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Novena de Cristo Rey

Oración inicial:

Quien preside:

Señor Jesucristo, Rey del Regnum Christi y de la Legión, te damos gracias por haber dado vida a nuestra familia espiritual. Te damos gracias por habernos llamado a cada uno de nosotros a amarte y servirte a ti y a tu Santa Iglesia a través del Movimiento. Te agradecemos por habernos concedido tantas gracias en estos primeros setenta y cinco años de nuestra existencia, y por haber regalado tantas gracias al mundo y a la Iglesia a través del Movimiento. Con la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, de San Pablo Apóstol, de San Juan Evangelista, de San Miguel Arcángel y de San José, te suplicamos que nos ayudes a renovar nuestro amor por ti, por la Iglesia, por nuestro Movimiento y por todos nuestros hermanos, ahora que nos preparamos para celebrar la solemnidad del reinado de tu Sagrado Corazón sobre todo el universo.

Para cada día de la novena, quien preside anuncia el pasaje leyendo el título que se propone. Todos los presentes leen juntos el pasaje correspondiente.

 

Viernes, 13 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama por nuestro nombre (Mc. 1, 16-20)

Todos:

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él[1].

Sábado, 14 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos revela el amor misericordioso, personal y apasionado de su Sagrado Corazón (Jn. 16, 13.15; Mt. 11, 28-30)

Todos:

Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.  Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.  Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.  Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Domingo, 15 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a construir la comunión y a amar como él ama. (Jn. 13. 34-35; Mt. 5, 43-48)

Todos:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.  Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?  Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Lunes, 16 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos llama y nos envía para ser sus testigos en el mundo (Mt. 5, 13-16)

Todos:

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.  Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.  Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.  Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

 

Martes, 17 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos fortalece y nos envía para proclamar la buena nueva de su Reino. (Jn. 15, 16; Mt. 28, 18-20)

Todos:

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. Acercándose a ellos, Jesús les dijo*: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;  enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

 

Miércoles, 18 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos enseña a abstenernos de la dureza de juicio y de la crítica destructiva. (Mt. 7, 1-5.12)

Todos:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.  ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?  ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?  Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano. Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas.

 

Jueves, 19 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús desea que nos mantengamos cerca de él. (Jn. 15. 4-10)

Todos:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6 Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. 7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. 8 Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. 9 Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Viernes, 20 de noviembre de 2015

Quien preside:

A través de San Pablo, Jesús nos recuerda que su gracia nos basta. (Flp. 3, 7-11; 2 Cor 12, 9-10)

Todos:

Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.  Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.  Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Sábado, 21 de noviembre de 2015

Quien preside:

Jesús nos invita a reinar con él desde el glorioso trono de la cruz. (Lc. 9, 23-26)

Todos:

Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.  ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.

 

Oración conclusiva:

Quien preside:

Oremos.

Señor Jesús,

Derrama tu Espíritu Santo para que nos inspire con estas palabras de la Escritura

Aviva en nuestras almas un deseo ardiente y profundo de buscar tu rostro siempre y en todo lugar, de creer sin límites en tu Evangelio, y de vivir en plenitud la vida en abundancia que tú has venido a darnos.

Abre nuestros corazones cada día y en cada situación para acoger tu misericordia y tu verdad.

Incrementa en nosotros el influjo de los dones de tu Espíritu Santo, para que podamos confiar más y más plenamente en ti y seamos testigos valientes y apóstoles tuyos en este mundo herido y necesitado de tu gracia redentora.

Sigue bendiciendo a nuestro Movimiento para que sigamos buscando servir con alegría a la Iglesia y al mundo. Camina junto a nosotros en la senda de la fidelidad a tu Santo Nombre.

En nuestra fragilidad y pequeñez, recuérdanos siempre:

Si nosotros no proclamamos el evangelio, entonces ¿quién?

Si hoy no anunciamos el evangelio, entonces ¿cuándo?

Si no es la verdad del evangelio, entonces ¿qué podemos anunciar?[2]

Quien preside: Sagrado Corazón de Jesús, inflamado de amor por nosotros,

Todos: Inflama nuestro corazón de amor por ti.

Quien preside: ¡Cristo Rey nuestro!

Todos: ¡Venga tu Reino!
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[1] Los textos bíblicos se han tomado del sitio de la Sagrada Biblia: versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. La imagen de la portada es del mosaico de la Iglesia de Santa Clara en el Colegio Francés de Roma. ©Isladetera.

[2] Algunas frases de la oración final se inspiran en la Oración por la nueva evangelización publicada por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB). http://www.usccb.org/prayer-and-worship/prayers-and-devotions/prayers/new-evangelization-prayer.cfm

El Jubileo por el 75 Aniversario

¡Venga Tu Reino!

