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«¡Cristo Rey nuestro, venga tu Reino!»

Cristo Rey 2017El padre Eduardo Robles-Gil, L.C., envía la siguiente carta a los miembros del Regnum Christi con motivo de la solemnidad litúrgica de Cristo Rey. El padre Eduardo ofrece una reflexión sobre el significado de la petición «¡Cristo Rey nuestro, venga tu Reino!» en la vida de los miembros del Movimiento Regnum Christi.

 


Roma, 20 de noviembre 2017
Con motivo de la solemnidad de Cristo Rey

 

A los miembros del Regnum Chris
Muy estimados en Jesucristo:

Como todos los años, en esta solemnidad de Cristo Rey, los miembros del Regnum Christi, en todos los países y localidades, nos reunimos para agradecer a Dios sus dones; de modo particular el don del Regnum Christi y nuestra vocación dentro de esta obra de Dios.

Este año es especial de algún modo, porque a lo largo del mismo y sobre todo en estos tres últimos meses, nos hemos estado reuniendo para orar y reflexionar sobre lo que Dios quiere del Movimiento. Hemos tenido las asambleas territoriales y hemos manifestado opiniones y preferencias con responsabilidad.

La vida del Regnum Christi, al igual que la vida de la Iglesia, es una realidad divino-humana. Son dos dimensiones que van juntas. Sabemos, por una parte, que el Reino de Cristo no es de este mundo y, por otra parte, nuestra misión como apóstoles es ser instrumentos para que ese Reino esté presente en el mundo. Es Dios quien está en el origen y nos manifiesta su voluntad, pero nosotros debemos escucharla y traducirla en vida.

¿Qué es lo que Jesucristo Rey del universo, Rey de la vida y de la historia, quiere en este momento para todo el Regnum Christi? Sin duda quiere ayudarnos en este proceso, un tanto largo y complicado, para que tengamos un Estatuto renovado de acuerdo con el desarrollo que hemos tenido en los últimos años. Pero sin duda quiere algo más importante y más profundo. ¿Qué quiere para cada uno de nosotros?

Hace algunos días, rezando el breviario, encontré como lectura un texto de san Agustín a Proba. En él hace un bello comentario sobre la oración del padrenuestro. Dice que en la oración del Señor están contenidas todas las oraciones que podemos hacer. Pensé que en nuestra petición que rezamos todos los días: «¡Cristo Rey nuestro, venga tu Reino!», sucede lo mismo. En esta petición: que venga su Reino, de alguna manera está contenido lo que él quiere para cada uno y también todo lo que necesitamos y queremos. Está contenido sintéticamente todo nuestro carisma, espiritualidad y misión.

En el número 13 §1 del Borrador del Estatuto se hace referencia al reinado de Jesucristo:

El testimonio, anuncio y crecimiento del Reino de Cristo constituye el ideal que inspira y dirige al Movimiento. Su lema «¡Cristo Rey nuestro, venga tu Reino!» expresa este anhelo. Por ello, los miembros del Regnum Christi, secundando las inspiraciones del Espíritu Santo:

1.º buscan revestirse de Cristo en su corazón y en sus obras, para que reine en sus vidas por medio de la progresiva configuración con Él; y

2.º se dejan penetrar y mover por el amor de Cristo hacia todas las personas, procurando que Él reine en el corazón de los hombres y de la sociedad.

«¡Cristo Rey nuestro, venga tu Reino!» Lo tenemos que decir hoy con anhelo, agradecimiento, convicción, alegría, compromiso y esperanza. Esta oración común para todos los días es también lo que pedimos ahora que estamos terminando las asambleas territoriales. ¡Que venga su Reino! ¡Que venga su Regnum Christi!

El Regnum Christi como la Iglesia —sancta et sanctificanda— siempre debe estar en un camino de conversión y renovación. En este sentido, Pablo VI decía con fuerza: «La Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio». Más adelante añade: «De esta iluminada y operante conciencia […] brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior, frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí» (Ecclesiam suam, 3). Como institución estamos en este proceso. En las circunstancias actuales Dios nos pide que seamos instrumentos vivos e inteligentes para buscar estructuras y esquemas humanos que son importantes, pero siempre accidentales y pasajeros, con el fin de institucionalizar dentro de la Iglesia lo que es y ha sido el Regnum Christi.

