Sebastián Rodríguez

Dejé mi examen en blanco diciéndome:
«Si me decido hoy a ser sacerdote será para toda mi vida,
mientras que esta nota será una más de las muchas que recibiré
por los exámenes que haré en el futuro».

Me decidí por el sacerdocio cuando tenía 12 años. Estaba haciendo un examen de inglés, cuando pasó un hermano Legionario por el pasillo fuera de mi sala de clase; era normal que pasaran, pero ese día su paso dejó algo en mí. «¿Cómo será ser uno de ellos?, me gustaría vestir de esa manera, organizar retiros, campamentos, hablar de Dios a las personas, dar la Comunión. ¿No será que Dios me llama?».

Fue el estilo de pensamiento que me surgió al verlo pasar, pero fue tan claro y fuerte que me dije: «Si me decido hoy a ser sacerdote será para toda mi vida, mientras que esta nota será una más de las muchas que recibiré por los exámenes que haré en el futuro». Con esa convicción dejé el lápiz a un lado y no continué haciendo el examen. ¿Cosas de niño? ¿Cómo tan chico y tan seguro? Mirando atrás es difícil explicármelo, sin embargo, fue lo que sentí en ese momento y mi decisión inicial se ha ido fortaleciendo a lo largo de los años cada vez que le he preguntado al Señor: ¿qué quiere Dios?

    Nací en Santiago de Chile el 27 de marzo de 1986 en un ambiente familiar maravilloso; rodeado del amor de mis padres, de mi hermana mayor y de mis dos hermanos menores. Siempre hemos estado muy unidos a toda la familia; era frecuente vernos acompañados de los primos, tíos y abuelos durante el año, especialmente durante las fiestas y vacaciones de verano.

    Entré al colegio Cumbres en 1991, cuando cumplí 5 años, y fue así cómo los Legionarios entraron en mi vida. En 1997, casi con 12 años, me incorporé al ECyD y no me perdía actividades (el ECYD, Encuentros, Convicciones y Decisiones, es una organización del Movimiento Regnum Christi, para adolescentes que hacen una alianza con Cristo y entre sí para construir un mundo nuevo según el Evangelio). Gracias a la formación de mi familia, del Cumbres y del ECyD, fui recibiendo la gran enseñanza de tener a Cristo en el centro de mi vida, como a un Amigo, como el mejor de los amigos, a quien puedo confiarle todo. Además, pude aprender a buscar conocer a Cristo, para amarle personalmente y luego transmitirle de forma apasionada y eficaz.

    Después de esa prueba de inglés, en que sentí el llamado, me fui directamente a la Capilla donde estuve un buen tiempo en oración. Salí de ahí con grandes motivaciones, tanto es así que fui a la biblioteca para pedir un libro sobre algún sacerdote que contara su vocación (la verdad es que quería salir de la duda: «¿A todos los llama Dios en una prueba de inglés?» – me preguntaba –, esa era mi duda, ¿para qué ocultarla?, tenía 12 años). El libro se me acabó esa misma tarde, estaba ansioso, y comencé a hablar con mi director espiritual (el mismo hermano Legionario que había pasado por la ventana). Fui un fin de semana a conocer el Centro Vocacional (Seminario Menor de los Legionarios de Cristo) y me gustó mucho. Pensé entrar, pedí permiso para irme el año que entraba, pero con el tiempo, y ayuda de mis papás, me di cuenta que Dios me llamaba por otro camino. Fue así como a los 14 años, el 1 de febrero de 2001, entré a vivir con los Legionarios en el Centro Estudiantil, un grupo pensado para el discernimiento vocacional de los Laicos Consagrados del Regnum Christi, pero en Chile abierto para ambas vocaciones.

    Estuve en el Centro Estudiantil mis últimos cuatro años de colegio. Algo que me motivaba de esta nueva realidad, fundada en Chile el año 2000, era que seguíamos estudiando en el mismo colegio, es decir, mantenía mi ambiente, mis amigos y profesores, además de discernir y hacer madurar esa posible vocación haciendo mucho apostolado en el ECyD. La decisión no fue fácil, por un lado estaba convencido de haber escuchado el llamado de Dios, pero por otro, el hecho de dejar a mi familia me costaba demasiado. A pesar de ello, al ver que era Dios el que me lo estaba pidiendo, que de mí dependía corresponderle y que el Centro Estudiantil me iba a ser importante para poder discernir y cuidar mejor mi vocación, me lancé a pedir el permiso a mis papás. Me dijeron que no. Sus argumentos fueron los mismos que cuando les pedí permiso para entrar al Centro Vocacional: que era muy chico, que lo pensara mejor y que debía conocer más el mundo.

     A mitad de año (todavía con 13 años), en una visita a Cristo Eucaristía, vi bastante claro que Dios me pedía entrar el próximo año. Pero «¿cómo quieres que entre si no tengo el permiso?» – le reclamé a Jesús – y me habló claro; quedamos en que haría una presentación a toda mi familia para hablarles sobre el Centro Estudiantil, demostrándoles, con mis palabras, cuáles eran mis motivaciones para seguir este camino. Preparé unas invitaciones especiales que entregué con anticipación a cada uno (a mis padres, hermanos y a la Lili, la nana de mi casa) para que no faltara nadie; hablé con los miembros del Centro Estudiantil de entonces para preguntarles qué hacían y cómo vivían; y, con esa información, fui preparando con mucho entusiasmo mi Power Point.