Roma, 28 de mayo de 2015

A los miembros del Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Dentro de unos días, en la Solemnidad del Sagrado Corazón, vamos a iniciar un tiempo especial de gracia para agradecer a Dios los 75 años de vida como familia espiritual. Pido a Dios que este jubileo, que anuncié en mi carta del 12 de marzo pasado, sea para todos nosotros un tiempo para crecer en la comunión como hermanos e hijos de un mismo Padre, para pedir al Señor de la historia que nos ayude a ser instrumentos dóciles, y para abrir nuestros corazones a lo que el Espíritu Santo nos quiera decir.

El 3 de enero de 1941 se fundó la primera escuela apostólica de la Legión de Cristo, entonces como extensión del seminario de Cuernavaca. Con ese acto, aparentemente insignificante, arrancó la sucesión de eventos por los que el Regnum Christi fue tomando forma gradualmente, para llegar a ser hoy un miembro vivo en el cuerpo de la Iglesia. Ahí inició nuestra historia. En ella percibimos el amor providente y misterioso de Dios, por un lado, y nuestros límites y pecados, por otro. En este contraste de luces y sombras, de alegrías y tristezas, brilla con especial esplendor la misericordia de nuestro Señor que se goza de elegir lo pequeño, lo insignificante del mundo para realizar su plan de salvación.

He decidido iniciar este jubileo en la solemnidad del Sagrado Corazón, tan entrañable para nosotros, para dar un sentido especial de agradecimiento a Dios nuestro Señor, de reparación por nuestras faltas y pecados, y de caridad hacia los demás, traducida, sobre todo, en comunión y en el ejercicio de las obras de misericordia. Quisiera que todos los miembros del Regnum Christi -laicos, consagradas, laicos consagrados, sacerdotes diocesanos y legionarios de Cristo- podamos celebrar juntos la fidelidad de Dios en estos 75 años y la solicitud maternal de la Iglesia para con nosotros. Esta celebración será más auténtica en la medida en que busquemos, desde la oración y la intimidad con Cristo, profundizar más en este don que nos ha dado para la Iglesia y procuremos vivirlo con una fidelidad creciente.

Creo que para todos nosotros ha sido una gratísima sorpresa que, justo un día después del anuncio del jubileo por nuestro 75° aniversario, el Santo Padre haya anunciado su intención de convocar un año jubilar dedicado a la misericordia. Una buena parte de nuestro año jubilar se inserta en este tiempo de gracia para la Iglesia entera. Los invito a que busquemos prepararnos y coprometernos en primera persona para hacer realidad lo que el Papa Francisco expresa en la bula Misericordiae Vultus: «¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros» (n.5).

El Papa Francisco vincula la misión de anunciar el Reino con la vivencia concreta de la misericordia. Ahora que iniciamos nuestro año jubilar, invito a todos a pedir un corazón magnánimo, lleno de la misericordia y pronto para la misión. Pidamos ser mensajeros creíbles de la misericordia, de la que el Regnum Christi ha sido objeto de manera tan especial. Como les decía el pasado 12 de marzo, busquemos todos participar «en misiones de evangelización, catequesis en parroquias o en colegios, o en otro apostolado», incluido el apostolado de la oración. El Santo Padre nos pide salir de nosotros mismos y de nuestra comodidad, ofreciendo a los demás el «bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios». Que seamos un movimiento evangelizador, un movimiento de salida, que se deja penetrar de la caridad de Cristo hacia la humanidad, que a veces anda como oveja sin pastor. Que cumplamos con el mandato evangelizador de Jesucristo: «¡Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio!» (Mc 16,15).

En mi carta de convocatoria, anuncié que el jubileo del Regnum Christi concluiría en la solemnidad de Pentecostés de 2016 pero, ya que el Papa ha convocado un año jubilar de la misericordia, «corazón palpitante del Evangelio» (Misericordiae Vultus n.12), me pareció conveniente cambiar la fecha de cierre de nuestro año jubilar a la Solemnidad del Sagrado Corazón de 2016, para así subrayar la gran importancia que la misericordia de Dios ha tenido en nuestra propia historia familiar y para que sea más evidente que Jesucristo es el centro de nuestra vida, de nuestras aspiraciones y deseos; y también que su Reino es el ideal que inspira todo nuestro apostolado.

Les envío también una novena de preparación a la solemnidad del Sagrado Corazón de este año. Ojalá que su rezo en familia, en las comunidades y secciones, nos ayude a disponernos para recibir la gracia y la misericordia de Dios en nuestros corazones durante este año.

Asegurándoles un recuerdo en mis oraciones,

P. Eduardo Robles-Gil, LC


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