por alguna enfermedad.

Con un recuerdo especial en mis oraciones,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

TRADUCCIÓN AL INGLÉS

Thy Kingdom Come!

December 3, 2015

To the members and friends of Regnum Christi

Dear friends in Christ:

We are beginning Advent, a time that prepares us to celebrate the birth of our Lord Jesus Christ. This year we joyfully celebrate as well the opening of the Holy Door on the feast day of the Immaculate Conception and the ordination of 44 Legionaries of Christ to the priesthood on December 12, the day dedicated to Our Lady of Guadalupe. I write to greet you, congratulate you on the occasion of these events and share with you two reflections so you can live this period with greater intensity.

The image chosen for the Jubilee Year is the Good Samaritan, which in some way is a synthesis of the mercy of the Father manifested in Christ. We all know the parable well and have meditated upon it many times. It is found in Luke 10:25-37. I invite you to meditate on it once again, peacefully, to see what the Holy Spirit wants to say to us through his Word in this Jubilee Year.

  1. Desire for the Mercy of God

Advent is a time of patient and perseverant waiting. The liturgy brings us to hope, it brings us to nourish the desire for the coming of our Savior. If we go into ourselves, we see our poverty and our sin, our smallness and our incapacity to do good (see Rom 7:15-19). But we cannot be depressed by this. The Advent antiphon encourages us, “Stand erect and raise your heads, because your redemption is at hand” (Luke 21:28).

The Lord himself awakens in our heart the desire for God. He takes the initiative and invites us to make an alliance with him. He acts in unexpected ways, such as when he sent the angel Gabriel to bring a message to Mary. In retrospect we discover that he has awakened a deep thirst in us that only he can satisfy. And so he prepares us to accept his mercy, which always surprises us.

During this Advent, Jesus invites us to allow ourselves to be met by him, like the lost sheep. Like Peter, who sinks when he walks on the waters, we can cry out to him, sure that he will always hear us (see Ps 18:6). Allowing ourselves to be met by his mercy can take many forms. Christian living offers us various special places to prepare us to accept God’s action in our lives: prayer, the Eucharist, the experience of the cross, the act of giving ourselves to others. Without a doubt the sacrament of reconciliation has an especially important role.

When we recognize that we are in need of mercy and let ourselves be healed by the Good Samaritan, the Christmas message of the angels has special meaning for us, “I proclaim to you good news of great joy: … today a savior has been born for you” (Luke 2:11).

  1. A compassionate and merciful heart

The gestures of the Good Samaritan have always impressed me, especially the arrangement he makes with the innkeeper to whom he entrusts the man wounded by bandits. It is really extravagant for this man to take care of a total stranger, and he is even prepared to pay more if necessary. The Heart of Christ is like this, superabundant in its gifts because it is merciful with each of its children.

The superabundance of mercy is a constant in salvation history. It is enough to think of the Incarnation and birth of Jesus that we will soon be celebrating, but also of the Immaculate Conception. And in our own life: the ordination of 44 new priests; the beauty of the consecrated souls in the Movement and throughout the Church; the generosity of so many married couples who radiate their faith, at times in difficult situations; the apostolic zeal and generosity of so many young people who give a sense of transcendence to their lives, who go out to encounter those most in need, who give years as members of RC Mission Corps… the grace of God over the past 75 years has been and continues to be so abundant that we can only give thanks!

The Lord’s gifts are for the service of the community. The Good Samaritan wants to come close today to cure the wounds of those who suffer, he wants to announce to all the good news of his mercy. And to do this, he wants to take advantage of our collaboration. Therefore it seems to me that Christ is inviting us to be especially attentive to the needs of others, to serve them disinterestedly and, above all, to bear the balsam of mercy to all the people we meet. Pope Francis dreams of a Church that is a “house for all, not a tiny chapel in which only a small group of select persons fits.” And he sees clearly that “what the Church needs with greater urgency today is the capacity to cure wounds and warm the hearts of the faithful, closeness, nearness. I see the Church like a field hospital after a battle. How useless it is to ask a wounded person if he has high cholesterol or blood sugar! We have to treat his wounds!”

I ask God that he convert us into good Samaritans this Advent in our families, at work and with our friends. May we bear with one another tenderly and patiently. May we learn to rejoice with others and be a source of joy for others. May we encourage each other to cure the wounds of the heart, to open doors, to free from bonds and to remind everyone that God is good and that he is always waiting for us.

Dear friends and members of Regnum Christi, I wish you a very fruitful period of Advent and a very blessed Christmas. May the Baby Jesus who comes, like the Good Samaritan, to reveal the Father’s mercy to us make us all docile instruments of his mercy and of his Kingdom. Even now I wish each and every one of you a very blessed Christmas.

Please do not cease to pray at this time for the deacons who will be ordained to the priesthood as well as for those members of our spiritual family who are facing special trials or suffer from some illness.

With a special remembrance in my prayers,

Fr. Eduardo Robles-Gil, L.C.

TRADUCCIÓN AL ITALIANO

Venga il tuo Regno!

         Roma, 3 dicembre 2015

Ai membri e agli amici del Regnum Christi

Carissimi in Gesù Cristo,

stiamo iniziando l’Avvento, tempo che ci prepara alla nascita di Nostro Signore Gesù Cristo. Quest’anno, inoltre, celebriamo con gioia l’apertura della Porta Santa nel giorno dell’Immacolata Concezione e anche l’ordinazione sacerdotale di 44 Legionari di Cristo, il 12 dicembre, festa della Madonna di Guadalupe. Vi scrivo per salutarvi, farvi le mie felicitazioni per questi eventi e condividere due riflessioni per vivere con maggiore intensità questo periodo.

L’immagine scelta per l’Anno giubilare è quella del Buon Samaritano, che è in qualche modo una sintesi della misericordia del Padre che si è manifestata in Gesù Cristo. Conosciamo bene, tutti, la parabola di Lc 10, 25-37 e l’abbiamo meditata molte volte. Vi invito a meditarla di nuovo con calma per vedere che cosa lo Spirito Santo voglia dirci attraverso la sua Parola in questo anno giubilare.

  1. Desiderio della Misericordia di Dio

L’Avvento è tempo di attesa paziente e perseverante. La liturgia ci porta alla speranza, ci porta ad alimentare il desiderio della venuta del nostro Salvatore. Se entriamo in noi stessi, ci rendiamo conto della nostra povertà e del nostro peccato, della nostra piccolezza e incapacità di fare il bene (cfr. Rm 7, 15-19). Non possiamo però, rimanere prostrati. L’antifona di Avvento ci incoraggia: «Alzatevi e levate il capo, perché la vostra liberazione è vicina» (Lc 21, 28).

