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Buscando poner en práctica las consignas del Capítulo General

El P. Eduardo Robles-Gil envía esta carta en el tercer aniversario del inicio de su servicio como Director General para reflexionar sobre el camino recorrido de 2014 a 2017, informar sobre el cumplimiento de las consignas recibidas por el Capítulo General Extraordinario de 2014, e invitar a todos a sumarse a la tarea de la renovación de la vida religiosa y apostólica en la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi. La carta tiene un anexo con las indicaciones del Capítulo General y lo que se ha hecho para atender cada una de ellas. Al final del texto se ofrecen dos infografías sobre el contenido de esta carta.

¡Venga tu Reino!

6 de febrero de 2017

A los legionarios de Cristo

Muy queridos padres y hermanos:

El día de hoy celebramos un aniversario más del Decretum Laudis. En esta fiesta agradecemos la acción de Dios a través de la Iglesia y aceptamos la invitación a vivir y avanzar «al paso de la Iglesia», de la que formamos parte. Este pilar de la espiritualidad de la Legión, que se manifiesta en nuestra adhesión filial al Sucesor de Pedro (cf. CLC 14, 2º), es un modo de corresponder al amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

Hoy se cumplen también tres años del momento en que, por la mediación del Capítulo General Extraordinario y la confirmación de la elección concedida por el Santo Padre, Dios nuestro Señor me confió la misión de ser el Director General de nuestra familia religiosa. Quiero, por este motivo, escribir a todos para agradecerles su entrega diaria a la misión confiada y también sus oraciones y el apoyo que nos han brindado a mí, a los miembros del Consejo General y a mis colaboradores más cercanos a lo largo de estos tres años. Igualmente, quiero agradecer a la Directora General de las Consagradas y al Responsable General de los Laicos Consagrados y sus equipos por su apoyo y compañía estos tres años.

El 15 de julio de 2014 les escribí una carta en la que les referí los tres aspectos principales que habían inspirado la acción del Gobierno General en esos primeros meses: asegurar un gobierno estable y que funcionara, tanto a nivel general como territorial; seguir el paso que la Iglesia iba marcando para la Legión y el Regnum Christi; impulsar y hacer vida la renovación pedida por el Capítulo General. A lo largo de estos años les he estado participando, a través de cartas, conferencias y encuentros personales, y también con el Boletín semestral de la Dirección General y el del Comité Directivo General del Regnum Christi, la situación de la Legión y el Movimiento y las acciones que hemos emprendido.

Anexo: Informe sobre el cumplimiento de los encargos recibidos por el Capítulo General de 2014 y su estatus después de 3 años

El día de hoy quiero compartirles algunas reflexiones sobre el camino recorrido y lo que tenemos por delante en los próximos tres años. Además, como anexo, les incluyo un informe sobre el cumplimiento de los encargos recibidos por el Capítulo General de 2014. Algunos encargos ya se han cumplido, otros están en proceso o no hemos podido afrontarlos todavía. Aunque haré alguna mención a todo el Movimiento Regnum Christi, quiero centrar mi atención en la Legión. Comparto esta información con la esperanza de ayudarles a todos y cada uno a sumarse, desde su misión actual, a la tarea de fortalecer con generosidad, fidelidad y valentía la vida religiosa y apostólica en la Legión. A esta tarea debemos dedicarnos con confianza en la acción del Espíritu y con mucha humildad, bien conscientes de nuestros límites.

 

Quisiera centrar la reflexión en torno a tres grandes retos que, de algún modo, agrupan las tareas que nos dejó el Capítulo General de 2014:

  1. La renovación espiritual y apostólica de la Legión.
  2. La estabilidad institucional de la Congregación de cara a sus miembros y a sus estructuras.
  3. Lograr un Gobierno General consistente, participativo, descentralizado, solidario, que fomenta la comunión y la reconciliación.

1. La renovación espiritual y apostólica de la Legión

Agradecimiento a la Iglesia

Tenemos que agradecer a la Iglesia por la ayuda que nos dio durante el período en que nos acompañó el Delegado Pontificio. En esos años pudimos redescubrir y apreciar la riqueza del carisma que el Señor nos ha regalado para bien de la Iglesia, y también reconocer y empezar a corregir algunos aspectos de nuestro estilo de vida que necesitaban una purificación y una adecuación al magisterio eclesial sobre la vida religiosa. Durante ese período se ha sembrado mucho, como podemos ver en los comunicados del Capítulo General y en la Antología de textos del Delegado Pontificio y de sus Consejeros, publicado por la Secretaría General en 2015. Hoy contamos con el apoyo del P. Gianfranco Ghirlanda, S.J., como Asistente Pontificio, quien nos ha acompañado en muchas de nuestras reuniones de Consejo y nos ha dado orientaciones prudentes y valiosas para el ejercicio del servicio de la autoridad y para la renovación de nuestra vida religiosa.

Aprobación de las Constituciones

Sabemos que «el Espíritu da a la jerarquía de la Iglesia, la capacidad de discernir los carismas auténticos, para recibirlos con alegría y gratitud, para promoverlos con generosidad y acompañarlos con paterna vigilancia» (Iuvenescit Ecclesia, 8; cf. Lumen Gentium, 12). Por ello, la aprobación de las Constituciones por parte de la Santa Sede el 16 de octubre de 2014 nos ha dado nueva seguridad y confianza para seguir nuestro camino aprendiendo de los errores del pasado, buscando poner los medios para que éstos no se repitan, tratando de reparar el daño causado y, al mismo tiempo, conservando y fomentando todo lo positivo que se ha vivido y realizado estos años. Nos corresponde a nosotros acoger la gracia y dar frutos de santidad y apostolado como respuesta de amor.

Actitudes ante el proceso de renovación

El proceso de renovación no ha sido fácil. Hemos encontrado una colaboración leal y mucha buena voluntad en la mayoría de los legionarios, aunque también cierta inercia y cansancio. No han faltado tampoco algunas resistencias y añoranzas del pasado o de ciertas formas exteriores que, si bien en algunos casos pueden ser importantes, no son esenciales a lo que somos. En algunos también se ha sentido una cierta impaciencia ante cambios que no se dan tan rápido como quisieran. Es comprensible que se den estas posturas, que yo mismo experimento en ocasiones, en uno y otro sentido. Es siempre necesario discernir estas mociones interiores, para que en todo momento prevalezca la caridad: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.

Cada legionario está llamado a amar su vocación y a la Legión como un medio que Dios le ofrece para vivir su vocación religiosa y sacerdotal (cf. CLC, 16). Es signo de vitalidad que haya resistencias ante lo que puede ser percibido como excesos, ya sea de lo que algunos consideran relajación, pereza o mundanidad, o también de lo que algunos llaman rigidez, mantener el status quo, o indiferencia ante el proceso que hemos emprendido llenos de fe y confianza en Dios. Debemos ir todos al paso de la Iglesia, también cuando se pudiera dar el caso de que lo que la Iglesia pide sea diferente a los puntos de vista personales. Me parece crucial que tomemos conciencia de este fenómeno para afrontarlo con actitud evangélica y llevar a buen puerto la renovación que estamos realizando juntos. Les sugiero a todos hacer una lectura orante del discurso que el Papa Francisco dio a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2016.

Encarnar el carisma hoy: discernimiento y docilidad al Espíritu Santo

El Santo Padre suele repetir a los religiosos que un carisma no es una frase, ni un objeto muerto para admirar en un museo, sino un don que se encarna en la historia y que va encontrando expresiones adecuadas a los tiempos y lugares. Hay que dejar que salga toda la fuerza espiritual que un carisma lleva consigo para bien del mundo y de los hombres (cf. Discurso a los participantes del Capítulo General de los Padres de Schoenstatt, 3 de septiembre de 2015).

Por ello, para conservar el espíritu de la Legión y el Movimiento y mantener su vitalidad, hay que saber adaptar nuestras formas exteriores a los cambios y vicisitudes de las distintas épocas. Hay aspectos que tienen que cambiar y otros que son inmutables, en cuanto son inseparables del espíritu de la Legión y del Regnum Christi. A este respecto, me han iluminado unos textos del Beato María Eugenio del Niño Jesús, O.C.D., que me compartió un legionario y que se recogen en el libro Quiero ver a Dios:

«Santa Teresa no pudo hacer revivir el espíritu primitivo del Carmelo en el siglo XVI más que creando una forma de vida eremítica adaptada a las costumbres y necesidades de su tiempo. […] De este modo, restablece santa Teresa el silencio del desierto en sus monasterios, pero se viste de sayal y establece la clausura, mientras que el profeta [Elías] se vestía de pieles de animales y andaba de acá para allá» (p. 106).

Si buscáramos ser fieles a la tradición y a lo que «siempre se ha hecho así», indiferenciadamente en todos los aspectos de nuestra vida religiosa, correríamos el riesgo de paralizar el espíritu de la Legión e impedir su adaptación y expansión para bien de la Iglesia y de los hombres. Haciendo esto, perderíamos en la práctica lo que deseamos conservar con tanto afán.

En el mismo escrito, continúa el autor:

«Distinguir entre las formas exteriores que hay que conservar y las que tienen que desaparecer en una época determinada no incumbe más al fervor inexperto que a la rutina perezosa que constantemente tiende a minimizar el esfuerzo; no se trata de un derecho de la autoridad del superior, que tiene el cargo de conservar más que el de modificar; es privilegio de la santidad, la [única] capaz de vaciar en el molde de modo vivo y auténtico el espíritu cuya plenitud posee» (p. 106).

Este discernimiento no siempre es fácil. El Espíritu Santo nos asiste con el don de consejo para que vivamos en permanente actitud de conversión personal e institucional. Nuestro gobierno tiene el encargo de producir muchos documentos, pero no darán el fruto esperado si no buscamos conocerlos, si no dejamos que nos interpelen, si no los hacemos propios, y si no buscamos ponerlos en práctica con decisión.

Superar una visión de corto plazo y sembrar para el futuro

Al mismo tiempo, a nivel general, en los territorios y en las localidades, hemos de continuar fomentando una actitud que ve más allá del corto plazo y siembra para el futuro, dedicando lo mejor de nuestro tiempo a la formación y acompañamiento personal de nuestros hermanos y de los demás miembros del Movimiento, sembrando la semilla del Regnum Christi en el campo de la Iglesia. Esto no es tarea exclusiva de los superiores y de quienes tienen puestos directivos en el Movimiento. Cada miembro de la familia ha de considerarse responsable de los hermanos que Dios le ha dado y de toda la Congregación (cf. CCG 2014, 59-63).

La renovación apostólica

Por lo que ve a la renovación apostólica, el Marco para la colaboración en la misión y el mismo proceso de revisión del Estatuto General del Regnum Christi nos están dando ocasión para profundizar en nuestra vocación y misión, y para enriquecernos de lo que los demás miembros del Movimiento tienen que decirnos. Hemos ido aprendiendo también, a veces cometiendo errores, a armonizar lo que corresponde a la Dirección General y a los territorios, lo que tiene que ver con la autonomía propia de las ramas consagradas (la Legión incluida) y la contribución de todos a la misión común.

Revitalizar las secciones y obras

Al mismo tiempo, percibimos iniciativas que están revitalizando las secciones y obras del Movimiento en muchos lugares. El impulso dado por el Papa Francisco a las obras de misericordia y a la atención a los más desfavorecidos, va arraigando poco a poco y dando pie a iniciativas personales y comunitarias para salir al encuentro de los miembros dolientes del Cuerpo de Cristo. Queda aún mucho por hacer, y por eso queremos renovar el compromiso de prestarnos a que el Espíritu Santo pueda valerse de nosotros para invitar a más personas de cualquier estado y condición a trabajar en la viña del Señor y llegar así a la plenitud de su vocación en Cristo.

Hacer la experiencia del Regnum Christi

Recientemente hemos podido destinar, considerándolo una prioridad, a más legionarios a colaborar en secciones de jóvenes y del ECYD, así como en la pastoral universitaria y de colegios. Confiamos en que esto les permitirá hacer una experiencia en primera persona de los apostolados que brotan de nuestra misión específica y de la vitalidad del Regnum Christi y de sus miembros. Creemos que este esfuerzo redundará en un beneficio para los legionarios, especialmente los que se encuentran en formación, para las secciones y los miembros del Movimiento y para la iglesia local en donde desarrollamos nuestro apostolado.

