P. Javier Mauricio Ruiz Aristizábal, L.C.

pmauricioruiz

Dios a la una

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestEmail this to someone

 

Hoy vivo convencido que Dios me ha elegido desde siempre. Soy Mauricio Ruiz. Nací en Manzanares-Colombia, el 21 de octubre de 1978. Tengo una hermana mayor y un hermano menor. Gracias a mis padres he recibido el regalo de la fe, el don más grande que me han brindado en la vida.

He dicho que vivo convencido de la elección de Dios desde siempre, pues son muchos los cuidados y detalles de amor que he encontrado en mi vida. Me esfuerzo en comprender tanto amor inmerecido y siempre descubro que he sido objeto de un amor que me supera y trasciende y que, en cierto sentido, permite experimentar un poco de eternidad.

Muchas veces he cerrado los ojos para ver con claridad la obra de Dios, pues mis ojos son demasiado débiles para ver tanta luz; y me atrevo a decir que durante todos estos años de preparación he percibido que Dios siempre me ha querido para Él.

Él ha permitido que lo busque en las experiencias de mi vida, muchas de ellas dolorosas, como la muerte de mi mejor amigo que sobrellevó un cáncer durante dos años y medio; en la que experimenté vacío, ya que no fui capaz de dar razones de fe a un amigo que se iba apagando lentamente. O en la frescura de un noviazgo, donde comprendí que cada persona es don y peldaño para llegar a Él, ya que el amor de Dios es eterno y el amor humano, aunque fiel y sincero, termina por ser caduco y pasajero. O en medio de la diversión de una juventud regalada a las frivolidades del mundo y que, en el silencio del cuarto y sentado en la cama, experimentaba el vacío de una noche desenfrenada. Experiencias todas ellas que me hablan de alguien eterno que me ama desde siempre.

También ha permitido que lo busque en la amistad a toda prueba, capaz de dar la vida por ti y por la cual estás dispuesto a dar la vida. Cuando presté servicio militar viví en la dinámica de confiar tu vida a otros y de saber que los demás confiaban su vida en ti sin titubeos ni dudas; no importaba la química entre amigos, simplemente saberse equipo que lucha por una misión común ¡Hermosa experiencia!

Además, me ha permitido buscarlo en la ciencia, donde la razón llega a la conclusión que hay alguien más allá de todo. Alguien que ha puesto el inicio y ha dado el primer empujón para que comience a moverse. Estudiando cuatro años de ingeniería pude vislumbrar la inmensa inteligencia que gobierna todo. Por otro lado, surge la gratitud por el don de la inteligencia y el regalo de saber reconocer y adherirse a la verdad.

Puedo decir que en todas estas experiencias siempre sonaba como telón de fondo la invitación de Dios a seguirle, el constante llamado al corazón a un amor más pleno. Recuerdo el amor y el deseo que experimentaba en mi adolescencia cuando recibía la comunión en el colegio. Recuerdo las palabras de mi compañero el día de graduación, cuando comunicaba que se iba al seminario y la sensación que experimenté de duda y falta de generosidad. Recuerdo mis paseos a la montaña donde reflexionaba en la eternidad y el sabor que percibía mi gusto por las cosas espirituales.

Ha habido dificultades por falta de comprensión y generosidad, donde mi voluntad sigue aferrada al amor propio. Momentos donde la falta de comunicación me ha hecho sufrir. Momentos donde la fiebre del pecado ha querido ganar de nuevo terreno en mi vida. Pero con la seguridad que Dios tiene la primera y última Palabra.

Quiero terminar agradeciendo a Dios por este don inmerecido y con mi mejor recuerdo hacia María. Ella ha estado presente en mi vocación desde siempre y en especial desde la noche de inicio del noviciado en la que, llevando en brazos mi sotana, ponía en sus manos mi vocación. Siempre he sentido este abrazo materno.

Dios a la una es el título de una canción de Andrés Altamirano que he escuchado desde niño y que refleja, en cierto modo, el sentir de mi corazón y el deseo de cenar con Cristo esta noche… Les comparto el estribillo, que es para mí una contemplación:

Dios, esta noche cenaremos juntos,
habrá buen vino y estará en la mesa
lo más querido de mi vida entera
y algún recuerdo que golpeó a mi puerta.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida apura
no tiene tiempo y partirá a la una.

 P. Javier Mauricio Ruiz Aristizábal, L.C.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestEmail this to someone