Il Signore stesso suscita nel nostro cuore il desiderio di Dio. Prende l’iniziativa per invitarci a stringere un’alleanza con Lui. Agisce inaspettatamente, come quando invia l’angelo Gabriele a portare l’annuncio a Maria. Guardando indietro, scopriamo che ha suscitato in noi una profonda sete che solo Lui può saziare. Ci dispone così ad accogliere sempre la sua misericordia, che ci sorprende sempre.

Durante questo Avvento, Gesù Cristo ci invita a lasciarci ritrovare da Lui, come la pecora smarrita. Come Pietro, che affonda quando cammina sulle acque, possiamo gridare, certi che Lui ci ascolta sempre (cfr. Sal 18, 6). Questo lasciarci ritrovare dalla sua misericordia può assumere molte forme. La vita cristiana ci offre diversi ambiti speciali per disporci ad accogliere l’azione di Dio nelle nostre vite come: la preghiera, l’Eucaristia, l’esperienza della croce, la donazione agli altri e senza dubbio ha un ruolo rilevante, il sacramento della riconciliazione.

Quando riconosciamo che abbiamo bisogno di misericordia e ci lasciamo curare dal Buon Samaritano, allora il messaggio natalizio degli angeli si rivolge proprio a noi: «Vi annunzio una grande gioia… oggi vi è nato … un salvatore» (cfr. Lc 2, 10-11).

  1. Cuore compassionevole e misericordioso

Mi hanno sempre colpito i gesti del Buon Samaritano, soprattutto quando si accorda con l’albergatore a cui affida la cura dell’uomo ferito dai briganti. Si tratta di un vero sperpero da parte di quest’uomo per curare uno sconosciuto ed è disposto anche a pagare più del necessario, se servisse. Così è il cuore di Cristo: è sovrabbondante nei suoi doni perché è misericordioso con ciascuno dei suoi figli.

La sovrabbondanza della misericordia è una costante nella Storia della Salvezza. Basta pensare al mistero dell’Incarnazione e della nascita di Gesù che festeggeremo prossimamente. Però anche all’Immacolata Concezione e alla nostra stessa vita: l’ordinazione di 44 nuovi sacerdoti; la bellezza delle anime consacrate nel Movimento e in tutta la Chiesa; la generosità di tanti sposi che irradiano la loro fede, a volte in situazioni non facili; lo zelo apostolico e la generosità di tanti giovani che danno un significato trascendente alla loro vita, che vanno incontro ai più bisognosi, che donano anni come collaboratori… è ed è stata, tanto abbondante la grazia di Dio in questi 75 anni che possiamo soltanto ringraziare!

I doni del Signore sono per il servizio alla comunità. Il Buon Samaritano vuole avvicinarsi oggi a curare le ferite dell’uomo che soffre, vuole annunciare a tutti la buona notizia della sua Misericordia e per farlo, ha voluto servirsi della nostra collaborazione. Per questo mi sembra che Gesù Cristo ci inviti a essere attenti soprattutto alle necessità degli altri, a prestare loro un servizio disinteressato e, soprattutto, a portare il balsamo della misericordia a tutte le persone che incontriamo. Papa Francesco sogna una Chiesa che sia «la casa di tutti, non una piccola cappella che può contenere solo un gruppetto di persone selezionate». E vede con chiarezza che «la cosa di cui la Chiesa ha più bisogno oggi è la capacità di curare le ferite e di riscaldare il cuore dei fedeli, la vicinanza, la prossimità. Io vedo la Chiesa come un ospedale da campo dopo una battaglia. È inutile chiedere a un ferito grave se ha il colesterolo e gli zuccheri alti! Si devono curare le sue ferite».

Chiedo a Dio che in questo Avvento ci convertiamo in buoni samaritani nelle nostre famiglie, nel lavoro e nelle amicizie; che sappiamo sostenerci gli uni gli altri, con affetto e pazienza; che apprendiamo a rallegrarci con gli altri e a essere fonte di gioia per gli altri; che ci incoraggiamo gli uni gli altri a curare le ferite del cuore, aprire porte, liberare da legami e ricordare a tutti che Dio è buono e che ci aspetta sempre.

Cari amici e membri del Regnum Christi, auguro a tutti un periodo di avvento molto fecondo e un Natale molto felice. Che il Bambino Gesù, che viene come il Buon Samaritano a rivelarci la misericordia del Padre, conceda a tutti noi di essere strumenti docili della sua misericordia e del suo Regno. Già da ora auguro a tutti e a ciascuno un Natale molto felice.

Per favore, continuate a pregare in questo periodo per i diaconi che saranno ordinati sacerdoti e anche per i membri della nostra famiglia carismatica che stanno passando per prove particolari o soffrono di qualche malattia.

Con un ricordo speciale nelle mie preghiere,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

TRADUCCIÓN AL PORTUGUÉS

Venha a nós o Vosso Reino!

3 de dezembro de 2015

Aos membros e amigos do Regnum Christi

Muito estimados em Cristo,

Estamos começando o Advento, tempo que nos prepara para celebrar o nascimento de Nosso Senhor Jesus Cristo. Neste ano, além disso, celebramos com alegria a abertura da Porta Santa no dia da Imaculada Conceição e a ordenação sacerdotal de 44 legionários de Cristo no dia 12 de dezembro, dia de Nossa Senhora de Guadalupe. Escrevo-lhes para saudá-los, felicitá-los nestes eventos e compartilhar duas reflexões para viver com maior intensidade este período.

A imagem escolhida para o ano jubilar é a do Bom Samaritano, que é de algum modo uma síntese da misericórdia do Pai manifestada em Jesus Cristo. Todos conhecemos bem a parábola de Lc 10, 25-37 e a meditamos muitas vezes. Convido-os a meditá-la de novo com calma para ver o que o Espírito Santo quer dizer-nos através de sua Palavra neste Ano jubilar.

  1. Desejo da Misercórdia de Deus

O Advento é tempo de espera paciente e perseverante. A liturgia nos conduz à esperança, nos leva a alimentar o desejo da vinda de nosso Salvador. Se entrarmos em nós mesmos, nos damos conta de nossa pobreza e de nosso pecado, de nossa pequenez e incapacidade para fazer o bem (cf. Rom 7,15-19). Mas não podemos ficar prostrados. A antífona do Advento nos anima: «Levantai vossa cabeça e olhai, pois, a vossa redenção se aproxima! » (Lc 21,28).

O Senhor mesmo suscita em nosso coração o desejo de Deus. Toma a iniciativa para convidar-nos a que façamos uma aliança com Ele. Age inesperadamente, como quando enviou o anjo Gabriel a Maria. Em retrospectiva descobrimos que suscitou em nós uma profunda sede que só Ele pode saciar. Assim nos dispõe para que acolhamos sua misericórdia, que sempre nos surpreende.