Crecer en la comunión

En este camino de renovación nos hemos propuesto seguir fortaleciendo la comunión con los demás miembros del Movimiento y entre nosotros, como signo inequívoco de nuestra pertenencia a Cristo. Para ayudar a encontrar expresiones de esta comunión, que es en sí misma un apostolado por el testimonio de la novedad de vida en Cristo, escribí una carta a los miembros de los Comités Territoriales del Regnum Christi sobre este tema en abril de 2016. En ella ofrecí algunas orientaciones para seguir profundizando en este camino y encontrando maneras de encarnar prácticamente la comunión en todos los niveles, al interno de nuestras comunidades, y de manera especial en la localidad, que es el ambiente natural para trabajar apostólicamente y evangelizar como un solo Movimiento.

El apostolado en parroquias

Durante estos tres años hemos ido asumiendo parroquias en algunos territorios (cf. CLC, 5), aprendiendo a desarrollar en ellas nuestra vocación y misión, adquiriendo así una presencia institucional clara en iglesias locales en donde no tenemos otras instituciones. Si bien la Legión cuenta con experiencia de varias décadas de este ministerio en la Prelatura de Cancún-Chetumal, el contexto eclesial de los lugares en donde hemos asumido este compromiso nos enriquece, nos ayuda a encontrar nuevos caminos para realizar el carisma del Regnum Christi, y también nos proporciona orientaciones válidas para la formación inicial y permanente de nuestros religiosos.

Año jubilar por los 75 años de la fundación

Desde la Solemnidad del Sagrado Corazón de 2015 hasta la del año 2016 hemos vivido un año jubilar especial por el 75º aniversario de nuestra fundación. Ha sido una celebración llena de gratitud y de sobria alegría por el don de nuestra existencia en la Iglesia y de la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, tanto en nuestro camino de purificación, como por querer valerse de nosotros para llegar a los corazones de tantas personas y acercarlas al Corazón de Cristo.

En este contexto, se tuvo en Roma y en algunos territorios, la exposición histórica de la Legión y del Regnum Christi a la luz de documentos del Archivo Histórico General. La exposición nos dio pie para poder afrontar la realidad de nuestra historia, con sus luces y sus sombras, y dialogar sobre ella. Ha sido, a la vez, una oportunidad para continuar con la clasificación del material histórico del que disponemos, con el fin poder hacerlo accesible en el futuro a especialistas que quieran hacer estudios científicos sobre nuestra historia.

La renovación se puede dar si somos hombres de Dios

El contacto con muchos legionarios, miembros del Movimiento y seglares, así como lo que he ido constatando de primera mano, me ha hecho estar más convencido que nunca de que la verdadera renovación de la Legión sólo se puede dar en la medida en que crecemos en nuestra identificación con Cristo, cuando buscamos la santidad, cuando somos hombres de Dios, es decir, cuando dejamos que el Espíritu Santo realice su obra en nosotros y la secundamos generosamente. Por este motivo he escrito algunas cartas temáticas orientadas a este fin: sobre la unidad en la vida de oración y de acción, sobre la formalidad, sobre el discernimiento, sobre la conversión, sobre la pobreza, sobre la disponibilidad para la misión, sobre las obras de misericordia en la vida comunitaria, sobre la comunión en el Regnum Christi y sobre la identidad del sacerdote religioso, entre otras. Quisiera que las orientaciones que hay en ellas puedan suscitar un deseo personal y comunitario para crecer en el amor al Señor[1].

2. La estabilidad institucional de cara a sus miembros y a sus estructuras

El segundo gran elemento de nuestro programa de trabajo para este sexenio tiene que ver con la estabilidad institucional de la Legión, en primer lugar, de cara a sus miembros y, en segundo, respecto a sus estructuras.

2.1 De cara a sus miembros

Elaboración de la Ratio Institutionis

Uno de los grandes proyectos ha sido la elaboración de la Ratio Institutionis, que guiará la formación del legionario a lo largo de su vida. Hace unas semanas la Comisión que constituí el 10 de junio de 2014 (cf. Prot. D.G. 562-2014) entregó el borrador del documento para su revisión y aprobación. Ha sido un trabajo arduo, en el que han participado consultores internos y externos, y en el que se ha tenido en cuenta también el contenido de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, promulgada por la Congregación para el Clero el 8 de diciembre pasado. Espero que puedan recibir en los próximos meses el texto de este código secundario aprobado ad experimentum y que deberá guiar la formación inicial y permanente de los legionarios de hoy y de mañana.

Comisión de liturgia y vida espiritual

El 25 de noviembre de 2014 constituí la Comisión de liturgia y vida espiritual y decreté unas modificaciones a ciertas prácticas de piedad (cf. Prot. D.G. 1017-2014). La Comisión tenía como tarea la actualización del Instructivo de liturgia, del Ritual de la Congregación y del Manual de Oraciones. En diciembre de 2016 se aprobó la Guía de liturgia, que sustituirá al Instructivo de liturgia; en estos días aprobaremos, con el favor de Dios, el nuevo Ritual y próximamente nos entregarán una propuesta del Manual de oraciones actualizado. Esperamos promulgar juntos estos documentos en torno al verano.

Capacitación de superiores, formadores y directores espirituales

El Capítulo General nos insistió en la necesidad de dar una adecuada capacitación a los superiores locales y a los directores espirituales. Hemos ofrecido dos cursos durante 2016 para la formación específica de quienes desempeñan la misión de superior y hemos alentado a los territorios en su esfuerzo por renovar los cuadros de superiores. En algunos casos contados se ha procedido a nombrar superior por un tercer período consecutivo a algunos hermanos nuestros. Nuestras Constituciones permiten esto por vía excepcional y estamos reflexionando sobre el mejor modo para que se mantenga efectivamente el carácter de excepción.

En estos tres años hemos ofrecido diversas actividades de capacitación para directores espirituales y formadores, especialmente en Roma, ya sea trayendo conferencistas a dar cursos, ya con su participación en instituciones para la formación sacerdotal y religiosa en diversas universidades pontificias. También se han tenido reuniones para valorar las dinámicas formativas de los noviciados pequeños y sesiones para discernir las modalidades para impartir la formación humanística a nuestros religiosos.

Acompañamiento a religiosos en prácticas y sacerdotes al inicio del ministerio

En algunos territorios han surgido iniciativas para potenciar el acompañamiento a los hermanos en prácticas apostólicas y a los sacerdotes en los primeros años de su ministerio. En general, es importante que sigamos fomentando la cercanía entre los miembros de la comunidad y el superior, que va más allá del trato cotidiano y se da en un clima de confianza.

Cuidado de los ancianos y enfermos

También empezamos a tener más miembros en edad avanzada o con problemas de salud que merecen una atención digna a sus necesidades y al afecto y gratitud de todos nosotros. Queda un largo camino por recorrer y mucha experiencia que adquirir en este campo. Hemos pedido a los Directores Territoriales que busquen las expresiones concretas para manifestar a todos nuestra fraternidad en Cristo y en la Legión, así como nuestra responsabilidad por el bien integral de cada legionario, particularmente en el caso de los mayores y los enfermos.

Renovación de los centros vocacionales

Hemos iniciado, especialmente desde octubre de 2015, un esfuerzo por renovar nuestros centros vocacionales, tal y como nos pedía el Capítulo General haciendo eco de los documentos oficiales de la Iglesia. La Legión sigue creyendo que los centros vocacionales son un medio válido y especialmente fecundo para ayudar a los adolescentes a discernir un posible llamado a la vida religiosa y al sacerdocio. Como Director General, creo que debemos mantenerlos y sostenerlos en aquellos lugares en donde los tenemos. Al mismo tiempo, estoy convencido de que la cultura y el ambiente de los jóvenes han ido cambiando y que es necesario hacer ajustes graduales a nuestro sistema formativo. También enfrentamos el problema de la disminución del número de hermanos en prácticas apostólicas. Eso nos exige creatividad y un serio discernimiento para admitir solamente a aquellos alumnos a quienes responsablemente podemos dar la atención que merecen con un personal limitado. Para ayudar a esto, el 6 de junio de 2016 he publicado una serie de disposiciones (cf. Prot. DG-LC 1483-2016) que han de ir implementándose gradualmente, en un plazo no muy largo de tiempo, en todos nuestros centros vocacionales, de manera adecuada al contexto cultural.

Mejorar la calidad de la vida comunitaria

Hemos querido mejorar la calidad de la vida comunitaria. Por un lado, hemos llevado a cabo una reorganización del Centro de Estudios Superiores que ha dado resultados aceptables, aunque todavía haya campo para mejorar. La retroalimentación que nos han ofrecido los neosacerdotes al final de su etapa de formación nos da luz para hacer mejoras en la comunidad formativa. Por otro, el Reglamento para las casas de apostolado y los proyectos comunitarios han ayudado a una mejoría en la vida fraterna de muchas comunidades.

Durante estos tres años hemos consolidado nuestra presencia en varios lugares (cf. carta del 25 de septiembre de 2015), pues hemos detectado que nos habíamos dispersado más allá de nuestros límites, movidos por el celo apostólico y con una entrega admirable de muchos hermanos nuestros. Sin quitar un ápice a la pasión de amor por la instauración del Reino de Cristo, creemos que una vida comunitaria sana y vibrante es, en sí misma, un modo de evangelizar y una fuente de inspiración, energía y apoyo mutuo que favorece el desarrollo de nuestra misión y servicio a la Iglesia y a las personas. Esto, naturalmente, ha implicado también la toma de decisiones dolorosas, como suprimir la presencia estable de una comunidad legionaria en alguna localidad, o cerrar algunas obras de apostolado.

Dificultades para cubrir ciertos puestos

En este sentido, experimentamos la dificultad de encontrar personal para puestos de gobierno (Directores Territoriales, Consejeros Territoriales, Secretarios Territoriales y Administradores Territoriales) y para puestos de formadores en Roma y en los centros vocacionales. Comprendo que todos queramos dedicarnos al trabajo pastoral directo con las almas, pero también es necesario dedicar personal al gobierno y a la formación, aunque muchas veces esto represente un sacrificio. Agradezco especialmente a quienes están ofreciendo algunos años de su vida sacerdotal para ofrecer este servicio, tan necesario para que el cuerpo funcione.

Ambientes seguros y protección de menores

En estos años hemos continuado nuestro compromiso por ofrecer ambientes seguros para niños, adolescentes y adultos vulnerables. El 2 de enero de 2015 se promulgaron los Estándares territoriales de acreditación para ambientes seguros, que dan a los territorios los elementos mínimos de trabajo en el campo de la prevención, la atención a denuncias, y de supervisión a quienes tuvieran restricciones en su ministerio. Durante el año 2017 se iniciarán las auditorías en los territorios en donde no haya agencias externas de acreditación para comprobar cómo se está cumpliendo este compromiso y recomendar algunas mejoras. Si bien se ha avanzado mucho, todavía es posible crecer.

Se ha mantenido en nuestros sitios de internet el área de ambientes seguros con los datos de contacto de los encargados de atender estos casos en cada territorio. Esto ha permitido hasta ahora dar una respuesta profesional y con sensibilidad pastoral a quienes nos han contactado y esperamos mantener nuestro compromiso en el futuro.

En este mismo campo, en abril de 2016, la Escuela de Psicología de lo que era la Universidad Anáhuac México Sur organizó un congreso al respecto y puso en marcha el Centro Reparare, para el estudio y capacitación para la prevención y respuesta del fenómeno del abuso sexual. Aunque esta iniciativa fue impulsada inicialmente desde el departamento de ambientes seguros de la Dirección General, ahora depende de la Universidad Anáhuac. Confiamos en que será una opción válida para capacitar a personas que trabajan en la educación para una más efectiva protección de los menores.

2.2 De cara a las estructuras de la Legión

Progresiva descentralización del gobierno

Respecto a las estructuras de la Legión y del Movimiento, hemos continuado con la progresiva descentralización del gobierno, dando mayor peso y responsabilidad a los territorios. Esto se traduce, también, en un mayor facultamiento para la toma de decisiones en los territorios y a nivel local. Estamos observando una mayor capacidad de adaptación a las circunstancias de tiempos y lugares. Muchos superiores locales están asumiendo el liderazgo que les es propio para también ellos hacer presente el misterio de Cristo que reúne en torno a sí una comunidad de apóstoles (cf. CLC, 4).