Como don de Dios para nosotros y para la Iglesia el carisma no se agota en las estructuras y definiciones humanas. Va mucho más allá. Desde las primeras incorporaciones en 1968, hace casi 50 años, somos miles quienes hemos encontrado y seguido a Jesucristo de una forma personal en el Regnum Christi, sin mucha preocupación por las estructuras humanas. Es verdad que nos han ayudado los equipos, las secciones, los manuales y otros elementos, pero lo fundamental ha sido la espiritualidad centrada en Cristo.

Cada uno de nosotros, miembros del Regnum Christi de todas las ramas, con todas las experiencias de vida que hemos tenido, también estamos siempre en un proceso, nunca terminado, de transformación en Jesucristo, Señor de la vida y de la historia, Rey de cada uno y Señor del Regnum Christi.

Este camino de conversión, de renovación, nos pide, nos debe mover a una mayor vida de oración y unión con Cristo, «porque separados de mí nada podéis hacer» (Jn 15,5). Es muy edificante y ejemplar comprobar como en estos tiempos, de frente a los retos que tenemos por delante, en algunos territorios y en las diversas ramas del Movimiento, ha aumentado en profundidad e intensidad la vida de oración. Es nuestra sed de Dios que nos lleva a orar juntos, y a pedir a Cristo Rey presente en la Eucaristía, aquella agua viva que nos renueva y transforma eficazmente en Él.

Por ello, cuando celebremos en la propia localidad la solemnidad de Cristo Rey, fiesta titular de nuestro Movimiento, tenemos que pedir con mucho fervor a Dios que nos conceda que el Movimiento sea su Regnum Christi. Pero sólo lo será si cada uno de nosotros acogemos a Jesucristo en nuestro corazón y en nuestras obras y nos configuramos con Él. Tenemos que pedir esto con fuerza, convicción y perseverancia.

¿Qué anhelamos al pedir con fe y esperanza para el presente y el futuro que venga su Reino?

Pedimos que nos dé su gracia que nos hace aspirar a ser suyos y nos compromete realmente a que sea Él quien reine en nuestros corazones y transforme nuestras almas en su morada, quitando las manifestaciones de individualismo y egoísmo. Pedimos que nos limpie de toda salpicadura de mundo y apego a la mundanidad y que nos fortalezca para hacer en verdad frente a los enemigos de nuestra alma.

Cuando pedimos que venga su Reino de amor, queremos que transforme nuestro corazón y nos permita amar como Él ama; sabiendo acoger y amar a nuestros hermanos y hermanas en el Movimiento con sus cualidades y fragilidades, con sus ideas y aspiraciones; sabiendo encontrar a Jesucristo que habita en el corazón de cada uno.

Cuando pedimos que venga su Reino de justicia y de paz, deseamos que nos permita vivir una renovada comunión según lo que Él realmente desea; y queremos que nos ilumine, que no permita que las consideraciones puramente humanas nos afecten en lo que presentemos a la Santa Sede después de la primera Asamblea General del Regnum Christi.

Cuando pedimos que venga su Reino, le decimos que nos conceda ser apóstoles más aguerridos, de alguna manera incansables, porque «la mies es mucha y los obreros pocos» (Mt 9,37).

Esto es lo que por mi parte pido a Dios, Nuestro Señor, para cada uno de los miembros del Movimiento: que, en esta solemnidad de Cristo Rey, nos conceda que venga su Reino a nuestro corazón y nos siga transformando en mejores hijos suyos y audaces apóstoles de su Reino en el mundo al servicio de la Iglesia para la salvación de las almas.

Su hermano en Cristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

“Tú eres Rey” – Carta de Cristo Rey 2015

¡Venga tu Reino!

