P. Benjamin O’Loughlin, L.C.

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 Algunas montañas se vuelven granos de arena

 

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Cuando miras atrás hacia el camino recorrido, todo se vuelve más claro que antes. Algunas montañas se vuelven granos de arena, algunos granos de arena resultan ser montañas que te marcaron la vida profundamente. Y otras montañas siguen en pie, grandes como siempre. Un joven llamado Brian Bisgrove – el primer miembro de Regnum Christi que conocí – es una de ellas.

Soy originario de Syracuse, NY, EEUU, donde nací el día 1 de octubre de 1984, el primero de seis – cuatro hermanos y dos hermanas. Digo hermanos y hermanas en vez de niños y niñas porque nuestra familia siempre era un lugar unido, cuya oración, alegría y unión ha sido para mí una preparación preciosa para mi vida como legionario dentro de la familia de Regnum Christi.

Me encontré con Brian Bisgrove, y con Regnum Christi, por primera vez en el otoño de 1995. Él acababa de regresar a Nueva York después de terminar la preparatoria en Immaculate Conception Apostolic School, un seminario menor de los Legionarios de Cristo en New Hampshire. Había decidido que la vida religiosa no era para él. De todos modos, era una encarnación casi perfecta del espíritu de Regnum Christi. Antes de empezar la universidad, deseaba compartir los dones y la formación que había recibido en Immaculate Conception, y decidió fundar el primer club de ECyD en Nueva York, usando el rancho de su familia como base de operaciones.

Éramos seis, los primeros miembros del club juvenil que fundó. Dos de nosotros – P. John Bender y yo mismo – acabaríamos de sacerdotes legionarios – un hecho que celebramos chocando las manos, dicho sea, de modo muy poco litúrgico, justo antes de cruzar el umbral de la capilla para ser ordenados diáconos.

Brian Bisgrove, aunque muy joven, o tal vez precisamente por esto, era amigo, mentor, y modelo a seguir… pero por poco tiempo. Apenas un año y medio después de su regreso a Nueva York, le descubrieron un cáncer feroz. Los médicos pensaban que se trataba sólo de sinusitis, pero se reveló como un tumor del tamaño de una pelota de golf, justo detrás de su nariz. Lo extirparon, sin embargo ya había hecho metástasis. Para nosotros esto fue mucho más que una tragedia. Todavía recuerdo la hora que pasé sentado en el sofá en la oscuridad del salón de estar de mi casa, intentando asimilarlo. Para Brian, marcó el inicio de una batalla durísima, que él libró no sólo por sí mismo, sino también por nosotros. Tres veces le extirparon del cuello un tumor del tamaño de una toronja que siempre volvía a crecer… y Brian se sometió a cada intervención sin anestesia, por nosotros. Cuando el primer doctor intentó explicarle que esto le dolería más de todo lo que había sufrido en toda su vida, Brian respondió así: «No doctor, es usted quien no entiende. Durante todo este tiempo me he dedicado a mis chicos. Y ahora, no puedo jugar con ellos. No puedo ayudarles, ni enseñarles, ni darles consejos. Ahora la única cosa que me queda es sufrir por ellos».

Ya no veíamos mucho a Brian. Pero no desapareció de mi vida. Me enseñó a ser un cristiano cabal. Me hizo conocer el regalo del carisma de Regnum Christi que amo y vivo. Me llevó aquella primera vez al seminario menor Immaculate Conception, el lugar donde decidí responder al llamado de Dios a seguirle como sacerdote. Cuando me gradué, cuando entré a la Legión de Cristo y luego salí de mi país, primero como novicio en Alemania, y luego trabajando con jóvenes en Madrid, Sevilla, y Florencia, Brian seguía siendo mi mentor. O más bien, lo eran mis memorias de él. Pues Brian falleció el mismo año que entré a Immaculate Conception como seminarista menor.

Hay momentos muy difíciles en cada vocación. Hay horas de alegría profunda, y también cruces que pesan sobre los hombros, y montañas difíciles de subir. Sin embargo, nunca dudé. Dios me dio a Brian, y aunque seguramente realizó muchas cosas más con su vida, para mí Dios se lo llevó en parte porque ya había cumplido su misión. Yo había encontrado mi camino. Esta certeza siempre me ha acompañado. La llevo en el corazón ahora que recibiré el don del sacerdocio, y empiezo mi nueva misión como director de formación de programa internacional de Everest Academy en Clarkston, Michigan, EEUU. Brian ya no está, pero el carisma de Regnum Christi, que vi por primera vez en él, es uno de mis más grandes tesoros. Y espero que algún día, alguien pueda decir lo mismo de mí.

 P. Benjamin O’Loughlin L.C.

 

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