Garantizar la gobernabilidad de los territorios

Tenemos el reto de la gobernabilidad de algunos territorios sumamente complejos por su extensión geográfica y por el volumen de sus obras. Para ello, se han iniciado comisiones de estudio para proponer el modo de ofrecer un gobierno ágil, participativo y cercano, tanto de la vida religiosa en general, como de obras de apostolado afines. Además, se han constituido las delegaciones para las casas internacionales de Roma y para Tierra Santa. También los Directores Territoriales de Monterrey y México han instituido delegaciones, una en el Bajío y Occidente y una para la Prelatura de Cancún-Chetumal. Aunque los frutos iniciales son prometedores, tenemos que dejar pasar un tiempo más amplio para evaluar correctamente estas medidas.

Elaboración y promulgación de códigos secundarios

Como decía más arriba, el Capítulo General ha encomendado a este gobierno una fuerte carga de redacción de códigos secundarios que son aprobados ad experimentum hasta que el Capítulo General del año 2020 los revise. Entre los Códigos secundarios promulgados durante este trienio se encuentran: Normas complementarias, Reglamento para las casas de apostolado, Instructivo para los archivos de gobierno, Índice de clasificación y del sistema de protocolo de la Congregación, Estándares territoriales para ambientes seguros, Normas para la publicación de libros, Reglamentos de administración de las obras de apostolado y secciones del Regnum Christi, Reglamento de administración de las casas de la Congregación de los Legionarios de Cristo, Reglamento de las Administraciones General y Territorial, Normas para los nombramientos en el Movimiento Regnum Christi, Manual del gobierno territorial de la Congregación de los Legionarios de Cristo, Estatutos del ECYD.

Revisión del Estatuto General del Movimiento Regnum Christi

Se ha emprendido también el proceso para la revisión del Estatuto General del Movimiento Regnum Christi a través del camino trazado por la comisión constituida el 19 de marzo de 2014. La primera parte fue el proceso de reflexión de los miembros seglares sobre su identidad y misión, que inició el 2 de octubre de 2014 y culminó con las convenciones territoriales y la convención internacional. Actualmente se ha disuelto la Comisión Central para el Estatuto General y el Comité Directivo General del Regnum Christi ha asumido la tarea de preparar el borrador del Estatuto que se analizará en las Asambleas Territoriales y la Asamblea General, que tendrán lugar a finales de 2017 e inicios de 2018. Durante este año, hay que pedir a Dios que nos sostenga en la realización de esta tarea fundamental para el futuro de todo el Regnum Christi.

3. Gobierno participativo

Algunas prácticas consolidadas

Se está consolidando la praxis de las consultas previas a ciertos nombramientos, los consejos operantes para todos los superiores y la progresiva descentralización. También vivimos ya la práctica consolidada de la separación de fueros, aunque todavía tenemos que seguir impulsando la práctica de la dirección espiritual frecuente, especialmente entre los sacerdotes.

Funcionamiento de los consejos territoriales y locales

Necesitamos seguir consolidando el funcionamiento de los consejos territoriales y locales. A nivel general, considero que, con el acompañamiento que recibimos del Delegado Pontificio, el Card. Velasio De Paolis, y con la ayuda que actualmente nos ofrece el P. Gianfranco Ghirlanda, hemos logrado que el Consejo sea un apoyo efectivo a mi servicio como Director General. En las reuniones de Consejo dialogamos de forma constructiva, abierta y franca. No siempre estamos de acuerdo, pero casi siempre las divergencias nos estimulan a comprender mejor los puntos de vista de los demás. En muchas ocasiones, después de oír el parecer del Consejo sobre un punto determinado, yo mismo cambio mi opinión inicial.

Si en las comunidades y en los territorios hay diferentes opiniones, es normal que en los consejos locales y territoriales haya también diversidad de opiniones. Eso es señal de dinamismo y vitalidad. Como decía el Papa Francisco el pasado día 2 de febrero, «la actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, […] busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas» (Papa Francisco, Homilía, 2 de febrero de 2017).

Atención y acompañamiento a cada legionario

Hemos dedicado muchas reuniones de Consejo a discernir la admisión a los votos perpetuos, la admisión a los ministerios y a las sagradas órdenes. También hemos atendido, con dolor y profundo respeto, las peticiones de indulto de salida de la Congregación y los casos de sacerdotes con dificultades particulares o que piden abandonar el ministerio. Desgraciadamente en estos últimos casos, cuando llega el asunto a la Dirección General, muchas veces es ya tarde para buscar remedio. Por eso es tan importante que los superiores locales sepan realmente cómo está cada uno de los miembros de su comunidad y que los Directores Territoriales aprovechen sus visitas canónicas para asegurar que todos están bien acompañados, fervorosos en su vida espiritual, con un apostolado apropiado, con una comunidad verdaderamente acogedora y fraterna, en donde puedan encontrar apoyo y comprensión en sus luchas y un estímulo en la búsqueda de la santidad y que, cuando éste no sea el caso, busquen poner las soluciones oportunas. Ahora bien, la responsabilidad de cuidar unos de otros no es solamente de los superiores, sino de todos los miembros de una comunidad en donde se vive la fraternidad religiosa y donde no solamente se vive junto a otras personas con quienes tienen cosas en común.

Algunos límites

También creo que uno de los límites que he encontrado en mi gobierno y que también tienen los Directores Territoriales, es que el volumen de operación y de asuntos es tan grande, que a veces podemos llegar a perdernos en los asuntos del día a día y no hacer brillar con tanta fuerza la dirección hacia dónde vamos. Necesitamos, sí, atender con agilidad lo cotidiano pero, a la vez, necesitamos todos aprender a pensar en plazos más largos, en proyectos más ambiciosos y el camino que hay que recorrer lenta y tenazmente para alcanzarlos.

Comunicación institucional

Para que haya una verdadera participación, es necesario que haya una adecuada información. Por esto estamos publicando desde 2014 los boletines de la Dirección General de la Legión y del Comité Directivo General del Regnum Christi. Están también a disposición los sitios web de la Dirección General y del Comité. Se han renovado los sitios web de la Legión y del Regnum Christi y también nuestra presencia en redes sociales. En casi todos los territorios tenemos ya oficinas de comunicación institucional establecidas para ayudarnos en esta tarea tan necesaria para la evangelización hoy.

4. Mirando hacia delante

La auténtica renovación en la Iglesia

Hace unas semanas un sacerdote de mi comunidad hablaba de la belleza de los documentos emanados por el Concilio de Ferrara-Florencia, dirigidos a lograr la unión con los cristianos de Oriente y la reforma de la Iglesia. Mencionaba que, a pesar de lo bien logrado de estos textos, no se habían puesto en práctica. En cambio, mencionaba el padre que los documentos del Concilio de Trento, de gran claridad pero con un estilo menos amable, sí se pusieron por obra, respondiendo a los retos que planteaba la Reforma y renovando las costumbres en la Iglesia. Se preguntaba las causas que hicieron la diferencia entre el impacto de un Concilio y otro y afirmaba que, entre otras cosas, el Concilio de Trento se encontró con san Ignacio de Loyola, san Felipe Neri, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, san Carlos Borromeo, san Francisco Xavier, san Pío V, y toda una pléyade de santos que se empeñaron en ponerlos por obra, que vieron en esta tarea una expresión concreta de su amor a Cristo y a la Iglesia.

También hoy nosotros, después de 52 años del Concilio Vaticano II y, salvando las distancias y las debidas proporciones, con 76 años de existencia y a 3 años de haber concluido el Capítulo General de 2014, podemos preguntarnos si la Legión y el Movimiento cuentan con estos hombres y mujeres santos que van a hacer propios estos documentos y los pondrán por obra, como expresión concreta de la presencia del Reino de Cristo en medio de nosotros. Éste es uno de los grandes desafíos que tenemos para los próximos años.

Hombres de silencio y amigos de Cristo para los demás

Al mismo tiempo, si queremos ser lo que tenemos que ser, necesitamos abrirnos a la gracia de Dios, recuperar el silencio interior –y no estoy pensando simplemente en tiempos normativos de silencio– para poder acoger la voz del Espíritu Santo y permitirle que Él nos guíe, que Él nos llene de Cristo y nos vacíe de nosotros mismos y de nuestros ruidos, y que así podamos ser dóciles instrumentos en sus manos. Necesitamos ser verdaderos hombres de Dios y amigos de Jesucristo para nuestros hermanos. Hombres cuya fe y esperanza se traduzcan en caridad, en servicio, en obediencia, en compasión con quien sufre. Queremos distinguirnos porque nuestros criterios son los del Evangelio y no nuestras opiniones personales, especialmente en lo que ve a la obediencia y la entrega a la misión.

Comunión en la misión

Tenemos por delante un Capítulo General Extraordinario y la Asamblea General del Regnum Christi. Ojalá que nos vayamos ejercitando cada día más en la comunión en la misión, que seamos todos capaces de colaborar con los demás, sean legionarios, sean otros miembros del Regnum Christi, sean otros apóstoles que el Señor haya llamado a la misión en la iglesia local en donde nos encontramos. Necesitamos ser promotores de comunión, teniendo bien presente nuestra identidad como miembros del Regnum Christi y como sacerdotes religiosos Legionarios de Cristo, haciendo que nuestra vocación específica vivida con pasión enriquezca a nuestra familia espiritual.

La comunidad religiosa: lugar donde vivimos el Evangelio juntos

Nos toca, de manera especial, construir comunidades verdaderamente fraternas, en donde todos los legionarios podamos entender la comunidad misma como misión, como lugar en donde vivimos el Evangelio juntos. Esto nos exige, por una parte, superar la tendencia al individualismo, que se puede manifestar también en un nivel de comunicación superficial, en la incapacidad o falta de voluntad para afrontar conflictos, en la falta de transparencia económica personal respecto al superior y a la comunidad, en la rigidez y el aislamiento de los demás porque no piensan como yo, o en la búsqueda, personal o incluso comunitaria, de un estilo de vida confortable. Es evidente que tenemos diferencias de nacionalidad, de generación y de opinión en la Legión, pero también es real que nos unen una misma misión y una misma vocación, un mismo Señor. Es un hecho que el estilo de vida del mundo puede tocar a nuestra puerta y que quizás ya haya penetrado en nuestras vidas. Pero también es un hecho que el Señor llama a cada legionario y a la Legión entera, nuevamente, a dejarlo todo y seguirlo.

Compartir e irradiar la alegría del Evangelio

En los tres años que nos quedan de este gobierno, queremos seguir revitalizando el Regnum Christi y sus obras para que sean más plenamente evangelizadoras, en particular las instituciones educativas. Esto se logrará especialmente capacitando y destinando legionarios a la educación, a la pastoral juvenil y familiar y a la formación de futuros legionarios. Queremos que cada legionario pueda experimentar el Regnum Christi de primera mano y dar testimonio de la alegría que brota del seguimiento de Jesucristo. Esa alegría que puede convertirse también en ocasión para que otros puedan descubrir una vocación de especial seguimiento de Cristo en la Legión, en la vida consagrada en el Regnum Christi, en la Iglesia. Pido a Dios que cada uno se sienta responsable de la parcela del Reino que el Señor le confía a través de la obediencia y que quiera hacerla florecer prestándose a la gracia, sirviendo como Cristo, y abriéndose a la colaboración con los demás. Que trabajemos, que salgamos por los caminos, que busquemos a quienes tienen más necesidad, como repite el Papa en la Evangelii Gaudium. Esta exhortación apostólica tiene que seguir siendo una importante fuente de inspiración para nosotros y para todo el Movimiento.

Conversión y santidad

¿Cuentan, entonces, la Legión y el Regnum Christi con los santos que necesitan estos tiempos, como les decía al hablar de los concilios? Repasando mentalmente en la oración todas nuestras comunidades, le he pedido al Espíritu Santo que suscite en todos y cada uno, un gran deseo de conversión y santidad para que podamos responder, junto con tantos hermanos nuestros en la Iglesia, a lo que el Señor hoy espera de nosotros. Que nos regale la experiencia del Resucitado que impulsó a San Pablo a llevar adelante la evangelización y hacer llegar el mensaje de Cristo hasta los confines del mundo. Estoy convencido de que, si todos se lo pedimos a Dios, cor unum et anima una, y con la intercesión de la Santísima Virgen María y de nuestros santos protectores, Él nos lo concederá para bien de su Iglesia y de la humanidad.

Cuento con cada uno de ustedes para seguir llevando adelante a la Legión y al Movimiento con su oración y su entrega. Soy bien consciente de que tengo límites, y también nuestra Congregación y de lo mucho que hay por hacer. Pero confío sobre todo en Cristo, que nos ha llamado, nos ha revelado el amor de su Corazón y nos envía hoy a extender su Reino. No dejen, por favor, de rezar por mí.

