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Parroquias confiadas a la Legión y el RC en Europa: jornadas de reflexión

Los días 20 y 21 de junio se tienen en Roma unas jornadas de reflexión sobre las parroquias confiadas a la Legión de Cristo y al Regnum Christi en Francia e Italia. El encuentro es iniciativa del departamento de pastoral de la Dirección general. Quiere ser un foro para compartir experiencias en un campo de apostolado en el que hemos incursionado no hace mucho tiempo.

Las jornadas buscan hacer una reflexión común sobre la identidad de la parroquia, su acogida al Regnum Christi y a todos los movimientos y realidades eclesiales reconocidas por la Iglesia, y la colaboración que aporta a la nueva evangelización en la Iglesia local. Se quiere también fomentar el intercambio de experiencias entre los párrocos entre sí y con las instancias territoriales y general para lograr un mayor trabajo en equipo.

La reflexión ayudará también a evidenciar la contribución del carisma del Regnum Christi a la vida parroquial, sus oportunidades y límites. El conocimiento de las necesidades y retos de una parroquia también ayudará a integrar elementos en la formación inicial de los legionarios de Cristo y miembros consagrados del Regnum Christi.

Las sesiones están siendo moderadas por el P. Manuel Álvarez Vorrath, director territorial de Italia. Participa también el director territorial de Europa Occidental y Central, P. Andreas Schöggl. Están presentes los párrocos y vicepárrocos de 6 parroquias confiadas a la Legión y al Movimiento en Italia. También representantes de las 3 de parroquias de Francia. Además participa el P. Vincent McMahon, quien fue párroco en Holanda durante más de 20 años. Viviana Limón y otras tres consagradas que colaboran en la vida parroquial participan en las jornadas.

Homilía | Clausura del Año jubilar por el 75º aniversario

El 3 de junio de 2016, Solemnidad del Sagrado Corazón, concluyó el año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación. También se clausuró en Roma la Convención Internacional del Regnum Christi. Nuestro Director general preparó la homilía que publicamos a continuación. (Lecturas: Ez 34, 11-16; Sal 22; Rm 5, 5-11; Lc 15, 3-7)

¡El Señor es mi pastor, nada me falta! Esta aclamación que hemos cantado en el Salmo responsorial expresa muy bien el significado de la Solemnidad del Sagrado Corazón que hoy celebramos. Al mismo tiempo, ilumina la clausura del año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación que iniciamos el día del Sagrado Corazón de 2015 y también el final de los trabajos de la convención internacional de los miembros de 1º y 2º grado del Regnum Christi, cuyas aportaciones nos enriquecen para continuar el camino hacia un estatuto general del Movimiento.

«Yo mismo apacentaré mis ovejas» (Ez. 34, 15)

El profeta Ezequiel nos transmite una visión que nos habla del futuro, que reaviva en el pueblo de Israel el anhelo de la venida del Mesías. Jesucristo en el Evangelio se identifica con el Buen Pastor, pero también nos habla del futuro, de ovejas que están en otro redil y que habrá un solo redil y un solo pastor…

Esta profecía se va realizando gradualmente en el tiempo, y podemos constatar la ternura y misericordia de Dios que ha venido a buscarnos a cada uno de nosotros, y a la Legión y el Movimiento en su conjunto, cuando nos hemos perdido en días de oscuridad y nubarrones (Ez), y ¡vaya que si los ha habido en nuestra historia y no podemos olvidarlos! Él ha querido dar su vida por nosotros, para reconciliarnos con el Padre.

¿No ha sido acaso este año jubilar un volver traer a la memoria la misericordia de Cristo que nos ha llamado a colaborar en la instauración de su Reino, cada uno según la propia vocación de legionario, de laico consagrado o consagrada, de hombres y mujeres seglares, casados o solteros? Para muchos de nosotros, este año ha sido una oportunidad para percibir como Cristo no tiene miedo de ir a buscarnos ahí donde nos encontramos, y de hacerlo Él personalmente, y también a través de la Iglesia, de otros miembros de la gran familia de los bautizados en Cristo.

«Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido»

Hoy concluimos este año de gracia por nuestro 75º aniversario en el que nos proponíamos sobre todo agradecer a Dios por su fidelidad y por los dones que nos concede, reavivar en nosotros el deseo de servirle a través de la oración y del apostolado, especialmente a través de la caridad y la práctica de las obras de misericordia, y también de purificar nuestra memoria, reparar por nuestros pecados y abrirnos a la gracia de la conversión personal e institucional.

Cada uno de nosotros sabe en qué medida se ha abierto a este período extraordinario que la Iglesia nos ha concedido y que hoy concluye. Quedan en nuestros corazones los dones espirituales que él ha querido regalarnos. Pero quizás lo más importante es que hayamos aprendido a contemplar el rostro de Cristo, a dejarnos encontrar por Él para obtener misericordia y a prestarnos para que Él nos envíe como testigos de su amor.

Por este motivo, yo creo que hoy el Corazón de Cristo nos dice con especial fuerza: «Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido». El protagonista de nuestra historia es Él, no nosotros. El que guía nuestros pasos es Él y lo más apropiado para nosotros es reconocer que ha hecho maravillas en nosotros y nos ha colmado de misericordia. No es por mérito nuestro, sino porque Él se gloría de mostrar su bondad y ternura con nosotros. Y su Corazón se alegra cuando acogemos los dones que nos ofrece, aunque muchas veces eso exija renuncias dolorosas a los propios puntos de vista, a nuestros preconceptos, a ciertos modos de hacer las cosas…

La alegría del Corazón de Cristo radica en que hemos podido encontrarnos con Él. Y esta alegría es también la nuestra. Pero en este sentimiento no puede haber ningún vano triunfalismo, ninguna autoexaltación de la Legión y el Regnum Christi. Este período nos ha ofrecido a nivel personal y como familia en la Iglesia la ocasión para tomar plena conciencia de nuestros límites, de nuestras debilidades, titubeos y pecados, para pedir perdón a Dios por nuestras infidelidades durante estos primeros 75 años de nuestra historia. Hoy nuevamente pedimos perdón a quienes se han visto afectados en su fe o en sus personas por nuestros errores y pedimos al Corazón de Jesús que les conceda experimentar su cercanía y la paz. Pero no podemos dejar de vibrar con la alegría interior de quien se sabe profundamente amado, de quien se sabe buscado por el Señor a pesar de ser pecadores y enemigos (Cf Rm 5, 9), que experimenta cómo Él nos carga sobre sus hombros y permite que nuestra cabeza repose en su pecho (cf Lc 15, 5).