Durante este Advento, Jesus Cristo nos convida a nos deixar encontrar por Ele, como a ovelha perdida. Como Pedro, que afunda quando caminha sobre as águas, podemos clamar seguros de que Ele sempre nos escuta (cf Sal 18,6). Este deixar-nos encontrar pela sua misericórdia pode tomar muitas formas. A vida cristã nos oferece diversos lugares especiais para dispor-nos a acolher a ação de Deus em nossas vidas como a oração, a Eucaristia, a experiência da cruz, a entrega aos outros, e sem dúvida, tem um papel destacado o sacramento da reconciliação.

Quando reconhecemos que estamos necessitados de misericórdia e nos deixamos curar pelo Bom Samaritano, então se dirige de maneira especial a nós a mensagem natalina dos anjos: «Eu vos anuncio uma boa nova, de grande alegria para todo o povo: hoje na cidade de Davi, nasceu para vós um Salvador, que é o Cristo Senhor » (cf. Lc 2, 11).

  1. Coração compassivo e misericordioso

Sempre me impressionaram os gestos do Bom Samaritano, especialmente o de negociar com o hospedeiro a quem confia o cuidado do homem ferido pelos salteadores. Trata-se de um verdadeiro desperdício de parte daquele homem para atender a um desconhecido, estando disposto inclusive a pagar mais se fosse necessário. Assim é o Coração de Cristo: é superabundante em seus dons porque é misericordioso com cada um dos seus filhos.

A superabundância da misericórdia é uma constante na História da Salvação. Basta pensar no mistério da encarnação e nascimento de Jesus que celebraremos proximamente, mas também na Imaculada Conceição. E na nossa própria vida: a ordenação de 44 novos sacerdotes; a beleza das almas consagradas no Movimento e em toda a Igreja; a generosidade de tantos casais que irradiam sua fé, às vezes em situações não fáceis; o zelo apostólico e a generosidade de tantos jovens que dão anos como colaboradores… Tem sido, e é tão abundante a graça de Deus nestes 75 anos que só nos resta agradecer!

Os dons do Senhor são para o serviço da comunidade. O Bom Samaritano quer aproximar-se hoje e curar as feridas do homem que sofre, quer anunciar a todos a boa nova da sua Misericórdia. E para fazê-lo, quis valer-se de nossa colaboração. Por isto me parece que Jesus Cristo nos convida a estar especialmente atentos às necessidades dos outros, a prestar-lhes um serviço desinteressado e, sobretudo, a levar o bálsamo da misericórdia a todas as pessoas com as quais nos encontramos. O Papa Francisco sonha com uma Igreja que seja uma «casa de todos, não uma capelinha na que cabe só um grupinho de pessoas seletas». E vê com clareza que «o que a Igreja necessita com maior urgência hoje é uma capacidade de curar feridas e dar calor aos corações dos fiéis, proximidade. Vejo a Igreja como um hospital de campanha em uma batalha. Que inútil é perguntar a um ferido se tem altos o colesterol ou o açúcar! Temos que curar suas feridas».

Peço a Deus para que neste Advento nos convertamos em “bons samaritanos” em nossas famílias, no trabalho ou com os amigos; que saibamos levar com paciência uns aos outros com carinho; que aprendamos a alegrar-nos com os demais e a ser fonte de alegria para os demais; que nos estimulemos uns aos outros em curar as feridas do coração, abrir portas, soltar amarras e recordar a todos que Deus é bom e que sempre nos espera.

Queridos amigos e membros do Regnum Christi, desejo a todos vocês um tempo de Advento muito fecundo e um Natal muito feliz. Que o Menino Jesus, que vem como o Bom Samaritano a revelar-nos a misericórdia do Pai, nos conceda a todos ser instrumentos dóceis da sua misericórdia e de seu Reino. Já desde agora desejo a todos e a cada um em particular um feliz Natal!

Por favor, não deixem de rezar neste período pelos diáconos que serão ordenados sacerdotes e também pelos membros de nossa família carismática que estejam passando por especiais provas ou os que sofrem alguma doença.

Com uma lembrança especial nas minhas orações.

Pe. Eduardo Robles-Gil, LC

TRADUCCIÓN AL FRANCÉS

Que ton Règne vienne !

                                                                                                Rome, le 3 décembre 2015

Aux membres de Regnum Christi

Très estimés dans le Christ,

Nous commençons l’Avent, temps qui nous prépare à célébrer la naissance de notre Seigneur Jésus-Christ. De plus, cette année nous célébrons, avec grande joie, l’ouverture de la Porte Sainte le jour de l’Immaculée Conception ainsi que l’ordination sacerdotale de 44 légionnaires du Christ, le 12 décembre, fête de Notre-Dame de Guadalupe. Je vous écris pour vous saluer, vous souhaiter une bonne participation à ces événements, mais aussi partager avec vous deux réflexions pour vivre cette période avec une profonde ferveur.

L’image choisie pour cette année jubilaire est celle du bon Samaritain qui est, en quelque sorte, une synthèse de la miséricorde du Père manifestée en Jésus-Christ. Nous connaissons tous bien la parabole de saint Luc (10, 25-37) et nous l’avons souvent méditée. Je vous invite à l’approfondir de nouveau avec calme pour découvrir ce que l’Esprit Saint veut nous dire par cette parabole en cette année de jubilé.

  1. Désir de la miséricorde de Dieu

L’Avent est un temps d’attente, patiente et persévérante. La liturgie nous entraîne à l’espérance, nous mène à nourrir le désir de la venue de notre Sauveur. Si nous entrons en nous-mêmes nous nous rendons compte de notre pauvreté et de notre péché, de notre petitesse et  notre incapacité à faire le bien (cf. Rm 7, 15-19). Mais nous ne pouvons rester abattus. L’antienne de l’Avent nous encourage : « Redressez-vous, et relevez la tête car votre délivrance est proche » (Lc  21, 28).

Le Seigneur lui-même suscite en notre cœur le désir de Dieu. Il prend l’initiative de nous inviter à faire alliance avec lui. Il agit de façon inattendue, comme lorsqu’il envoya l’ange Gabriel porter son annonce à Marie. Rétrospectivement, nous découvrons qu’il a suscité en nous une grande soif que lui seul peut étancher. Il nous dispose ainsi à accueillir sa miséricorde, qui nous surprend toujours.

Pendant cet Avent, Jésus-Christ nous invite à nous laisser rencontrer par lui, telle la brebis perdue. Comme Pierre qui se cache quand il marche sur les eaux, nous pouvons déclarer qu’il nous écoute toujours (cf. Ps 18, 6). Nous laisser rencontrer par sa miséricorde peut revêtir plusieurs formes. La vie chrétienne nous offre diverses façons particulières pour nous disposer à accueillir l’action de Dieu en nos vies, tels que la prière, l’Eucharistie, l’expérience de la croix, le dévouement aux autres et sans aucun doute le rôle spécifique du sacrement de la réconciliation.