Su hermano en Cristo y la Legión,

P. Eduardo Robles-Gil, LC

[1] Estas cartas están disponibles en el sitio web de la Dirección General de la Legión de Cristo (http://legionariosdecristo-dg.org).

INFOGRAFÍA DE LA CARTA

El noviciado, un periodo para enamorarse de Jesucristo

El P. Eduardo Robles-Gil escribió una carta a los novicios que recientemente han ingresado al noviciado dándoles la bienvenida a la Legión y animándoles a aprovechar el noviciado como un momento para enamorarse de Jesucristo.

¡Venga tu Reino!

15 de septiembre de 2016

 

A los novicios de primer año

 

Muy queridos hermanos,

Les escribo en esta solemnidad de la Virgen de los Dolores, patrona de la Legión y, de modo especial, del noviciado, para saludarlos y darles la bienvenida a nuestra familia religiosa. He ido viendo con mucha ilusión las fotografías de la entrega del hábito legionario en los diversos países y siempre me ha venido a la mente la misericordia de Dios que sigue enviando obreros a su mies y que nunca abandona a su pueblo.

Ustedes ahora emprenden sus primeros pasos en la Legión. El noviciado es un período fundamental para su futura vida religiosa en el que han de buscar enamorarse de Jesucristo y confirmar en la oración y con la ayuda de sus formadores su decisión de consagrarse enteramente al servicio de Dios y de los hombres como legionarios. No pierdan nunca de vista este deseo de ser santos y amigos íntimos de Jesús, pues eso les podrá sostener siempre, incluso en medio de las pruebas y retos de la vida. Esta experiencia además les hará capaces de ser testigos de esperanza para las personas que Dios quiera asociar a su vocación.

El evangelio de la misa de hoy nos ha trasladado al calvario, al pie de la cruz junto con María. Ahí ella nos aceptó a todos y cada uno como hijos porque así se lo pidió Jesús. Desde entonces vela por cada uno de nosotros llamados a ser otros Cristos. Igual que San Juan, acojan a María en todas sus cosas: proyectos, ilusiones, temores y sueños… Ella sabrá llevarlos a buen puerto.

Cuenten con un recuerdo en mis oraciones. No dejen de encomendar al Señor, especialmente en sus ratos de adoración, las vocaciones que el Señor regala a su Iglesia para un especial seguimiento como sacerdotes o consagrados, y particularmente a quienes Él quiere llamar a la Legión y a la vida consagrada en el Regnum Christi.

¡Bienvenidos a la gran familia de la Legión y el Regnum Christi! Ustedes son nuestros hermanos menores, y en cada uno descubrimos una bendición y signo del amor de Dios.

Su hermano en Cristo, P. Eduardo Robles-Gil LC

N.B. Cuando tengan oportunidad, transmitan mi agradecimiento y mi saludo a sus familias, especialmente a sus padres. Les adjunto también el texto de un encuentro del Papa Francisco con los novicios y seminaristas del mundo el año 2013 cuya lectura seguramente les será de mucha utilidad.

Carta a los padres que cumplen 25 años en la Legión

El P. Eduardo Robles-Gil, L.C. envía una carta a los padres legionarios que iniciaron su noviciado hace 25 años para felicitarlos e invitarlos a no dejar de buscar la santidad y el bien de las personas que Dios ha querido asociar a su ministerio.

 

¡Venga tu Reino!

15 de septiembre de 2016

 

A los legionarios que ingresaron al noviciado en 1991

Muy queridos padres,

En estos días se cumplen 25 años de que muchos de ustedes recibieron el hábito legionario y empezaron el noviciado. Les escribo para felicitarlos y unirme a su acción de gracias a Dios por el don de la perseverancia en la Legión y por todos los dones y gracias que el Señor ha querido regalarles y, a través de ustedes, a muchas personas.

Hace 25 años acabábamos de celebrar el 50 aniversario de nuestra fundación, con la ordenación sacerdotal de 60 hermanos nuestros conferida en Roma por san Juan Pablo II. La Legión y el Movimiento crecían a un ritmo vertiginoso y las obras que emprendía para el servicio de la Iglesia y de los hombres eran cada vez más. Fue en ese clima en que cada uno de ustedes, con circunstancias ideales de edad, salud y convicción personal, emprendió su camino en la Legión. Progresivamente fueron dando los pasos por los que ese compromiso inicial con Cristo y con la Iglesia, hecho con corazón indiviso, se fue consolidando hasta llegar a la profesión perpetua y a la ordenación sacerdotal.

Son muchos años los que han vivido en la Legión y han sido etapas histórica y espiritualmente muy distintas. Ilusión, orgullo, cercanía de san Juan Pablo II, crecimiento, esperanza… y más recientemente años con dificultades, de purificación, renovación y penitencia. No han sido años fáciles, y somos conscientes de que todavía no hemos llegado a la meta. Pero también constatamos que el tiempo presente es una verdadera oportunidad para vivir nuestra vida religiosa y nuestro apostolado de manera más auténtica. Es importante que cada uno de ustedes analice bajo la mirada misericordiosa de Dios cuál es la situación de su vida religiosa y sacerdotal hoy y que pida al Señor la gracia de responder a su vocación a la santidad prestándose generosamente a la acción santificadora del Espíritu y al servicio de los hermanos.

Hoy más que nunca la Legión y el Movimiento están en sus manos, queridos padres. Ustedes están en una edad y etapa de su ministerio en la que han asumido ya o se les pedirá que asuman responsabilidades no indiferentes en la Congregación. Gozan además todavía de la juventud, la flexibilidad y la energía para ir poniendo en práctica lo que el Capítulo General nos ha marcado.

Por eso, los invito a que en este aniversario traigan de nuevo a su corazón las principales gracias que han recibido en su camino así las convicciones profundas que los han sostenido a lo largo de su vida. Sacando de lo antiguo y de lo nuevo, busquen en las Constituciones y en los Comunicados del Capítulo nueva gracia y nueva luz para encarnar lo que ahí se nos propone e irradiarlo con su vida en sus comunidades. Con su vida y sus palabras, se encuentran en una posición privilegiada para transmitir eficazmente del espíritu legionario y del Movimiento a las nuevas generaciones. Por favor, no teman poner su lámpara en un lugar que alumbre a toda la casa: no la oculten bajo el celemín.

Los animo, también, a crecer en su intimidad con Jesucristo. Normalmente esta etapa de la vida es de ajustes importantes de la personalidad y de la propia vida espiritual, acompañada a veces por situaciones de oscuridad e incertidumbre. No tengan miedo a enfrentarlas acompañados por su director espiritual y sus superiores. Es común que el Señor nos haga ver una vez más que sin él no podemos hacer nada y nos haga la invitación, como a Pedro, a caminar sobre las aguas. Se trata de experiencias que el Señor puede permitir para ayudarnos a crecer en su seguimiento. Confíen en ese Jesucristo que los llamó en su juventud y que es el único amigo que nunca defrauda y es el mismo ayer, hoy y siempre.

Estamos celebrando el Año de la Misericordia. Agradezco a Dios nuestro Señor, el amigo de las horas alegres y tristes de nuestras vidas, que nos haya concedido tener a cada uno de ustedes como hermano y como un apoyo para que la Legión y el Movimiento respondan con un sí generoso al plan de Dios. Veo en todo ello un signo del cariño y la misericordia del Corazón de Cristo.

Les pido una oración por mí. Cuenten con mi oración también por ustedes para que siempre lleven con sano orgullo y dignidad la sotana legionaria que recibieron con ilusión hace 25 años. En este día pediré a la Virgen de los Dolores por sus familias y por quienes han caminado a su lado en estos años de vida legionaria, especialmente sus formadores.

Su hermano en Cristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

El sacerdocio legionario

El 4 de agosto el P. Eduardo Robles-Gil envió una carta a los casi 50 legionarios que están haciendo sus ejercicios espirituales de mes en Roma. El tema que eligió para sus reflexiones es el sacerdocio y la vida religiosa en la Legión de Cristo. En años pasados afrontó temas como la conversión del corazón (2014) y el discernimiento (2015). A continuación se ofrece el texto íntegro:

¡Venga tu Reino!

4 de agosto de 2016

 

 

A los Legionarios de Cristo que se encuentran

en Ejercicios espirituales de mes

 

Muy queridos padres y hermanos,

La razón de ser de la Legión de Cristo es «dar gloria a Dios y buscar que Cristo reine en la vida de sus miembros, en el corazón de los hombres y en la sociedad» (CLC 2 §1). Los ejercicios espirituales de mes que están viviendo ahora son uno de los medios privilegiados que la Legión nos ofrece para avanzar decididamente por este camino. Espero que estas líneas los encuentren muy confiados de que el Señor que ha empezado en ustedes la obra buena, él mismo la llevará a término. Saludo a todos y cada uno y les aseguro mi oración por sus intenciones, a la vez que pido a todos que no dejen de rezar por mí.

Durante los ejercicios espirituales resuena con fuerza la invitación de Jesucristo a estar unidos a Él y participar de la misión de instaurar su Reino. Se trata de un llamado para compartir con el Señor su modo de vivir, sus criterios, sus sentimientos, sus penas y sus alegrías. Nuestra respuesta se encarna progresivamente según la vocación de cada uno. En nuestro caso, se trata de la vocación a la vida religiosa y el sacerdocio en la Legión.

Deseo hacerme presente de alguna manera entre ustedes en este tiempo de gracia. Para ello, les comparto algunas reflexiones sobre la vocación a ser sacerdotes religiosos y, especialmente, sobre algunos aspectos del sacerdocio legionario en una triple dimensión: llamados, ungidos y enviados.

 

Sacerdotes religiosos

Cristo ha regalado un único sacerdocio a su Iglesia, del que los fieles participan de dos maneras distintas. Todos los bautizados en Cristo son consagrados para constituir un sacerdocio santo que se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal. A la vez, el Señor, con amor de predilección, elige a algunos de entre los hermanos para ejercer, a través del sacramento del Orden, el sacerdocio ministerial, al servicio del sacerdocio común. (cf. Lumen Gentium 10).

Cuando un legionario recibe el sacerdocio, el sacramento del Orden se encuentra con el carisma de la vida religiosa, que le da una fecundidad peculiar. La consagración por la profesión de los consejos evangélicos presenta y favorece la exigencia de una pertenencia más estrecha al Señor. En efecto, en el legionario la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa convergen en una profunda y dinámica unidad (cf. Vita Consecrata 30).

Nuestra identidad sacerdotal se define a partir del servicio que estamos llamados a desempeñar a favor de los fieles. Existimos y actuamos para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, actuando in persona Christi capitis (cf. Pastores Dabo Vobis 15). La gracia de los consejos evangélicos y de la vida común ayuda en gran medida a adquirir la santidad que exige el sacerdocio, conscientes de la íntima relación que hay entre la propia vida espiritual y el ejercicio fecundo del ministerio.

El Capítulo General nos recordaba a este respecto: «Sin reducir la amplia gama de apostolados y funciones que el legionario puede asumir, nuestra misión específica en relación con los demás miembros del Regnum Christi consiste en acompañar, formar e impulsarlos en su camino de santidad y apostolado, ejercitando la paternidad espiritual propia del sacerdote» (CCG 2014, 32). Nuestra condición de religiosos legionarios nos permite complementarnos con otras formas de vida con las que compartimos un mismo carisma. Es un signo de eclesiología de comunión y de la igual dignidad de todos los bautizados y la diversidad de funciones en el Cuerpo místico de Cristo.

En el rito de la ordenación sacerdotal hay tres momentos que nos ayudarán a profundizar en el sacerdocio legionario al que el Señor nos invita: el llamado de los elegidos, la unción y el envío.

 

Llamados por el Padre

Cada legionario ha sido llamado por su nombre. Ha sido amado con un amor eterno (cf. Jr 31,3) y ha descubierto con sorpresa que Dios lo conoce desde toda la eternidad, lo invita a la intimidad que cobra esa palabra en la Sagrada Escritura, y lo invita a compartir su misma vida.

Jesús nos ha tomado de entre los hombres, con nuestras cualidades y defectos que Él conoce de sobra, y ha querido fiarse de nosotros. No se impone. Más bien, se insinúa para no violentar nuestra libertad. Invita y propone un camino evangélico, arduo y difícil, pero que se recorre junto con Él. De algún modo nos ha dicho a todos con grandísima originalidad y respeto: «¿Qué buscas? ¡Ven y verás! ¡Sígueme!».