Jesús, el Buen Pastor, quiere que sintonicemos con los sentimientos de su Corazón: ¡Alégrense conmigo! ¡Hemos sido hallados! ¡Hemos sido objeto de la misericordia!

Él me guía por el sendero justo… Tu bondad y misericordia me acompañarán todos los días de mi vida. (Sal 22)

Concluimos hoy la convención internacional de los miembros laicos del Movimiento y finalizamos nuestro año jubilar. Ahora, de algún modo, volvemos a nuestras ocupaciones habituales, pero no podemos ser los mismos. Jesús va por delante, marcando el camino… Y es necesario recomenzar desde Cristo y caminar con Él.

Por eso, y siguiendo las consignas y recomendaciones que recibimos del Capítulo General, de las asambleas generales de los miembros consagrados y también que hemos escuchado estos días de trabajo de los miembros de 1º y 2º grado, podemos y debemos acompañar a Cristo por el sendero justo, que, me parece debe incluir los siguientes puntos:

  • Buscar a Cristo y dejarnos encontrar por Él. Por el bautismo somos suyos, algunos de nosotros le hemos consagrado nuestra vida entera. Detengámonos en la oración, la contemplación de Cristo para gozar profundamente de la alegría de la intimidad con Él, de su misericordia. Que seamos hombres y mujeres que no sólo han leído sobre Cristo, sino que lo conocen y lo aman, especialmente a través de la Palabra de Dios, la oración, los sacramentos y el amor al prójimo. Que busquemos responder a su amor en el compromiso cotidiano por la santidad en la vivencia de nuestra vocación específica y modo de expresar el carisma que el Señor nos ha dado y que ha sido confirmado como auténtico por la Iglesia (cf. Lumen Gentium 12).
  • Ser testigos de su misericordia, de comunión y de reconciliación. No olvidemos nuestra historia, con sus luces y sombras, pero tampoco vivamos del pasado, con todo lo bueno y lo malo que ha habido. Demos testimonio hoy de los efectos de la misericordia que hemos encontrado en el Corazón de Cristo fomentando la comunión entre nosotros y en toda la Iglesia, el diálogo, la capacidad de acoger al otro, de perdonar y de pedir perdón. Seamos pacientes unos con otros, como Jesús lo ha sido con todos, pero no nos detengamos en el camino ni olvidemos a nadie atrás, pues el Buen Pastor no deja que se le pierda ninguna oveja. Abrámonos al futuro con esperanza dando testimonio en el mundo de la verdad del Evangelio.
  • Ser sus apóstoles y estrechos colaboradores. El Señor Jesús nos ha invitado a estar con Él y a enviarnos a predicar. Quiere que seamos sus ovejas, buenos discípulos, y a la vez, buenos pastores, misioneros. Tenemos que ver más allá de nuestras dificultades y ver las necesidades del mundo y de la Iglesia: ¿cómo podemos responder a estos desafíos? ¿Cómo podemos hacer que el mensaje de amor de Cristo resuene con fuerza, de manera creíble en los corazones de los hombres? ¿Cómo podemos prestarnos para que el Buen Pastor siga encontrando a las ovejas que se le han perdido? ¡Dejemos que el Señor nos revista con su Espíritu Santo Consolador y pidamos que nos dé sus mismos sentimientos!

Hoy termina un año de especial gracia para nuestra familia de la Legión y del Regnum Christi. Seguimos inmersos en el año jubilar de la misericordia. Pidamos al Señor por el Papa Francisco y su ministerio. Pidamos también que nos envíe buenas y santas vocaciones a la vida consagrada en el Movimiento, a la Legión. Pidamos al Corazón de Cristo que bendiga a las familias, especialmente las que pasan momentos difíciles, para que sean lugares de irradiación de su amor. Pero sobre todo, pidamos al Buen Pastor que nos haga comprender cuál es el programa que nos propone para nuestro futuro y que se resume en seis palabras: ¡Cristo Rey Nuestro! ¡Venga tu Reino!

Más fotografías de la celebración en: https://flic.kr/s/aHskBEKEMe

 

 

Carta del Director general sobre la comunión en el Regnum Christi

17 de abril de 2016

A los Directores territoriales del Regnum Christi
A los miembros de los Comités territoriales
A los consejeros territoriales de la Legión de Cristo

Muy estimados en Jesucristo:

Al celebrar el domingo del Buen Pastor, fiesta dedicada a los Directores territoriales, he querido escribirles esta carta para felicitarlos muy cordialmente y asegurarles mis oraciones para que Dios nuestro Señor los siga sosteniendo en su labor. Felicito a quienes hoy ejercen el servicio de la autoridad como Directores territoriales y también a los colaboradores que, trabajando en equipo, forman un cuerpo con ellos.

Desde hace varios meses hemos estado profundizando en el Comité directivo general sobre la comunión en el Regnum Christi y las dificultades que van surgiendo para que ésta se desarrolle y crezca. Quiero hoy compartir con ustedes algunas reflexiones sobre este tema, con el fin de ayudarnos a ahondar en la riqueza de la comunión cristiana tal y como señala el Horizonte programático del sexenio, identificar algunos factores que la dañan y ofrecen oportunidades para construirla, en nuestra búsqueda continua para que el Regnum Christi sea una expresión genuina de comunión evangelizadora y misionera. Es una carta larga, y no he querido omitir el fundamento teológico, dado que ofrece la premisa de la que se desprenden las conclusiones más prácticas.

1. Visión cristiana de comunión

El punto de referencia obligado para tener una visión completa de la comunión cristiana lo encontramos en 1Jn 1, 3-4: «Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa».