Quand nous reconnaissons que nous avons besoin de miséricorde et que nous nous laissons guérir par le bon Samaritain, alors le message de Noël des anges s’adresse spécialement à nous : « Je vous annonce une grande nouvelle, aujourd’hui un Sauveur nous est né » (Lc 2, 11).

  1. Cœur compatissant et miséricordieux

J’ai toujours été impressionné par les gestes du bon Samaritain, surtout par ce qu’il donne à l’aubergiste auquel il confie le soin de l’homme blessé par les bandits. Il s’agit d’un vrai gaspillage de la part de cet homme pour soigner un inconnu, et il est disposé à payer plus si nécessaire. Il en est de même du cœur du Christ : il surabonde de dons parce qu’il est miséricordieux avec chacun de ses enfants.

La surabondance de miséricorde est une constante dans l’histoire du Salut. Il suffit de penser au mystère de l’Incarnation et de la naissance de Jésus que nous allons célébrer. Mais aussi à l’Immaculée Conception. Et dans notre propre vie : l’ordination de 44 nouveaux prêtres ; la beauté des âmes consacrées dans le Mouvement et dans toute l’Église ; la générosité de tant de couples qui irradient leur foi, parfois lors de situations peu faciles ; le zèle apostolique et la générosité de tant de jeunes qui donnent un sens transcendant à leurs vies, qui vont à l’encontre des plus nécessiteux, qui donnent des années en tant que volontaires, etc. Il y a eu une telle abondance de grâces de Dieu dans ces 75 années que l’on ne peut que remercier !

Les dons de Dieu sont au service de la communauté. Le bon Samaritain veut aujourd’hui s’approcher pour guérir les blessures de l’homme qui souffre, il veut annoncer la bonne nouvelle de sa miséricorde. Et pour ce faire il a voulu utiliser notre collaboration. C’est pourquoi je pense que Jésus nous invite à être particulièrement attentifs aux besoins des autres, à leur offrir un service désintéressé et surtout apporter le baume de la miséricorde à tous ceux que nous rencontrons. Le pape François rêve d’une Église qui soit une « maison pour tous et non une petite chapelle n’accueillant qu’un petit groupe de personnes choisies ». Il voit clairement que « ce dont l’Église a besoin avec une grande urgence c’est une capacité de guérir les blessures et de réchauffer les cœurs des fidèles en s’approchant d’eux. Je vois l’Église comme un hôpital de campagne après une bataille. Comme il est inutile de demander à un blessé son taux de cholestérol ou de sucre ! Il faut soigner ses blessures ! »

Je demande à Dieu que durant cet Avent nous nous transformions en bons samaritains au sein de nos familles, au travail ou avec nos amis ; que nous sachions nous supporter les uns les autres avec tendresse et patience ; que nous apprenions à nous réjouir avec les autres et à être source de joie pour les autres ; que nous nous  stimulions les uns les autres en soignant les blessures du cœur, en ouvrant les portes, en libérant les liens de nos entraves et en rappelant à tous que Dieu est bon et qu’il nous attend toujours.

Chers amis et membres de Regnum Christi, je vous souhaite à tous une période d’Avent très féconde et un Noël très heureux. Que l’Enfant-Jésus, qui vient tel le bon Samaritain nous révéler la miséricorde du Père, nous permette d’être les instruments dociles de sa miséricorde et de son règne. Dès maintenant, je vous souhaite un très bon Noël.

Je vous encourage en cette période à prier tout spécialement pour les diacres qui vont être ordonnés prêtres et pour tous les membres de notre famille charismatique qui traversent des épreuves ou souffrent de quelque maladie.

Je vous assure spécialement de mes prières.

Père Eduardo Robles-Gil, LC

“Tú eres Rey” – Carta de Cristo Rey 2015

¡Venga tu Reino!

4 de noviembre de 2015

 

A los miembros del Movimiento Regnum Christi

con ocasión de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

 

Muy estimados en Cristo:

Celebraremos dentro de algunos días la solemnidad de Cristo Rey en el marco del 75º aniversario de la fundación de la Legión y del Regnum Christi. Hemos rezado a Dios por décadas con esa petición que Él mismo nos enseñó: ¡Venga tu Reino! ¡Cristo, Rey nuestro, venga tu Reino! (cf. Mt 6, 10).

Hoy, en estas circunstancias históricas nuestra petición debe ser más insistente, más convencida, si es posible. Queremos que Cristo reine en nuestros corazones, en el de nuestras familias, en nuestros equipos y secciones, en nuestros apostolados y que a través de nuestra oración y de nuestro apostolado, Él se haga presente y reine en las vidas de las personas y en la sociedad.

Ésta es nuestra oración, esto es lo que le pedimos hoy con insistencia. ¡Que venga tu Reino a mi corazón! Ciertamente esto lo pedimos con amor cada vez que rezamos el Padre Nuestro, cada vez que hacemos una jaculatoria. Y lo hacemos con mucha confianza.

Pero es necesario pasarlo de los labios a la vida, asegurarnos de que sea un deseo profundo y muy real. Para hacerlo, podemos preguntarnos qué significa que venga Jesucristo como rey a nuestra vida, a nuestro corazón. Significa que tome posesión de nosotros, como un rey toma posesión de su reino. Puede ser que tome nuestro corazón después de una o varias batallas contra nosotros mismos, puede ser que sea un rendirnos pacíficamente. Pero toma posesión. «Me sedujiste y me dejé seducir…» (Jr 20,7).

Siguiendo las lecturas de la Solemnidad de Cristo Rey, les dejo algunas reflexiones sobre lo que significa que el Reino de Cristo llegue a nuestra vida.

  1. «Aquél que nos amó, nos ha liberado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino» (Ap 1, 6)

La experiencia vivida del amor que Dios nos ha tenido se encuentra a la raíz de nuestra vocación al Regnum Christi. Este amor misericordioso no es una realidad abstracta, sino que se hace presente en la historia, en la de cada uno y en la de todo el Movimiento, con manifestaciones muy concretas. Basta abrir los ojos y pedir el don de la fe para reconocer la mano amorosa de Dios en los años felices y en los momentos oscuros, que nos va guiando con suavidad y firmeza. Y es que la misericordia tiene un rostro: Jesucristo, nuestro Rey y Señor.

Él ha querido bajar hasta nuestra pequeñez, a nuestra existencia, que a veces puede parecer gris y sin sentido, para descubrirnos su misericordia infinita. No ha escatimado nada para hacernos entender el amor que experimenta por cada uno de nosotros: ha derramado su sangre generosamente, hasta la última gota.

Él nos levanta y no sólo nos limpia, sino que asume sobre sí nuestra pobreza y nos hace partícipes de su misión. Nos ha convertido en un reino, en pueblo de su propiedad. Y, por puro amor, nos invita a emprender acciones y a crear instituciones a través de las cuales este reino se instaure en los corazones de los hombres, de las familias y de la sociedad. Quiere que lo hagamos en lo concreto de nuestra historia, que seamos signo de la presencia de su reino en el mundo, confiados más en su gracia y en su elección que en nuestras propias fuerzas.