La cercanía con el Maestro también conlleva la conciencia de la propia pequeñez y fragilidad, de la desproporción entre nuestra realidad y la misión que se nos confía. Igual que a Pedro no debe sorprendernos la sensación de indignidad que brota de la conciencia de nuestra miseria y nuestro pecado: «¡Apártate de mí que soy un pecador!».

Pero nuestra miseria no puede ser nunca motivo de temor. Así se lo dijo Jesús a Pedro en después de la pesca milagrosa: «No temas. Desde hoy serás pescador de hombres». Pero a lo largo de su vida, Pedro siguió experimentando el peso del hombre viejo en su corazón. Después de la resurrección, con plena conciencia de las áreas de oscuridad en su vida, confía en la mirada de Jesús que ve también todo lo bueno que hay en su amigo: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Jesús le confirma su misión pastoral. Es como si le dijera: «No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Tú no me abandones a mí, aunque a veces tengas que gritar: “¡Señor, sálvame!”».

Con esta conciencia, el legionario puede ponerse de pie ante su Señor que lo llama por su nombre. La Legión, que lo conoce bien, lo presenta a un sucesor de los apóstoles y «da la cara» por él ante la tremenda pregunta: «¿Sabes si son dignos?». Y así, respaldado por su familia religiosa que confía en él, puede responder con un «¡Presente!» a su Señor.

A este respecto, nos puede hacer mucho bien repasar las palabras de San Pablo en 2Co 1, 18-22, que si bien se refieren en primer lugar al Bautismo, cobran un significado especial el día de la ordenación:

«Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje no es hoy “sí”, y mañana “no”. Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes […] no fue “sí” y “no”, sino solamente “sí”. En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su “sí” en Jesús, de manera que por Él decimos “Amén” a Dios, para gloria suya. Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu».

En Cristo no se mezclan el “sí” y el “no”. No acepta respuestas a medias, porque Él mismo no las da. Él invita a los que llama para confiarles el sacerdocio a que reiteren ante la asamblea su «sí», a manifestar su fe en la verdad, la belleza, en la bondad de la creación y en la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Hoy, por desgracia, en el mundo parece proliferar y dominar el «no». Nuestra cultura posmoderna ha desarrollado una visión negativa de la humanidad y del mundo y culpa a las generaciones anteriores de sus males actuales. No son pocos quienes piensan que negando lo pasado, que consideran negativo, saldrá algo positivo. De ahí surge una lógica de ruptura, de rebeldía, de individualismo a ultranza, que considera tener el verdadero progreso en sus manos, precisamente dando un «no» a todo lo que no ha hecho él mismo, a lo que les dado.

El candidato al sacerdocio, en cambio, responde con un «¡Presente! ¡Sí, Padre!» que repetirá cada día de su vida. Sabe que el Señor lo llama porque ha creado un mundo bueno y ama a los hombres, incluso cuando le hemos dado la espalda. Dios tiene el firme propósito renovar el mundo y ha querido necesitar del «sí» de su elegido para que se le abra la puerta de la historia, para caminar por nuestras calles y proclamar desde los tejados el mensaje de la salvación.

El legionario recibe la ordenación a los pies de la imagen de María, precisamente porque ella fue la mujer que con su «sí» permitió que Cristo nos revelara el rostro misericordioso del Padre.

El «sí» a la llamada nos recuerda que nuestra misión consiste en ayudar a las personas a encontrarse con Cristo para que, a su vez, puedan también ellas entregarle su vida entera.

 

Ungidos por el Espíritu

Un segundo momento especialmente significativo de la ordenación sacerdotal es la unción de las manos del neosacerdote con el Santo Crisma. El obispo le dice: «Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar el pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio».

El Papa Benedicto XVI en la homilía de la misa crismal de 2006 decía: «Si las manos del hombre representan simbólicamente sus facultades, […] entonces las manos ungidas deben ser signo de su capacidad de donar, de la creatividad para modelar el mundo con amor […]. En el Antiguo Testamento, la unción es signo de asumir un servicio: el rey, el profeta, el sacerdote, hace y dona más de lo que deriva de él mismo. En cierto modo, está expropiado de sí mismo en función de un servicio, en el que se pone a disposición de alguien que es mayor que él».

La unción del sacerdote legionario se renueva cada día en los momentos de intimidad con Jesucristo, en los momentos de oración personal, en la celebración fervorosa de la liturgia y de los sacramentos, en la escucha atenta de la Palabra de Dios. En el cultivo de la dimensión contemplativa de su vida se dispone para difundir el buen olor de Cristo, por medio de palabras y de acciones. Es ahí en donde una vez más Jesús nos llama amigos y nos pide que anunciemos todo lo que Él le ha oído al Padre y Él nos ha dado a conocer (cf. Jn 15, 15). Es en el ejercicio cotidiano de las virtudes teologales que se renueva la confianza ante el futuro, pues descubrimos que Dios cuida de nosotros y nos guía por senderos rectos.

Esta especial unción es para santificar el pueblo cristiano, no para guardarla. Jesús nos ha constituido en el sacerdocio y nos ha puesto en condiciones de ser cooperadores de la misión y de la autoridad con la que él mismo cuida el crecimiento, la santificación y el gobierno de la Iglesia (cf. Presbyterorum Ordinis, n 2). Somos sacerdotes no para nosotros mismos, sino, parafraseando el responsorio del común de pastores del breviario, para orar mucho por nuestro pueblo que es la Iglesia, que son nuestros hermanos, tanto los de cerca como los de lejos. Somos sacerdotes para interceder por ellos y presentarle al Señor los gozos y esperanzas, dolores y angustias de los hombres. Y también lo somos para salir a buscar a las ovejas perdidas, para acercarlas al Señor, y derramar en ellas el bálsamo de la misericordia con el que Dios nos ha enriquecido.

Conviene recordar que la unción que hemos recibido es para servir, para ponernos a disposición del Señor. Existe el peligro del clericalismo, del que tanto habla el Papa Francisco, y que, simplificando mucho, tiene un aspecto especialmente pernicioso: creer que solamente los ministros ordenados podemos llevar adelante la Iglesia, y los demás, están ahí para seguir indicaciones. En el Regnum Christi tenemos la enorme bendición de poder colaborar en la misión con miembros consagrados y laicos, hombres y mujeres. Nosotros estamos a su servicio. Algunas veces este servicio será de dirección, pero muchas otras consistirá en colaborar en su formación, su acompañamiento espiritual y sumarnos a las iniciativas apostólicas que vayan surgiendo.

¡Cuánto daño podemos llegar a hacer cuando pretendemos que los sacerdotes somos superiores y cuando no sabemos sumarnos a un equipo, contribuir a la comunión! ¡Y cómo se difunde el buen olor de Cristo cuando recordamos que estamos configurados sacramentalmente con aquel que no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos! Así contribuimos fuertemente a la comunión, propiciando que esta unción baje por todo el cuerpo, hasta llegar a «la franja del ornamento« (cf. Sal 133, 2), es decir, hasta los más alejados pero que han sido llamados a participar de esta comunión en Cristo.

 

Enviados por el Hijo

En 1991, san Juan Pablo II decía en la homilía de ordenación de 60 hermanos nuestros: «Legionarios de Cristo quiere decir que habéis aceptado con decisión y generosidad la invitación a difundir y actuar el reino de Dios, dispuestos a dedicaros a la conquista de las almas. A ellas, efectivamente, sin asomo alguno de distinción o particularismo, os vais a dedicar como apóstoles, comprometidos en un servicio consagrado, para su salvación: la salvación del hombre, de todo el hombre, en cooperación con la Iglesia entera para responder a las esperanzas de nuestra época, tan hambrienta del Espíritu, porque siente a su vez el hambre de justicia, de paz, de amor, de bondad, de fortaleza, de responsabilidad, de dignidad humana. Legionarios de Cristo, porque sabéis muy bien que la vía del bien de la humanidad pasa necesariamente por Cristo».

Con la ordenación sacerdotal, el religioso legionario ha completado su formación y está listo para ser enviado, de manera que resuene la voz del Señor en nuestro tiempo. Con su vida y apostolado, invitará a los hombres a dar el paso de la fe. Por la predicación, los sacramentos y la caridad podrá ser un signo por medio del cual Jesús revele el amor de su corazón a los demás y puedan luego optar por poner en sus manos la propia existencia.

El camino para realizar la misión no puede ser diverso al de Cristo. Él se entregaba a todos, especialmente a los más necesitados, les predicaba, los sanaba, los liberaba del maligno y de sus dolencias. Al mismo tiempo, el Señor dedicaba una parte significativa de su tiempo a formar a los doce, y también a un círculo más amplio de hombres y mujeres, que continuarían con su misión y serían sus testigos en Jerusalén y hasta los confines de la tierra. Salía además al encuentro de quienes buscaban un sentido de su vida, y de quienes eran rechazados por los demás. En esta actividad, entretejía momentos solitarios de íntima relación con su Padre en la oración y momentos de descanso con sus amigos más cercanos.

El sacerdote legionario busca con su oración y con su acción apostólica que los cristianos sean sal de la tierra y luz del mundo, y por eso los anima a todos a formar y ejercer su liderazgo que es connatural a la condición de cristiano:

«No digas: “Soy incapaz de influir sobre los demás”, porque si eres cristiano es imposible que no influyas. En la naturaleza no existen contradicciones; tampoco las hay en el hecho de que influyas, porque está en tu naturaleza de cristiano. Si dices que el sol no puede brillar, es una injuria la que le haces; si dices que un cristiano no puede hacer mejores a otros, le haces injuria a Dios y caes en la mentira. Es más fácil que el sol no caliente ni brille a que un cristiano no resplandezca, es más fácil que la luz sea tinieblas a que esto suceda» (San Juan Crisóstomo, Homilía XX sobre los Hechos de los Apóstoles, PG 60, 163-164)

Con la ordenación, Dios tiene la suprema audacia de confiarse a las manos de un hombre. Al sacerdote, Jesús lo ama como amigo, ha dado su vida por él y le demuestra su afecto que no conoce límites. Lo ha elegido para que vaya y dé fruto. Quiere que comparta esta experiencia con otras personas para ayudarlos a realizar la plenitud de su vocación bautismal. Pero sobre todo, lo quiere disponible: quiere que sea un signo claro de su amor y presencia en la vida de los hombres.

En el rito de la ordenación, el obispo entrega al sacerdote el cáliz y la patena mientras le dice: «Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor». El sacerdote es ministro de la misericordia perdonando los pecados, da a los hombres el pan de Dios que baja del cielo y da la vida al mundo, y predica la Palabra como un profeta de Dios. Pero además profundiza en el misterio que ha sido puesto en sus manos: debe buscar fecundar su misión apostólica al unirse a Cristo que se ofrece cada día por la salvación del mundo.

El envío encuentra en el legionario la conciencia del valor de una sola alma, de la brevedad del tiempo y de la realidad de la eternidad. De ahí que busque capacitarse para poder llevar mejor el mensaje, imitar mejor a Cristo para que sea Él quien aparezca. Se concibe a sí mismo como el amigo del esposo, que lo asiste y lo oye y se alegra con su voz, pero sabe que él es voz, y sólo Cristo es la Palabra que hay que anunciar. Por eso se gasta y desgasta por las almas que le han sido confiadas (cf. 2Co 12, 15) y está realmente disponible para ser enviado al mundo entero y busca toda ocasión para manifestar el amor de Cristo.

El sacerdote legionario, para serlo de verdad, debe también saber abrazar la cruz de Cristo y unirse así al sacrificio que ofrece cada mañana. A veces la cruz se hace presente a través de incomprensiones, fracasos según los criterios del mundo, de la experiencia de la propia debilidad, de problemas de salud… También la podemos sentir en la necesidad de doblegar el propio orgullo, de vencer al hombre viejo, de dar un cauce adecuado a nuestras pasiones… Y cómo no sentir la cruz en el cansancio que a veces nos aqueja al echar las redes uno y otro día sin demasiados resultados, o al constatar nuestra pequeñez. Pero precisamente ahí nos encontramos con la fuerza del Resucitado. Cuando algo nos duela, vivamos con la esperanza de quien sabe en quién ha puesto su confianza.