4 de noviembre de 2015

 

A los miembros del Movimiento Regnum Christi

con ocasión de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

 

Muy estimados en Cristo:

Celebraremos dentro de algunos días la solemnidad de Cristo Rey en el marco del 75º aniversario de la fundación de la Legión y del Regnum Christi. Hemos rezado a Dios por décadas con esa petición que Él mismo nos enseñó: ¡Venga tu Reino! ¡Cristo, Rey nuestro, venga tu Reino! (cf. Mt 6, 10).

Hoy, en estas circunstancias históricas nuestra petición debe ser más insistente, más convencida, si es posible. Queremos que Cristo reine en nuestros corazones, en el de nuestras familias, en nuestros equipos y secciones, en nuestros apostolados y que a través de nuestra oración y de nuestro apostolado, Él se haga presente y reine en las vidas de las personas y en la sociedad.

Ésta es nuestra oración, esto es lo que le pedimos hoy con insistencia. ¡Que venga tu Reino a mi corazón! Ciertamente esto lo pedimos con amor cada vez que rezamos el Padre Nuestro, cada vez que hacemos una jaculatoria. Y lo hacemos con mucha confianza.

Pero es necesario pasarlo de los labios a la vida, asegurarnos de que sea un deseo profundo y muy real. Para hacerlo, podemos preguntarnos qué significa que venga Jesucristo como rey a nuestra vida, a nuestro corazón. Significa que tome posesión de nosotros, como un rey toma posesión de su reino. Puede ser que tome nuestro corazón después de una o varias batallas contra nosotros mismos, puede ser que sea un rendirnos pacíficamente. Pero toma posesión. «Me sedujiste y me dejé seducir…» (Jr 20,7).

Siguiendo las lecturas de la Solemnidad de Cristo Rey, les dejo algunas reflexiones sobre lo que significa que el Reino de Cristo llegue a nuestra vida.

  1. «Aquél que nos amó, nos ha liberado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino» (Ap 1, 6)

La experiencia vivida del amor que Dios nos ha tenido se encuentra a la raíz de nuestra vocación al Regnum Christi. Este amor misericordioso no es una realidad abstracta, sino que se hace presente en la historia, en la de cada uno y en la de todo el Movimiento, con manifestaciones muy concretas. Basta abrir los ojos y pedir el don de la fe para reconocer la mano amorosa de Dios en los años felices y en los momentos oscuros, que nos va guiando con suavidad y firmeza. Y es que la misericordia tiene un rostro: Jesucristo, nuestro Rey y Señor.

Él ha querido bajar hasta nuestra pequeñez, a nuestra existencia, que a veces puede parecer gris y sin sentido, para descubrirnos su misericordia infinita. No ha escatimado nada para hacernos entender el amor que experimenta por cada uno de nosotros: ha derramado su sangre generosamente, hasta la última gota.

Él nos levanta y no sólo nos limpia, sino que asume sobre sí nuestra pobreza y nos hace partícipes de su misión. Nos ha convertido en un reino, en pueblo de su propiedad. Y, por puro amor, nos invita a emprender acciones y a crear instituciones a través de las cuales este reino se instaure en los corazones de los hombres, de las familias y de la sociedad. Quiere que lo hagamos en lo concreto de nuestra historia, que seamos signo de la presencia de su reino en el mundo, confiados más en su gracia y en su elección que en nuestras propias fuerzas.

 

  1. Mi reino no es de este mundo (Jn 18, 36)

Jesucristo ha venido a instaurar un reino distinto a los reinos de este mundo, que son temporales y caducos. El suyo es un «reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz», como nos recuerda el prefacio de esta fiesta. Por lo mismo, tiene unos criterios distintos a los criterios del mundo.

Hoy todos los cristianos recibimos la invitación de Jesucristo a dar testimonio de nuestra adhesión a Él y a la Iglesia. No se trata sólo de «darle tiempo» al Señor, quizás a través de la oración o del apostolado, sino de «darle el corazón». Es decir, no son sólo las muchas actividades las que proclaman la presencia del reino que ya está presente entre nosotros (cf. Lc 17, 21), sino la coherencia de vida con nuestra vocación cristiana y la ilusión y generosidad con las que nos entregamos, en lo concreto, para corresponder al amor de Cristo, dándole el primer lugar en nuestras vidas y amándolo en el servicio a nuestros hermanos.