En una entrevista concedida a la agencia de noticias Zenit, el Card. Ratzinger comentaba este texto afirmando que «lo que se nos ha dado con la fe, con el ser cristiano, es ante todo la comunión con Dios, con el Dios Trinidad, que en sí mismo es comunión. Ésta es la belleza que nos ofrece la revelación: Dios es comunión y por ello puede dar comunión. El hombre, con la comunión con Dios, entra en comunión con todos los demás hombres que viven en la misma comunión. Aquí se encuentran la línea vertical y la horizontal y se convierten en una única realidad. El Dios Trinitario, que es comunión, crea la comunión humana más amplia y profunda» (RATZINGER, J., «La comunión en la Iglesia no es un hecho sociológico (I)», Zenit, edición española, 20 de febrero de 2004).

Partiendo de estas densas palabras del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la primera carta de Juan podemos recordar algunos elementos alrededor de la visión cristiana de la comunión.

El punto de partida de la comunión cristiana es el encuentro personal con Jesucristo, Hijo de Dios. Este encuentro se da en la fe que alimentamos a través del anuncio de la Iglesia y crea comunión con Cristo y, por lo tanto, con el Padre en el Espíritu Santo. La comunión con Cristo une, además, a los hombres entre sí y, como nos dice el evangelio de Juan, está finalizada a la «alegría completa» (cf. Jn 15, 11). La Lumen Gentium nos recuerda que la unión con Cristo se realizará plenamente sólo cuando lo veremos tal como es (cf. Lumen Gentium, n. 48).

«La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen Gentium, n 1). Así, el Pueblo de Dios y Cuerpo místico de Cristo, al que somos incorporados por el Bautismo, continúa la misión de Cristo en la historia y de algún modo lo hace visible: «como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes» (Jn 20, 21). La Iglesia en cuanto comunidad y cada cristiano estamos llamados a tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo y realizar el designio divino de «que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos» (Gaudium et Spes, n. 24).

En el Credo profesamos que la Iglesia es una. Esta característica esencial de la Iglesia «se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 814) y no está exenta de las amenazas propias de las consecuencias del pecado (cf. idem).

De entre los sacramentos, que son uno de los vínculos visibles de la Iglesia, la Eucaristía tiene un lugar especial. San Pablo expresa esta verdad con claridad: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es acaso participación de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es acaso participación del cuerpo de Cristo? Pues si el pan es uno solo y todos compartimos ese único pan, todos formamos un solo cuerpo» (1Co 10, 16-17). De este modo, comprendemos que Cristo presente en la Eucaristía edifica a la Iglesia como su cuerpo y, por medio de la Eucaristía nos une al Dios uno y trino y entre nosotros. La Eucaristía incluye el servicio sacerdotal de la representación de Cristo, la acción de servicio y caridad, y la síntesis de la unidad y la multiplicidad, pues Cristo es uno solo y uno solo es su cuerpo.

En el don de Cristo y de su Espíritu que recibimos en la comunión eucarística, el Señor colma los anhelos de unidad fraterna que hay en el corazón humano y eleva la experiencia de fraternidad a un nivel muy superior a la simple convivencia entre los hombres. Como decía San Juan Pablo II: «A los gérmenes de la disgregación entre los hombres […] tan arraigada en la humanidad a causa del pecado, se contrapone la fuerza generadora de unidad del cuerpo de Cristo. La Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre los hombres» (Ecclesia de Eucharistia, n. 24).

Partiendo de este fundamento teológico, recordamos que el amor de Dios nos une a todos en un solo cuerpo. Nosotros estamos llamados a que esta comunión sea más visible. El amor de Dios nos impulsa a buscar el bien común, a interesarnos por todos y cada uno de nuestros hermanos, a afianzar y promover lo que nos une, a participar como miembro vivos de la Iglesia, y también a eliminar lo que destruye o debilita las relaciones interpersonales (cf. Evangelii Gaudium, n. 67).

2. Amenazas para la comunión y oportunidades para edificarla

En una conferencia organizada por el Comité para el Gran Jubileo del año 2000, Card. Ratzinger advertía que, aunque un concepto sea rico en significado, fácilmente se puede reducir a algunos aspectos, desvirtuando así su riqueza. Comentó también que a pocos años del Sínodo de 1985 fue necesario que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicara la carta Communionis notio para clarificar algunas desviaciones que se presentaban en el uso del concepto de la comunión, que en ocasiones se convertían en problemas de carácter práctico, de relaciones interpersonales o de una visión demasiado horizontal, entre otros (RATZINGER, J., «Conferencia sobre la eclesiología de la Lumen Gentium», en el Congreso Internacional sobre la aplicación del Concilio Vaticano II, 27 de febrero de 2000).

El Regnum Christi, como miembro vivo de la Iglesia, también experimenta las limitaciones humanas de quienes formamos parte de él. En la vida de todos los días podemos encontrar en nosotros mismos algunos preconceptos, ideas y actitudes que pueden poner en peligro o dañar la comunión. Quisiera evidenciar algunas situaciones en las que conviene estar especialmente atentos porque pueden ser ciertamente una amenaza para la comunión, pero que podemos aprovechar también como ocasión para que el don de la comunión brille con más fuerza y se arraigue más en nuestro vivir de cada día.

a. Conocernos para poder entrar en comunión

A veces la comunión se debilita porque falta un mayor conocimiento entre nosotros, un interés por descubrir la riqueza que Dios ha regalado al Movimiento y a la Iglesia en cada miembro del Movimiento, en cada consagrada, en cada laico consagrado y en cada legionario. Si esto es verdad a nivel personal, lo es también en el conocimiento y aprecio de los miembros de cada rama por los demás, reconociendo su aportación particular a todo el cuerpo del Regnum Christi.

Este conocimiento no busca solamente cultivar relaciones cordiales entre todos, sino también favorecer la unidad en la multiplicidad de modos en que Dios ha querido que se viva el carisma del Movimiento. Se trata de hacer resonar, como en una sinfonía, la música de Dios en la armonía que proviene de distintos instrumentos que aportan lo que les es propio.