    Cuando llegó el día de la presentación (29 de octubre de 2000) no me fue fácil, era “el todo o nada” y al mismo tiempo sabía que si me daban el permiso, igual me costaría por pensar en dejarlos. Pese al nerviosismo, la presentación salió tal como lo tenía planeado: les hablé de lo que quería, respondí a las preguntas que tenían, y les invité a comer unas galletas que les había comprado mientras les tocaba música en un órgano electrónico que tenía. Al terminar mi papá me dijo que me veía seguro y que él sí me daba permiso. Recuerdo que le preguntó a mi hermana y ella también dio su aprobación: «Si él lo quiere, por mí bien». Al día siguiente hablé con mi mamá y, junto a mi papá, me dieron el permiso definitivo; ahora era un hecho que me iba a ir a vivir con los padres a partir del próximo año. Esos meses que me quedaban en la casa los aproveché para estar muy cerca de ellos, terminé el año de colegio, seguí pensando bien mi decisión y continué trabajando en mi vida espiritual: rezando, comulgando todos los días en el colegio, participando en las actividades del ECyD e incluso, gracias al apoyo de mis papás para estar realmente seguro de mi decisión, pude ir de peregrinación a Roma para el término del Jubileo del año 2000 y el 60ª Aniversario de la Legión de Cristo.

     De regreso del viaje a Roma tuve dos semanas de vacaciones inolvidables con mi familia, era la despedida, y eso hizo que fueran días muy especiales. Como dije antes, entré al Centro Estudiantil el 1 de febrero de 2001 y encontré un gran ambiente de caridad, de alegría, de oración y de sencillez, el cual me ayudó mucho a adaptarme rápidamente a mi nueva forma de vida. A mi familia la veía domingo por medio (aunque muchas veces también la veía en la salida del colegio, o a mis hermanos en el recreo), sin embargo fueron cuatro años para que ambos nos ayudáramos a entender las exigencias de la vocación religiosa y lógicamente a darnos cuenta de lo bonito que era seguir a Jesús y lo importante que era para mí el corresponder a Su invitación.

    Terminando el colegio, graduándome en diciembre de 2004, estaba todo listo para comenzar mi formación sacerdotal y entrar formalmente a la Congregación. El 1 de enero del año 2005 viajé a Brasil. Tuve dos meses de Candidatado (Postulantado) en Curitiba y dos años de noviciado en Sao Paulo. Fueron dos años muy enriquecedores para rezar, conocer más a Cristo y enamorarme de mi vocación. Seguí con mi apostolado en el ECyD, ahora ayudando en la fundación del Club Coliseo en la ciudad de Mogi das Cruzes. El 25 de febrero de 2007 profesé mis primeros votos por 3 años, lo que me convirtió por fin en miembro religioso de la Congregación de los Legionarios de Cristo y luego de unos años de formación, el 27 de marzo de 2012, hice mi Profesión Perpetua recibida por el Cardenal Velasio de Paolis en Madrid, mientras trabajaba apostólicamente en los clubes del ECYD de Sant Cugat y Barcelona.

    Es así como desde que sentí el primer llamado, tras mis años de estudio y trabajo apostólico, puedo decir que soy muy feliz. Y que a pesar de las situaciones difíciles que he tenido que afrontar, normal en toda vocación, todo ha valido la pena. Estar cerca de Dios es una gran experiencia en todo sentido, cada día es un desafió que me llena de alegría, sin duda, seguir a Cristo es una vocación maravillosa. Confío en Dios en que muchos más serán llamados y puedan vivir tan felices como yo, y le pido que los que sientan esta llamada sean siempre generosos para cumplir con lo que Dios quiere para ellos.

    Seré ordenado sacerdote, Dios mediante, en diciembre de este año. Les pido oraciones para que pueda ser un fiel instrumento en las manos de Dios y pueda administrar los sacramentos acercando a muchas personas a percatarse de cuánto Dios las quiere. Y de esta forma poder transmitir a Dios a los demás aportando en lo que se pueda al crecimiento espiritual de todos los que estén cerca de mí. Termino con una oración que siempre me ha ayudado desde que me incorporé al Movimiento Regnum Christi: «Me toca a mí, y de mi depende que tus palabras Señor no se pierdan, me toca a mí, que tu mensaje de salvación llegue a todos los hombres».

Sebastían RodríguezNació el 27 de marzo del año 1986 en Santiago de Chile. Estudió en el colegio Cumbres. Estuvo 4 años en el Centro Estudiantil de Chile. El 1 de enero de 2005 comenzó el Candidatado en Brasil durante dos años y luego fue a Sao Paulo para ingresar al noviciado. Hizo su primera profesión religiosa el día 25 de febrero de 2007. Durante seis meses ayudó en la pastoral juvenil y en la promoción vocacional en Porto Alegre. A mediados del 2007 viajó a Estados Unidos para estudiar un año de Humanidades y Ciencias Clásicas en Cheshire (Connecticut). En septiembre de 2008 comenzó Filosofía en Thornwood (Nueva York). Luego de titularse bachiller en Filosofía, en julio del año 2010, trabajó en España durante tres años en la pastoral juvenil de Sant Cugat y Barcelona, siendo también administrador de los clubes Faro de ambas ciudades. El 27 de marzo de 2012 hizo su Profesión Perpetua. Desde agosto de 2013 vive en Roma, donde estudió tres años de Teología y tras la ordenación diaconal, colabora en la administración del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.