 

  1. Mi reino no es de este mundo (Jn 18, 36)

Jesucristo ha venido a instaurar un reino distinto a los reinos de este mundo, que son temporales y caducos. El suyo es un «reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz», como nos recuerda el prefacio de esta fiesta. Por lo mismo, tiene unos criterios distintos a los criterios del mundo.

Hoy todos los cristianos recibimos la invitación de Jesucristo a dar testimonio de nuestra adhesión a Él y a la Iglesia. No se trata sólo de «darle tiempo» al Señor, quizás a través de la oración o del apostolado, sino de «darle el corazón». Es decir, no son sólo las muchas actividades las que proclaman la presencia del reino que ya está presente entre nosotros (cf. Lc 17, 21), sino la coherencia de vida con nuestra vocación cristiana y la ilusión y generosidad con las que nos entregamos, en lo concreto, para corresponder al amor de Cristo, dándole el primer lugar en nuestras vidas y amándolo en el servicio a nuestros hermanos.

Es verdad, vivir hoy con coherencia y contracorriente no es una tarea fácil. Pero precisamente por eso el testimonio que podamos dar de la misericordia divina y de la verdad que nos hace libres podrá ser más elocuente. Y por eso le pedimos al Señor que nos conceda esta gracia y que ésta dé fruto en nosotros.

A veces podemos describir lo que pasa en la realidad sólo con lo que vemos con nuestros ojos, y es una descripción real, externa. Pero se puede también describir la realidad incluyendo nuestros deseos y proyectos, se puede describir la realidad presente como algo en movimiento, en transformación, con una finalidad que no es de este mundo. Y esa descripción también es real. Es aceptar que Cristo Rey con su providencia está presente y activo en el mundo, actúa directamente con su gracia y también indirectamente con sus apóstoles y a través de los corazones y acciones de sus apóstoles. Viene al mundo e instaura su reino en los corazones de las personas y a través de las personas en otras personas, en las familias y la sociedad. Un reino de presencia de Dios, de gracia, de justicia, de amor y de paz.

Describir la realidad desde Dios que quiere reinar y que está actuando es ver no sólo con los ojos del cuerpo sino con fe, esperanza y amor. Con la fe vemos que Dios está presente, que actúa, que nos llama y sigue llamando operarios a su mies. Vemos y sentimos el corazón de Cristo crucificado, entregado por amor a nosotros, y compartimos sus sentimientos. Viene a nuestra mente y nos hace ver nuestra vida también como una misión, viene a nuestro corazón y nos ayuda a amar como él. Nos llena de esperanza y confiamos: Estoy y estaré con ustedes todos los días (cf. Mt 28, 20). Con esperanza, los deseos se hacen proyectos y las dificultades se convierten en oportunidades de amar.

  1. Tú lo has dicho, soy Rey (Jn 18, 37)

Ante un reino que no es de este mundo y que está siempre en construcción, es fácil que hoy muchos nos dirijan a los cristianos una pregunta escéptica respecto a Cristo, como la que le hizo el mismo Pilato: «¿Cristo es rey?» (cf. Jn 18, 37).

Nosotros conocemos la respuesta. De hecho, la proclamamos cada vez que decimos nuestra jaculatoria: «¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!». Pero el mundo hoy no cree tanto en los maestros sino en los testigos, en quienes dan prueba con su vida de que el Señorío de Jesucristo es una realidad vivida cada día.

Quizás esta fiesta sea una oportunidad para hacer que el Regnum Christi sea un movimiento aún más abierto y acogedor, donde más personas puedan entrar en contacto con el amor de Dios. En donde sabemos que Cristo nos ha lavado los pies y el alma, y por esa experiencia de la misericordia divina, queremos que otros puedan experimentarlo a través de nuestro servicio desinteresado. ¡Qué hermoso sería que en cada localidad, por nuestros apostolados pudiéramos practicar más conscientemente las obras de misericordia corporales y espirituales!

Somos conscientes de que la familia sufre una fuerte crisis a nivel mundial. Conocemos el evangelio de la familia que la Iglesia proclama y sabemos que es contrario en muchos aspectos a la mentalidad del mundo. Busquemos que cada miembro del Regnum Christi pueda dar testimonio del aprecio a la familia. Fomentemos iniciativas que acompañen a los novios que se preparan para el matrimonio, a los recién casados, a quienes están descubriendo el milagro de la paternidad y la maternidad. Acompañemos con compasión y sumo respeto a las familias en dificultad y a quienes viven situaciones familiares difíciles de resolver. Oremos juntos por la familia y oremos también por la caridad y unión entre los miembros de nuestra familia espiritual. No tengamos miedo de anunciar con convicción y misericordia la verdad de Dios sobre el amor matrimonial y la familia y demos así testimonio con la vida ante el mundo de que Jesucristo es rey.

Viendo la escena evangélica y el diálogo entre nuestro Señor y Pilato, golpea el hecho de que Jesucristo no parece rey según los criterios del mundo. Su corona es de espinas. Parece más bien débil y fracasado. Pero precisamente así nos enseña que lo más importante para proclamar su grandeza y su domino sobre todo el universo, no está en grandes éxitos según el mundo, sino en hacer siempre la voluntad del Padre por amor. Es un reino de amor y de gracia.

Este año contamos también con la gracia de la indulgencia plenaria que nos ha concedido el Papa Francisco para esta fiesta, no sólo a los miembros seglares, a quienes San Juan Pablo II la concedió habitualmente, sino también a los legionarios y miembros consagrados. Igualmente, se ha preparado una novena rica en textos de la Sagrada Escritura, que puede mover el corazón para celebrar como familia esta fiesta.

Pido a la Santísima Virgen, Reina de los apóstoles, que nos alcance la gracia de ser más conscientes de que Jesucristo nos ha amado para que seamos germen de su reino en este mundo y demos testimonio de la Verdad, que es él mismo. Que ella nos ayude a mostrar el amor misericordioso de Dios a nuestros hermanos, especialmente a las familias.

Cuenten con mis oraciones y les pido un recuerdo en las suyas,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

Anexo: Novena de Cristo Rey en varios idiomas.

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Novena de Cristo Rey

Oración inicial:

Quien preside:

Señor Jesucristo, Rey del Regnum Christi y de la Legión, te damos gracias por haber dado vida a nuestra familia espiritual. Te damos gracias por habernos llamado a cada uno de nosotros a amarte y servirte a ti y a tu Santa Iglesia a través del Movimiento. Te agradecemos por habernos concedido tantas gracias en estos primeros setenta y cinco años de nuestra existencia, y por haber regalado tantas gracias al mundo y a la Iglesia a través del Movimiento. Con la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, de San Pablo Apóstol, de San Juan Evangelista, de San Miguel Arcángel y de San José, te suplicamos que nos ayudes a renovar nuestro amor por ti, por la Iglesia, por nuestro Movimiento y por todos nuestros hermanos, ahora que nos preparamos para celebrar la solemnidad del reinado de tu Sagrado Corazón sobre todo el universo.

