Esteban Castellanos, L.C.

“Alcanzando la meta de vuestra fe, la salvación de las almas” (1 Pt. 1,9)

Alguna vez escuché que los empresarios exitosos invierten en sus negocios más a largo plazo que a corto plazo; que así también un joven debe invertir su tiempo y energía estudiando una buena carrera para tener un buen trabajo después y esto mismo se aplica a muchos otros ámbitos como puede ser la salud física, la inteligencia…

Esto me hizo pensar que debo invertir mi vida en algo que valga realmente la pena: ¡La salvación de las almas empezando por la propia! Recuerdo que desde niño cuando viajábamos en familia de camino rezábamos el rosario y nunca faltó esta intención en nuestra oración: “la salvación de nuestras almas”.

               En mi familia tuve unas bases sólidas de la fe y fue de gran apoyo, para conservarla y transmitirla, la gracia que tuve desde pequeño de estar inmerso en esta realidad del Regnum Christi: En 3ro de primaria entré en el Instituto Irlandés de Hermosillo donde estaban muy presentes los padres, los hermanos y los colaboradores del Regnum Christi; después me incorporé al ECYD y luego más grande al Regnum Christi participando en retiros, misiones y otros apostolados.

               En preparatoria tuve una fuerte confrontación con la realidad. Pensaba que todos tenían el mismo conocimiento y experiencia de su fe católica que yo. Empecé a tener muy buenos amigos y amigas con mentalidades muy diferentes a la mía pero ello no me alejaba de ellos sino, que al contrario, me hizo quererlos más. Se despertó en mí una gran ilusión de que ellos pudieran experimentar el gozo y la felicidad que se tiene de estar cerca de Cristo y que esto no está en contradicción con que puedan disfrutar de su vida (como muchas veces pensaban).

               La inquietud de que probablemente Dios me estaba llamando a ser sacerdote, la tuve desde pequeño pero la ignoré por mucho tiempo. Por más que pasaba el tiempo nunca se me quitaba esta inquietud. A veces pensaba en los testimonios de varios sacerdotes donde decían que antes de consagrarse a Dios tenían todo en sus vidas pero sentían un gran vacío y decidieron dejarlo todo para ser sacerdotes. Yo no me identificaba con ellos, ni sentía ese “vacío”. Disfrutaba de la vida y a la vez era feliz.

Sentía esa inquietud de que Dios me quería sacerdote para salvar almas, pero ¡No quería ser sacerdote! Quería ayudar a mis seres queridos desde dentro, con mi testimonio de vida. Recuerdo que me llegó mucho el comentario de un amigo que me decía “en vez de ir a ayudar a quien sabe quién, ayúdanos a nosotros tus amigos que estamos aquí, nosotros te necesitamos”.

Quise olvidar esto de la vocación a ser legionario alejándome del Regnum Christi, dejándome llevar más por el ambiente del mundo, las fiestas… pero cuando veía gente muy querida alejada de Dios se despertaba en mí el deseo de ayudarles a encontrar esa felicidad que buscaban en otros lados pero que sólo está en Dios.

               Terminé la preparatoria y quise reflexionar sobre esta inquietud vocacional que tenía dando años como colaborador del Regnum Christi. Terminando los dos años de colaborador en León Gto, quise hacer la prueba de si Dios me llamaba. Me quedaba la pregunta ¿y mi gran ilusión de “ayudar a mis seres queridos desde dentro”? En el fondo lo que buscaba es ayudar a que se salven. El único que puede dar esa gracia es Dios; el Espíritu Santo actúa como quiere y cuando quiere. Sentía que Dios me pedía ser su instrumento como sacerdote Legionario de Cristo para ayudar a otros a salvarse. Cuando tomé esta decisión de responder a su llamado ¡cuánto me entusiasmó esta misión que Dios me daba! sin olvidar a mis familiares y amigos a quienes puedo seguir ayudando con mí entrega a Dios y mis oraciones.

Esteban CastellanosLa inquietud de que probablemente Dios me estaba llamando a ser sacerdote, la tuve desde pequeño pero la ignoré por mucho tiempo. Por más que pasaba el tiempo nunca se me quitaba esta inquietud.