Es verdad, vivir hoy con coherencia y contracorriente no es una tarea fácil. Pero precisamente por eso el testimonio que podamos dar de la misericordia divina y de la verdad que nos hace libres podrá ser más elocuente. Y por eso le pedimos al Señor que nos conceda esta gracia y que ésta dé fruto en nosotros.

A veces podemos describir lo que pasa en la realidad sólo con lo que vemos con nuestros ojos, y es una descripción real, externa. Pero se puede también describir la realidad incluyendo nuestros deseos y proyectos, se puede describir la realidad presente como algo en movimiento, en transformación, con una finalidad que no es de este mundo. Y esa descripción también es real. Es aceptar que Cristo Rey con su providencia está presente y activo en el mundo, actúa directamente con su gracia y también indirectamente con sus apóstoles y a través de los corazones y acciones de sus apóstoles. Viene al mundo e instaura su reino en los corazones de las personas y a través de las personas en otras personas, en las familias y la sociedad. Un reino de presencia de Dios, de gracia, de justicia, de amor y de paz.

Describir la realidad desde Dios que quiere reinar y que está actuando es ver no sólo con los ojos del cuerpo sino con fe, esperanza y amor. Con la fe vemos que Dios está presente, que actúa, que nos llama y sigue llamando operarios a su mies. Vemos y sentimos el corazón de Cristo crucificado, entregado por amor a nosotros, y compartimos sus sentimientos. Viene a nuestra mente y nos hace ver nuestra vida también como una misión, viene a nuestro corazón y nos ayuda a amar como él. Nos llena de esperanza y confiamos: Estoy y estaré con ustedes todos los días (cf. Mt 28, 20). Con esperanza, los deseos se hacen proyectos y las dificultades se convierten en oportunidades de amar.

  1. Tú lo has dicho, soy Rey (Jn 18, 37)

Ante un reino que no es de este mundo y que está siempre en construcción, es fácil que hoy muchos nos dirijan a los cristianos una pregunta escéptica respecto a Cristo, como la que le hizo el mismo Pilato: «¿Cristo es rey?» (cf. Jn 18, 37).

Nosotros conocemos la respuesta. De hecho, la proclamamos cada vez que decimos nuestra jaculatoria: «¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!». Pero el mundo hoy no cree tanto en los maestros sino en los testigos, en quienes dan prueba con su vida de que el Señorío de Jesucristo es una realidad vivida cada día.

Quizás esta fiesta sea una oportunidad para hacer que el Regnum Christi sea un movimiento aún más abierto y acogedor, donde más personas puedan entrar en contacto con el amor de Dios. En donde sabemos que Cristo nos ha lavado los pies y el alma, y por esa experiencia de la misericordia divina, queremos que otros puedan experimentarlo a través de nuestro servicio desinteresado. ¡Qué hermoso sería que en cada localidad, por nuestros apostolados pudiéramos practicar más conscientemente las obras de misericordia corporales y espirituales!

Somos conscientes de que la familia sufre una fuerte crisis a nivel mundial. Conocemos el evangelio de la familia que la Iglesia proclama y sabemos que es contrario en muchos aspectos a la mentalidad del mundo. Busquemos que cada miembro del Regnum Christi pueda dar testimonio del aprecio a la familia. Fomentemos iniciativas que acompañen a los novios que se preparan para el matrimonio, a los recién casados, a quienes están descubriendo el milagro de la paternidad y la maternidad. Acompañemos con compasión y sumo respeto a las familias en dificultad y a quienes viven situaciones familiares difíciles de resolver. Oremos juntos por la familia y oremos también por la caridad y unión entre los miembros de nuestra familia espiritual. No tengamos miedo de anunciar con convicción y misericordia la verdad de Dios sobre el amor matrimonial y la familia y demos así testimonio con la vida ante el mundo de que Jesucristo es rey.