Para cada día de la novena, quien preside anuncia el pasaje leyendo el título que se propone. Todos los presentes leen juntos el pasaje correspondiente.

 

Viernes, 13 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama por nuestro nombre (Mc. 1, 16-20)

Todos:

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él[1].

Sábado, 14 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos revela el amor misericordioso, personal y apasionado de su Sagrado Corazón (Jn. 16, 13.15; Mt. 11, 28-30)

Todos:

Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.  Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.  Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.  Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Domingo, 15 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a construir la comunión y a amar como él ama. (Jn. 13. 34-35; Mt. 5, 43-48)

Todos:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.  Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?  Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Lunes, 16 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama y nos envía para ser sus testigos en el mundo (Mt. 5, 13-16)

Todos:

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.  Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.  Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.  Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

 

Martes, 17 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos fortalece y nos envía para proclamar la buena nueva de su Reino. (Jn. 15, 16; Mt. 28, 18-20)

Todos:

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. Acercándose a ellos, Jesús les dijo*: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;  enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

 

Miércoles, 18 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a abstenernos de la dureza de juicio y de la crítica destructiva. (Mt. 7, 1-5.12)

Todos:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.  ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?  ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?  Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano. Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas.

 

Jueves, 19 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús desea que nos mantengamos cerca de él. (Jn. 15. 4-10)

Todos:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6 Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. 7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. 8 Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. 9 Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Viernes, 20 de noviembre de 2015

Quien preside:

A través de San Pablo, Jesús nos recuerda que su gracia nos basta. (Flp. 3, 7-11; 2 Cor 12, 9-10)

Todos:

Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.  Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.  Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Sábado, 21 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos invita a reinar con él desde el glorioso trono de la cruz. (Lc. 9, 23-26)

Todos:

Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.  ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.

 

Oración conclusiva:

Quien preside:

Oremos.

Señor Jesús,

Derrama tu Espíritu Santo para que nos inspire con estas palabras de la Escritura

Aviva en nuestras almas un deseo ardiente y profundo de buscar tu rostro siempre y en todo lugar, de creer sin límites en tu Evangelio, y de vivir en plenitud la vida en abundancia que tú has venido a darnos.

Abre nuestros corazones cada día y en cada situación para acoger tu misericordia y tu verdad.

Incrementa en nosotros el influjo de los dones de tu Espíritu Santo, para que podamos confiar más y más plenamente en ti y seamos testigos valientes y apóstoles tuyos en este mundo herido y necesitado de tu gracia redentora.

Sigue bendiciendo a nuestro Movimiento para que sigamos buscando servir con alegría a la Iglesia y al mundo. Camina junto a nosotros en la senda de la fidelidad a tu Santo Nombre.

En nuestra fragilidad y pequeñez, recuérdanos siempre:

Si nosotros no proclamamos el evangelio, entonces ¿quién?

Si hoy no anunciamos el evangelio, entonces ¿cuándo?

Si no es la verdad del evangelio, entonces ¿qué podemos anunciar?[2]

Quien preside: Sagrado Corazón de Jesús, inflamado de amor por nosotros,

Todos: Inflama nuestro corazón de amor por ti.

Quien preside: ¡Cristo Rey nuestro!

Todos: ¡Venga tu Reino!
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[1] Los textos bíblicos se han tomado del sitio de la Sagrada Biblia: versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. La imagen de la portada es del mosaico de la Iglesia de Santa Clara en el Colegio Francés de Roma. ©Isladetera.

[2] Algunas frases de la oración final se inspiran en la Oración por la nueva evangelización publicada por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB). http://www.usccb.org/prayer-and-worship/prayers-and-devotions/prayers/new-evangelization-prayer.cfm

Nota de Prensa: El Papa Francisco concede indulgencia plenaria por el 75º Aniversario

Nota de Prensa – Actualizada el 29 de octubre de 2015.

El Papa concede indulgencia plenaria para los Legionarios de Cristo y Miembros del Regnum Christi

  • El Papa Francisco ha concedido la indulgencia a través de un decreto de la Penitenciaría Apostólica con ocasión de los 75º años de la fundación.

Roma. 28 de octubre de 2015. El Papa Francisco ha concedido la indulgencia plenaria en forma de jubileo a los Legionarios de Cristo y miembros del Movimiento Regnum Christi durante el año en que conmemoran los 75 años de su fundación. Este jubileo concluirá en la Solemnidad del Sagrado Corazón del año 2016.

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede ha emitido un decreto firmado por el Penitenciario Mayor, el Card. Mauro Piacenza, respondiendo a la solicitud del director general del Regnum Christi y de la Legión de Cristo, P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Además de las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y rechazo de todo pecado), la indulgencia jubilar la podrán alcanzar los legionarios y miembros del Regnum Christi en la solemnidad de Cristo Rey de 2015 y en la solemnidad del Sagrado Corazón de 2016 si renuevan por devoción sus compromisos que los vinculan al Movimiento o a la Legión, y rezan por la fidelidad de su patria al su vocación cristiana, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, y por la defensa de la familia.

Igualmente, se les concede la indulgencia plenaria cuando se dedican por un tiempo conveniente a la práctica de las obras de misericordia corporales o espirituales, concluyendo con la oración del Señor, el Símbolo de la Fe y la invocación a María, Reina de los Apóstoles.

También pueden lucrar la indulgencia plenaria cuando se dediquen durante un tiempo conveniente a enseñar o aprender la doctrina cristiana o participan en misiones de evangelización.

Los legionarios y demás miembros del Regnum Christi impedidos por la vejez o la enfermedad podrán lucrar la indulgencia uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo sus sufrimientos y oraciones por la nueva evangelización y por la instauración del Reino de Cristo.

En una carta a los miembros del Regnum Christi el director general recuerda: «Como saben, la indulgencia consiste en una remisión de las penas temporales por los pecados ya perdonados que el pecador debería purgar en la vida presente o en la futura antes de poder entrar en la plena comunión con Dios en el cielo. Los invito a aprovechar esta circunstancia para repasar lo que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña sobre estas gracias concedidas desde los tesoros espirituales de la Iglesia (nn. 1471-1479)».

 

En la misma carta, también dice: «Los animo a aprovechar esta gracia que el Santo Padre nos concede para renovar nuestra gratitud al Señor por el don del Movimiento y para incrementar nuestro deseo de ser apóstoles y testigos creíbles del Reino de Jesucristo».