Queridos hermanos, muchos de ustedes se encuentran en la recta final para su ordenación sacerdotal. Algunos ya han hecho la profesión perpetua y otros están por solicitar ser admitidos a ella. Los invito a que miren a Cristo, el único y supremo sacerdote y que sea Él quien les inspire en todo momento. Conozcan también las Constituciones y los documentos del Capítulo General, seguros de que también ahí el Señor tiene guardadas luces especiales para todos los legionarios.

Podría alargarme mucho más, pero no pretendo trazar un dibujo completo de lo que ha de ser un sacerdote legionario. Espero que estas líneas los animen a descubrir y reavivar el don que han recibido de parte del Señor al llamarles al sacerdocio y a la vida religiosa en la Legión. Le pido a Jesucristo, nuestro Rey y Señor, que les conceda responderle con un «sí» cada día más generoso hasta el final de sus vidas.

Su hermano en Cristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

N.B. Por favor, no dejen de encomendar a los jóvenes y chicas que están en los diversos cursos de discernimiento vocacional de la Legión y de la vida consagrada del Regnum Christi.

Carta sobre la pobreza

El 18 de julio de 2016 nuestro Director general escribió una carta a los sacerdotes legionarios sobre el significado y la vivencia del voto y la virtud de la pobreza en la vida religiosa en la Legión de Cristo. A continuación se ofrece el texto íntegro de la carta:

¡Venga tu Reino!

Roma, 18 de julio de 2016

A los sacerdotes legionarios de Cristo

 

Muy queridos padres:

A través de esta carta les envío un saludo, asegurándoles un recuerdo en mis oraciones. Muchos de ustedes están iniciando, en el hemisferio norte, las actividades de verano y las vacaciones después de un año de trabajo apostólico. Espero que puedan tener también un tiempo de descanso. En el hemisferio sur, mientras tanto, se encuentran en la en el intervalo de la mitad del curso escolar.

En esta carta deseo reflexionar con ustedes sobre la vivencia de la pobreza en la Legión, uno de los consejos evangélicos propios de la vida religiosa y que es parte integrante de la enseñanza y del ejemplo de Jesucristo. Les ofrezco estos pensamientos en el contexto de las presentes circunstancias del mundo moderno y de la Legión. Espero que les puedan ayudar a valorar y vivir mejor este voto y esta virtud.

Varias veces en las reuniones que he tenido durante mis visitas a los territorios y las casas, se ha mencionado este tema. Durante una de las presentaciones que hice sobre la situación económica de la Legión al responder la pregunta de un religioso, afirmé: “En la Legión tenemos algunas particularidades en la vivencia de la pobreza como son, entre otras, la consideración del uso del tiempo en cuanto don precioso que Dios nos da, y la necesidad de usar ciertos medios adecuados para evangelizar según nuestros apostolados específicos”. Tal vez en la vivencia de este voto tenemos más particularidades que en los otros dos votos comunes.

Hay en muchos un interés y una preocupación por la práctica de la pobreza. Por eso les envío esta carta, por medio de la cual quiero invitarles a ustedes y a todos los legionarios a vivir con mayor convicción esta virtud, a ejemplo de Cristo. Tengo en cuenta que, según los contextos de cada territorio, nación, e incluso de cada comunidad o apostolado, se dan hoy circunstancias, sobre todo externas, que facilitan o dificultan la vivencia de este consejo evangélico. Según se comentó en el Capítulo general de 2014, y tal como quedó dicho en el Comunicado capitular, en la sección “Administración y voto de pobreza” (cf. núms. 218 y siguientes), puede haber elementos de nuestra pobreza que requieren hoy mayor atención y virtud, así como un mejor testimonio evangélico. Recordemos también cómo el Santo Padre ha estado subrayando frecuentemente este aspecto del Evangelio, invitando a todos, pero sobre todo a los sacerdotes y a los religiosos, a dar un testimonio de vida pobre.

 

La pobreza y su relación con Jesucristo

Cada consejo evangélico tiene un profundo sentido cristológico. En primer lugar los consejos son modos de seguir a Cristo. En el caso de la pobreza, dejar todos los bienes terrenos para que sólo Él sea nuestro tesoro.

En el Evangelio constatamos cómo Cristo, cuando llama a su seguimiento, invita a dejar todo para estar con Él. Así lo vemos en los apóstoles que dejan sus redes, o en Mateo que deja de inmediato la mesa del recaudador. Por su parte, el hombre de la parábola que descubre un tesoro en el campo, va con “gran alegría” a vender todo lo que tiene para comprarlo (cf. Mt 13, 44). En estos pasajes, y otros similares, descubrimos que la pobreza del seguidor de Cristo está llena de la alegría de poseerle a Él como único tesoro del corazón.

 

En el pasaje del joven rico leemos, «Jesús, fijando en él su mirada, le amó» (Mc 10,21) y le dijo «Si quieres ser perfecto, vende todo, dalo a los pobres, y ven y sígueme» (cf. Mt 19, 21). Pero este joven no responde positivamente porque tiene muchas posesiones y se marcha triste.  A continuación, el evangelista repite que Cristo “mira” a los apóstoles y es entonces cuando Pedro comenta: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Cristo reconoce que han dejado todo, «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hacienda» y añade: «lo han dejado por mí y por el Evangelio» (cf. Mc 10, 29). Inmediatamente después les enseña a confiar en la providencia divina y buscar primero el Reino (cf. Mt 6, 33). Así se resumen los motivos principales de nuestra pobreza: una mirada de amor de Cristo, la invitación a tenerle a Él como único bien, a amarlo, y a entregarnos a la misión, sostenidos por la providencia divina para lo cual todo es posible (cf. Mc 10, 27).

El discípulo que acepta esta invitación sigue a Cristo y comparte su estilo de vida pobre, tal como lo encontramos a lo largo del Evangelio: la descubrimos en Belén, en la huida a Egipto, en Nazaret, en su vida pública y, sobre todo, en la cruz. Cierto es que los seguidores de Jesucristo deben también resolver los aspectos prácticos de la vida cotidiana. Así encontramos algunas personas que atienden al Señor y a sus seguidores por medio de sus limosnas y servicios. No obstante, Cristo invita a los suyos a poner toda su atención en la misión y a aceptar la austeridad de su vida. Es este un aspecto importante de los consejos evangélicos: son imitación cercana de Cristo, al prolongar su estilo de vida en el hoy de la Iglesia y la sociedad: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58).

Los consejos evangélicos son, además, modos de participar en el abajamiento y en la pasión del Señor. Por la profesión religiosa participamos de modo especial en la obra redentora. Consideremos, ante todo, la humildad de la Encarnación: Él «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 6-8, cf. 2Co 8, 9). La pobreza de Cristo llega a su culmen en el desprendimiento de la cruz, y ello nos permite comprender que la experiencia de la privación, de la pobreza efectiva, de no contar con algo conveniente o necesario, se convierte en moneda de redención. Jesucristo, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Co 8, 9).

A estas dimensiones cristológicas, se añade el aspecto escatológico de los consejos evangélicos. Por medio de la pobreza ponemos el corazón en los bienes eternos. Siguiendo e imitando a Jesucristo damos testimonio de los bienes futuros y de esos valores evangélicos que encontramos expresados en las Bienaventuranzas: «Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 3). A la vez, nos ponemos en manos de la Providencia del Padre celestial (cf. CLC 19, 1°). Jesucristo nos invita, como al joven rico, a «tener nuestro tesoro en el cielo» (cf. Mc 10, 21). Como a los apóstoles, Cristo nos enseña que la pobreza voluntaria por amor a Él implica una plenitud misteriosa en esta vida y luego la vida eterna (cf. Mc 10, 30).

 

La pobreza es parte integral de la vida religiosa

La pobreza, según se expresa en la profesión, es una parte constitutiva de la vida religiosa. Como nos recuerdan las Constituciones, por medio del voto que hemos emitido nos imponemos libremente un radical desprendimiento afectivo y efectivo de todos los bienes materiales, nos comprometemos a la debida dependencia del superior en relación con el uso de los mismos y adoptamos un estilo de vida personal y comunitario sobrio. Por consiguiente, renunciamos –por voto– al derecho de usar y disponer de bienes materiales sin permiso (cf. CLC 19, 2° y 3°).

Este desprendimiento de todas las criaturas –no sólo exterior sino también interior– no es un empobrecimiento. Es, más bien, un enriquecimiento puesto que nos da la posibilidad de una mayor unión con Dios y nos ofrece una plena libertad al ahorrarnos los apegos a los bienes de esta tierra. Así, la pobreza, libremente acogida, mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres; crea un clima espiritual propicio a la docilidad interior, a la oración, al diálogo y a la colaboración; alimenta la esperanza; engendra la justicia y la misericordia; aumenta el amor y dona serenidad y alegría (cf. CLC 20).

Desde otro punto de vista, podemos afirmar que nuestra pobreza es ante todo “pobreza delante de Dios” al sabernos creaturas necesitadas. Esta conciencia nos lleva a no poner nuestra confianza ni en las propias fuerzas, ni en las cosas materiales. La pobreza expresa la humildad del religioso que se sabe creatura de Dios, con una misión personal y eclesial que supera por mucho las propias fuerzas y capacidades. Reconocernos pobres nos lleva hacia la plena confianza en Dios.

En el Magisterio de la Iglesia y en nuestras Constituciones tenemos muy clara y bien estructurada la doctrina sobre este voto y virtud. Contamos, además, con algunas consideraciones importantes en el reciente Comunicado capitular (cf. núms. 218 y ss.), en las normas complementarias, los reglamentos de las casas y los reglamentos de administración.

Teniendo esta normativa todos corremos el riesgo, en diversos grados, de reducir la pobreza al cumplimiento de unas normas sobre el uso de los bienes materiales, sin hacer de ello lo que debe ser: una ocasión para seguir realmente a Cristo en este aspecto de su vida y así dar un testimonio evangélico elocuente ante los demás. Para lograr esto, una premisa fundamental es optar personal y animosamente por la pobreza, querer vivirla, apreciarla, amarla, buscarla en lo oculto e interior, y desear identificarnos con esa austeridad y ese desprendimiento que Jesucristo vivió en esta tierra, según he mencionado antes. Todo esto, siempre por amor y con gran libertad interior, porque Dios es mi tesoro, y porque a través de la pobreza, busco ser más de Él cada día.

Por su misma naturaleza la pobreza es una ayuda y un modo de ejercitar otras virtudes: la fe en Dios y en la fecundidad de la vida evangélica, la confianza en la Providencia, la caridad evangélica que llevó a los discípulos a tenerlo todo en común, la abnegación y el espíritu de sacrificio, la convicción personal para ser transparentes y dependientes en el uso del dinero, y sobre todo el desapego interior. A esto ayudan otros medios más exteriores, como puede ser la elaboración de presupuestos e informes económicos (cf. CLC 224, 228), la revisión habitual de la propia habitación, oficina o casa para evitar la acumulación de cosas innecesarias o superfluas, y la aceptación de los criterios sobre el uso de los bienes materiales que los superiores mayores emanan directamente o través de los administradores. En todo esto el religioso ha de cuidar su corazón y pensamientos para liberarlos de posibles apegos y de deseos incompatibles con una vida religiosa objetivamente pobre.

Con la gracia de Dios podemos constatar que en general hemos vivido bien este voto en la Legión y contamos con muchos sacerdotes y religiosos virtuosos y objetivamente austeros. Pero también constatamos que, hoy y siempre, es necesario vigilar.

 

La pobreza y la misión

Existe una profunda relación entre la pobreza y la misión. Si contemplamos la vida de Jesucristo, es evidente su cercanía a todos los hombres –sobre todo a los más necesitados en cuerpo y alma–, su deseo de llevarlos al cielo, y al mismo tiempo su urgencia por cumplir la misión que el Padre le ha asignado. Vemos también como Jesús se acerca a personas con medios económicos como Zebedeo, Jairo, Lázaro y sus hermanas. Es la misión la que lo orienta en su trato con las personas y da sentido al uso de los medios materiales, según las diversas circunstancias y apostolados. En esto, a ejemplo del Señor, se da también un elemento de libertad, es decir, en ser magnánimos en el uso de los medios materiales cuando son necesarios para poder dar a conocer el Evangelio en los diversos ambientes donde desarrollamos nuestros apostolados, sea entre las personas que cuentan con muchos medios económicos, en la educación, o en la ayuda de los más indigentes.