Aquí también existe siempre el peligro de un cierto igualitarismo, según el cual en la comunión sólo podría haber plena igualdad. En la conferencia que he citado arriba, el Card. Ratzinger afirma que esto lleva a la discusión tan humana sobre quién es el más grande (cf. Mc 9, 33-37) y sobre nuestros derechos de precedencia. Hace que, en cierto modo, centremos nuestra atención en nosotros mismos y no en el amor de Jesucristo que experimentamos y que estamos llamados a anunciar y compartir.

Esto no quiere decir que en el gobierno del Movimiento no haya muchos asuntos que se deban discutir. De hecho, desde el 19 de marzo de 2014 contamos con un Marco para la colaboración en la misión, que es fruto de un diálogo sobre el modo de llevar adelante el gobierno del en su totalidad. En estos dos años lo hemos ido aplicando a nivel general, territorial y local y hemos podido comprobar los aciertos y también los límites de lo que entonces decidimos. Esto nos ha dado ocasión para apreciar todo lo bueno que hay y también sobrellevar con paciencia los límites que encontramos en nuestros hermanos.

Para crecer en comunión y para hacer que el don de Dios florezca, parece importante seguir profundizando en nuestra comprensión de la misión común y fomentando una comunicación franca entre nosotros a todos los niveles, que nos permita agradecer y celebrar juntos los aciertos y señalar también las diferencias y conflictos con caridad y verdad. Hay que buscar que no reduzcamos nuestra conversación a elementos organizativos o de gestión, sino que siempre esté presente nuestra relación con Dios y también nuestro servicio al prójimo y nuestra misión.

b. La diferente comprensión y asimilación del proceso de renovación

San Pablo nos recuerda la diversidad de los miembros que forman un solo cuerpo. Subraya la importancia que tiene en el designio divino que haya distintos miembros con diferentes características y funciones (cf. 1Co 12, 12-31). También evidencia que pueden darse tensiones entre los distintos miembros, pero invita a la convicción de que todos son necesarios y de que todos deben cuidarse mutuamente.

En el cuerpo del Movimiento también existe gran diversidad de edades, culturas, experiencias, psicologías y responsabilidades. Todo esto constituye una riqueza para nuestra comunión en Cristo. Sin embargo, parecería que a veces no se acepta que pueda haber una diferente comprensión de la realidad y asimilación del proceso de renovación que hemos recorrido y recorremos todavía. Al mismo tiempo, a veces se hacen generalizaciones sobre la actitud de alguna rama basados en el comportamiento de algunas personas individuales. Todo esto rompe la comunión y debilita la unión que el Señor ha querido regalarnos al invitarnos a esta familia en la Iglesia y debemos hacer un esfuerzo consciente por evitarlo.

Conviene valorar bien las resistencias que algunas personas presentan ante uno u otro aspecto de la renovación que estamos recorriendo de la mano de la Iglesia. Sigue siendo verdad que uno de los rasgos más genuinos del miembro del Movimiento es caminar al paso de la Iglesia, que se traduce especialmente en la obediencia a las indicaciones y mandatos del Santo Padre. Al mismo tiempo, no se nos oculta que algunas personas pueden experimentar una cierta dificultad para obedecer con alegría y prontitud. Quienes ejercen el servicio de la autoridad en la Legión y el Movimiento deben velar para que estas dificultades no sean ocasión de que se desgarre la comunión y buscar más bien ayudar con paciencia y decisión a estos hermanos y hermanas nuestros a superar sus dificultades por la fe, aunque a veces les exija algún desprendimiento doloroso. Sabemos que para el cristiano, los momento de dificultad y sacrificio son ocasión de participación más estrecha en el misterio de Cristo, que nos asocia a su pasión, muerte y resurrección (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 521).

El Papa Francisco recordaba en México a los obispos que es importante hablar sobre los conflictos y las diferencias para buscar juntos la verdad. Al mismo tiempo, invitaba a no dejar que éstos hicieran olvidar que somos hermanos en Cristo que rezamos juntos, nos perdonamos, nos animamos mutuamente. Estas palabras del Papa nos recuerdan que habrá diferentes puntos de vista, incluso desencuentros, pero que la comunión debe prevalecer siempre sobre el conflicto (cf. Evangelii Gaudium, n. 228) y nos invitan ayudarnos como hermanos para caminar desde el lugar en donde nos encontremos para edificar juntos el Regnum Christi y la Iglesia.

c. Las exigencias de unos con otros

Otro elemento que puede dañar la comunión son las exigencias o expectativas excesivas, o al menos no realistas, de unos con otros. La contraparte de esto es una cierta irresponsabilidad respecto a los demás en la conducta personal o grupal.

Así, nos encontramos con personas o comunidades que no aceptan las limitaciones de los demás: en su capacidad organizativa, su predicación, su profundidad espiritual, aspectos de formación humana o intelectual, sensibilidad, etc. A veces podemos mirar estas fragilidades –reales o percibidas– más que todo el bien que este hermano o hermana de hecho realiza y lo que aporta con su vida al Movimiento y a la Iglesia. Y de ahí, fácilmente se puede pasar a comentarios hirientes, ironías, actitudes altaneras o incluso faltas elementales de educación y respeto. Todo esto puede herir profundamente a quien se ve afectado por estos comportamientos que contradicen el espíritu del evangelio.

Una mirada misericordiosa como la de Jesucristo, que no niega el mal que hay en las personas, pero que trata de rescatar todo lo bueno que hay para así vencer el mal con el bien, es quizás el mejor medio para superar esta amenaza a la comunión. Así como el Señor va a buscar a las personas ahí donde se encuentran para acercarlas a su Corazón, igualmente nosotros debemos salir al encuentro de los demás, teniendo bien presentes los límites personales y no solamente los ajenos.