La concesión de una indulgencia jubilar es una práctica muy común en la Iglesia con ocasión de aniversarios de instituciones de la Iglesia. En el Año de la misericordia todos los fieles católicos podrán ganar indulgencias especiales. No se trata, bajo ningún concepto, de un perdón concedido a una institución o de fingir que errores del pasado no han existido, sino de una gracia concedida por la Iglesia a los miembros de la misma para que se dediquen con mayor interés a una vida según el Evangelio, a la oración y al servicio al prójimo.

Documentación

Indulgencia jubilar para los legionarios y miembros del Regnum Christi

Indulgencia jubilar para los Legionarios de Cristo y Miembros del Regnum Christi

Roma. 28 de octubre de 2015. El Papa Francisco ha concedido la indulgencia plenaria en forma de jubileo a los Legionarios de Cristo y miembros del Movimiento Regnum Christi durante el año en que conmemoran los 75 años de su fundación. Este jubileo concluirá en la Solemnidad del Sagrado Corazón del año 2016.

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede ha emitido un decreto firmado por el Penitenciario Mayor, el Card. Mauro Piacenza, respondiendo a la solicitud del director general del Regnum Christi y de la Legión de Cristo, P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

Además de las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y rechazo de todo pecado), la indulgencia jubilar la podrán alcanzar los legionarios y miembros del Regnum Christi en la solemnidad de Cristo Rey de 2015 y en la solemnidad del Sagrado Corazón de 2016 si renuevan por devoción sus compromisos que los vinculan al Movimiento o a la Legión, y rezan por la fidelidad de su patria al su vocación cristiana, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, y por la defensa de la familia.

Igualmente, se les concede la indulgencia plenaria cuando se dedican por un tiempo conveniente a la práctica de las obras de misericordia corporales o espirituales, concluyendo con la oración del Señor, el Símbolo de la Fe y la invocación a María, Reina de los Apóstoles.

También pueden lucrar la indulgencia plenaria cuando se dediquen durante un tiempo conveniente a enseñar o aprender la doctrina cristiana o participan en misiones de evangelización.

Los legionarios y demás miembros del Regnum Christi impedidos por la vejez o la enfermedad podrán lucrar la indulgencia uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo sus sufrimientos y oraciones por la nueva evangelización y por la instauración del Reino de Cristo.

En una carta a los miembros del Regnum Christi el director general recuerda: «Como saben, la indulgencia consiste en una remisión de las penas temporales por los pecados ya perdonados que el pecador debería purgar en la vida presente o en la futura antes de poder entrar en la plena comunión con Dios en el cielo. Los invito a aprovechar esta circunstancia para repasar lo que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña sobre estas gracias concedidas desde los tesoros espirituales de la Iglesia (nn. 1471-1479)».

En la misma carta, también dice: «Los animo a aprovechar esta gracia que el Santo Padre nos concede para renovar nuestra gratitud al Señor por el don del Movimiento y para incrementar nuestro deseo de ser apóstoles y testigos creíbles del Reino de Jesucristo».

La concesión de una indulgencia jubilar es una práctica muy común en la Iglesia con ocasión de aniversarios de instituciones de la Iglesia. En el Año de la misericordia todos los fieles católicos podrán ganar indulgencias especiales. No se trata, bajo ningún concepto, de un perdón concedido a una institución o de fingir que errores del pasado no han existido, sino de una gracia concedida por la Iglesia a los miembros de la misma para que se dediquen con mayor interés a una vida según el Evangelio, a la oración y al servicio al prójimo.

Decreto de la Penitenciaría Apostólica: Indulgencia jubilar

Traducción del original en latín

 

PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

Prot. N. 762/15/I

 

B E A T Í S I M O   P A D R E ,

Eduardo Robles-Gil Orvañanos, superior general de la Congregación de los Legionarios de Cristo y Moderador del Movimiento Regnum Christi, con sentimientos de devoción a su Santidad y en nombre de todos los miembros, informa confiadamente que en 1941 tuvo inicio el instituto religioso mencionado, fue erigido canónicamente en 1948 en la Diócesis de Cuernavaca y elevado al grado de instituto de derecho pontificio en 1965. Con el fin de celebrar dignamente el 75º aniversario, desde la Solemnidad del Sagrado Corazón de 2015 hasta esta misma Solemnidad del año 2016 se tendrán especiales funciones sagradas e iniciativas espirituales en los templos y capillas de los Legionarios de Cristo y del Movimiento Regnum Christi. Y para que se aplique más abundantemente el tesoro de la gracia divina a los miembros [de la Legión de Cristo y de todo el Regnum Christi], el citado Orador implora el don de la Indulgencia en forma de Jubileo.

Por ello,

El día 27 de julio de 2015

La PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, por mandato del Santísimo Padre Francisco, concede benignamente el Año jubilar con Indulgencia plenaria anexa, que con las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) los miembros de la Congregación de los Legionarios de Cristo y todos los miembros del Movimiento Regnum Christi quienes, con espíritu de penitencia y unidos cordialmente a los fines espirituales del Año de la Vida Consagrada y del próximo Año Santo de la Misericordia, pueden lucrarla una vez por día y también aplicarla como sufragio a los fieles difuntos que se encuentran en el Purgatorio:

a.- en las solemnidades de N. S. Jesucristo, Rey del Universo del año 2015 y del Sagrado Corazón de Jesús del año 2016, si emiten o renuevan, incluso de manera privada, la promesa de cumplir fielmente las exigencias de su vocación y, por un período de tiempo adecuado suplican a Dios por la fidelidad de su propia patria a su vocación cristiana, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y por la defensa de la institución de la familia humana, concluyendo con la Oración del Señor, el Símbolo de la Fe y la invocación a María, Reina de los Apóstoles.

b.- Cada vez que se dediquen a practicar durante un tiempo conveniente las obras de misericordia corporales (dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los enfermos, redimir a los cautivos, enterrar a los muertos) o espirituales (corregir al que yerra, enseñar al que no sabe, dar consejo a quien lo necesita, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, perdonar las ofensas, rezar por todos), concluyendo con la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe y la invocación a María, Reina de los Apóstoles.

c.- Cada vez que, con corazón confiado en la misericordia, dediquen un tiempo conveniente a enseñar o aprender la doctrina cristiana, o a las misiones para la nueva evangelización, concluyendo con la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe y la invocación a María, Reina de los Apóstoles.

Los Legionarios de Cristo y todos los miembros del Movimiento Regnum Christi que se encuentren legítimamente impedidos por la vejez o alguna enfermedad grave, podrán obtener igualmente la indulgencia plenaria en el lugar en donde su impedimento los retiene, si habiendo detestado todo pecado y teniendo la intención de cumplir, apenas les sea posible, las tres condiciones acostumbradas, se unan espiritualmente a las celebraciones jubilares u otras iniciativas espirituales, ofreciendo sus oraciones y sus sufrimientos a Dios a través de María por la nueva evangelización de los pueblos y la instauración del Reino de Cristo.

