P. Bálint Szabó-Molnár, L.C.

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SER ALTER CHRISTUS, “no sólo” representar el papel de Cristo

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El amor llega a menudo muy de repente y entra con fuerza dramática en las vidas de las personas. Aunque en mi caso era un poco diferente. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera entender – incluso sólo una parte – de este misterio, y para reconocer el regalo personal de Dios planeó para mí. No he cambiado de un día a otro para ser un “hombre nuevo”. Pero sé que cada día de mi vida está moldeada por el Espíritu Santo. Jesús mismo que me está guiando, entonces si Él quiere, me convertirá en “otro Cristo” (Alter Christus) en el día de la ordenación.

 

Niñez, escuela

Vengo de un aldea  que se llama Bakonyszentlászló. Nací en una familia simple y devota. Aunque mi padre es protestante, venía y viene con los miembros de la familia a la misa católica. Al inicio de mi fe puede experimentar también el aprecio por el trabajo. Tengo una hermana que está casada y tiene  dos niños.  Después de la escuela primaria en la aldea, me gradué en el Colegio Escolapio de Kecskemét (1994-1998), pero nunca se me lo ocurrió la idea de la vocación sacerdotal hasta que conocí la Congregación de los Legionarios de Cristo. Me impresionó el ejemplo, como sacerdote misionero, del Padre Michael Duffy. En ese momento, yo era estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica en Budapest. En 1999, me incorporé al Movimiento durante una peregrinación a Roma. Como miembro del Regnum Christi ofrecí dos años de mi vida para el servicio de la Iglesia, y trabajé con los padres en Budapest, organizando misiones, campamentos, actividades etc.

La llamada de Dios

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16, 15)

Me gustaría destacar dos elementos através de los cuales encontré  mi vocación. Durante las misiones (Juventud misionera) nació en mí la idea de la vocación. Los fines de semana con los jóvenes fueron inolvidables, visitando muchos pueblos de Hungría (o fuera de ella en Eslovaquia, Ucrania, Rumanía, en las zonas en donde se habla húngaro, llegando también hasta los periferías. ¡Queríamos dar, y compartir nuestra fe, pero recibimos mucho más! También organizamos “Acción Kilo” para pedir comida para pobres, familias grandes  u orfanatos. Me gustó este “estilo de vida”, pero sentí que el buen Dios pedía más de mí, no sólo mi tiempo libre o un fin de semana.

Durante cinco años representé el papel de Jesús en la Pasión en el castillo de Buda, organizado por el Movimiento Regnum Christi. Una vez al año, antes de la Pascua tomaba la cruz sobre mis hombros. Mi sufrimiento se unía al de Cristo. Este papel requería no sólo habilidades de actor, sino una identificación espiritual con lo que hacía. El recorrido duraba más de una hora, iniciando  con la entrada a Jerusalén. La siguiente frase venía citada con frecuencia: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. El que oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. ” (Ap 3.20)

Luego se recordaba la última cena, las  estaciones de la via crucis, y finalmente la crucifixión.  Esa experiencia como participante en la Via Crucis asumiendo el papel de Cristo, me ayudó mucho, tal vez no de una manera directa, pero me permitió reconocer el don de la vocación.

Como religioso

“De cierto os digo, que cualquiera que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre e hijos, o tierras por causa de mí y del evangelio, cien veces ya recibe en este mundo: casas, hermanos, hermanas, padres, madres, niños y tierras … y el mundo venidero la vida eterna ” (Mc 10, 29-30).

  En 2004, entré después del candidatado al noviciado en Alemania para aprender los entresijos de la vida religiosa. O como nos gusta llamar el noviciado, ingresé en “la universidad donde se estudia Cristo”. No fue fácil dejar mi familia, los amigos y “el viejo amor”, el fútbol tampoco, pero eran dos años llenos de gracia. Día tras día, vi claramente que éste era el lugar para mí,  donde Dios quería que fuese feliz y, al mismo tiempo, para hacer feliz también los demás. Después de un año en España (Estudios de Humanidades Clásicas), en 2007 llegué a Roma, al Centro de Estudios Superiores. Desde entonces – con la excepción de dos años que pasé en Lombardia (Italia) en prácticas apóstolicas (pastoral juvenil, promoción vocacional) – vivía en Roma y me preparaba ya directamente para la ordenación sacerdotal estudiando teología.

Ordenación

Me tocó estar en los últimos seis meses desde la ordenación diaconal en Esztergom (Hungría) como diácono en Budapest, donde está nuestra centro educativo”San Benedicto”. Allí procuro acompañar los chicos atendiéndoles en diálogo espiritual, predicando, jugando con ellos. También he tenido una experiencia muy hermosa, dificil de expresar en palabras, al visitar semanalmente a ancianos y enfermos llevándoles la santa comunión y rezando con ellos.

La ordenación diaconal en junio y la sacerdotal en diciembre son algo más que una secuencia natural y lógica de los pasos de la ordenación, que ya he recibido, y que ahora voy a recibir. “¿Estás listo?” Es una pregunta muy seria que el Obispo pronuncia al inicio de la ordenación. Y esta pregunta no sólo para ver si estoy dispuesto a un servicio en particular  en la iglesia. No, esta pregunta me confronta con una última decisión válida: ¿Estoy dispuesto dejar que Cristo me transforme a través de la ordenación, que me haga su sacerdote, que me haga otro Cristo?

Me di cuenta que puedo decir “sí” cuando se me pregunta porque ésta no es obra mía, ni mi mérito. La vocación al sacerdocio solo es un don de Dios que ha sido dado a mí , entre el pueblo de Dios. El poder para cumplir este llamado, por lo tanto, no viene de mí: es el regalo de Cristo en la medida en que me abro a Él.

Así que voy a decir el 13 de diciembre: “Sí, con la gracia de Dios. Sí, estoy listo”, también quiero expresarlo con el versículo que he elegido para mi ordenación y Primera Misa:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20)

P. Bálint Szabo-Molinar, L.C.

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