Julio 11 - He Venido

Lunes 11 de julio – Un gesto de cariño en momentos difíciles.

 

San Benito Abad

Balam Q. Loza LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, toma mi corazón y toma mi vida. Aquí me tienes. Lo único que quiero es hacer tu voluntad. Mi corazón está en paz porque sólo quiero lo que Tú quieres. No me importa lo que tenga que sufrir. Sé que Tú lo permites. A veces me cuesta; a veces lloro;  pero, hoy, aquí, a tus pies quiero escuchar tu voluntad. Tuyo soy, para ti nací, ¿qué quieres, Señor, de mí?

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 10, 34-11, 1

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa».

Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

¡Cuánto ayuda, Señor, un gesto de cariño en los momentos difíciles! Cuando viene la dificultad, cuando llegan las malas noticias, cuando parece que todo está oscuro, cuando pienso que no puedo confiar en nadie, me encuentro con una sonrisa; me encuentro con un gesto de amor. Y me animo. Es como un vaso de agua fresca. Es como un día de sol entre los días oscuros.

Entonces me doy cuenta de lo egoísta que soy. Cuántas veces pienso en mis problemas, en esta o en aquella mala noticia. Cuántas veces pienso que ese amigo me ha olvidado, me ha dado la espalda. Pero me olvido de tantas buenas noticias, tantos gestos de amistad. ¡Qué fácil es olvidar lo bellos gestos cuando las cosas no van bien!

A veces, Señor, me preocupo mucho porque se me atienda. Cuándo estoy triste quiero que los demás se den cuenta. Y si ninguno viene a consolarme pienso que se han olvidado de mí. Sin embargo me pregunto, ¿cuántas veces he salido yo en busca del otro? Y me da un poco de vergüenza. Muchas veces, cansado al regresar del trabajo, o al terminar mis innumerables actividades hogareñas, me he olvidado de ir a visitar a tal o cual persona que estaba pasando por una dificultad. Y así podría contar tantas veces que me ha faltado esa delicadeza, esa caridad.

Y ahora te veo a Ti. Veo tu rostro ensangrentado; veo tus pies llenos de heridas. Y, sin embargo, me miras y me amas. Te olvidas de tus dolores, de esa cabeza perforada por las espinas, y te preocupas por mi leve dolor de cabeza. Te preocupas por mí cuando mi amigo no me llama y te olvidas que tus amigos más íntimos te olvidaron a la hora de tu muerte. Te olvidas de mis pecados y me limpias con tu sangre. Esa sangre que es culpa mía. Me miras a los ojos, me sonríes y me amas.

 (Discurso de S.S. Francisco  , 21 de diciembre de 2015).

«Sería inútil abrir todas las puertas santas de todas las basílicas del mundo si la puerta de nuestro corazón permanece cerrada al amor, si nuestras manos no son capaces de dar, si nuestras casas se cierran a la hospitalidad y nuestras iglesias a la acogida. La atención consiste en cuidar los detalles y ofrecer lo mejor de nosotros mismos, y también en no bajar nunca la guardia sobre nuestros vicios y carencias. Así rezaba san Vicente de Paúl: “Señor, ayúdame a darme cuenta de inmediato de quienes tengo a mi lado, de quienes están preocupados y desorientados, de quienes sufren sin demostrarlo, de quienes se sienten aislados sin quererlo”.»

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy te ofrezco, Señor, mostrarme más interesado con aquellas personas que necesitan de mi ayuda. Si veo un pobre por la calle, en lugar de darle una moneda, le comprare algo de comer y lo invitaré a hacer una pequeña oración. Sólo si él quiere. Si tengo que ir a visitar a un enfermo le compraré algún detalle, un chocolate o algo que le guste. Me mostraré interesado en la conversación y no daré muestras de prisa. Seré muy delicado al tratar a los demás.

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.