Necesitamos fomentar una mirada respetuosa ante nuestros hermanos, capaz de apreciar los distintos puntos de vista; y también cultivar la confianza mutua de quien sabe que somos miembros de un mismo cuerpo y queremos hacer presente el Reino de Cristo en el mundo en respuesta a nuestra vocación. Esta diversidad presente en la Iglesia y en nuestra familia espiritual nos recuerda que la comunión no es uniformidad, «sino un don del Espíritu que pasa a través de la variedad de los carismas y de los estados de vida. Éstos serán tanto más útiles a la Iglesia y a su misión, cuanto mayor sea el respeto a su identidad. Todo don del Espíritu es concedido con objeto de que fructifique para el señor en el crecimiento de la fraternidad y de la misión» (Vita consecrata, n. 4).

Otro factor que puede poner en riesgo la comunión es no sentirnos responsables en primera persona tanto del don de Dios como de nuestros hermanos. Por ello, para vencer este peligro, debemos «vigilar y orar» y «sobrellevar las cargas unos de otros» (Ga 6, 2). Esto incluye también reconocer y enfrentar a tiempo los problemas y no creer nunca que simplemente el paso de los días los resolverá automáticamente. No podemos permitir que las heridas se guarden en el interior del corazón, pues corremos el peligro de que engendren rencores y divisiones. Es mejor hablar con caridad, verdad y respeto mutuo, aunque pasemos un mal rato, que guardar apariencias que a la larga traerán más dolor y amargura.

El diálogo sincero, la oración común y la constante referencia a Cristo, a la Iglesia y a la misión, nos pueden ayudar no sólo a vencer estas fuerzas disgregadoras, fruto de nuestra naturaleza caída. También se convierten en ocasión para crecer en la verdad y en el amor y hacer más evidente nuestra unión con Cristo y en Cristo, que es el distintivo de los discípulos del Señor (cf. Jn 13, 35). Este diálogo se verá enriquecido si sabemos agradecer siempre a los demás, pedir permiso y también pedir y otorgar el perdón (cf. FRANCISCO, Audiencia general, 13 de mayo de 2015).

Así, bien conscientes de los retos que nos presenta la fragilidad humana para la comunión, si estamos atentos al Espíritu Santo, podremos responder generosamente a la acción de la gracia y, como nos pedía San Pablo, «buscar las cosas de arriba» (cf. Col 3, 2).

3. Una comunión evangelizadora

El cristiano vive en comunión con Jesús y por ello se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. La comunión y la misión son como las dos caras de una misma moneda: cuando el discípulo vive la comunión y está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva. El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor y no hay futuro. (cf. BENEDICTO XVI, Discurso inaugural de la V Conferencia del CELAM, 13 de mayo de 2007). De este modo, la comunión se abre a la misión y a la evangelización.

La comunión con Jesús, de la que brota la comunión con los hermanos, es necesariamente una realidad fecunda: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Jn 15, 5). Dar fruto es signo de estar en comunión con Cristo y exigencia para permanecer en ella, pues el Señor mismo nos dice: «Todo sarmiento que no da fruto [mi Padre] lo corta» (Jn 15, 2).

En un texto muy rico, San Juan Pablo II escribía: «la comunión con los otros es el fruto más hermoso que los sarmientos pueden dar: es don de Cristo y de su Espíritu. Ahora bien, la comunión genera comunión, y esencialmente se configura como comunión misionera. En efecto, Jesús dice a sus discípulos: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado a que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16). La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión. Siempre es el único e idéntico Espíritu el que convoca y une la Iglesia y el que la envía a predicar el Evangelio “hasta los confines de la tierra” (Hch 1, 8)». (Christifideles Laici, n. 32)

Como a miembros vivos de la Iglesia, el Espíritu Santo nos invita a los miembros del Regnum Christi a anunciar el Evangelio a todos, en todo lugar, a tiempo y destiempo. Tenemos que tener presente que los hombres y mujeres tienen derecho a conocer y experimentar la riqueza del amor que Dios les ha tenido en Cristo (cf. Evangelii Nuntiandi, n. 53). Y este anuncio será convincente sólo si va acompañado por una vida de búsqueda de la santidad.

Esta predicación será más elocuente si procuramos que nuestro testimonio de comunión fraterna sea atractivo y hermoso de modo que deje traslucir la presencia de Cristo en medio de nosotros. Cuando nos alentamos mutuamente, nos cuidamos, practicamos las obras de misericordia estamos evangelizando y hacemos avanzar la causa del Reino (cf. Ad gentes, n. 12). Quizás la comunión brilla más cuando somos capaces de alegrarnos por los frutos de los demás, cuando somos capaces de hacer nuestros los gozos y los triunfos de nuestro prójimo y también si sabemos estar a su lado y confortarlos en las tristezas, la angustia, el fracaso y la soledad. Es entonces cuando nos convertimos en una comunidad evangelizadora, pues el Espíritu Santo puede valerse de nosotros para atraer a Cristo a quien entra en contacto con nosotros y a quien nosotros le manifestamos a Aquél que nos ha robado el corazón.

Para convertirnos en una verdadera comunidad evangelizadora, para ser apóstoles en comunión, necesitamos recorrer todos los días el camino de la conversión pastoral en la que el Papa Francisco tanto insiste en la Evangelii Gaudium.

Desgraciadamente la palabra «pastoral» se usa con frecuencia como sinónimo de algo poco serio, superficial, no científico. Sin embargo, participar en la misión del Buen Pastor es algo exigente, serio, comprometedor y desafiante: requiere una actitud espiritual honda y motivadora, una formación sólida, un conocimiento de la Palabra que le permita discernir los signos de los tiempos y comunicar el Evangelio a personas concretas, con sus circunstancias, para ayudarles a encontrar en Cristo una respuesta a sus anhelos más profundos y que así Él pueda transformarlos en apóstoles.

Esta conversión pastoral tiene en primer lugar la dimensión de la conversión a Dios, como único fin de nuestras vidas. Es verdad que hemos hecho todos una opción fundamental por Cristo cuando respondimos a nuestra vocación, y a lo largo del camino la vamos renovando. Pero podemos decir con toda honestidad que todavía no hemos llegado a la meta, que todos somos pecadores y que necesitamos volvernos al Señor y pedirle su misericordia.