Viendo la escena evangélica y el diálogo entre nuestro Señor y Pilato, golpea el hecho de que Jesucristo no parece rey según los criterios del mundo. Su corona es de espinas. Parece más bien débil y fracasado. Pero precisamente así nos enseña que lo más importante para proclamar su grandeza y su domino sobre todo el universo, no está en grandes éxitos según el mundo, sino en hacer siempre la voluntad del Padre por amor. Es un reino de amor y de gracia.

Este año contamos también con la gracia de la indulgencia plenaria que nos ha concedido el Papa Francisco para esta fiesta, no sólo a los miembros seglares, a quienes San Juan Pablo II la concedió habitualmente, sino también a los legionarios y miembros consagrados. Igualmente, se ha preparado una novena rica en textos de la Sagrada Escritura, que puede mover el corazón para celebrar como familia esta fiesta.

Pido a la Santísima Virgen, Reina de los apóstoles, que nos alcance la gracia de ser más conscientes de que Jesucristo nos ha amado para que seamos germen de su reino en este mundo y demos testimonio de la Verdad, que es él mismo. Que ella nos ayude a mostrar el amor misericordioso de Dios a nuestros hermanos, especialmente a las familias.

Cuenten con mis oraciones y les pido un recuerdo en las suyas,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

Anexo: Novena de Cristo Rey en varios idiomas.

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Novena de Cristo Rey

Oración inicial:

Quien preside:

Señor Jesucristo, Rey del Regnum Christi y de la Legión, te damos gracias por haber dado vida a nuestra familia espiritual. Te damos gracias por habernos llamado a cada uno de nosotros a amarte y servirte a ti y a tu Santa Iglesia a través del Movimiento. Te agradecemos por habernos concedido tantas gracias en estos primeros setenta y cinco años de nuestra existencia, y por haber regalado tantas gracias al mundo y a la Iglesia a través del Movimiento. Con la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, de San Pablo Apóstol, de San Juan Evangelista, de San Miguel Arcángel y de San José, te suplicamos que nos ayudes a renovar nuestro amor por ti, por la Iglesia, por nuestro Movimiento y por todos nuestros hermanos, ahora que nos preparamos para celebrar la solemnidad del reinado de tu Sagrado Corazón sobre todo el universo.

Para cada día de la novena, quien preside anuncia el pasaje leyendo el título que se propone. Todos los presentes leen juntos el pasaje correspondiente.

 

Viernes, 13 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama por nuestro nombre (Mc. 1, 16-20)

Todos:

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él[1].

Sábado, 14 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos revela el amor misericordioso, personal y apasionado de su Sagrado Corazón (Jn. 16, 13.15; Mt. 11, 28-30)

Todos:

Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.  Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.  Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.  Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Domingo, 15 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a construir la comunión y a amar como él ama. (Jn. 13. 34-35; Mt. 5, 43-48)

Todos:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.  Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?  Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Lunes, 16 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama y nos envía para ser sus testigos en el mundo (Mt. 5, 13-16)

Todos:

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.  Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.  Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.  Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

 

Martes, 17 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos fortalece y nos envía para proclamar la buena nueva de su Reino. (Jn. 15, 16; Mt. 28, 18-20)

Todos:

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. Acercándose a ellos, Jesús les dijo*: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;  enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

 

Miércoles, 18 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a abstenernos de la dureza de juicio y de la crítica destructiva. (Mt. 7, 1-5.12)

Todos:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.  ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?  ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?  Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano. Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas.

 

Jueves, 19 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús desea que nos mantengamos cerca de él. (Jn. 15. 4-10)

Todos:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6 Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. 7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. 8 Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. 9 Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Viernes, 20 de noviembre de 2015

Quien preside:

A través de San Pablo, Jesús nos recuerda que su gracia nos basta. (Flp. 3, 7-11; 2 Cor 12, 9-10)

Todos:

Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.  Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.  Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Sábado, 21 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos invita a reinar con él desde el glorioso trono de la cruz. (Lc. 9, 23-26)

Todos:

Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.  ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.

