Diego Arregui, L.C.

No teman. Yo estaré con ustedes todos los días.

No puedo volver la vista atrás sin maravillarme de la manera en la que Dios ha estado presente en cada momento de mi vida. En medio de tantos eventos y de las circunstancias tan cambiantes, se ve clara una constante en mi vocación: la mano amorosa de Dios. Él prometió acompañarnos siempre, y así ha sido. Dios es fiel.

Estoy muy agradecido con Dios por haberme llamado al sacerdocio en la Legión de Cristo. Desde pequeño respiré en mi familia un ambiente de fe muy real. Sólo Dios sabe cuánto he aprendido de mis papás. Fueron ellos quienes, con su ejemplo de vida cristiana, me inculcaron la fe y el amor a Dios y a su voluntad. Tengo dos hermanos y una hermana, a los que les debo mucho. Mis dos abuelitas han sido un ejemplo para mí de fortaleza y de amor a la voluntad de Dios. Ellas nos transmitieron también la devoción a la Virgen María y al Sagrado Corazón. En ese ambiente fue creciendo la semilla que Dios sembró en mi corazón. Estudié con los Legionarios, por lo que los conocía y apreciaba mucho.

No sé cuándo comencé a sentir mi vocación. Ya desde muy pequeño me sorprendí queriendo ser sacerdote. Recuerdo que en la escuela, antes de entrar a la primaria, la maestra nos pidió que hiciéramos un dibujo de lo que queríamos ser cuando creciéramos; yo, con los trazos artísticos de un niño de seis años, dibujé un sacerdote, que más bien era como una casulla con patitas y cabeza. Recuerdo también diversas ocasiones en que la gente me preguntaba qué quería ser de grande, y respondía que sacerdote. Me gustaba acolitar y leer en la Misa de mi parroquia, ayudado por mi papá. También ayudaba a mi tía, que es catequista y de quien he aprendido mucho.

Un día fui a Misa en la catedral de Guadalajara. Como en otras ocasiones, me pidieron leer las oraciones de los fieles. Y, como era costumbre, se pidió por las vocaciones sacerdotales. Recuerdo que después de comulgar volvió a mi mente, con mucha fuerza, la idea de ser sacerdote. Y pensé que quizá esta vez debía hacer algo para ver si Dios me llamaba. Pero no sabía qué hacer y me daba miedo la incerteza del futuro. En mi oración levanté la mirada y vi una imagen de la Virgen de Guadalupe. Me inspiró mucha paz y seguridad. Desde entonces ella ha sido siempre mi compañera en las buenas y en las malas.

Hablé con mi mamá y le dije que pensaba que Dios me pedía ser sacerdote. Después se lo conté también a mi papá y a mis hermanos. Todos me han apoyado mucho desde entonces. Después fui a hablar con el P. Carlos Mora (e.p.d.) que era un buen amigo de la familia. Él me animó mucho y me invitó a ir a visitar la apostólica de León.

Así que en Semana Santa fui a León con el P. Enrique Flores y otros niños de mi edad. El ambiente me gustó mucho. De lunes a jueves misionamos por las casas de un pueblo cercano. El Triduo Santo lo vivimos en la apostólica, en un ambiente de mucho recogimiento para acompañar al Señor. Estando en esos días en la capilla, sentí que Dios me estaba llamando. No escuché nada, pero era una invitación y una ilusión muy especial en mi corazón. Veía su amor tan grande por mí, y me preguntaba qué haría yo por Él. Después de esa semana, fui de vacaciones con mi familia. Pero por dentro yo seguía pensando mucho en la vocación. Rodeado por la belleza de la naturaleza me puse a reflexionar en todo lo que Dios había hecho por mí. Sabía que Él me llamaba, y me daba cuenta de que no podía decirle que no. Le respondí que sí.

Entré a la apostólica del Ajusco ese verano; tenía 17 años. Fui a la ciudad de México porque en Guadalajara todavía no había precandidatado. Al año siguiente comencé mi noviciado en Dublín, Irlanda. Fueron dos años de aprender muchas cosas, en lo humano y en lo espiritual. Sobre todo fue tiempo para profundizar en la llamada de amor de Dios, y en mi respuesta. Pude conocer y profundizar en la espiritualidad y carisma de la Legión. Eran ideas que resonaban en mi interior, como si estuvieran hechas para mí, sentía que Dios me había creado para ser legionario. El 12 de septiembre de 2004 profesé mis votos de pobreza, castidad y obediencia para consagrarme a Dios y a su Iglesia en la Legión.

Después de estudiar humanidades y filosofía en Salamanca, fui a Estados Unidos para ayudar en nuestro noviciado de Cheshire, CT. Me gustó mucho el ambiente que se vivía ahí. Aprendí mucho del instructor y de los novicios, que comenzaban con ilusión a conocer la vida religiosa y sacerdotal en la Legión. El 15 de agosto de 2015 hice mi profesión perpetua en Monterrey, acompañado de mis papás y hermanos. De nuevo pude comprobar que Dios es fiel, y que, a pesar de mis miserias, Él se comprometía conmigo: Yo contigo iré. Como en la vida de todo ser humano, he vivido momentos difíciles, pero nunca he estado solo. Me consuelan mucho las palabras de María a san Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?

Por último volví a Roma para estudiar la teología. Vivir en Roma es muy especial, pues estando cerca del Papa uno puede apreciar mejor la maravilla de la Iglesia Católica. Pude también participar muy de cerca en el en el Capítulo General de la Legión, un momento hermoso de nuevo entusiasmo por Cristo, por nuestro carisma y misión.

El 9 de julio de 2016 recibí la ordenación diaconal en Guadalajara, rodeado de mi familia y amigos. Fue un regalo inmenso, y aunque me sentía pequeño, me pude apoyar de manera muy real en las oraciones de muchas personas queridas.

Agradezco a todos aquellos que han rezado por mí y por las vocaciones sacerdotales, muchos de los cuales solo conoceré en el cielo. De la misma manera doy gracias a tantas personas generosas que nos han ayudado con sus recursos, tiempo y servicios.

darreguiEl P. Diego Arregui Castelló nació en Guadalajara, México. Es el segundo de una familia de cuatro hijos. Ingresó a la Legión de Cristo como precandidato en la apostólica del Ajusco en el 2001. Hizo su noviciado en Irlanda y profesó sus primeros votos en 2003. Estudió humanidades clásicas en España, y después filosofía en Italia. Durante sus prácticas apostólicas colaboró como asistente de novicios en el Noviciado de Cheshire, en Estados Unidos. Hizo su profesión perpetua el 15 de agosto de 2010. Completó sus estudios de teología en Roma. Fue ordenado sacerdote en Guadalajara, México, el 9 de julio del 2016 por el Cardenal Francisco Robles. Actualmente realiza su ministerio como Instructor de Formación del Instituto Cumbres de Caracas y director del ECYD en la misma ciudad.

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