Ahora bien, esta conversión no es un simple hecho individual, sino que la nueva vida en Cristo sólo se desarrolla plenamente en la comunión fraterna porque «Dios en Cristo no redime solamente a la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres humanos» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 52). En Cristo nos permite vivir la comunión que se alcanza y madura en la medida en que se entrega la propia vida para dar vida a los demás. El Señor ha querido regalar al Regnum Christi una rica diversidad de vocaciones particulares que expresan de manera distinta la igual dignidad de todos sus miembros, cada una con una identidad y compromiso específico para realizar la comunión. La conversión pastoral nos invita a hacer realidad lo que decía San Pedro: «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1Pe 4, 10).

Hace dos años, después de concluir el Capítulo general y las Asambleas generales, hemos constituido los Comités directivos general y territoriales del Regnum Christi, en los que participan legionarios, laicos consagrados, consagradas y seglares no consagrados del Movimiento, y nos hemos dado un Marco para la colaboración. Se trata de estructuras provisionales para favorecer la comunión en el cuerpo del Movimiento con su cariz decididamente evangelizador. Hemos aprendido mucho sobre la marcha, reconociendo aciertos y errores. Hemos podido gozar de la paciencia y comprensión ante los titubeos y las incertidumbres y a la vez hemos buscado poner lo mejor de cada uno para servir a nuestros hermanos. Los miembros del Comité directivo general nos hemos enriquecido mucho en las visitas y el intercambio con los territorios, que nos han ayudado a redimensionar algunos aspectos.

El documento Orientaciones y normas para el funcionamiento de los Comités directivos territoriales del Regnum Christi prevé qué temas deben tratarse en los comités, cuándo se trata de oír un parecer consultivo y cuándo se necesita el consentimiento del mismo. Algunos miembros de los Comités se lamentan de que se deben tratar demasiados temas, mientras que otros se lamentan de lo contrario, de que el Director territorial no consulta lo suficiente al Comité. Estamos en una fase transitoria y de aprendizaje, que nos dará una visión más amplia en la elaboración del Estatuto general del Regnum Christi. Invito a todos a seguir lo que dice este documento y a proponer enmiendas o adaptaciones a nivel territorial si ven que algo no está funcionando. No es fácil en la práctica encontrar la manera de unir la custodia del carisma que nos une, la comunión, el impulso de la misión, la autonomía de las ramas y la gobernabilidad del Movimiento. Es un tiempo bueno para la paciencia y la misericordia, para escuchar al Espíritu Santo con iniciativa y creatividad.

Los Comités y el Marco son estructuras que también tienen que pasar por la conversión pastoral para revisar si facilitan o no la comunión y la presencia evangelizadora que el Movimiento hoy está llamado a ofrecer a la Iglesia y a la sociedad. Debemos seguir identificando aquello que hace que fluya la presencia del Espíritu Santo hacia el cuerpo del Movimiento y también corregir con realismo aquello que obstaculiza la acción misionera en salida que hoy necesitamos. Las estructuras están vivas si ayudan a que nuestra comunión se haga evangelizadora, si nos ayudan a ser una comunidad de apóstoles. Y se hacen caducas cuando nos roban la ilusión y la energía para tener delante de los ojos y en el corazón la misión para la que el Espíritu Santo ha suscitado el Regnum Christi y la Legión, y más bien nos empujan a centrarnos más en nosotros mismos.

Quienes tienen alguna responsabilidad en el Movimiento, desde el Director general hasta un responsable de equipo, y de modo especial los Comités directivos territoriales, tenemos la responsabilidad de fomentar la comunión evangelizadora siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas que tenían todo en común, se reunían para escuchar las enseñanzas de los apóstoles y para la fracción del pan y se distinguían por su caridad y su alegría de poder padecer algo por el nombre de Jesús (cf. Hch 9, 16). A veces nos corresponde estar adelante para indicar el camino; otras veces, nos toca simplemente estar con los hermanos con cercanía fraterna y caridad auténtica; y otras caminar detrás, ayudando a quienes van más lentos y, sobre todo, alentando la iniciativa de todos los miembros porque el Espíritu Santo con frecuencia les inspirará nuevos caminos para responder a las necesidades de la Iglesia.

Invito a todos a reflexionar y discernir juntos, en la presencia del Señor resucitado, pidiendo luz para ver cómo se puede fomentar la auténtica comunión cristiana en los equipos del Regnum Christi y del ECYD, en las secciones, obras, centros educativos, en las comunidades de legionarios y hombres y mujeres consagrados, en las localidades y también en su territorio y entre los territorios. Necesitamos pedirle al Señor y encontrar caminos para que el Movimiento y la Legión se conviertan en escuelas de comunión. No tengamos miedo a hacer cosas de una manera diferente a como las veníamos haciendo si vemos que el Espíritu Santo así lo quiere, sabiendo que a la autoridad eclesial le corresponde también discernir la autenticidad de los carismas (cf. Christifideles Laici, n. 24). Cuando el Señor nos pide algo es siempre porque quiere darnos aún más.

Promovamos entre todos los miembros y entre las distintas vocaciones que conforman nuestro Movimiento una cultura de comunicación que favorezca la comunión y la corresponsabilidad por el Movimiento. Si realmente buscamos conocer a nuestros interlocutores y valorar lo que son y hacen, es probable que el diálogo sea más fecundo y engendre vida, y que de ahí la gracia pueda prender la chispa de la evangelización. Que logremos con nuestra comunión ser camino para que los bautizados se conviertan en apóstoles del Reino.

Concluyo estas reflexiones con otra cita de la Christifideles Laici, que se puede aplicar, por analogía, al Regnum Christi:

«Por la evangelización la Iglesia es construida y plasmada como comunidad de fe; más precisamente, como comunidad de una fe confesada en la adhesión a la Palabra de Dios, celebrada en los sacramentos, vivida en la caridad como alma de la existencia moral cristiana. En efecto, la “buena nueva” tiende a suscitar en el corazón y en la vida del hombre la conversión y la adhesión personal a Jesucristo Salvador y Señor; dispone al Bautismo y a la Eucaristía y se consolida en el propósito y en la realización de la nueva vida según el Espíritu.