 

Oración conclusiva:

Quien preside:

Oremos.

Señor Jesús,

Derrama tu Espíritu Santo para que nos inspire con estas palabras de la Escritura

Aviva en nuestras almas un deseo ardiente y profundo de buscar tu rostro siempre y en todo lugar, de creer sin límites en tu Evangelio, y de vivir en plenitud la vida en abundancia que tú has venido a darnos.

Abre nuestros corazones cada día y en cada situación para acoger tu misericordia y tu verdad.

Incrementa en nosotros el influjo de los dones de tu Espíritu Santo, para que podamos confiar más y más plenamente en ti y seamos testigos valientes y apóstoles tuyos en este mundo herido y necesitado de tu gracia redentora.

Sigue bendiciendo a nuestro Movimiento para que sigamos buscando servir con alegría a la Iglesia y al mundo. Camina junto a nosotros en la senda de la fidelidad a tu Santo Nombre.

En nuestra fragilidad y pequeñez, recuérdanos siempre:

Si nosotros no proclamamos el evangelio, entonces ¿quién?

Si hoy no anunciamos el evangelio, entonces ¿cuándo?

Si no es la verdad del evangelio, entonces ¿qué podemos anunciar?[2]

Quien preside: Sagrado Corazón de Jesús, inflamado de amor por nosotros,

Todos: Inflama nuestro corazón de amor por ti.

Quien preside: ¡Cristo Rey nuestro!

Todos: ¡Venga tu Reino!
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[1] Los textos bíblicos se han tomado del sitio de la Sagrada Biblia: versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. La imagen de la portada es del mosaico de la Iglesia de Santa Clara en el Colegio Francés de Roma. ©Isladetera.

[2] Algunas frases de la oración final se inspiran en la Oración por la nueva evangelización publicada por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB). http://www.usccb.org/prayer-and-worship/prayers-and-devotions/prayers/new-evangelization-prayer.cfm

En Cristo Rey vemos la realización plena de nuestra vida

¡Venga tu Reino!·

MOVIMIENTO
REGNUM CHRISTI

 _______

DIRECTOR GENERAL

Roma, 16 de noviembre de 2014

 

A los miembros del Regnum Christi
con ocasión de la Solemnidad de Cristo Rey

 

Muy queridos amigos:

            Les envío un saludo y mis oraciones mientras nos preparamos para celebrar la Solemnidad de Cristo Rey. Al celebrar la realeza de Cristo, descubrimos la actuación de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con justicia y, sobre todo, con amor. Reconocemos también con gratitud su misericordia al entregarnos a su Hijo, crucificado y coronado de espinas, con su corazón abierto y herido de amor por nosotros.

            El evangelio de la fiesta (cf. Mt 25, 31-46) insiste en la realeza universal de Cristo, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Nos recuerda la verdad sobre nuestro destino último y el criterio según el cual seremos juzgados: el amor al prójimo. Cuando nos abrimos al señorío de Cristo, manso y humilde de corazón, que no vino a ser servido sino a servir; cuando como Él somos servidores los unos de los otros con humildad, entonces el Reino se realiza. En cambio, cuando buscamos los propios intereses egoístas, hacemos del mundo un lugar frío, oscuro y solitario.

            Desde la cruz, Cristo reina con sufrimiento y con dolor. El autor de la carta a los hebreos expresa este misterio de la historia de la salvación con una frase que hemos de meditar para poder comprender: «sin efusión de sangre, no hay redención» (Hb 9, 22).

La realidad de la prueba y el dolor

            La lucha y el dolor son realidades inevitables de toda vida humana. No hay nadie que no pase por ellas. Últimamente me he preguntado por qué hay quien conserva la alegría interior y la esperanza en medio de las tribulaciones, mientras que otros sucumben ante el desánimo, la oscuridad, la falta de sentido, llegando incluso a algún tipo de depresión.
Creo que cuando la prueba y la lucha tocan nuestra vida, las seguridades superficiales saltan por los aires y experimentamos la necesidad de certezas sólidas de fe que nos sostengan. Es ahí cuando Cristo quiere enseñarnos el arte de edificar nuestra vida sobre la Roca, que es él mismo.

