paz

Domingo 1° de mayo – El camino de la verdadera paz.

H. Iván Yoed Glez. LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Bendito Señor, Dios mío, heme aquí presente ante Ti. Deseo encontrarme contigo en este instante. Aumenta mi fe, incrementa mi esperanza y engrandece mi amor con tu gracia, pues quiero que mi corazón se convierta totalmente a Ti. El mundo necesita tu amor, tu luz, y yo quiero ser verdadero instrumento en tus manos, mensajero de tu voz. Renueva mi alma para escuchar tu voluntad con sencillez.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras.  Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho.

La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El que te ama cumplirá tu Palabra, Señor. ¡Cuánto quisiera que los hombres comprendieran tu voluntad, no como leyes solamente, sino, especialmente, como consecuencia del amor! No quien defiende las reglas cumple tu Palabra, Dios mío, sino sólo aquél que te ama de verdad. Quien en verdad te ama, Señor, no permanece solamente en la frontera de la norma, sino que entra en la magnanimidad que brota del amor veraz.

En esto consiste el verdadero amor: en el acoger y vivir tu Palabra más allá de todo límite, más allá de todo miedo, más allá de toda renuncia, incluso más allá de la muerte, pero sí a través de ella: a través de la muerte de cruz con Cristo, único puente verdadero hacia la eternidad.

Inflama mi corazón con tu Espíritu Santo, Dios mío, para permanecer firme en tus manos, pues en Ti mi esperanza no vacila, ni aun cuando se halla en caminos inciertos. Con tu vida, muerte y resurrección me enseñaste en qué consiste el amor, en qué consiste cumplir tu palabra. Yo confío firmemente que tu Espíritu Santo me guiará en cada paso. Te ofreceré mi libertad para buscar en cada instante el conocer tu voluntad –a veces consistirá quizá en un acto concreto, otras veces simplemente en poner un nuevo amor en el acto ya presente. Dame un corazón apasionado como el tuyo, que se sepa consumir en cada instante por testimoniarte.

He aquí el camino de la verdadera paz: no el de cumplir siempre la propia voluntad, como el mundo falsamente lo propone, sino el de cumplir siempre la voluntad de Dios: a la cual, en realidad y por lo más profundo, todo corazón se inclina y en la cual se encuentra la única felicidad. El que te ama, cumplirá tu palabra, y en tu palabra hallará el gozo que no perece.

 

«Siempre existe la tentación de la desobediencia, que se manifiesta en el deseo de organizar nuestra vida al margen de la voluntad de Dios. Esta es la enemistad que insidia continuamente la vida de los hombres para oponerlos al diseño de Dios.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de diciembre  de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

En este inicio de mes, quiero examinar en torno a qué giran mis actividades, mis intereses. Me quiero comprometer a vivir únicamente en torno a Ti, Jesús. Te prometo reorientar cuanta actividad deba reorientar y detener aquellas que no te tengan a Ti como fin; y, finalmente, me propongo renovar en el amor aquellas actividades que alguna vez se hallaron dirigidas a Ti, pero quizá se desviaron. En tus manos pongo este propósito, Madre mía.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.