En verdad, el imperativo de Jesús: “Id y predicad el Evangelio” mantiene siempre vivo su valor, y está cargado de una urgencia que no puede decaer. Sin embargo, la actual situación, no sólo del mundo, sino también de tantas partes de la Iglesia, exige absolutamente que la palabra de Cristo reciba una obediencia más rápida y generosa. Cada discípulo es llamado en primera persona; ningún discípulo puede escamotear su propia respuesta: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1Co 9, 16)» (Christifideles Laici, n. 33).

Les pido que nos compartan las iniciativas que tengan para profundizar en el contenido de esta carta y que lo transmitan, de manera que los legionarios, laicos consagrados, consagradas y miembros seglares podamos responder cada día mejor al don de la comunión evangelizadora a la que hemos sido llamados. Confío infinitamente en la Providencia de Dios que nos guía a la verdad, así como en la inteligencia y buena voluntad de todos ustedes, para conseguir lo mejor para el Regnum Christi.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros y nos ayude a manifestar su misterio de amor al mundo para que el mundo crea.

Su hermano en Cristo y el Movimiento,

P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

El Director general en la Asamblea territorial de Italia

Roma. Del 4 al 6 de marzo se celebró en Roma la Asamblea territorial de Italia para los miembros de primer y segundo grado del Regnum Christi. El encuentro tuvo lugar en el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae

La asamblea territorial es el momento culmen de la tercera fase del proceso de revisión de los Estatutos de los miembros de primero y segundo grado. Participaron 59 miembros del Movimiento: 49 laicos y el resto representantes de las ramas consagradas del Movimiento: legionarios, consagradas y laicos consagrados.

El viernes 4 de marzo el Director general presidió la concelebración eucarística para todos los participantes. Estuvo también el Director territorial de Italia, P. Manuel Álvarez Vorrath LC, quien era presidente de la Asamblea territorial de Italia.

Se pueden consultar los documentos de trabajo en lengua italiana en el sitio www.rcstatutes.org.

La galería fotográfica de la Asamblea territorial de Italia está disponible en: https://flic.kr/s/aHskvwGkWN

 

Agradecidos por la fidelidad de Dios

Aguascalientes, México. El 1 de enero, solemnidad de “María, Madre de Dios”, los miembros del Regnum Christi de Aguascalientes se dieron cita en el Instituto Cumbres para agradecer a Dios con una celebración eucarística por los 75 años de la Legión y el Regnum Christi.

Participaron los miembros del Regnum Christi en la ciudad, algunas familias de legionarios y consagradas, alumnos de los centros vocacionales, las familias de los colegios Alpes, Cumbres, Mano Amiga y de la UNID.

En su homilía el P. Eduardo agradeció a la localidad de Aguascalientes por la acogida y el cariño que siempre ha mostrado a los legionarios,  a las consagradas y consagrados. Y subrayó que esto se notaba en el ambiente de alegría que reinaba entre todos en la celebración para conmemorar los 75 años de la fundación del Regnum Christi.

10 años de la Legión y el Regnum Christi en Palermo

Los días 17 y 18 de octubre los miembros del Regnum Christi de Palermo celebraron el 10º aniversario de la llegada del Movimiento a esa diócesis. Los festejos iniciaron con una concelebración eucarística en la iglesia de Santa Ana, presidida por el Card. Paolo Romeo. Lo acompañaron nuestro director general, el P. Eduardo Robles-Gil, el director territorial de Italia, P. Manuel Álvarez Vorrath, el P. Miguel Cavallé, quien acompañó los primeros pasos del Regnum Christi en la diócesis. Concelebraron también los legionarios que ejercen su apostolado en Palermo.

Estuvieron también presentes Karina Mondragón, directora territorial de las consagradas del Regnum Christi, y Alberto García, respresentante de los laicos consagrados del Regnum Christi.

La Sra. Ida Giganti, coordinadora local de apostolado, mencionó: «Cuando empezamos el Movimiento aquí, estábamos siguiendo un impulso más grande que nosotros. No teníamos idea de lo que el Señor nos tenía preparado. Estos diez años han sido una historia de amor».

El H. Giovanni D’Agostino, novicio palermitano que se encuentra ahora en Gozzano, escribió una carta a todos recordando cómo el crecimiento del árbol del Movimiento en Sicilia no ha sido fácil, especialmente cuando el apostolado no da los resultados esperados, pero el Señor nos invita a gritar de todos modos al mundo la verdad que hemos encontrado.

Las celebraciones continuaron con una convivencia en familia, con actividades deportivas y culturales para las distintas edades.

Encuentro con el Comité directivo territorial de Italia

13 de octubre de 2015. Los días 12 y 13 de octubre los miembros del Comité directivo general del Regnum Christi se encontraron con los miembros del Comité directivo territorial de Italia. La finalidad de este encuentro fue valorar juntos la marcha del Movimiento Regnum Christi en el territorio de Italia, conocer los retos y necesidades para poder ofrecer un mejor servicio desde la Dirección general del Movimiento. Presidió las reuniones el P. Eduardo Robles-Gil, L.C. Estuvo presente Gloria Rodríguez, directora general de las consagradas. Participaron también los directores territoriales de Italia: P. Manuel Álvarez, L.C. y Karina Mondragón. Por su parte Alberto García representó a los laicos consagrados. Estuvieron también tres miembros seglares del Regnum Christi del territorio que forman parte el Comité territorial.

El P. Eduardo Robles-Gil, L.C. presidió la eucaristía para los participantes el 13 de octubre.

Renovarnos en la misión

9 de octubre de 2015. El P. Eduardo Robles-Gil, el P. Sylvester Heereman, Viviana Limón y Javier Bendek presentaron a los legionarios de Cristo, laicos consagrados y consagradas que viven en Roma el camino recorrido en la renovación del Movimiento Regnum Christi. La reunión tuvo lugar en el Centro de Estudios Superiores.

El director general introdujo el encuentro recordando que lo que se busca en este proceso es, sobre todo, la renovación de todo el Movimiento. También tenemos que llegar a un Estatuto general del Regnum Christi que nos ayude a custodiar el carisma y la identidad del Movimiento.