Poner la mirada en Cristo Rey

            Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco ha insistido de manera especial en la necesidad apremiante del encuentro personal con Jesucristo. Nos ha recordado que debemos dejarnos acariciar por su amor incondicional y su ternura, y sentir su compañía en medio de las dificultades. Sólo quien ha experimentado el amor personal de Cristo en la fe podrá luego vivir con alegría evangélica las exigencias morales y existenciales de la vida.

            A este respecto, quiero recordar las palabras del Beato Pablo VI que forman parte del rito de incorporación al Regnum Christi: «Cristo está en el vértice de las aspiraciones humanas, es el término de nuestras esperanzas y de nuestras plegarias. Aquél que da sentido a los acontecimientos humanos. Aquél que da valor a las acciones humanas. Aquél que constituye la alegría y la plenitud de todos los corazones: el verdadero Hombre. Y al mismo tiempo, Jesús es el manantial de nuestra verdadera felicidad: es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia para hacerlo. Cristo es todo para nosotros. Y es deber de nuestra fe religiosa, necesidad de nuestra humana conciencia, reconocer, confesar y celebrar esto. A Él está ligado nuestro destino, nuestra salvación».

            La certeza que nos da la fe en Jesucristo nos capacita para afrontar con serenidad las pruebas de la vida, para hacer fecundos nuestros sufrimientos, para que se conviertan en momento de gracia. Necesitamos descubrir la grandeza de Jesús, su presencia amiga, su amor incondicional, para caminar y ayudar a otros a recorrer la vida anclados en la esperanza que no defrauda. Necesitamos olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos sin límites al prójimo, y hacer así presente el Reino de Cristo en el mundo.

Dejarnos transformar por la esperanza

            San Agustín afirma que a los cristianos no se nos ahorra el sufrimiento, sino que, al contrario, nos toca un poco más, porque vivir la fe es afrontar la vida y la historia más en profundidad. Con todo, la experiencia del dolor nos ayuda a conocer la vida en toda su belleza. Como esas personas que parecen no tener nada, pero que son ricas en su fe y viven con un realismo alegre que todos quisiéramos tener.

            Por esto, en Cristo Rey vemos la realización plena de nuestra vida. Jesucristo quiso cargar sobre sí todos nuestros dolores y pecados. Jesús hace nuevas todas las cosas y nos introduce en esa progresiva transformación de nuestros corazones y de la sociedad: las cicatrices de la lucha por ser fieles y por ser apóstoles, incluso las heridas del pecado, se convierten por la misericordia de Dios en llagas benditas de esperanza y salvación.

Queridos miembros del Regnum Christi, los invito a no desfallecer nunca en el camino de la vida, especialmente ante el sufrimiento que viene de las propias limitaciones y de las de los demás. Cristo nos invita a ponerlo al pie de la cruz para insertarnos en la transformación interior que se realiza por la gracia. Tenemos urgencia de salir de nosotros mismos, de anunciar al mundo la maravilla de la fe que se hace concreta en la caridad, en el apostolado, en la atención a los más necesitados. El ver las llagas de Cristo en lugar de fijarnos en las nuestras, es causa de amor y de esperanza.

Los invito en este día de Cristo Rey, ya próximo, a redescubrir que los padecimientos que nos toca vivir al seguir más de cerca las huellas de Jesús, «son nada en comparación con la gloria que ha de ser revelada» (Rm 8, 18). Cuando experimentemos que la cruz nos hiere, unámonos a Jesucristo que ofrece el mundo entero al Padre, renovemos nuestra confianza en el Señor y digamos más con la vida que con las palabras: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Cuenten con mis oraciones en el día de Cristo Rey. Encomendemos al P. Miguel Romeo, L.C., que falleció hace dos días en un accidente, y a los legionarios y miembros del Movimiento que han partido a la casa del Padre en este año. También les pido que me tengan presente en las suyas.
Suyo en Cristo,

 

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.
Director general

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