Cada uno debemos reflexionar sobre la libertad real que tenemos, como religiosos y sacerdotes, para tratar indistintamente con todo tipo de personas, sin acepciones, preferencias o exclusiones. Algunos legionarios podrían tener una preferencia por tratar con gente sencilla y materialmente pobre, y realizar este apostolado con gran virtud y sacrificio personal (cf. CCG2014 239). Otros tal vez prefieren el trato con personas de clase social alta, por sentido de misión, pero tal vez también –al menos en parte– por los beneficios personales materiales o afectivos que quizá encuentran, o simplemente por la dificultad de relacionarse con los más pobres. En uno y otro caso, lo verdaderamente importante es esforzarse por seguir con creciente fidelidad el ejemplo de Jesucristo de amar a todos sin acepción de personas y cumplir la misión, según lo ilustra nuestro patrono san Pablo: «siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo» (cf. 1Co 9, 19.23).

Además, la asignación de la misión, que no escogemos sino que recibimos en obediencia, y también el propio carisma apostólico (cf. CLC 4), nos orientan en nuestra misión para la cual necesitamos una buena dosis de abnegación y de desapego de las propias preferencias (cf. CCG 2014 240). Lo recuerda también el comunicado del Capítulo general: «Al tiempo que apreciamos las acciones apostólicas directas con los más necesitados, tenemos presente que podemos alcanzar un mayor número de ellos y hacerles un mayor bien a través de la acción de otros muchos, sobre todo de los miembros del Regnum Christi. Al decir esto no olvidamos que evangelizar a personas de liderazgo social o económico no siempre es fácil, pero es parte de nuestra vocación acercarlos a Cristo y estimularlos para que conozcan y practiquen la doctrina social de la Iglesia y así transformar las estructuras sociales de acuerdo con la justicia y caridad» (CCG2014 241).

 

La pobreza y el uso del tiempo

Como he aludido, al pensar en la pobreza legionaria me viene a la mente el uso del tiempo, según lo mencionan las Constituciones: «A la luz de la eternidad, el tiempo es un bien que Dios da a cada uno para cumplir la propia misión en la tierra. En la Legión su buen uso se considera parte de la virtud de la pobreza» (CLC 23). Es algo, sin duda, exigente. Usar bien el tiempo implica amor por la misión, esfuerzo, un recto sentido de eficacia y también abnegación ante los gustos y deseos personales, sin excluir, si hiciese falta, el sacrificio de prescindir en algún momento del descanso legítimo que quisiéramos tener.

Nosotros mismos hemos de ser objetivos y sinceros en este campo, con equilibrio y buen sentido común y religioso. ¡Cuánto nos ayuda el aprovechamiento del tiempo para observar con fidelidad los otros votos y avanzar en la vida espiritual! ¡Vivir movidos por amor y anhelo de dar lo mejor de nosotros mismos a Dios y a los demás!

Podemos preguntarnos si en estos últimos años, al buscar el descanso necesario, no se ha caído en un cierto exceso en el descanso personal o comunitario, justificándolo de diversas maneras, pero perdiendo, quizá, aspectos importantes del carácter militante propio del legionario, llamado a dedicar toda su vida y su tiempo a la misión.

Para ser realistas y prácticos en el buen uso del tiempo es conveniente que cada uno tenga un programa personal de apostolado y formación en el que se auto exija en el uso del tiempo. Si cada religioso se propone metas elevadas como expresión de su amor a Cristo y de celo apostólico, evitará caer en un cierto acomodamiento, rutina o conformismo, propios del hombre mediocre. Cabe mencionar, en relación con este tema, el tiempo que dedicamos al uso de los medios de comunicación, que es uno de los campos dónde es fácil excederse en la inversión de tiempo, más allá de lo conveniente. Si bien se trata sólo de un dato estadístico, en la encuesta reciente que hicimos sobre algunos aspectos de la vida religiosa, el buen uso de los medios de comunicación fue de los más bajos en la calificación que cada uno se dio a sí mismo.

Como buenos pastores y religiosos no podemos olvidar cómo estos medios pueden ser “ventanas al mundo” que llevan a la disipación, a la pérdida de tiempo o a peligros morales. No porque un religioso tenga a mano un medio de este tipo se justifica todo uso, sobre todo cuando se trata del descanso o la diversión. Las Constituciones explicitan que su uso para el entretenimiento es comunitario: «Reconozcan también la utilidad de los medios de comunicación para la formación, actualización y, ocasionalmente, para el entretenimiento comunitario» (CLC 46, 1).

Les sugiero hacer un examen personal sobre el buen uso del tiempo y en relación a esto, sobre el uso de los medios de comunicación en función de la misión. ¿Hubiera sido posible que hiciese más por las almas, por la Iglesia, o por la santidad personal de otro modo? Cada legionario ha de tener el deseo de hacer siempre todo lo posible por llevar a más hombres “al encuentro redentor con Cristo” (cf. CLC 3, 3).

 

Pobreza personal: Austeridad, sencillez y dignidad

Según establecen las Constituciones, la pobreza del legionario está caracterizada por la austeridad evangélica, la sencillez y la dignidad, tanto en la vida personal como en la comunitaria (cf. CLC 25). A estos elementos se añade la sobriedad (cf. CLC 19, 2°) y el sentido religioso sobre todo para evitar una cierta mundanidad que, como menciono a continuación, se puede ir introduciendo en los modos de vestir, en el uso de algunos medios – como medios electrónicos y automóviles-, en las actitudes y también en ciertos comportamientos de los legionarios (cf. CCG2014 227).

 Debemos aprender con paciencia que ser pobre significa no desear lo mejor, ni lo más fino, ni lo más moderno, ni resulta siempre compatible con el uso de aquello que un religioso puede obtener sólo porque se lo regalan. La pobreza requiere sacrificio y se expresa ordinariamente en tener sólo lo necesario, pero tenerlo de modo digno, ordenado y limpio. En este ámbito de la pobreza personal también se puede tener presente esa recomendación de conservar nuestra habitación y despacho como imagen del alma, de un alma ordenada y serena que en su trato con Dios está llena de detalles de amor.

Hoy en algunos pocos se da la tendencia a una cierta ostentación, a querer vestirse como seglares o a descuidar la urbanidad, los modales y la buena educación. Nuestra pobreza, bien lo sabemos, ha de estar unida a la sencillez pero también a la distinción y dignidad propias de quien está consagrado a Dios como religioso y sacerdote en la Legión. Las personas con las que tratamos están acostumbradas y esperan este testimonio de austeridad y sobriedad de los legionarios.

Sin duda son temas que merecerían un desarrollo más amplio, pero que nos alejan un poco de la finalidad directa de esta carta. Les invito a que, de forma personal y comunitaria, busquen algunos tiempos para profundizar en estos aspectos y las implicaciones que tienen en su vida, en sus comunidades y también en los apostolados (cf. CCG2014 228).

 

La pobreza y el uso del dinero

 Entre otras posibles consideraciones prácticas, les invito a revisar el modo en que cada uno usa el dinero que tiene a su disposición por razones justificadas (cf. CLC 21, 2°), preguntándose si conocen y observan los criterios establecidos en los reglamentos de administración y si proceden siempre con la debida dependencia del superior competente y con un presupuesto debidamente aprobado (cf. CCG2014 235). O si por el contrario conservan y usan dinero personal o del apostolado según los propios criterios y sin permiso. (cf. la recomendación del CCG2014 232).

El sistema actual prevé que las comunidades, las obras, las secciones y los apostolados tengan un presupuesto aprobado de ingresos y egresos. Las situaciones de los diversos territorios no son iguales, y dentro del mismo territorio también hay diferencias. Hay algunos sacerdotes, sobre todo los que trabajan en secciones, que en el pasado y también en las circunstancias actuales, deben conseguir los medios necesarios para el ejercicio de su apostolado. Hoy en la Legión y el Movimiento todos los presupuestos tienen ingresos por donativos y por la organización de actividades de recaudación de fondos. Es lógico y comprensible que los donativos que consiguen los usen para este fin, pero siempre en dependencia del superior y según el presupuesto aprobado.

La pobreza de la Iglesia y también las circunstancias actuales nos obligan a esta forma de organización económica. Es parte de la pobreza real que a todos nos cuesta.

 

Gastos y espíritu de ahorro

El espíritu de pobreza se expresa también en el cuidado de las cosas por apreciarlas como dones de Dios, y en muchas ocasiones, también fruto de la generosidad de bienhechores. Quien es pobre no se permite dañar, desperdiciar o maltratar lo que tiene, ni se muestra indiferente ante los gastos que su vida necesariamente genera en comida, energía, viajes, vestido, etc. (cf. CCG2014 229), como si sólo el superior o la congregación debiesen preocuparse de las facturas (cf. CCG2014 230-231). Lo mismo se puede decir del espíritu de ahorro.  Consideremos cuánto se puede ahorrar en una comunidad, en una obra de apostolado, en un territorio o en toda la Legión, si sumamos los pequeños ahorros que cada uno pueda hacer en su vida personal, en la comunidad o en el apostolado. Ahorrar puede también significar aprovechar al máximo lo que tenemos como son los estudios, ropa, libros, etc.

Los superiores, pero también cada religioso, puede preguntarse, además, por aspectos de nuestra vida que implican gastos elevados o constantes, como por ejemplo: los viajes internacionales, las comidas innecesarias en restaurantes, la adquisición y el uso de ciertos aparatos electrónicos, el uso descuidado del teléfono celular sin considerar las tarifas o recargos, etc. Quien es auténticamente pobre es siempre consciente de los costos y gastos que genera. Cada uno podría preguntarse cuando busca algo para sí mismo, cuántas personas en el mundo podría tener esto que yo quiero.

Un campo donde la posibilidad de ahorro es considerable es la salud. Sin entrar en detalles les pido que nos hagamos responsables de nuestra propia salud, un bien importante para la misión, que debemos cuidar. Los gastos asociados al descuido de la salud pueden llegar a ser muy elevados.

 

Obras e iniciativas apostólicas

Más compleja es la problemática cuando nos referimos a las obras, los apostolados, los proyectos e iniciativas apostólicas que, de acuerdo con los criterios establecidos en las Constituciones, deberían ser sustentables dentro de unos márgenes prudenciales según las circunstancias (cf. CLC 229). Aquí habría mucho que decir al respecto, sobre todo, pienso en los directores y administradores de obras que deben proceder con austeridad evangélica y eficacia. En las obras e instituciones con mayores flujos financieros es más amplia la responsabilidad, así como las posibilidades de ahorro.

 

Búsqueda de fondos 

Quisiera mencionar que parte de nuestra pobreza religiosa es también, según las circunstancias de cada uno, la búsqueda de donativos (cf. CG2014 253-255). Recordemos lo que establecen las Constituciones: «La Congregación proporcione a sus miembros los medios necesarios para su vida, formación y apostolado. No obstante, todos, superiores y súbditos, siéntanse corresponsables del sustento de las comunidades y del desarrollo de la Legión y del Movimiento Regnum Christi» (CLC 24).

Esta tarea de buscar fondos para cubrir las necesidades de las comunidades o de los apostolados requiere humildad, perseverancia y siempre un esfuerzo notable. Ustedes lo experimentan y constatan cada día. Como religiosos consagrados a la misión nos corresponde buscar los medios materiales necesarios y esto se concreta, en muchos casos, en el trato con bienhechores o la búsqueda de otros modos de financiación. Casi necesariamente esta tarea es parte de la vida de quien se profesa y es pobre. A la vez expresa el celo por hacer más por Jesucristo y la Iglesia, por realizar grandes obras y así poder predicar más amplia y eficazmente el Evangelio. Hay algunos legionarios en todos los territorios que han hecho con admirable celo sacerdotal este trabajo, preocupándose ante todo por el bien espiritual de las personas que nos ayudan.

Todos hemos de tomar conciencia de las necesidades económicas de la Legión tanto en general como en los territorios, casas y obras. Es esta la razón por la cual he ido haciendo, según me ha sido posible, algunas presentaciones de nuestra situación económica. Desde ahora les agradezco su colaboración y apoyo para mejorar nuestra economía y poder servir mejor a la Iglesia y a los hombres.

 

Otras aplicaciones prácticas

La casuística sobre la pobreza es amplia y no resulta fácil ofrecer un análisis exhaustivo ni criterios universalmente válidos. Quisiera aquí mencionar sólo algunos puntos.

