César Hernández, L.C.

Quién a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta.

Nací en Tampico, Tamaulipas y soy el mayor de tres hijos. Debido al trabajo de mi papá estuve viviendo en muchos lugares hasta que terminamos por establecernos en la ciudad de Irapuato, Guanajuato en donde conocí el Movimiento Regnum Christi cuando estaba en 5º de preparatoria, después de haber asistido a unas Megamisiones en semana santa.

Terminando el primer año de Universidad decidí irme de colaborador un año a la Academia de Dublin Oak en Irlanda. Durante ese año creció en mí un gran interés por conocer y aprender más acerca del Movimiento y de la Legión. Terminado el año decidí dar un segundo año al que fui destinado a trabajar a la ciudad de Monterrey como auxiliar en la Dirección Territorial. A mitad de ese año el primer Legionario que conocí, el P. Alejandro Del Bosque, me planteó por primera vez en mi vida la vocación al sacerdocio. Un segundo sacerdote, meses más tarde, me diría lo mismo “¿Nunca has pensado en ser sacerdote?”. A ambos Legionarios mi respuesta fue negativa pues yo tenía planes de casarme y tener muchos hijos. Terminé mi segundo año de colaborador y decidí continuar con mi carrera universitaria en la ciudad de Monterrey. Justo un semestre antes de graduarme algo me decía en mi interior que lo que tenía no me llenaba. No sabía que me sucedía pero comencé a pensar en muchas cosas y a reflexionar sobre el sentido de mi vida y sentía que algo me hacía falta a pesar de tener ya un lugar en una empresa en la que hacía mis prácticas profesionales y a pesar de salir con una niña con la que siempre había querido salir. Hasta que le llamé al P. Alejandro Del Bosque para expresarle los sentimientos que en ese momento estaba experimentando. Le comenté que quizá aquélla pregunta sobre la vocación que me había hecho tres años atrás era cierta. Me recomendó asistir al candidatado durante el verano una vez graduado de la Universidad. Me llegó un gran miedo y muchas dudas, y así estuve durante un par de meses. Hasta que con la ayuda de la dirección espiritual y siguiendo los consejos de un gran Legionario experimentado en el tema vocacional poco a poco fui dando pasos para poder prepararme para el candidatado. Fue así como decidí renunciar a la empresa en la que trabajé tan solo por tres meses. Le avisé a mis papás de la decisión que estaba tomando, empaqué mis cosas y me decidí ir al candidatado; por supuesto en miedo de muchas dudas y con un cierto miedo a estarme equivocando.

Así fue como en el verano del 2005 llegué a Monterrey para iniciar el candidatado. Llegué con la idea de que me dirían que no tenía vocación y me regresaría a continuar con mi vida. Para mi sorpresa el candidatado me encantó y decidí quedarme en la Legión. Así fui enviado a iniciar mi noviciado en Alemania, dos años que fueron para mí muy difíciles por el hecho de cambiar de ritmo de vida pero años de un gran crecimiento espiritual. Estoy muy contento de mi vocación, es un llamado que Dios me ha hecho a seguirle y poder ser un instrumento de su amor y de su infinita misericordia. Estoy convencido de que gracias a las oraciones de muchas personas pude perseverar en mi vocación. Y estoy convencido de que el llamado al sacerdocio, como decía San Juan Pablo II, es un don y misterio…Dios llama a hombres necios y débiles para confundir a los sabios y fuertes; es un tesoro en vasijas de barro pero quién a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta.

Cesar HernandezNací en Tampico, Tamaulipas y soy el mayor de tres hijos. Debido al trabajo de mi papá estuve viviendo en muchos lugares hasta que terminamos por establecernos en la ciudad de Irapuato, Guanajuato en donde conocí el Movimiento Regnum Christi cuando estaba en 5º de preparatoria, después de haber asistido a unas Megamisiones en semana santa.