Y para que el acceso al perdón divino mediante las llaves de la Iglesia resulte más fácil por medio de la caridad pastoral, esta Penitenciaría pide insistentemente a los sacerdotes Legionarios de Cristo y a los demás [sacerdotes] miembros del Regnum Christi, se ofrezcan con ánimo diligente y generoso a la celebración del sacramento de la Penitencia y administren con frecuencia la Santa Comunión a los enfermos.

La presente disposición será válida durante el Año jubilar. No habiendo nada en contra.

 

 

Mauro Card. Piacenza

Penitenciario Mayor

 

Cristóforo Nykel

Regente

 

La profesión religiosa – Carta a los novicios legionarios de 2º año

¡Venga tu Reino!

C O N G R E G A T I O

L E G I O N A R I O R U M   C H R I S T I

D I R E C T O R  G E N E R A L I S

Ciudad de México, 6 de agosto de 2015

Transfiguración del Señor

A los hermanos de segundo año de noviciado 

Muy queridos hermanos, 

Les envío un saludo y mi oración a pocos días de que muchos de ustedes harán su primera profesión. En esta fiesta de la Transfiguración del Señor recordamos que la vida religiosa consiste en subir al monte para hacer la experiencia de Dios y luego volver al mundo para compartirla, anunciando a los hombres lo bien que se está junto al Señor. 

El día de su profesión, con la gracia de Dios, se propondrán seguir a Cristo más de cerca como sus legionarios. El paso que se disponen a dar nos llena de alegría y expectación a sus hermanos mayores: nos alegramos con ustedes porque el Señor los ha llamado con especial predilección y vivimos con expectación porque cada uno es una promesa para la instauración del Reino de Cristo en el mundo.

Ustedes llegan a este momento después de dedicarse durante dos años a discernir, profundizar y madurar su propia vocación; de pedir la gracia y colaborar con ella para forjar un amor personal y apasionado a Jesucristo y a su Reino; de asimilar afectiva y efectivamente el espíritu y la disciplina de la Legión (cf. Constituciones, n. 71). Todo esto se ha traducido en un crecimiento y maduración espirituales que les permitirá representar mejor a Jesucristo en medio de su pueblo.

Si bien el crecimiento y el desarrollo de la vocación es el reto y la tarea que debemos enfrentar cada día con ilusión, es muy importante no perder de vista el punto de partida: un encuentro personal con Jesucristo que produjo en sus corazones esa fascinación por el Señor que los llevó a dejarlo todo para compartir su mismo estilo de vida. Ahora que van a abrazar con ilusión una vida pobre, casta y obediente y prometer vivir según las reglas de la Legión de Cristo, tengan bien presente que esto es una respuesta a una mirada de amor de Cristo a cada uno de ustedes. Y es de esa mirada amorosa de donde parte todo.

La vocación legionaria, es inseparablemente vocación a la vida religiosa y al sacerdocio, y es como una semilla que el divino sembrador ha ido esparciendo y que ha caído en tierra buena. En el noviciado, y a lo largo de las distintas etapas de formación, y también en el ministerio, esa semilla se convierte en una planta, luego en un árbol que da sombra, cobija a las aves del cielo y da mucho fruto. Pero se puede correr el riesgo de ver más el árbol que ha surgido y sigue creciendo (con los estudios, un posible cambio de casa de formación, el apostolado, las relaciones con los demás, etc.) y olvidar la semilla de donde brotó todo y que sostiene todo: Jesucristo que nos ha robado el corazón e invitado a estar con Él, (vivir cómo él), para enviarnos a predicar (cf. Mc. 3, 14).

La fórmula de la profesión religiosa de los consejos evangélicos nos ayuda a no perder de vista que lo más importante de nuestra vida es crecer y corresponder al amor. Las palabras con las que consagrarán su vida a Dios en la Legión son: «Yo, en la presencia de la Santísima Trinidad, de la Virgen de los Dolores y de san Juan Evangelista […] prometo y hago voto a Dios omnipotente de vivir […] en pobreza, castidad y obediencia, de acuerdo con la institución de la vida religiosa en la Iglesia, a tenor de las Constituciones de la Congregación de los Legionarios de Cristo» (Constituciones n. 95).

Si analizamos en presencia de quién hacemos nuestra profesión, nos damos cuenta de que el legionario ofrece el don total de su vida en el lugar del amor más grande: el Calvario. Ahí está presente la Santísima Trinidad, pues el Padre ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo, el Verbo muere en la cruz para redimirnos de nuestros pecados y entrega el Espíritu. Al pie de la cruz están la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista, el que da testimonio de todas estas cosas. Es precisamente ahí en donde un novicio que va a profesar se pone de rodillas para corresponder al Amor con un amor que está más en las obras que en las palabras.

Como decía más arriba, la vocación legionaria es una vocación a la vida religiosa y al sacerdocio. Me quiero fijar en la dimensión religiosa: una consagración total a Dios, en el seguimiento cercano, que nos lleva por su gracia a una transformación interior y a una mayor identificación con Jesucristo. Dios nos consagra para sí en la Legión, y nosotros profesamos unos votos como legionarios. Él nos elige y nosotros le respondemos.  Esta dimensión religiosa, de identificación voluntaria y libre con Jesucristo en el corazón y en las obras, es parte integrante y esencial de la vocación, si hemos sido llamados a ser legionarios.

En las Constituciones al iniciar el segundo capítulo sobre el espíritu de la Congregación ponemos una cita de la exhortación apostólica Vita Consecrata que dice: «El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su propia vida». (n. 14).

Los animo a entrar con mucha confianza en la vida religiosa en la Legión y a entregarse con ánimo generoso para ser religiosos santos que se preparan para anunciar al Cristo que han conocido personalmente. No tengan miedo de sus fragilidades, pues el Señor es rico en misericordia y ama a quien busca darse a Él y a las almas no obstante sus limitaciones. San Juan, que está al pie de la cruz y es nuestro patrono tuvo miedo y huyó en Getsemaní. Pero a pesar de los temores, y con la ayuda de María, el amor venció al temor, la gracia a la debilidad, y se convirtió en el testigo privilegiado y apóstol del amor del Corazón de Cristo.

Los estaré encomendando a ustedes y a sus formadores de manera especial en esta recta final para su profesión religiosa. Procuren hacer memoria de ese primer encuentro con Cristo y a hacer presente el amor que han experimentado a través de la práctica de la caridad y de las obras de misericordia.

No dejen de pedir a Cristo Eucaristía por todos sus hermanos mayores, para que no solamente no dejemos el amor primero, sino que crezcamos cada día para corresponder mejor a un Dios tan misericordioso que ha querido invitarnos a ser verdaderamente suyos en la Legión, sus religiosos y sus sacerdotes.

Su hermano en Cristo y la Legión,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.