Es necesaria una particular mención de las casas o automóviles que, en ocasiones, nos prestan algunas familias conocidas. Pienso, sobre todo, en los fines de semana de descanso en algunos países. Es verdad que estas personas generosas ponen todo a nuestra disposición, cubriendo todos los gastos. Por una parte, no debemos buscar nunca lo lujoso como criterio. Pero si en alguna ocasión estamos en algún lugar lujoso que nos prestan, hemos de ser ponderados y discretos, conscientes de que aún ahí debemos dar testimonio de pobreza y austeridad ante las personas que están en la casa, y también ante las personas que se pueden escandalizar si compartimos algunas fotografías fuera de contexto. Sin entrar en descripciones y casuística, simplemente extiendo una invitación a reflexionar –tanto en comunidad como personalmente– sobre estos aspectos de nuestra vida y el buen uso de los bienes y las formas y lugares de descanso que podemos tener.

El bien de una comunidad depende de todos sus miembros. Algunas comunidades cuentan con algo de ayuda para el servicio doméstico, otras no lo tienen. En las dos circunstancias nos corresponde a todos algo de colaboración activa en la limpieza y en el servicio a la comunidad. Por caridad, por espíritu de responsabilidad personal y por pobreza debemos ayudar todos con nuestro trabajo, tiempo y esfuerzo (cf. CCG2014 233-234).

Para el religioso una manifestación práctica concreta de la pobreza consiste en recibir lo que se necesita para la vida personal del superior. O si es el caso, recibir un permiso para comprarlo. Aunque sean cosas necesarias es un modo de ejercitar la conciencia de ser pobre, de no poseer recursos personales.

Otro campo importante es el de los aparatos electrónicos que usamos en nuestro trabajo. Más que normas detalladas que habría que actualizar permanentemente, se requiere que cada legionario tenga una conciencia rectamente formada según un sentido profundamente asimilado de la vida religiosa pobre. Y que, aunque justificado su uso por razones válidas, ponderemos si la comunidad está en condiciones económicas de hacer frente a los costos correspondientes. En este sentido se ha de valorar no sólo lo conveniente sino también lo posible.

En estos elementos prácticos de la pobreza, recuerdo con cariño y aplico en ocasiones lo que afirmaban las Constituciones de 1994: «Alégrense cuando experimenten los efectos de la pobreza, sabiendo que nunca ha de faltarles la providencia de Dios, conforme a la promesa de Cristo» (CLC1994 273).

Termino con una invitación a que cada legionario haga de la vivencia de este voto un camino de mayor amor a Jesucristo e identificación con Él, de mayor libertad interior y una fuente de testimonio elocuente y creíble.

Pidiéndoles sus oraciones y asegurándoles las mías, me confirmo suyo afmo. en Jesucristo,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

 

 

Con un recuerdo en mis oraciones,

Nota de Prensa- El Regnum Christi y la Legión de Cristo agradecen su 75 aniversario con un año jubilar

  • El año jubilar iniciará en la solemnidad del Sagrado Corazón de 2015 (12 de junio) y concluirá en la solemnidad de Pentecostés de 2016.
  • Los miembros de Regnum Christi han sido invitados a vivir este año con una “alegría sobria y humilde”, como un tiempo para el agradecimiento, la conversión y para la evangelización.
  • Puede leer la carta íntegra aquí

12 de marzo de 2015.- El Regnum Christi y los Legionarios de Cristo han convocado un año jubilar para celebrar el 75º aniversario de la fundación. En una carta su director general, el P. Eduardo Robles Gil, propone pautas para celebrarlo en coherencia con su sentido profundo: “un tiempo de alegría, de agradecimiento y de pedir perdón y de perdonar”, apunta.

Todos los miembros del Regnum Christi —seglares, Legionarios de Cristo, consagradas, laicos consagrados, sacerdotes diocesanos— han sido invitados a celebrar esta conmemoración “con alegría sobria y humilde”, y como una oportunidad “para escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a nosotros dentro de ella”, como “un tiempo de purificación de la memoria” para experimentar “que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”, y como una ocasión para a reconciliación: “que nadie se sienta excluido en nuestra familia espiritual”, exhorta el P. Eduardo en su misiva

El director general invita a vivir este período siguiendo las actividades propias y cotidianas con un espíritu nuevo, haciendo presente el Reino de Cristo en el mundo por la oración, la comunión y el servicio a los demás. No se prevén actividades conmemorativas multitudinarias. Más bien propone enardecer el espíritu misionero y evangelizador: “Busquen participar en misiones de evangelización, catequesis en parroquias o en colegios” donde “anunciar de manera explícita que el Reino de Cristo está ya presente en medio de nosotros y ayuden a otros a encontrarlo, especialmente por la caridad y el anuncio valiente de la Buena Nueva”, afirma.

Por otro lado, el año jubilar será también ocasión “para fomentar la publicación de escritos que ayuden a transmitir mejor nuestra espiritualidad, profundizar en nuestra historia, identidad y misión. Nuestras universidades pueden ofrecer una valiosa contribución en este campo”, sugiere. Otras iniciativas generales que se proponen son la organización de espacios para el reencuentro, momentos de oración para agradecer y pedir perdón, y ámbitos que favorezcan verdaderos encuentro con Cristo en los que se experimente “la alegría de vivir juntos el evangelio y de ser enviados a instaurar el Reino”.

El director general recuerda en su carta la historia reciente del Regnum Christi: “Hace años estábamos convencidos de que nuestro carisma era parte de la nueva primavera de la Iglesia”, afirma el P. Robles Gil. “Hoy seguimos teniendo esta misma certeza de que es el Señor quien ha suscitado nuestra familia espiritual, y al mismo tiempo reconocemos que en nuestro campo también crece la cizaña y hemos experimentado la fragilidad humana y el pecado. Y no obstante estas debilidades, sabemos que Cristo vive, que nos acompaña también hoy, y que podemos alegrarnos hoy porque su bondad no se apaga y su misericordia es eterna”, concluye.

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Algunos datos sobre el Regnum Christi:

En 1 de julio de 2014 había 21,500 miembros adultos laicos y 10 mil miembros del ECyD, la propuesta pastoral del Regnum Christi para los adolescentes, distribuidos en 30 países.

El 1 de septiembre de 2014 había 67 mil alumnos en los colegios del Regnum Christi; 19 mil alumnos en los colegios Mano Amiga para niños de zonas marginadas; y 34 mil alumnos en las universidades del Regnum Christi y la Legión de Cristo.

Fotos:

            Del P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

            Del Regnum Christi

            Identidad visual del 75º aniversario en varios idiomas (Logos)

 

La carta íntegra se puede leer aquí

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 Para más información:

 

Benjamín Clariond, L.C.; bclariond@legionaries.org; Cel: +39 3299016609

Detenernos con María ante las cruces del hombre de hoy

¡Venga tu Reino!

MOVIMIENTO
REGNUM CHRISTI

DIRECTOR GENERAL

15 de septiembre de 2014
Solemnidad de la Virgen de los Dolores

A los Legionarios de Cristo y
a los miembros del Regnum Christi

Muy queridos padres y hermanos, muy queridos amigos,

En la solemnidad de la Virgen de los Dolores les envío a cada uno un saludo y mis oraciones por sus intenciones, sus familias y su misión apostólica.

En este día la Iglesia nos invita a contemplar, desde el corazón de la Virgen María, la exaltación de su Hijo en la cruz para atraernos a todos hacia sí, y también a venerar a la Madre que comparte su dolor. La compasión de María, que se mantuvo fiel junto a la cruz, nos puede dar muchas lecciones para responder mejor a nuestra vocación de apóstoles del Reino, llamados a anunciar el amor misericordioso de Cristo e invitar a otros a dejarse conquistar por él y así convertirse en apóstoles. Les escribo para compartirles algunas de ellas que me parecen especialmente importantes.

El Evangelio de hoy nos describe en rápidas pinceladas uno de los momentos decisivos de nuestra salvación: «Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa». (Jn. 19, 25-27).

Contemplar a María al pie de la cruz nos ayuda a tomar conciencia desde el corazón y desde la fe de la realidad del dolor y del sufrimiento humano en todas sus dimensiones. Todos nosotros tenemos la experiencia personal del dolor en la propia vida. La Virgen, que sufría al ver a su Hijo ultrajado, nos invita a levantar la mirada para descubrir a tantos miembros dolientes del cuerpo místico. Si miramos atentamente, podremos descubrir a nuestro derredor enfermos y ancianos, personas sin trabajo, hombres y mujeres con dificultades en su matrimonio o con un hijo, huérfanos, viudas, personas heridas por la vida y con ideales rotos, presos, víctimas de la violencia, de las guerras, de la persecución, de la soledad, de la fidelidad a su conciencia y a lo mejor también de nuestra indiferencia…

Jesucristo crucificado quiere acariciar también hoy a quien atraviesa el valle del dolor y que, quizás incluso con lágrimas en los ojos, lanza a Dios esa pregunta tan humana y tan dramática: «¿por qué»?

Jesús responde desde la cruz, de manera a veces casi imperceptible, invitando a quien padece a colaborar en la obra redención participando en su propio sufrimiento, a hacer el bien con Cristo a través de su sufrimiento. (cf. Juan Pablo II, Salvifici Doloris, n. 26).

Pero si el dolor humano es como una invitación de Cristo completar lo que falta a su pasión, la presencia de la Virgen Dolorosa en el Calvario se convierte en un reto para cada uno de nosotros: lo que hiciste con el más pequeño de mis hermanos, lo hiciste conmigo. (cf. Mt. 25, 40). Es un llamado a sentir con Cristo el dolor de los demás; a sentirlo con María que es madre de todos. Ella nos invita a no cerrar los ojos ante el dolor, sino a compadecer, a mostrar misericordia, a hacer el bien a quien sufre. Con su ejemplo, nos impulsa a mirar con fe al hermano o a la hermana que sufren y nos despliega en ellos los horizontes del Reino, que se hace presente por el servicio y la caridad. A veces lo único que puede hacerse será acompañar con la oración y cercanía discreta. Pero también muchas veces podrá hacerse mucho más.

La Virgen de los Dolores, al pie de la cruz, nos enseña a ser audaces en la caridad, a «tocar la carne sufriente de Cristo», como le gusta repetir al Papa Francisco. María nos invita a sacudirnos la indiferencia y a ponernos en camino, a saber dejar de lado nuestras propias preocupaciones, como hizo el buen samaritano: detenernos, interesarnos, curar las heridas, derramar el bálsamo de la caridad, acompañar, saber estar y, si fuera el caso, saber pedir perdón.

La caridad de María al pie de la cruz también tiene una dimensión que se nos puede escapar: Ella no ha querido ser la única que consuela a Cristo, sino que se ha dejado acompañar por Juan y las otras mujeres para aprender juntos del Señor cómo se ama. ¡Cuánto bien nos hacen quienes nos invitan a vencer el temor natural ante el dolor y a buscar aliviarlo en el prójimo! Juan, gracias a María, estuvo ahí para ver el Corazón traspasado por la lanza, y experimentar en primera persona lo que es el amor de Dios y anunciarlo con pasión.

El dolor en la propia vida y en la de los demás puede también oscurecer nuestros horizontes. Me conforta mucho pensar en María. Ella ve a su Hijo muriendo como un malhechor mientras resuenan en su corazón las palabras del ángel: «será grande… reinará… se sentará en el trono de David… será llamado hijo del Altísimo». La imagino luchando como creyente, de pie, mientras se tambalean los fundamentos de su fe. Ella confía en la Palabra de Dios independientemente de lo que ella percibe con sus ojos. Confía que Dios es fiel y repite su «hágase en mí según tu palabra».

La Virgen nos invita a enfrentar el dolor junto a ella, llenos de fe y de esperanza cristiana. Nos alienta a confiar más en el Señor que en las propias fuerzas. Nos anima a hacer lo que está en nuestras manos para seguir el plan de Dios con la certeza de que la gracia no nos faltará. María se mantiene en pie junto a su Hijo y se convierte en modelo de esperanza para nosotros. Nos recuerda que la grandeza de un hombre o una mujer —o de la sociedad entera— «está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre». (Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 38) y nos pide que le permitamos acompañarnos y ayudarnos a darle sentido a las cruces de nuestra vida.

Dejo aquí estas reflexiones, invitándolos a imitar a María, que estaba de pie junto a la cruz de Cristo de modo que como ella y con ella, nos detengamos ante todas las cruces del hombre de hoy. Que éste sea un rasgo de todos los apóstoles del Reino, que no temen ir a las periferias existenciales.

Con un recuerdo en mis oraciones y pidiéndoles las suyas,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.
Director general