Viviana Limón explicó las etapas del proceso recorrido hasta ahora. Son cuatro etapas: La primera de estudio y reflexión de los miembros de 1º y 2º grado sobre su identidad y misión en el Movimiento. Durante esta etapa hay cuatro fases: la primera, ya concluida, de estudio y documentación para poder participar de manera informada en las siguientes fases; la segunda con las reflexiones sobre el Movimiento en torno a unos subsidios que ha enviado la Comisión central par ala revisión del Estatuto y la elección de delegados para las convenciones territoriales; la tercera, que empezará en los próximos meses, con las convenciones territoriales que harán una propuesta para la convención internacional y elegirá los representantes del territorio; la cuarta será la convención internacional que se celebrará en torno a la solemnidad del Sagrado Corazón de 2016 en Roma y que será presidida por el director general del Regnum Christi. La segunda etapa será la elaboración canónica de las recomendaciones hechas por la convención internacional. En la tercera se dará la posibilidad a todas las ramas del Movimiento a ratificar o no la propuesta. Una vez hecho esto, se presentará el Estatuto a la Santa Sede para aprobación.

El P. Sylvester Heereman puso al día sobre los temas para la reflexión de los miembros de 1º y 2º grado y concretamente sobre el capítulo 7, que tiene que ver con el gobierno y modo de pertenencia al Regnum Christi de los miembros laicos. Aunque se trata de un tema árido y de carácter más bien jurídico, es importante escuchar el parecer de los miembros que reflexionan para ver qué es lo que el Espíritu Santo quiere. Igualmente, recordó que hay que buscar de entre las figuras canónicas existentes cuál es la que mejor refleja nuestra realidad en este momento.

Finalmente Javier Bendek expuso las estadísticas de los casi 9 mil miembros inscritos para participar en las votaciones para elegir a los delegados para las convenciones territoriales y el análisis que se puede hacer de la realidad de los distintos territorios.

La reunión concluyó con una serie de preguntas y una oración en común por los frutos del proceso de renovación del Regnum Christi.

Para más información se puede visitar el sitio de la Comisión central para la revisión del estatuto del Regnum Christi.

 

Nota de Prensa- El Regnum Christi y la Legión de Cristo agradecen su 75 aniversario con un año jubilar

  • El año jubilar iniciará en la solemnidad del Sagrado Corazón de 2015 (12 de junio) y concluirá en la solemnidad de Pentecostés de 2016.
  • Los miembros de Regnum Christi han sido invitados a vivir este año con una “alegría sobria y humilde”, como un tiempo para el agradecimiento, la conversión y para la evangelización.
  • Puede leer la carta íntegra aquí

12 de marzo de 2015.- El Regnum Christi y los Legionarios de Cristo han convocado un año jubilar para celebrar el 75º aniversario de la fundación. En una carta su director general, el P. Eduardo Robles Gil, propone pautas para celebrarlo en coherencia con su sentido profundo: “un tiempo de alegría, de agradecimiento y de pedir perdón y de perdonar”, apunta.

Todos los miembros del Regnum Christi —seglares, Legionarios de Cristo, consagradas, laicos consagrados, sacerdotes diocesanos— han sido invitados a celebrar esta conmemoración “con alegría sobria y humilde”, y como una oportunidad “para escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a nosotros dentro de ella”, como “un tiempo de purificación de la memoria” para experimentar “que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”, y como una ocasión para a reconciliación: “que nadie se sienta excluido en nuestra familia espiritual”, exhorta el P. Eduardo en su misiva

El director general invita a vivir este período siguiendo las actividades propias y cotidianas con un espíritu nuevo, haciendo presente el Reino de Cristo en el mundo por la oración, la comunión y el servicio a los demás. No se prevén actividades conmemorativas multitudinarias. Más bien propone enardecer el espíritu misionero y evangelizador: “Busquen participar en misiones de evangelización, catequesis en parroquias o en colegios” donde “anunciar de manera explícita que el Reino de Cristo está ya presente en medio de nosotros y ayuden a otros a encontrarlo, especialmente por la caridad y el anuncio valiente de la Buena Nueva”, afirma.

Por otro lado, el año jubilar será también ocasión “para fomentar la publicación de escritos que ayuden a transmitir mejor nuestra espiritualidad, profundizar en nuestra historia, identidad y misión. Nuestras universidades pueden ofrecer una valiosa contribución en este campo”, sugiere. Otras iniciativas generales que se proponen son la organización de espacios para el reencuentro, momentos de oración para agradecer y pedir perdón, y ámbitos que favorezcan verdaderos encuentro con Cristo en los que se experimente “la alegría de vivir juntos el evangelio y de ser enviados a instaurar el Reino”.

El director general recuerda en su carta la historia reciente del Regnum Christi: “Hace años estábamos convencidos de que nuestro carisma era parte de la nueva primavera de la Iglesia”, afirma el P. Robles Gil. “Hoy seguimos teniendo esta misma certeza de que es el Señor quien ha suscitado nuestra familia espiritual, y al mismo tiempo reconocemos que en nuestro campo también crece la cizaña y hemos experimentado la fragilidad humana y el pecado. Y no obstante estas debilidades, sabemos que Cristo vive, que nos acompaña también hoy, y que podemos alegrarnos hoy porque su bondad no se apaga y su misericordia es eterna”, concluye.

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Algunos datos sobre el Regnum Christi:

En 1 de julio de 2014 había 21,500 miembros adultos laicos y 10 mil miembros del ECyD, la propuesta pastoral del Regnum Christi para los adolescentes, distribuidos en 30 países.

El 1 de septiembre de 2014 había 67 mil alumnos en los colegios del Regnum Christi; 19 mil alumnos en los colegios Mano Amiga para niños de zonas marginadas; y 34 mil alumnos en las universidades del Regnum Christi y la Legión de Cristo.

Fotos:

            Del P. Eduardo Robles-Gil, L.C.

            Del Regnum Christi

            Identidad visual del 75º aniversario en varios idiomas (Logos)

 

La carta íntegra se puede leer aquí

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 Para más información:

 

Benjamín Clariond, L.C.; bclariond@legionaries.org; Cel: +39 3299016609